Hoy es un día muy especial para nosotros, ya que hoy, en este país celebramos el día de las madres. A pesar de que no es una tradición bíblica, esta tradición es algo muy especial. Esta tradición es celebrada alrededor del mundo, pero la fecha moderna de la celebración tuvo su origen en los Estados Unidos, y esta paso a ser el segundo domingo del año [1]. Pero esta tradición no paso a ser un día festivo oficial hasta el 9 de mayo 1914 (Proclamación Presidencial 1268), cuando el presidente Woodrow Wilson, proclamó que el día de las madres sería un día feriado nacional como: “una expresión pública de amor y reverencia por las madres de nuestro país” [2]. Así que hoy es un día cuando alrededor de esta nación, y en el mundo, se les rinde homenaje a todas las madres, cuyo trabajo y esfuerzo en muchas ocasiones pasan desapercibido, y/o es menospreciado.

Como ustedes bien saben, yo no soy muy partidario de seguir tradiciones establecidas por el hombre, pero si estoy muy de acuerdo en seguir esta en particular. La razón principal por esto es porque las madres desarrollan un papel crítico en el hogar. Claro esta en que no le estoy robando merito alguno al papel de un padre, pero la madre juega un papel crucial en la vida de las personas. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque en la mayoría de los casos, mamá fue la principal en encargarse de nosotros desde nuestro nacimiento. Mamá fue quien se pasaba noches despierta a nuestro lado cuando estábamos enfermos, mamá fue quien nos animo, instruyó, apoyó, y protegió durante nuestra infancia. Mamá fue la que cambiaba nuestros pañales, y nutrió no solo con leche y comida, sino que con su amor y paciencia.

Así que por estas, y numerosas otras razones, las cuales no tendríamos tiempo de mencionar en esta pequeño espacio de tiempo que compartimos, hoy deseo hacer un reconocimiento especial a toda madre en esta congregación, y a toda madre alrededor del mundo. Hoy vamos a examinar el papel de una madre. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Mateo 15:21-28 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: !!Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. 24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: !!Señor, socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

Estos versículos forman parte de un evento histórico en la biblia que se destaca como: “La fe de la mujer cananea.” Y seguramente algunos ya estén pensando que no tienen nada que ver con el día de las madres, pero esto es porque no han tomado el tiempo de meditar en lo que en ellos encontramos. Ya que en ellos encontramos dos virtudes que las madres demuestran a lo largo de sus vidas. Examinemos estas virtudes ahora, y ustedes me indican si no son ciertas.

Virtud número uno; una madre esta dispuesta hasta entregar su vida, por la vida de sus hijos. Fíjense bien en lo que acabamos de leer para que entiendan bien lo que les digo. Aquí vemos que la palabra de Dios nos dice: “…Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: !!Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio….” Pero, ¿qué quiere decir esto? Para que podamos entender lo que estaba aconteciendo aquí, debemos saber que la misión original del Señor fue de primeramente rescatar el pueblo judío, y es por eso que aquí vemos que Él declara “…No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel…” Y esta mujer no era del pueblo judío, sino que era cananea.

En otras palabras, ella no tenía derecho alguno para pedirle nada al Señor. Pero no obstante esto, ella estaba dispuesta a arriesgar todo por la vida de su hija. A esta mujer no le importo lo que otros dijeran y pensaran de ella; a esta mujer no le importo que sería criticada, y tal vez perseguida, y/o acosada por los que le rodeaban. Ella llego al Señor dispuesta a arriesgar su bienestar, sin importarle lo que podía perder. ¿Por qué estaba dispuesta ella a arriesgar todo? La respuesta a esta pregunta es fácil; ella estaba dispuesta a arriesgar todo porque una madre siente el dolor de sus hijos.

Para que entiendan bien lo que les digo, fíjense bien como ella dijo. Ella dijo: “…ten misericordia de mí…” En otras palabras, ella sentía el sufrimiento de su hija como si le estuviese sucediendo a ella misma. Ahora pregunto, ¿no es esta una virtud de toda madre? ¿Qué madre no siente el dolor de sus hijos? ¿Qué madre no sufre junto a sus hijos? ¿Qué madre no daría su vida para salvar la de su hijo? ¿Qué madre no daría todo lo que tiene, y que sueñe tener, por el bienestar de un hijo?

