La realidad es que estamos viviendo en tiempos muy difíciles. Hoy en día estamos viendo horrible eventos suceder casi a diario. Matar personas inocentes se ha convertido como una especie de moda, si no es con un arma de fuego, pues con un cuchillo, y si no es con un cuchillo, pues con un automóvil. 

Estamos viviendo en tiempos violentos, estamos viviendo en tiempos donde la vida no tiene valor, y no se respeta los derechos de otros.  Permítanme citar ejemplos de lo que ha sucedido este año solamente.

7 de agosto de 2019: en el sur de California, un hombre de 33 años apuñaló fatalmente a cuatro personas e hirió a otras dos.

4 de agosto de 2019: nueve personas murieron y 28 resultaron heridas durante un tiroteo masivo en las calles del distrito de Oregon en Dayton, Ohio.

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3 de agosto de 2019: 20 personas murieron y docenas más resultaron heridas en un tiroteo en un centro comercial el sábado por la tarde en El Paso, Texas.

15 de febrero de 2019: cinco empleados, incluyendo un interno, fueron asesinados en un tiroteo masivo en su lugar de trabajo en Aurora, Illinois.

23 de enero de 2019: cinco personas fueron asesinadas en Sebring, Florida, después de que un hombre armado abrió fuego en una sucursal del banco SunTrust.

Hermanos, y esto es algo que se está viendo suceder no solo en este país, sino que alrededor del mundo.  Y todos gritan, y gritan, hay que hacer algo. Hay que controlar las armas, el gobierno tiene que intervenir.  Pero no se dan cuenta, o escogen completamente ignorar que el gobierno no es quien puede solucionar todo esto que estamos viendo.  Hermanos, solo Dios puede solucionar estas cosas que estamos viendo acontecer. Pero el mundo no quiere escuchar de Dios.  El mundo no quiere reconocer que sólo Dios es la solución al mal que existe.

Tal parece que a muchos se les ha olvidado, y/o rehúsan reconocer que todos estos actos de violencia, pueden ser completamente eliminados con sólo prestar atención y cumplir con el mandato de Dios que nos dice: “…Amarás a tu prójimo como a ti mismo…” (Mateo 22:39). Pero lamentablemente, el amor al prójimo no existe en nuestra sociedad, es decir, en el mundo.

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Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué estamos viendo estas cosas suceder?  ¿Qué puede la iglesia de Cristo hacer ante estas atrocidades? La realidad es que para que la iglesia de Cristo, es decir, todo cristiano fiel a la palabra de Dios, pueda tener algún efecto en este mundo de maldad, tenemos que despertar del sueño tan profundo en el que hemos caído. ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque uno de los problemas más serios que enfrenta la iglesia de hoy, es que un gran número de creyentes han quedado dormidos en el espíritu.  Y caer dormidos en el espíritu es un grave y serio problema, porque cuando nos quedamos dormidos en el espíritu, raramente actuamos y nos comportamos de la manera que Dios desea que actuemos.

En otras palabras, dejamos de escuchar la voz de Dios, y preferimos escuchar falsas promesas y mentiras que nos alejan de la verdad de Dios. Hablaba con un hermano en la fe el otro día, y de repente me di cuenta que ambos protestábamos acerca de la misma cosa. ¿De qué protestábamos?

De lo que protestábamos es que las personas hoy en día no quieren escuchar la verdad de Dios; las personas hoy en día no quieren escuchar acerca del arrepentimiento, sino que prefieren escuchar un evangelio garapiñado (bañar golosinas en almíbar). Mientras más dulce, mejor es.  Pero como fieles cristianos esto es algo que no podemos permitir que suceda en nuestra vida.

Pero debemos preguntarnos, ¿por qué sucede esto?  ¿Por qué es que tantos con frecuencia dejan de escuchar la voz de Dios? Una de las razones principales por la que muchos dejan de escuchar la voz de Dios, es porque el mundo la ahoga.  En otras palabras, las situaciones o circunstancias que nos rodean, causan que se nos escape lo que realmente importa. Y es exactamente por esta razón que existen tantos cristianos que se pasan la vida sin experimentar un verdadero encuentro con Dios.  ¿Por qué no logran experimentar un verdadero encuentro con Dios?

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Una de las razones por la que esto sucede, es porque la mayoría de las personas desean experimentar un evento que cambie su vida, pero solo cuando ese evento no sea algo que afecte de la manera que piensan y/o opinan. 

La mayoría de las personas desean experimentar un evento que cambie su vida, pero solo cuando ese evento no les cause una inconveniencia. Pero como todo cristiano fiel ha aprendido a través de estudios bíblicos y predicaciones, lo que un ser humano pueda pensar y/o opinar no es necesariamente lo que Dios manda.

Algo que he repetido en numerosas predicaciones es que todos podemos tener una idea de lo que Dios piensa, pero como seres humanos al fin, nosotros nunca entenderemos completamente los pensamientos de Dios [1].

No creo que exista un cristiano que no esté dispuesto a recibir de Dios; sin embargo, existen muy pocos dispuestos a escuchar Su verdad.  No estamos dispuestos a escuchar Su verdad porque en la mayoría de los casos, no estamos dispuestos a detenernos para escuchar, o estamos tan atareados y ocupados con las circunstancias que nos rodean, que la voz de Dios se convierte en un sonido distante e indistinguible.  Y por supuesto, también tenemos a aquellos que son rebeldes; es decir, que están tan establecidos y cómodos en su forma de ser, que no están dispuestos a cambiar.

Pero, ¿qué sucede cuando nos detenemos para prestar atención a la voz de Dios?   Este será el tema de la predicación de hoy.  Hoy vamos a explorar los resultados que escuchar la voz de Dios produce  en nuestra vida, y lo que tenemos que hacer para que como iglesia podamos afectar al mundo de hoy.

Hageo 1:12-15Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová. 13 Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló por mandato de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová. 14 Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios, 15 en el día veinticuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío.

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