Algo de suma importancia en la vida de todo creyente es siempre buscar agradar a Dios. Trágicamente existen muchos que han confundido o mezclado el buscar agradar a Dios con la religión y el legalismo. Y digo que buscar agradar a Dios a través de estos medios es algo trágico porque la realidad de todo es que ninguno de estos dos medios nos acercara más a Dios.

Así que la pregunta que ahora queda es: ¿qué debemos hacer para agradar a Dios? Éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la lectura de la Palabra..

Miqueas 6:6-8¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? 7¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? 8Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Miqueas es uno de los profetas menores, y vivió durante el tiempo que el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos; Israel era el reino del norte y Judá era el reino del sur. Miqueas profetizo durante el reinado de tres diferentes reyes.

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Esto es algo que queda bien claro en Miqueas 1:1 cuando leemos: “Palabra de Jehová que vino a Miqueas de Moreset en días de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá; lo que vio sobre Samaria y Jerusalén.” Así que la mayoría de su ministerio fue antes de que Israel fuera llevado cautivo por Asiria.

Esto es algo que queda bien claro en Jeremías 26:18 cuando leemos: “Miqueas de Moreset profetizó en tiempo de Ezequías rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sión será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque.” Miqueas profetizo durante un periodo de intensa injusticia social en Judá. Los dueños de propiedades desalojaban a las viudas.

Los negociantes usaban balanzas y pesos engañosos para robarle al pueblo, y los ricos oprimían a los pobres (Miqueas 2:1-2). La corrupción, violencia y crueldad crecía abundantemente en los príncipes (Miqueas 3:1-2). Los sacerdotes y profetas ministraban por avaricia, y los jueces juzgaban por sobornos (Miqueas 3:11). En otras palabras, el pecado había infiltrado todo segmento de la sociedad [1]. ¿Por qué es necesario saber estas cosas?

Es necesario saber estas cosas porque cuando hacemos una comparación entre lo que estaba sucediendo en ese entonces con el mundo de hoy, pronto encontraremos que nos existe mucha diferencia.

Con solo prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor nos damos cuenta que con cada día que pasa la degradación moral aumenta; en otras palabras, encontramos que la maldad y pecado han infiltrado todo segmento de nuestra sociedad. Así que manteniendo estos detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy..

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Lo primero que encontramos aquí son dos preguntas: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?” Quiero que nos detengamos aquí por un breve momento y pensemos en lo que estas preguntas reflejan. ¿Qué reflejan estas preguntas?

Estas preguntas reflejan la religión. Para que entiendan bien el punto que deseo hacerles, detengámonos ahora por un breve instante y exploremos la definición de la palabra religión. La palabra religión es definida como: “Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto [2].

Quiero que prestemos mucha atención a la parte de la definición que nos dice: “practicas rituales.” Quiero que prestemos atención a ésta porción de la definición porque aunque para el pueblo judío el holocausto era esencial para obtener el perdón, ellos habían transformado esto más en un evento de rutina o ritual que en un verdadero arrepentimiento por sus transgresiones.   Y es exactamente por eso que vemos que el profeta Miqueas hace estas preguntas en un tono que yo diría es algo sarcástico.

Miqueas le hablo al pueblo de ese entonces de ésta manera porque él conocía muy bien el mal que hacían, y sabía que ellos no sentían un genuino amor por Dios. Él les hablo de esta manera para tratar de que ellos se dieran cuenta de lo mal que actuaban.

Miqueas les hablo de ésta manera para que ellos reconocieran que una religión sin amor genuino a Dios no significa nada.  Y las palabras de Miqueas de ese entonces sirven para recordarnos a todos que la religión sin un amor genuino de Dios, la religión sin un verdadero arrepentimiento, no nos sirve para nada. Por muy religiosos que seamos si Jesucristo no reina en nuestro corazón, nada de lo que digamos o hagamos nos conducirá a Dios.

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Y esto es algo que el Señor nos dice claramente en Juan 14:6 cuando leemos: “…Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” ¿Por qué les he dicho estas cosas? La razón por lo que lo hago es porque es muy fácil decir que somos cristianos..

Es muy fácil decir que amamos a Dios. Pero, si no estamos haciendo la voluntad de Dios, entonces no tenemos nada. Es por eso que en Mateo 7:21 el Señor nos dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”

Pero no obstante ésta advertencia la hipocresía, apostasía, y religión continúan avanzando a pasos gigantescos en el mundo.  Muchos son los que claman venir en el nombre de Jesús, pero que no hacen la voluntad del Padre, y es por eso que en Mateo 15:8 el Señor nos dice: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.”

Recordemos siempre que la religión, es decir, un ritual o rutina nunca nos conducirá a la presencia de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado: no seas religioso..

Continuando con nuestro estudio leemos: “¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Detengámonos aquí nuevamente por un breve momento y pensemos en lo que estas preguntas reflejan. ¿Qué reflejan estas preguntas? Estas preguntas reflejan el legalismo.

Digo esto porque con estas preguntas aquí el profeta se estaba refiriendo a la ley mosaica acerca de los sacrificios de expiación. La ley queda bien ilustrada en Levítico 5:15 cuando leemos: “ cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santas de Jehová, traerá por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado. “

Uno de los problemas más serios que afecta a la iglesia es el legalismo, digo esto porque el legalismo exalta la ley por encima de la gracia.

Jesús tuvo que batallar en contra del legalismo durante Su ministerio. Los legalistas del tiempo de Jesús eran los fariseos, y la crítica de Jesús fue bien severa hacia ellos.

Fíjense bien lo que encontramos en Mateo 23:13-14 cuando leemos: “Mas !!ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. 14!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.”

El gran problema que existe con el legalismo es que con frecuencia el legalismo nos conduce a juzgar a otros basado en nuestras propias normas y nos conduce al desamor. El legalismo nos conduce a no ser verdaderos servidores de Dios sino servimos por obligación.

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