Como les mencioné la semana pasada al final del servicio, a pesar de que somos una iglesia muy pequeña, tenemos un alcance inmenso. Sea toda la gloria a Dios, estamos alcanzando un promedio de 5,000 personas diarias en nuestra página de Internet. La razón por la que les digo esto no es para alardear o de manera alguna glorificarme, sino que se los digo porque en estos días recibí un correo electrónico de un joven en Nicaragua, que esta teniendo problemas en su hogar con su esposa, los cuales están siendo influenciados o producidos por miembros de la familia. Pero lo interesante de todo esto es que desde hace bastante tiempo, he venido observando cómo los medios de entretenimiento, específicamente el televisor y las películas de cine, de manera sutil están lavandoles el cerebro a las personas en cuanto al núcleo familiar.

Lo obvio son las películas y programaciones que glorifican el adulterio y la fornicación; películas y programaciones que tratan de hacer estas cosas lucir como eventos bellos y románticos, pero la realidad del caso es que solo sirven para envenenar la mente de las personas. Para lo único que sirven es para destruir los principios básicos de la familia, principios que fueron establecidos por Dios desde el comienzo de la creación [1]. Pero como les dije, esto es lo obvio, esto es lo que todos los que tienen un poco de valor moral pueden detectar fácilmente, pero existe otro tipo de programación que es visto con más frecuencia que sirve de igual veneno, pero que pasa por desapercibido por la mayoría de las personas. Pero el que la mayoría de las personas no noten el veneno no quiere decir nada, (el mejor veneno no tiene sabor), y no significa que no esta tomando efecto, no quiere decir que no esta siendo introducido subconscientemente.

Sé que les tengo un poco intrigados, ¿de qué programación les hablo? Les hablo de los anuncios o comerciales de televisión. Como dije, muchos no le prestan mucha atención a estos pequeños programas, ya que duran un promedio de unos treinta a cuarenta segundos, pero cuando prestamos atención, no nos será difícil descubrir que la mayoría de ellos contienen un mensaje que trabaja en el subconsciente, que intentan programar, o están programando, la manera de pensar y de ver las cosas de las personas. Estamos hablando de mensajes que disfrazados como mensajes que promueven un producto, en realidad promueven conceptos inspirados por demonios, como las parejas homosexuales, rebeldía, y hogares con una sola figura adulta en el grupo familiar.

Como les dije, muchos no se han dado cuenta de todo esto, pero la próxima vez que se sienten a ver el televisor, presten un poco de atención a los anuncios, y pronto se darán cuenta de lo que les estoy diciendo. Todos se darán cuenta que en la mayoría de los comerciales, y en muchas programaciones de televisión, en cuanto a la familia se refiere, raramente se ve una pareja. Raramente se ve la representación del núcleo familiar completo, raramente se ve el padre y la madre con los hijos. Ahora solo se ve una mujer sola batallando con los problemas; o un hombre; o dos mujeres o dos hombres etc. etc. Es por esta razón que hoy estaremos estudiando acerca de la importancia del núcleo familiar. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Mateo 19:1-8 Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. 2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? 4 Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, 5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.

Antes de proceder con la predicación de hoy, deseo proveerles un pequeño detalle que nos ayudará entender mejor el mensaje de hoy. Según la más reciente toma del censo, el Centro Nacional de Salud y Estadísticas determinó, que el 43% de las parejas de hoy terminaran en divorcio, o separación, durante los primeros quince años de matrimonio.

Esto es un por ciento que comenzó a crecer desde mediado de los 1960. Entre el 1970 y 1992, el número de bebes nacidos fuera del matrimonio aumentó drásticamente de un 11% a un 30%, y desde el 1970 el por ciento de matrimonios ha decaído un 30%. Quizás algunos deben estar pensando que esto no puede ser relacionado al mensaje de hoy, pero si piensas así, te invito a que pienses otra vez. Te invito a que pienses otra vez, porque omití decirles un pequeño detalle que derramara una nueva luz en este asunto. Lo que omití decirles es que en el año 1962 la Corte Suprema, citando la Primera Enmienda de la Constitución, determino que las oraciones en las escuelas tenían que ser suspendidas. En otras palabras, la Corte Suprema decidió eliminar a Dios del sistema de educación pública. ¿Cuántos logran ver la conección entre las estadísticas citadas, y la condición del núcleo familiar hoy en día? Manteniendo estos pequeños detalles en mente, continuemos ahora con el mensaje de hoy.

Nada de esto que ha sucedido ha ocurrido por coincidencia; la destrucción del núcleo familiar no es nada más que un plan muy bien elaborado por nuestro enemigo. Todo esto que hemos visto y continuaremos viendo forma parte de la estrategia satánica que busca separar al hombre de Dios. ¿Por qué esta estrategia? La respuesta a esta pregunta es fácil. La razón por esta estrategia es que nuestro enemigo sabe muy bien que la familia es la escuela de valores, donde nuestros hijos son educados a través de nuestros ejemplos. En otras palabras, el núcleo familiar es la escuela donde se educara la próxima generación.

El núcleo familiar es el único lugar donde la futura generación recibirá una base moral, suficientemente sólida para poder afrontar los problemas sociales, y la corrupción total de la moral que esta arrasando a este mundo. Digo esto porque como creyentes fieles, ninguno de nosotros podemos depender que los valores morales y principios de nuestros hijos sean enseñados en las escuelas, o por terceros. Ningún creyente fiel puede ceder el derecho de instruir a su hijo, porque de hacer esto, entonces le estamos proporcionando la oportunidad a Satanás para que pueda contaminar, y envenenar a la futura generación. Es por esta razón que en Proverbios 22:6 encontramos que se nos dice: “…Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él…”

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En los versículos que estamos estudiando hoy leemos: “…Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. 2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?..” En estos versículos no es difícil discernir la actitud de muchos en este mundo. Digo esto porque hoy en día, tal como demuestran las estadísticas, las personas se divorcian tal como encontramos aquí, “por cualquier causa.” Esto es algo que sucede y continuara sucediendo por dos razones principales. Número uno, y la más importante de todo, es que Dios no esta en el corazón de ambas personas en el matrimonio, en otras palabras yugo desigual, y es exactamente por eso que se nos advierte que no nos unamos en yugo desigual [2]. Número dos, nuestro enemigo ha tenido gran éxito en hacer lucir que el divorcio es algo normal, y sin importancia o consecuencia. Ahora, deseo detenerme aquí y hacer una breve aclaración.