Una gran realidad acerca de nuestra fe, es que cuando no estamos parados firmes en la verdad de Dios, las presiones e influencias externas, pueden fácilmente afectar nuestro caminar.   Esto algo que no debería suceder, ya que la palabra de Dios es lo único que debe influenciar nuestra vida.

Sin embargo, con frecuencia encontramos que la fe de  muchos es afectada, debido a presiones sociales, e influencias externas, algo que les conduce a que su relación con Dios sea interrumpida y/o detenida por completo.  En otras palabras, como les dije en el mensaje de la semana pasada, existen muchos que pierden la visión.

Lamentablemente, con frecuencia un buen promedio de cristianos permiten ser afectados por la corriente de maldad y negatividad que corre por éste mundo, y el resultado final siempre es el mismo; dejan de caminar en la verdad de Dios y comienzan a andar por el camino de la perdición [1].  ¿Por qué sucede esto?

La razón principal por la que esto sucede, es porque el cristiano no se mantiene fiel a la palabra de Dios.  Como he dicho en otras ocasiones, la palabra de Dios es el mapa perfecto que nos guía a nuestro destino final.  La palabra de Dios es el mapa perfecto que nos guía a como establecer una relación genuina con Dios.

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Pero lamentablemente, existen muchos que no permiten ser guiados por Dios, sino que piensan y/o están convencidos, de que no existe problema alguno en su relación con Dios, pero para todos aquellos que piensan de esta manera, les invito a que reflexionen en las palabras del apóstol Pablo cuando dijo: “…Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer…” (1 Corintios 10:12 Nueva Versión Internacional).

Así que este el tema que estaremos explorando en el día de hoy es: ¿qué podemos hacer para establecer una relación genuina con Dios?  Hoy vamos a explorar unos versículos que nos revelaran tres pasos a seguir que nos ayudan a establecer una relación genuina con Dios, y a permanecer siempre en Sus caminos; pasemos ahora a la palabra de Dios para descubrir estos tres pasos.

1 Juan 2:3-6Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Lo primero que debemos saber es que aunque a ésta epístola no se le puede fijar una fecha exacta, se estima que fue escrita antes del 95 d.C, ya que en ella no encontramos ninguna referencia a la persecución de los cristianos que ocurrió hacia el final del reinado de Dominitio que fue del 81-96 d.C.

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Lo segundo que debemos saber es que los eruditos de la palabra están de acuerdo en cuanto al autor, es decir que la epístola fue escrita por el apóstol Juan.  Esto es debido a que la evidencia interna respalda ésta creencia; es decir, la fraseología y el estilo de composición del escritor.

Lo tercereo que debemos conocer es que Juan escribo esta epístola debido a que la doctrina apostólica estaba siendo retada por la propagación de falsas enseñanzas.  Al igual que la segunda de Pedro y Judas, la primera epístola de Juan contiene un énfasis negativo y positivo.

La epístola desmiente la falsa doctrina, y alienta a los lectores a caminar en el conocimiento de la verdad.  Juan lista el criterio y características de una verdadera comunión con Dios, y enseña que aquellos que se atienen a Cristo pueden tener confianza y seguridad ante Él [2]. ¿Por qué es necesario saber estos detalles?

Es necesario estar conscientes de estos detalles, porque en ellos encontramos dos detalles que han plagado a la iglesia desde su comienzo.  Número uno; al igual que en ese entonces, hoy en día existen muchos falsos maestros y doctrinas que tergiversan y manipulan la palabra de Dios para su propia conveniencia, y esto causa que muchos se alejen de la verdad para seguir doctrinas y enseñanzas de hombres y no de Dios.

Número dos; estos pequeños detalles establecen la identidad del autor y la autoridad de las enseñanzas.  Esta epístola fue escrita por un verdadero apóstol, en otras palabras alguien que camino físicamente con Cristo, y no por alguien que se nombro apóstol como existen tantos en el mundo de hoy.  Así que manteniendo estos detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

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I. Guardar sus mandamientos:

El primer paso que un creyente tiene que dar para lograr establecer una relación genuina con Dios, lo encontramos aquí cuando leemos: “…Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos...”  Las palabras claves aquí son: “…guardamos sus mandamientos…”. Digo que estas son las palabras claves porque la gran realidad es que nuestra relación con Dios, y nuestra salvación, son cosas muy individuales y personales.

Nosotros somos los que escogemos guardar, o romper los mandamientos de Dios.  Así que el primer paso a seguir para establecer y mantener una relación genuina con Dios, es guardar sus mandamientos [3].  En otras palabras, tenemos que aprender a caminar con el Espíritu Santo en todo momento, y tenemos que aprender a confiar en Su poder. Una vez que aprendemos a confiar en Su poder, una vez que aprendemos a mantenernos en contacto con Él, entonces encontraremos que Él nos enseñara como hacer las cosas, encontraremos que Él nos dirigirá en toda situación.

Una gran realidad es que en esta vida se presentaran situaciones difíciles por las que debemos atravesar, pero si NO nos dejamos guiar, si NO estamos atentos y escuchamos la voz de Dios, entonces no lograremos superar esas cosas victoriosamente.  Digo esto porque el Espíritu Santo es quien nos guía a como derrotar los impulsos de la carne; el Espíritu Santo es quien nos da convicción de nuestros pecados.

Esto es algo que queda muy bien declarado por el Señor en Juan 16:7-8 cuando leemos: “…Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio…”

¿Qué nos está diciendo el Señor con esto?  El Señor nos está diciendo que tenemos que guardar Su palabra, para que de nuestra vida desaparezcan todas esas cosas que desagradan a Dios.  El Señor nos está diciendo que tenemos que guardar Su palabra, porque como todos sabemos, Dios no habita en el pecado.

Fíjense bien como eso es algo que lo dice el salmista en Salmos 5:4 cuando leemos: “…Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti…”. Dile a la persona que tienes a tu lado: guarda la palabra de Dios.  Pero, ¿qué significa guardar la palabra de Dios?

La respuesta a esta pregunta es muy fácil; guardar la palabra de Dios significa que no podemos permitir que nada, ni nadie, se ponga de por medio entre nosotros y Dios, como he repetido en numerosas ocasiones, ¡primero Dios! Esto nos conduce al segundo paso a seguir.

II. Reconocer aquello que viene a interrumpir nuestra comunión con Dios:

El segundo paso que un cristiano tiene que dar para lograr establecer una relación genuina con Dios, lo encontramos aquí cuando leemos: “…El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él...”  Las palabras claves aquí son: “…no guarda sus mandamientos…”

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