El domingo pasado les predique acerca de la importancia, y el poder de la oración. En esa predicación descubrimos las tres bendiciones inmediatas que las oraciones desatan, (paz, liberación, y milagros), ¿amén? Pero antes de que podamos comenzar a recibir todas esas bendiciones, existe algo muy importante que debemos hacer.

Como todos sabemos, en la antigüedad en Jerusalén existía el Templo de Dios, y peregrinos judíos de todas las regiones viajaban al Templo en el día de expiación, para ofrecer sacrificios a Dios, y experimentar un acercamiento a Él. Sin embargo, a pesar de que según la ley podían hacer sacrificios para la expiación de los pecados. [1], nadie podía llegar al lugar santísimo, es decir, al lugar donde habitaba Dios, excepto el sumo sacerdote [2]. El lugar santísimo, esto es el lugar donde descansaba el arca del testimonio, estaba dividido del resto del Templo por un velo [3]. Pero este velo, es decir, la división que existía entre la presencia de Dios y el hombre, fue eliminado por la sangre de Jesucristo que fue derramada por ti y por mí en la cruz del calvario [4]. Desde ese entonces en adelante, el Templo de Dios fue transferido a un lugar muy especial, el Templo de Dios somos todos los que hemos hecho un compromiso con Dios, y perseveramos vivir en santidad [5]. ¿Por qué les he recordado todo esto?

La razón por la que les he recordado todo esto, es porque antes de que podamos experimentar las bendiciones y la presencia de Dios en nuestra vida, lo primero que tenemos que hacer es edificar, y/o restablecer y limpiar el Templo de Dios. ¿Por qué digo que esto es lo primero que tenemos que hacer? La razón por la que digo que esto es lo primero que tenemos que hacer, es porque como nos dice la palabra de Dios claramente, Él es santo y no puede compartir con el pecado [6]. Hermanos, el pecado causa que vuelva a existir esa división de Dios, que Jesús vino a eliminar [7].

Hoy vamos a estudiar el periodo en la historia antes de que existiera el Templo, cual fue el primero edificado por el rey Salomón, (hijo de David), para reemplazar el Tabernáculo como el único centro de culto para el pueblo judío. Y en nuestro estudio encontraremos la necesidad tan grande que existe de construir el Templo de Dios en nuestra vida, ya que las falsas doctrinas abundan, y son muchos los que a diario caen enredados en ellas. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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1 Crónicas 22:11-16Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti. 12 Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, para que cuando gobiernes a Israel, guardes la ley de Jehová tu Dios. 13 Entonces serás prosperado, si cuidares de poner por obra los estatutos y decretos que Jehová mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate, pues, y cobra ánimo; no temas, ni desmayes. 14 He aquí, yo con grandes esfuerzos he preparado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millón de talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Asimismo he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás. 15 Tú tienes contigo muchos obreros, canteros, albañiles, carpinteros, y todo hombre experto en toda obra. 16 Del oro, de la plata, del bronce y del hierro, no hay cuenta. Levántate, y manos a la obra; y Jehová esté contigo.

Ahora bien, como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve resumen de historia. Lo principal que deseo que sepan es que en el primer libro de Crónicas encontramos que David llegó a ser rey sobre todo Israel [8], y que tomó la ciudad de Jerusalén [9]. También vemos que Dios le promete bendiciones a él y la nación, pero que no se le permite construir el Templo [10].

Así que en lugar de comenzar la construcción, David comienza a hacer los preparativos reuniendo el dinero y los materiales necesarios [11]. Lo que también vemos muy bien reflejado en este libro es que a pesar de tropezar y caer de vez en cuando, David caminaba paso a paso con Dios [12], queriendo sinceramente ser obediente. Lo que aprendemos de este siervo, a través de su éxitos y fracasos, es la importancia de entregarle todo nuestro corazón a Dios, y permitir que Él sea el centro de nuestras vidas, luchando cada día para ser consistentes en obediencia a Su voluntad. Con estos detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti. 12 Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, para que cuando gobiernes a Israel, guardes la ley de Jehová tu Dios…” Aquí encontramos las instrucciones que David le dio a su hijo Salomón para que edificara el Templo, pero estas palabras nos hablan a nosotros con el mismo metal que le hablaron a Salomón. Permítanme explicarme un poco.

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¿Cuántos han escuchado acerca del movimiento de la prosperidad? La realidad es que este movimiento es bastante popular, y muchos son los que caen atrapados en él, especialmente en tiempos financieros difíciles como por los que esta atravesando el mundo de hoy. Según lo que estos falsos maestros predican y enseñan, es que la voluntad de Dios es que todos seamos ricos, algo que va totalmente contra la palabra de Dios, ya que el mismo Señor nos dice: “…Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis….” (Marcos 14:7).

También enseñan que el que no diezma no prospera, y que para recibir hay que sembrar. Pero la realidad de todo es que nada de esto es cierto, y estas doctrinas solo sirven para enriquecer a los pastores, ministros, y evangelistas que la esparcen. Lo que estas personas están haciendo es explotar la ingenuidad de cristianos sinceros, quienes son convencidos a entregar su dinero con el énfasis en que recibirán bendiciones materiales. En otras palabras, esta doctrina conduce a muchos buscar lo material, en vez de buscar lo espiritual [13]. ¿Cuánto desean realmente prosperar en todo lo que hacen? Definitivamente no prosperaran porque diezmen u ofrendan.

Claro esta en que toda congregación necesita el aporte financiero de sus feligreses para mantener las puertas abiertas de un templo, pero esto es algo que nunca se puede exigir ni demandar, sino que se tiene que dejar en las manos de Dios. Él es quien da convicción, Él es quien dirige la obra, y solo en Él debemos confiar. Dile a la persona que tienes a tu lado: no te dejes engañar. ¿Quieres realmente prosperar?