La carencia de Dios en el corazón de muchos, es reflejada claramente en la manera que se comporta el mundo, y un gran porcentaje de supuestos cristianos. La mayor razón por la que esto sucede, es porque la mayoría de las personas tienden a concentrarse más en las situaciones que le rodean, en vez de concentrarse en Dios. En otras palabras, existen muchos que son débiles en el espíritu, y en vez de refugiarse en Dios [1], terminan alejándose de Él completamente enredados en la trampa del pecado. Es por esta misma razón que hoy en día presenciamos tanto odio, rencor, depravación, violencia, falta de amor por la vida, y tanto pecado. Y todo esto que vemos suceder es algo que debe, y tiene, que motivar a los fuertes en el espíritu a ser esforzados y muy valientes. ¿Cuántos aceptaron y cumplieron con el reto que les hice la semana pasada? ¿Se recuerda alguien de la predicación de la semana pasada? Estamos llamados a esforzarnos, ser muy valientes, y a confiar en la palabra de Dios. Estamos llamados a cambiar quien somos, y a avanzar en el campo de batalla. Estamos llamados a avanzar hacia sus promesas, y no a detenernos y fijarnos en lo que nos rodee.

Es triste decirlo, pero el mundo esta siendo dirigido por la maldad en vez del bien, y esto es algo que queda bien reflejado en los actos de violencia, asesinatos, y la promoción a una guerra racial que estamos presenciando. El asesinato sin sentido de la reportera de televisión y el camarógrafo [2]. El asesinato del policía veterano al norte de Chicago. Este fue el octavo asesinato de un agente de la ley en el último mes, y el decimo en diez días [3]. En Minnesota, manifestantes en una marcha de “Vidas Negras Importan” (Black Lives Matter), marcharon gritando “cerdos en una manta, fríanlos como tocino” (pigs in a blanket, fry them like bacon), esto es una declaración que solo puede ser interpretada como un llamado al asesinato de más agentes de la ley, y que solo produce tensión racial [4]. Dile a la persona que tienes a tu lado: el diablo esta preparando el terreno.

La condición en la que se encuentra el mundo empeora con cada día, y como cristianos fieles tenemos que cumplir con lo que se nos ha encomendado. Pero antes de que esto pueda suceder, primero tenemos que sentir el mismo amor por las almas que sintió nuestro Señor [5]. ¿Cómo podemos nosotros sentir el mismo amor que sintió Jesucristo? Este será el tema de la predicación de hoy. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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Juan 3:1-6Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

Antes de proceder con nuestro estudio bíblico, tomemos un momento para conocer un poco mejor a este hombre llamado Nicodemo. Lo primero que debemos saber acerca de este hombre, es que él era educado, sabio, y formaba parte del Sanedrín (Consejo supremo de los judíos, en el que se trataban y decidían los asuntos de estado y de religión [6]). Nicodemo era un fariseo y la biblia lo destaca como “…un principal entre los judíos…” A pesar de que Nicodemo no puede ser hallado en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), él representa a una persona completamente versada en la ley de Dios, quien reconoció a Jesucristo y le siguió [7]. En este punto de la historia Jesús había regresado a Jerusalén para celebrar la Pascua [8], y muchos habían creído en Él [9], incluyendo a Nicodemo y es por eso que vemos que él le dice: “…Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él…” Y para los que desconozcan, la palabra “Rabí” es un título de gran honor, y es el título con lo que los judíos honran a los sabios de la ley. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con la predicación de hoy.

Continuando con nuestro estudio vemos que la palabra de Dios nos dice: “…Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es…” Como podemos ver, la respuesta del Señor produjo un poco de confusión en este hombre, y la realidad es que estos versículos con frecuencia son mal interpretados y causan confusión en las personas. Así que para aclarar toda duda, examinemos ahora la frase clave que nos ayudara a entender bien lo que el Señor nos dice.

Aquí vemos que el Señor dijo: “…el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…” ¿Pero qué quiere decir esto? Muchos han malinterpretado estos versículos y lo han usado para decir que el bautismo es un requisito para la salvación, ya que también encontramos que Jesús dijo: “… que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios…” Pero la realidad es que aquí Jesús no estaba hablando acerca del bautismo en las aguas, sino que se estaba refiriendo a una renovación y purificación espiritual, ya que el agua con frecuencia es usada en la biblia como símbolo de purificación y limpieza [10].

Ahora bien, me detengo aquí para hacer una aclaración. Jesucristo fue bautizado en las aguas [11], y el bautismo en las aguas es un mandato del Señor; esto es algo fácilmente encontrado en Mateo 28:19 donde leemos: “…Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” Así que no quiero que nadie se me confunda y piense que he dicho o inferido que el bautismo en las aguas no es necesario, ¿amén? Pero lo que si estoy diciendo es que el bautismo no es imprescindible para la salvación, y prueba de esto es encontrada cuando el ladrón crucificado al lado del Señor: “…dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso…” (Lucas 23:42-43). La salvación es un regalo de Dios, y no depende de actos religiosos o tradicionales externos [12]. El bautismo en las aguas no es algo para ser menospreciado o minimizado, ya que simboliza lo que sucede cuando nacemos de nuevo; sin embargo, el bautismo no salva. Lo único que nos salva es la obra redentora en la cruz, y la purificación del Espíritu Santo cuando permitimos ser regenerados por Él [13]. Con esta aclaración en mente, regresemos ahora a la pregunta que estamos explorando. ¿Qué estaba diciendo el Señor cuando dijo: “…el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…?

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