Una gran realidad es que la iglesia de hoy ha sido infiltrada por un grupo de malvados, que pretendiendo venir en el nombre de Jesús solo vienen a destruir la obra de Dios.

Estamos hablando de fundadores de nuevos movimientos que supuestamente son cristianos; estamos hablando de líderes y ministros que siguen nuevos conceptos porque son lucrativo; estamos hablando de personas que enseñan y siguen doctrinas que no tienen fundamento alguno en la verdad de Dios; estamos hablando de personas que enseñan y practican lo que Dios abomina.

El otro día recibí una correspondencia electrónica de un hermano que me contó que una noche mientras leía y meditaba en la Palabra de Dios, el Señor le condujo a un versículo que lo dejó bien pensativo. En otras palabras, un versículo que abrió sus ojos para que pudiese ver la maldad que se ha infiltrado en la iglesia.

Claro está en que cuando me refiero a la iglesia no me estoy refiriendo a alguna congregación específica, sino me estoy refiriendo al Cuerpo de Cristo en su totalidad, es decir, a los creyentes.

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Hoy deseo compartir con ustedes el versículo que impresionó a éste hermano, porque en él encontraremos un poderoso mensaje para nosotros en el día de hoy.

Mateo 11:12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

Si leemos esto por encimita sin meditar en lo que hemos leído, en la mayoría de los casos llegaremos a una conclusión equivocada. Digo esto porque lo primero que viene a la mente de la mayoría de las personas cuando se habla de violencia son los golpes, tiros, explosiones y demás.

En otras palabras, lo primero que viene a la mente de la gran mayoría de las personas son los actos de violencia.  Ésta manera de pensar puede causar que exista confusión al interpretar éste versículo, y hasta que algunos lleguen a pensar que en el cielo existen estos tipos de actos. Pero la realidad es que éste versículo aquí es una gran enseñanza acerca de la iglesia.

Éste versículo aquí abre nuestros ojos para que podamos reconocer el peligro eminente que encaramos, y nos revelan lo que tenemos que hacer para evitar ser desviados de la presencia de Dios. Pero para poder entender bien lo que el Señor nos revela aquí, tendremos que analizar éste versículo en pequeñas porciones y examinar el significado de cuatro palabras claves. Manteniendo esto en mente comencemos ahora con nuestro estudio.

Lo primero que encontramos aquí es que el Señor dice: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia…” Aquí existen dos palabras claves que tenemos que examinar. La primera palabra es: “reino”.

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La palabra “reino” usada aquí es una traducción de la palabra Griega: “basileia” y parte de su definición es: “poder real, dominio, gobierno; (a. No debe ser confundido con un reino actual, sino que es el derecho y autoridad de gobernar un reino.)[1]” La segunda palabra que debemos examinar es: “violencia”. La palabra violencia usada aquí es una traducción de la palabra Griega: biazō” y parte de su definición es: usar fuerza, aplicar fuerza. Forzar, infligir violencia.[1]”.

Como podemos apreciar, cuando empleamos estas definiciones para interpretar éste versículo, no es difícil llegar a la conclusión que en él encontramos muy bien definido el problema que ha encarado la iglesia desde el inicio.

Digo esto porque usando estas definiciones para interpretar éste versículo podemos ver claramente que cuando Jesús aquí habla del: “reino de los cielos”, Él no se está refiriendo al cielo donde está el trono del Padre, sino que se está refiriendo a la autoridad y al derecho de gobernar que Dios le entrego.

Es como encontramos en Mateo 28:18 cuando leemos: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” Pero ésta autoridad fue desafiada por el hombre desde el inicio de la iglesia. Éste desafío es algo que queda muy bien reflejado en Lucas 20:1-2 cuando leemos: “Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, 2y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?”

En otras palabras el ministerio de nuestro Señor Jesucristo fue atacado con “violencia” o furia por los religiosos de ese entonces; personas que buscaban satisfacer los deseos de la carne y su apetito por las riquezas de éste mundo, en vez de satisfacer a Dios.

Esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras de nuestro Señor cuando acusaba a los religiosos de ese entonces, (escribas = maestros de la ley; fariseos = sacerdotes judíos), en Mateo 23:27 cuando leemos: “!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.”

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Ahora debemos preguntarnos: ¿continúan los ataques en contra de la iglesia hoy en día? La respuesta es ¡SI! El problema más serio que encara la iglesia de hoy son las herejías que han sido introducidas dentro del pueblo de Dios.

Estamos hablando de doctrinas inspiradas por demonios y enseñadas por personas avaras y malvadas que solo sirven para tratar de apartar a los verdaderos creyentes de la verdad de Dios, y para mantener a los inconversos alejados de Dios. ¿De qué les hablo?

Estamos hablando acerca de doctrinas como la del movimiento de fe y prosperidad económica. Digo esto porque uno de los puntos principales de ésta doctrina es que cuando se ofrenda, Dios promete devolverle la ofrenda a la personas en forma sobrenatural y multiplicada. Según lo que enseñan algunos de estos supuestos líderes de Dios, ser pobre es un pecado. ¿Puede ser esto verdad?

La respuesta es un absoluto ¡NO!.

Tal parece que todos aquellos que enseñan y promueven esa doctrina se les ha olvidado o simplemente han escogido ignorar lo que el Señor nos dice en Deuteronomio 15:11 cuando leemos: “Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.”

Hermanos si fuera verdad que Dios devuelve las ofrendas de forma sobrenatural y multiplicada a las personas, entonces no hubiese inconversos en el mundo. Todos se convertirían a Cristo por el simple hecho de obtener el beneficio de ser ricos.

Es por eso que nunca podemos ignorar la advertencia que encontramos acerca de todo esto en 2 Pedro 2:1-3 cuando leemos: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 2Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 3y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.” Dile a la persona que tienes a tu lado: no te dejes engañar.