La realidad es que hoy en día existe gran incertidumbre acerca del futuro. Entre las guerras, la situación económica y política de este país, y la situación política y financiera mundial, el día de mañana se ha convertido en algo incierto. Las personas hoy en día viven sin esperanza, desilusionadas y sintiéndose defraudadas por aquellos a quien les hemos confiado la autoridad de gobernar. Todo esto combinado con la inmoralidad y completo rechazo de la palabra de Dios, ha causado que muchos titubeen en su fe, y/o que sean desviados del camino que les conduce a la presencia de Dios, por aquellos malhechores que, inspirados por los poderes de las tinieblas, buscan completamente destruir la fibra moral de los creyentes, y la base fundamental de nuestra fe.

Vi una película hace un tiempo atrás que estoy seguro que muchos de ustedes, sino todos vieron, ya que fue bastante popular cuando salió, y que está basada en eventos reales. La película se titula “Los 300”. ¿Cuántos la vieron? Bueno, para los que no la vieron permítanme hacerles un breve resumen de ella. En 480 a.C. existió un estado de guerra entre Persia, liderado por el rey Jerjes y Grecia. En la batalla de las Termópilas, Leónidas, rey de Esparta, (estado griego), con 300 soldados, aguantaron las fuerzas invasoras de Persia, de proceder por el único camino que les permitiría la invasión y conquista de Grecia. Por siete días, Leónidas con su ejército espartano de 300 hombres, aguanto las fuerzas superiores de Persia, antes de finalmente ser aniquilados en una de las más famosas últimas gradas de la historia.

¿Por qué les he dicho esto? La razón por la que les hice este recuento de la película, es porque, cuando estaba meditando en lo que iba a predicar en el día de hoy, el Señor me trajo a la mente que en la biblia existe una historia muy real acerca de 300 hombres, liderados por un fiel siervo de Dios que también se enfrento en contra de un ejército mucho superior a ellos, pero que su final fue completamente diferente al que sucedió en la batalla de Termópilas. ¿De qué batalla les hablo, y qué sucedió? Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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Jueces 7:4-8Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá. 5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. 6 Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas. 7 Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar. 8 Y habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus trompetas, envió a todos los israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía el campamento de Madián abajo en el valle.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo primero que debemos saber es que el libro de Jueces describe un tiempo bien triste en la historia de Israel. Durante ese entonces Israel no tenían un rey, y las tribus hacían lo que les parecía [1]. Si tomamos el tiempo de analizar y meditar en el contenido del libro completo, nos será fácil entender que en estos momentos en la historia, Israel estaba atravesando por etapas muy difíciles; y todo esto que les sucedía era debido a que ellos se habían apartado de la presencia de Dios [2]. Dile a la persona que tienes a tu lado: “…la ira de Jehová se encendió contra Israel…”

¿Qué fue lo que causó que la ira de Jehová se encendiera sobre ellos? Lo que sucedió fue que este pueblo quien Dios había apartado de entre todos los pueblo, y quien Dios había liberado, completamente ignoro los mandamientos, y habían regresado a la idolatría. Así que lo que produjo que la ira de Dios se encendiera sobre ellos fue la rebeldía y la idolatría. Lo que produjo que este pueblo tuviese que sufrir y atravesar por una etapa muy difícil fue la completa desobediencia de la palabra de Dios. ¿Qué tan severo fue su sufrimiento?

El sufrimiento que ellos perduraron fue tan severo, que para poder subsistir ellos tenían que esconderse. Estamos hablando acerca de un pueblo que debería estar disfrutando de las ricas y abundantes bendiciones de Dios, pero que envés tuvieron que vivir en escondites en los cerros, en las cuevas y en lugares fortificados [3]. Y este sufrimiento perduro por siete años; este sufrimiento perduro hasta que este pueblo finalmente clamo a Dios pidiéndole que los librara de esta opresión, y fue en ese instante que Dios les revelo la razón por la que ellos habían tenido que perdurar este sufrimiento [4]. Y solo después de que este pueblo regresara a Dios fue que Él levanto a un líder, esforzado y valiente, para usarle como su instrumento, para liberar nuevamente al pueblo de Israel [5] ¿Por qué es necesario conocer estos acontecimientos históricos? Fue necesario que cubriese estos acontecimientos históricos, porque sobre estos breves detalles será que edificaremos la predicación de hoy.

Ahora preguntémonos, ¿cómo se aplica todo esto a nuestra vida hoy en día? Bueno, como hemos podido aprender, el pueblo de Israel se encontraba atravesando por una etapa de incertidumbre. Con cada día que pasaba su futuro lucia más y más sombrío. Su enemigo les superaba enormemente en número, y estaban completamente rodeados. Ahora pregunto, ¿estamos los cristianos enormemente superados en número y rodeados? Claro que sí, todo lo que tenemos que hacer para darnos cuenta de esto es mirar a nuestro alrededor. Todo lo que tenemos que hacer para darnos cuenta de esto, es fijarnos en lo que esta sucediendo en la actualidad. Bueno, con estas cosas en mente, continuemos ahora con la predicación de hoy.

Lo primero que vemos aquí es que la palabra de Dios nos dice: “…Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá. 5Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. 6Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas…” Para entender bien esto que acabamos de leer, debemos saber que después de aceptar el llamado de Dios, Gedeón reunió a un ejército de 32,000 soldados, y se dirigió hacia la batalla, pero Dios le dijo que antes de enfrentarse a la batalla, los cobardes tenían que ser eliminados del ejército. Esta acción produjo que 22,000 se regresaran a sus casas [6]. ¿Por qué fue que Dios mando a que los cobardes o temerosos regresaran a sus casa?

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