La realidad del ser humano es que a todos nos gustan las cosas que hacen nuestro diario vivir más fácil, ¿verdad? A diario todos nosotros buscamos cosas que mejoran nuestra manera de vivir. No creo que exista una persona presente que no haya visto los comerciales en televisión, o escuchado los comerciales en la radio, promoviendo la venta de productos y herramientas que facilitan la limpieza en el hogar, la reparación de un automóvil, la educación de los niños, y hasta la belleza física de una persona. En todas las ocasiones, se nos presentan productos que aparentan ser indispensables y maravillosos. Por ejemplo: si su automóvil tiene un arañazo con simplemente aplicar esta nueva cera, el arañazo desaparece y la pintura del auto queda como nueva; si pasado de peso, con simplemente tomar esas píldoras naturales puedes comer lo que desees y reducirás tu peso; si tienes arrugas o manchas en tu piel, con simplemente aplicar esa nueva crema a tu piel, toda arruga desaparecerá y tu piel será como la de un joven. No continuare con la lista de productos que se anuncian, creo que todos ya tienen muy buena idea de lo que les hablo.

Ahora, no sé ustedes, pero al ver esos anuncios que promueven esos productos tan maravillosos, y que facilitan nuestra vida de tan gran manera, la pregunta que siempre me hago es ¿cómo funcionara eso? Existen muchos productos que funcionan como anunciado, existen muchos productos que facilitan nuestro diario vivir, y si los encontramos, y si lo podemos pagar, por supuesto que lo compramos, ¿verdad? Pero nunca compramos nada antes de convencernos de que el producto funcionara; nunca compramos nada antes de examinarlo detalladamente y preguntarnos ¿cómo funcionara eso? Esta es una pregunta que también se puede aplicar a nuestra fe. ¿Cómo es eso pastor?

Si hiciéramos una encuesta a un grupo de personas acerca del cristianismo, encontraremos que algunos dirán que lo trataron por un tiempo, pero que no funciona para nada. Otros dirán que no tienen el tiempo para tratarlo, y otros dirán que convertirse a Cristo fue la mejor decisión que tomaron en su vida. Tres diferentes opiniones, pero ¿a quien creer? Así que para determinar cuál es la respuesta correcta, ahora debemos preguntarnos, ¿cómo funciona el cristianismo? Pasemos ahora a la palabra de Dios para encontrar la respuesta.

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2 Timoteo 4:16-18 En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. 17 Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león. 18 Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Para tener un mejor entendimiento del mensaje de hoy, examinemos brevemente algunos detalles históricos. En este punto de la historia Pablo se encontraba en una prisión Romana, acusado de insurrecto, y esperando a que se le celebrara un juicio para después ejecutarle [1]. Sus amigos se habían apartado de su lado, algunos se regresaron al mundo, y otros para continuar con su ministerio [2]. Así que en este momento de su vida, Pablo se sentía solo. Hasta aquí los detalles históricos, ya que estos dos breves detalles nos conducen a este punto de la historia, donde encontraremos de la manera que funciona el caminar cristiano. ¿Cómo así?

Bueno, en los versículos que estamos explorando hoy encontramos de las tres maneras que funciona el caminar cristiano. Encontramos como Dios derrama Su gracia para que podamos tolerar las decepciones de la vida; encontramos como Dios nos fortalece para soportar las tribulaciones; encontramos como Dios nos da la esperanza para el fin de nuestra vida. ¿Aún no lo pueden ver? Examinemos estos versículos detalladamente.

De la primera manera que funciona el cristianismo es que Dios derrama de su gracia para que podamos perdonar. En el primer versículo que estamos usando en el día de hoy leemos: “…En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta…” En estas palabras podemos ver el dolor que sentía Pablo en su corazón. Fíjense bien como él dijo: “…En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon.” Aquí encontramos que Pablo se sentía defraudado; estaba decepcionado porque ninguno de sus amigos había permanecido a su lado cuando él más les necesitaba. Ahora examinemos nuestro pasado, o quizás nuestro presente, y preguntémonos, ¿me he sentido así alguna vez? No creo que exista una persona en el mundo que no se haya sentido defraudada y/o decepcionada, durante algún punto de su vida. Para que entiendan bien lo que les quiero decir, permítanme exponerles dos ejemplos muy comunes.

El matrimonio. El novio y la novia se paran ante el altar de Dios, y ambos prometen ser fiel el uno al otro, en la pobreza y en las riquezas, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte les separe; pero algunas cosas fallan, y esa persona en la que pensaba poder confiar se marcha de su vida, dejando así un vació y dolor en su corazón. Y el enojo nunca queda muy atrás.

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Las amistades. Quizás tenías una amistad de muchos años, alguien en quien confiabas grandemente, y pensabas que te ayudaría, pero cuando las cosas se pusieron difíciles, cuando llegó el momento de apoyar y ayudar, esa persona se marchó de su lado. Nuevamente esto nos causa un gran dolor, porque nuestra confianza ha sido violada. Nuevamente, el enojo no queda muy atrás.

Dos ejemplos muy comunes, dos ejemplos de situaciones que suceden a diario, pero debemos preguntarnos, ¿cómo hemos reaccionado? Por lo general, al sentirnos enojados, la mayoría de las personas queremos vengarnos. Buscamos pagar ojo por ojo, y diente por diente. Perdemos sueño pensando y planeando nuestra venganza, se nos quita el apetito de solo pensar en lo que se nos ha hecho, y esperamos con anticipación el día cuando finalmente podremos hacer o decir lo que hemos planeado. Y según leemos estos versículos, podemos ver que Pablo se sintió traicionado, se sintió herido, pero ¿cuál fue su reacción? Fíjense bien la reacción de este hombre que estaba a punto de morir porque ninguno de sus amigos había venido a su defensa, Pablo dijo: “…no les sea tomado en cuenta…”

Aquí vemos como Pablo en vez de maldecir; Pablo en vez de buscar venganza; Pablo en vez de sentir enojo por todos aquellos que le habían abandonado, sintió misericordia. ¿Por qué sintió Pablo misericordia? Pablo sintió misericordia porque la gracia de Dios sobreabundaba en su vida [3]. Y es exactamente así como funciona el cristianismo.

En situaciones difíciles, en situaciones cuando somos decepcionados y traicionados, la gracia de Dios sobreabunda para que podamos perdonar en vez de odiar; y es a perdonar exactamente a lo que todo cristiano esta llamado.