Como todo sabemos, en solo unos días el año terminará e iniciaremos un año nuevo. En solo unos días la mayoría de nosotros reuniremos con nuestra familia y seres queridos, para despedir el año y dar inicio a una nueva etapa en nuestra vida. Los que viven en el mundo lo harán con grandes fiestas, para embriagarse dándole una oportunidad más al enemigo para separar a la humanidad de Dios [1]. Basado en mi experiencia policiaca, les puedo decir que en la víspera de año nuevo se ven cosas muy tristes suceder. En solo un espacio de unas horas, familias son destruidas debido a los accidentes automovilísticos; madres y padres pierden a sus hijos, peleas familiares causan separaciones y sentimientos heridos, y todas las muchísimas otras consecuencias que la embriaguez produce. Pero desdichadamente, estos tipos de incidentes no se limitan a solo el mundo, sino que también existen muchos cristianos que tropiezan y caen en esta trampa.

Ahora debemos preguntarnos, ¿cómo es posible que personas que conocen la verdad caigan en esta trampa del enemigo? La realidad es que yo aludí a la respuesta de esta pregunta la semana antepasada, cuando estudiamos lo acontecido en Sodoma y Gomorra. ¿Se recuerdan de esa predicación? ¿Se recuerdan de lo que le sucedió a la mujer de Lot, y por qué le sucedió? La mujer de Lot se convirtió en una estatua de sal porque no pudo dejar de mirar hacia atrás, aunque se movía hacia delante, se detuvo en la llanura para contemplar su pasado. Y esta es exactamente la razón, por la que tantos cristianos caen enredados en las trampas del enemigo. A pesar de que una vez que llegamos a Cristo somos completamente nuevos [2], muchos continúan viviendo en el pasado y cuando hacemos esto, nosotros mismos nos hacemos esclavos del mundo. Y ser esclavo del mundo solo nos conducirá a la vida de la que Cristo nos sacó, purifico, y salvo.

¿Cuántos desean regresar a esa vida? Claro que nadie. Pero desdichadamente en muchas ocasiones podemos caer enredados en esas trampas casi inconscientemente, y el gozo y paz que una vez sentíamos, pronto es reemplazado por el sufrimiento, la tristeza, y el dolor. Así que ahora pregunto, ¿cuántos desean tener un nuevo comienzo? ¿Cuántos desean sentir la presencia de Dios en su vida, y experimentar el gozo y la paz que solo Dios nos puede dar? Pasemos ahora a la Palabra de Dios para aprender cómo podemos lograrlo.

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Isaías 43:18-19 – No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. 19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje de Dios para nosotros, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Así que conozcamos ahora un poco mejor a Isaías. Isaías vivió durante el tiempo que el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos; Israel era el reino del norte y Judá era el reino del sur. Lo que estaba sucediendo en ese entonces es que el reino del norte había pecado grandemente contra Dios, y el reino del sur iba en la misma dirección [3]. Cuando estudiamos lo que estaba aconteciendo con el pueblo de Dios en ese entonces encontramos que ellos le habían dado las espaldas a Dios, y estaban en pecado. Es por esa razón que Isaías le advertía al pueblo de Judá del juicio pendiente de Dios debido a la depravación moral, corrupción política, injusticia social, y especialmente la idolatría espiritual [4]. Debido al pecado, Isaías profetizó que Dios les entregaría en las manos de Babilonia para que nuevamente fueran cautivos y hechos esclavos [5]. ¿Por qué debemos estar conscientes de estos breves detalles históricos? La razón por la que debemos y tenemos que estar conscientes de estos breves detalles, es porque ellos nos revelan lo que aparentemente muchos ignoran o desconocen, estos breves detalles nos revelan que nuestras acciones o falta de ellas, producen consecuencias. Así que manteniendo esto en mente, procedamos con el estudio de hoy.

La historia bíblica nos enseña que el pueblo de Judá todavía tendría cien años de dificultad antes de la caída de Israel, y setenta años de exilio, pero en estos versículos que estamos examinando hoy, vemos que Dios, a través de Isaías, les brinda palabras de consolación. En esencia, Dios estaba llamando a este pueblo a un nuevo comienzo; Dios les llamaba al arrepentimiento.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con nosotros? ¿Acaso seremos llevados cautivos por Babilonia? Claro que no seremos llevados a la Babilonia de ese entonces, pero si no tenemos mucho cuidado y nos mantenemos firme en la fe, si podremos terminar en la Babilonia de hoy, ya que Babilonia es un símbolo de la rebeldía, idolatría, y la maldad del hombre.