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¿Por qué es que una madre esta dispuesta a hacer todo esto, y mucho más? La razón principal es porque el amor de una madre es incondicional, y eterno. El amor de una madre sobrepasa dolores y maltratos que hayan podido tener. El amor de una madre vence todo dolor [3], y es el que nos anima y fortalece. El amor de una madre es el que convierte lágrimas en sonrisas, y convierte la oscuridad en luz. El amor de una madre es el amor que más se acerca al amor que Dios tiene por su creación.

Virtud número dos; una madre persevera por el bienestar de sus hijos. Fíjense bien en lo que hemos leído aquí para que entiendan bien lo que les digo. Aquí leemos: “…Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. 24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: !!Señor, socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos…”

Como podemos apreciar, al acercarse al Señor, Él no le contesto inicialmente. Pero el silencio del Señor no la detuvo, sino que la motivo aun más, y llego a su presencia exclamando: “…!!Señor, socórreme!..” Esta mujer no estaba dispuesta a aceptar el silencio como una respuesta. Y cuando finalmente el Señor le respondió, a pesar de que ella no recibió la respuesta que buscaba, ni esta respuesta tan aparentemente brusca la detuvo. Ahora pregunto, ¿no es esto una virtud de toda madre? Dile a la persona que tienes a tu lado: las madres perseveran por sus hijos.

A pesar de que quizás las cosas no han salido como esperaban o deseaban, toda madre cristiana persevera en oración por sus hijos. Toda madre cristiana intercede en oración por sus hijos, pidiéndole a Dios que les aparte de esas amistades que solo causan problemas; pidiendo a Dios que les libere de esos vicios que solo sirven para dañarles; pidiéndole a Dios que experimenten un real encuentro con Jesucristo, para que puedan sentir el amor, gracia, y poder que solo Él puede proporcionar.

La labor de una madre toma determinación, paciencia y comprensión. La labor de una madre es perseverar, y en muchas ocasiones es subestimada. Y esta perseverancia es la que vence; fíjense bien en lo que sucedió aquí para que entiendan bien lo que les digo. Aquí vemos que el Señor al ver las virtudes de esta mujer le respondió diciendo: “…Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios recompensa la perseverancia.

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Ahora bien, yo sé que no todos han tenido la bendición que mi hermano y yo hemos tenido, de tener una madre como la nuestra. Estoy consciente de que existen numerosas personas que quizás tengan memorias de momentos difíciles, o desagradables de su niñez; pero si ese es el caso, quiero que en el día de hoy entregues esas raíces de amargura, y esas malas memorias a nuestro Señor Jesucristo.

En Mateo 11:28 el Señor nos dice: “…Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” Y yo te invito a que en el día de hoy tú le entregues esa carga a Él. Entregarle al Señor esa carga es algo que tenemos que hacer; tenemos que hacerlo porque los malos momentos y malas memorias, y/o raíces de amargura, tienden a ahogar todo lo demás.

Las malas memorias y/o raíces de amargura tienden ahogar todo lo bueno que una madre hace por sus hijos/hijas. ¿Por qué? Porque los pensamientos negativos son los enemigos de una vida feliz. Nunca nos olvidemos que el campo principal de batalla es nuestra mente. En otras palabras, nuestra vida es determinada en gran medida por nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos influencian nuestra vida en gran manera. Los pensamientos negativos distraen nuestra atención del bien. Así que te digo en el día de hoy, deja de sufrir debido a esa memoria amarga y/o dolorosa, entrégasela al Señor y Él te dará la paz que tanto anhelas.

Una gran realidad es que todos nosotros somos muy diferentes; algunos han tenido que atravesar por momentos muy difíciles y desagradables, y otros no. Algunos tienen memorias muy amargas o desagradables de su niñez, las cuales le conducen menospreciar o subestimar, el papel que la madre jugo en su vida; pero todos los momentos amargos o difíciles no pueden borrar el hecho de que toda persona dependió de su madre.

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