Hace un tiempo atrás me enviaron un chiste que deseo compartir con ustedes. Resulta ser que el jefe de un hombre llama por teléfono a la casa del empleado, y le contesta un niño pequeño. Entonces el jefe le dice: ¿está tu papá?, y el niño contesta: si. ¿Pudiera hablar con él por favor? Le pregunto el jefe, a lo que el niño contesto: no, él está muy ocupado en estos momentos. El jefe entonces le pregunta: ¿está tu mamá?, si contesto el niño. Y el jefe pregunto, ¿pudiera hablar con ella? A lo que el niño contesto: no, ella está muy ocupada en estos momentos.

El jefe un poco intrigado le pregunta al niño: ¿hay alguien más en casa contigo? A lo que el niño respondió: si, aquí esta la policía. Alarmado por las respuestas que había recibido, el jefe entonces pregunto: ¿pudiera hablar con el policía? A lo que el niño respondió: no, él está muy ocupado hablando con los bomberos, y mi mamá y papá. En eso, el jefe escucho un ruido muy grande que sonaba como un helicóptero aterrizando muy, pero muy cerca, y le pregunto al niño: ¿qué fue ese sonido tan alto? A lo que el niño contesto, un helicóptero que aterrizo frente a mi casa. El jefe extremadamente preocupado entonces le pregunto: ¿qué hacen todas esas personas en tu casa? A lo que el niño contesto: buscándome a mí. ¿Qué cómico, verdad?

Hemos iniciado con una cosa bastante cómica, pero este chiste sirve para ilustrar muy bien el tema principal de la predicación de hoy. Como he dicho en numerosas ocasiones, los cristianos no somos exentos de tener que atravesar por momentos difíciles. Y como seres humanos al fin, al encontrarnos en momentos difíciles en la mayoría de las ocasiones tendemos a huir, o retirarnos a ese lugar en nuestra vida que consideramos seguro y/o cómodo. Tendemos a retirarnos a ese lugar en nuestra vida donde encontramos alivio a nuestra pena, y paz a nuestra preocupación.

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El problema que sucede con frecuencia, es que muchos tienden a refugiarse en su pasada manera de vivir. Algo que como todos sabemos, no podemos ni tan siquiera considerar [1]. Pero desdichadamente existen muchos que en vez de confrontar sus problemas, se esconden de ellos. Y la realidad es que existen números escondites que el diablo nos proporciona, (drogas, alcohol, fornicación, vicios. etc. etc.), y todos son lugares donde ningún cristiano fiel debe acercarse. Ahora pregunto, ¿al encontrarnos en situaciones o momentos que nos roban la paz, y que nos causan depresión o frustración, debemos escondernos? ¿Si nos escondemos, tenemos un lugar seguro a dónde acudir? Estas son las dos preguntas que estaremos enfocando en la predicación de hoy. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Salmos 91:1-2El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. 2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.

¿Cuántos aquí se acuerdan de los escondites que teníamos cuando éramos niños? Creo que todos aquí jugamos a los escondidos por lo menos una vez durante nuestra niñez, y que dependiendo de donde estábamos teníamos un lugar favorito, donde nadie nos podía encontrar, ¿verdad? Pero ahora como adultos, ¿jugamos a los escondidos con las situaciones difíciles que se presentan en la vida, esperando que se desaparezcan, y que no nos encuentren? Cuando somos honestos con nosotros mismos, muchos reconoceremos que en muchas ocasiones, esto mismo es lo que tratamos de hacer. En otras palabras, cuando se presentan situaciones difíciles, o cuando simplemente estamos desilusionados y cansados con la vida cotidiana, muchos tendemos a buscar un refugio, un escondite donde nos sentimos seguros, y si no tenemos mucho cuidado terminamos en un refugio falso, donde quizás encontremos un alivio temporal. Pero como fieles cristianos tenemos que abandonar esos falsos refugios que quizás tengamos, y refugiarnos en el lugar correcto. ¿Dónde debemos y tenemos que refugiarnos en todo momento? ¿Existe un lugar de refugio para el cristiano fiel? Claro que sí; la palabra de Dios nos dice aquí: “…El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente…” Y para tener un mejor entendimiento del mensaje de hoy, vamos a analizar este primer versículo dividiéndolo en dos secciones.

Primera sección; “…El que habita al abrigo del Altísimo…” Preguntémonos ahora, ¿qué es un abrigo, y cuál es su función? Por definición, un abrigo es: “1. Defensa contra el frío. 2. Cosa que abriga. 3. Prenda de vestir, larga, provista de mangas, que se pone sobre las demás y sirve para abrigar [2].” Con esta definición en mente, podemos claramente ver que un abrigo es una cosa que nos protege. Ahora bien, no sé cuantos de ustedes han vivido en un clima frío, o han experimentado el verdadero frío, y no el que sentimos aquí en la Florida. Pero habiendo vivido por mucho tiempo en los Estados del norte, yo les puedo asegurar que no todos los abrigos tapan el frío, o nos protegen de la misma manera. Por ejemplo, aquí cuando llega el invierno con una chaqueta de cuero basta, al no ser que se sea muy friolento.

Pero en los lugares donde realmente hace frío, me refiero a lugares donde la temperatura baja a menos cero, nieva y demás; con una chaqueta de cuero te congelas. Así que en estos lugares te hace falta un abrigo pesado e impermeable para poder sobrevivir. ¿Por qué les he dicho estas cosas? La razón por la que les he dicho estas cosas es porque las situaciones difíciles que se presentan en nuestra vida, pueden ser fácilmente comparadas a ese frío violento, y si no tenemos puesto el abrigo adecuado, terminaremos congelados. Me explico.

La palabra de Dios nos dice: “…Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará…” (Mateo 24:11-12). Y esto es algo que estamos viendo acontecer hoy en día. Las personas están siendo conducidas lejos de la presencia de Dios, y el amor por Dios y su obra se ha enfriado en muchos cristianos. Existen muchas personas que han perdido la esperanza, y que se han desalentado al ver la maldad que les rodea. Existen muchos cristianos que se han desilusionado al ver la violencia, inmoralidad, y corrupción que existe en el mundo, y su amor por Dios se ha enfriado de tal manera que están a punto de congelarse y caer completamente muertos en el espíritu. ¿Por qué ha sucedido, y continua sucediendo esto? Esto es algo que ha sucedido, y continúa sucediendo porque muchos no tienen puesto el abrigo correcto. El abrigo del altísimo es lo único que nos mantendrá cálidos y seguros en medio de este mundo frío y sin amor. Dile a la persona que tienes a tu lado: usa el “…abrigo del Altísimo…”

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Segunda sección; “…Morará bajo la sombra del Omnipotente…” Analicemos esta sección más de cerca para ver qué significado tiene esto para nuestra vida. Preguntémonos ahora, ¿qué es una sombra? La palabra sombra usada aquí es una traducción de la palabra hebrea “צֵל” (pronunciada: séy-ol), que además de significar sombra como nosotros normalmente la conocemos, también significa: “sombra como de protección”. Y ahora pregunto, ¿no es aquí exactamente dónde todos debemos, y tenemos que buscar habitar? Claro que sí. Todos debemos, y tenemos que buscar vivir bajo la protección de nuestro Dios. Pero ahora la pregunta del siglo es: ¿Cómo podemos lograr morar bajo la sombra del altísimo?