La triste realidad es que existe un buen número de cristianos atrapados en la Babilonia de hoy. Personas que a pesar de que son muy buenas personas, se encuentran atrapados y esclavos de este mundo de maldad, debido a falta de fuerza de voluntad, apatía, y desánimo. Pero debes saber que no es ahí donde Dios deseas que habites; Dios desea iniciar algo nuevo en tu vida. En solo unos días cerraremos una etapa de nuestra vida, y Dios te llama a un nuevo comienzo. ¿A cuántos les gustaría tener un nuevo comienzo? Analicemos los versículos que estamos usando en el día de hoy para descubrir cómo obtener un nuevo comienzo.

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Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas…” Estas palabras son de suma importancia; así que dile a la persona que tienes a tu lado, “…no os acordéis de las cosas pasadas…” Y quizá algunos se están preguntado, ¿por qué son estas palabras de tanta importancia? La razón por la que estas palabras son de gran importancia, es porque los poderes de las tinieblas con frecuencia usaran nuestro pasado para acusarnos, y mantenernos esclavos de nuestra propia conciencia. Satanás y su ejército de demonios usaran nuestro pasado para tratar de detener que vivamos la vida que Dios desea que tengamos. ¿Qué vida desea Dios que tengamos? La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada en Filipenses 4:4 cuando leemos: “…Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!..” Dile a la persona que tienes a tu lado, regocíjate en el Señor. Dios nos quiere contentos, llenos de gozo, y siempre en victoria. Pero nuestro adversario utilizara nuestro pasado para tratar que esto no suceda. Nuestro adversario tratara de usar nuestro pasado para cegarnos a todo lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará por nosotros.

Ahora bien, me voy a detener aquí para hacer una breve aclaración. Con esto que les he dicho no les estoy diciendo, ni implicando que debemos olvidarnos del lugar de dónde Cristo nos saco, limpio, y purifico. Es más, esto es algo que siempre debemos tener en mente, y tenemos que testificar de ello. Esto es algo que queda bien reflejado en Hechos 10:40-43 cuando leemos “…A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre…” Así que tenemos que testificar de éstas cosas para que la gloria, poder, y misericordia de Dios sea reflejada en nuestra vida. Tenemos que testificar de dónde Dios nos saco para glorificar a Dios.

Pero lo que no podemos hacer es permitir que estas cosas pasadas influencien de la manera que ahora pensamos, o que afecten de la manera que ahora nos sentimos. Ésa vida que una vez conducimos, esa vida pecaminosa, esa vida que nos conducía lejos de Dios y directamente al infierno, no puede influenciar nuestro presente y no tiene lugar alguno en nuestro futuro. Ya que si continuamos viviendo en el pasado, entonces nunca llegaremos a ser lo que Dios desea que seamos. Si le permitimos al diablo que nos acuse, si le permitimos al diablo que nos mantenga concentrado en los errores del pasado, entonces nunca llegaremos al lugar donde Dios nos quiere. Esto fue exactamente lo que le paso al pueblo de Dios en ese entonces.

Ese pueblo que Dios libero después de más de 400 años de esclavitud de Egipto, este pueblo que Dios guio a la Tierra Prometida, y le entrego victoria tras victoria, ahora se habían rebelado en contra de Él. Ellos vieron Su poder, majestad y gloria. Vieron señales y prodigios, pero no obstante todo esto, le faltaban, y permitieron ser conducidos por el enemigo fuera de la voluntad de Dios, y nuevamente a la esclavitud del pecado. En otras palabras, el enemigo detuvo el progreso de ese pueblo con lo mismo que detuvo a sus antecesores en el desierto; lo hizo con demonios de apatía, rebeldía, y desanimo.

No podemos permitirle al enemigo que nos detenga, no podemos permitirle al enemigo que invada nuestra mente. Tenemos que renovar de la manera que pensamos, tenemos que concentrarnos en lo que Dios está haciendo en nuestra vida, y mirar hacia el futuro y lo que hará. Tenemos que hacer como encontramos en Romanos 12:2 cuando leemos: “…No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta…”

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