Cuando primero llegamos a los caminos del Señor, todos experimentamos el nuevo nacimiento. En otras palabras, todos inmediatamente sentimos ese deseo ardiente de servir a Dios y obrar para Su reino. Todos sentimos esa sed por la palabra de Dios, y tal nos parecía que no estábamos haciendo lo suficiente; con cada día que pasaba queríamos aprender más y más.

Cuando primero llegamos a los caminos del Señor, no había nada que nos detuviera de asistir a la iglesia, y estábamos dispuestos a hacer cualquier cosa para colaborar con la obra de Dios. Estábamos tan llenos de gozo y amor, que poníamos todo a la disposición de Dios; tiempo, recursos económicos, labor, etc. Pero, lo que le sucede a muchos cristianos es que según el transcurso del tiempo, ese deseo ardiente que una vez sintieron comienza a disminuir.

El primer amor que todo cristiano experimenta cuando llega a los caminos del Señor, lentamente comienza a disminuir, y si no estamos atentos a nuestra condición espiritual, el ardor de ese amor se va consumiendo hasta el punto cuando no sienten nada. Y ese fuego del Espíritu Santo que una vez sintieron, ya ni siquiera da calor, y lo mismo les da una cosa que otra. ¿Por qué sucede esto?

En la mayoría de los casos, sino en toda ocasión, esto es algo que sucede debido a que su relación personal con Cristo ha sido influenciada por fuerzas exteriores, las cuales causan que el primer amor se enfrié.

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Estamos hablando acerca de cosas como problemas personales, celos, envidia, dificultades, etc. Cosas que tienden a envolver a las personas de tal manera, que llegan a ahogarse en ellas, y que les ciegan a la realidad de que Dios es el único que nos puede entregar la paz que tanto necesitan.

¿Qué tenemos que hacer para evitar que el ardor del Espíritu Santo disminuya en nosotros? ¿Qué tenemos que hacer para recuperar y retener el primer amor? Este será el tema de la predicación de hoy. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

2 Timoteo 1:3-7Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Lo que debemos saber es que Pablo escribió esta segunda epístola a Timoteo desde Roma; él se encontraba encarcelado en una fría celda romana [1], considerado un malhechor [2], y sin esperanza alguna de ser absuelto y puesto en libertad [3]. Pablo se encontraba encarcelado esperando ser ejecutado [4]. ¿Por qué es necesario que sepamos estos detalles?

La razón por la que debemos saber estos detalles, es porque como les dije al inicio, con frecuencia las fuerzas exteriores causan que el ardor por las cosas de Dios mueran, o comiencen a morir. Y en los brevísimos detalles históricos que les he presentado, todos podemos apreciar que existían numerosas fuerzas exteriores que trataron de detener al apóstol Pablo, y su ministerio. Así que manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy.

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Regresemos ahora a las preguntas iniciales, ¿qué tenemos que hacer para evitar que el ardor del Espíritu Santo disminuya o muera en nosotros? Y, ¿qué tenemos que hacer para recuperar y retener el primer amor?

I. Dar gracias a Dios (verss. 3-4).

Aquí vemos que el apóstol dijo: “…Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo…” Yo diría que esto aquí es algo casi incomprensible, ya que conociendo las circunstancias en la que se encontraba el apóstol, ¿cómo podía él dar gracias a Dios? Bueno, para entender el concepto de dar gracias a Dios mejor, tenemos que fijarnos en la palabra “gracias” empleada aquí.

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra gracias se define como: “para expresar nuestro agradecimiento por cualquier beneficio, favor o atención que se nos dispensa.” ¿Qué significa esto? Esto significa que dar gracias a Dios es acercarnos a Él con un corazón humilde, recordando las bendiciones que Él nos entrega.

Pero ahora debemos preguntarnos, ¿tenía Pablo razón alguna por estar agradecido a Dios? Claro que sí; Pablo tenía numerosas razones por la que estar agradecido a Dios, pero las dos más importantes eran: Dios le había entregado la salvación, y Dios le había escogido como Su instrumento para llevar el mensaje de salvación al mundo. De todas las personas en el mundo, Dios escogió a Pablo como Su instrumento para engrandecer Su reino aquí en la tierra.

Por si no lo sabían, Pablo fue responsable de escribir trece de los veintisiete libros del Nuevo Testamento.

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Esto significa que Pablo fue responsable de escribir aproximadamente el 31% del texto en el Nuevo Testamento; y esta cifra no incluye el libro de Hebreos, ya que los teólogos no han llegado a un acuerdo en cuanto a su autoría. ¿Cuántos dirían que Pablo fue grandemente bendecido, y que tenia motivo por lo que dar gracias a Dios?

La realidad es que como cristianos, nosotros tenemos un sin número de razones por la que debemos siempre darle gracias a Dios. Al igual que Pablo, Dios nos ha entregado la salvación [5], y esto es algo por lo que debemos siempre estar más que agradecidos. Y al igual que Pablo, Dios ha escogido a todo cristiano para que sirvamos como Su representante aquí en la tierra, y para que anunciemos las buenas nuevas al mundo [6]. Y es exactamente por estas razones que al igual que Pablo, todo cristiano fiel tiene que tratar de que su vida sea una acción de gracia a Dios.

Como cristianos fieles, tenemos que siempre alabar y bendecir a Dios en todo momento y en toda situación.

¿Cómo podemos bendecir el nombre de Dios en todo momento y en toda situación? Podemos bendecir el nombre de Dios en todo momento y en toda situación, cuando perseveramos en la santidad. Esto significa que nuestras acciones y reacciones, siempre tienen que ser de forma que agradan a Dios.

Así que el primer paso para evitar que el primer amor se enfrié en nuestra vida, y/o para recuperar el fuego del primer amor en nuestra vida es acercarnos a Dios con un corazón humilde, arrepentido de nuestros pecados, y dándole siempre gracias por las más valiosas bendiciones que existen en el universo, las cuales son vida eterna, y ser escogidos por Él como su instrumento aquí en la tierra.

Pero estar siempre agradecidos, y actuar de manera que siempre agrada a Dios, en ocasiones es algo que se nos dificulta. ¿Cómo podemos lograr nuestro objetivo de actuar de manera que agrada a Dios? ¿Cómo podemos darle siempre gracias a Dios? Estas dos preguntas nos conducen al segundo punto de la predicación de hoy.

II. Recordando de donde Dios nos sacó (vers. 5).

Podemos estar siempre agradecidos, y actuar de manera que agrada a Dios cuando hacemos memoria, y mantenemos siempre muy en mente de donde Dios nos saco. Fíjense bien como dijo el apóstol Pablo aquí para que entiendan lo que les digo: “…trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también…”

Aquí vemos que Pablo toma consolación en recordar la fe genuina que Timoteo demostraba. Y es exactamente esto lo que nosotros tenemos que hacer. Tenemos que recordarnos de la fe genuina que completamente llenaba nuestro corazón, y que demostramos cuando comenzamos en los caminos del Señor.