La marca que distingue la fe

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: La marca que distingue la fe

Predicas Cristianas Texto Biblico: Santiago 2:14-26

Introducción

Uno de los problemas más serios que ha confrontado la iglesia de Cristo desde el inicio, es que a través de la historia, y en el presente, existen muchos que profesan ser cristianos, pero que no viven para Cristo.

Digo esto porque el mundo está lleno de personas que profesan a Cristo, se bautizan, se hacen miembros de una congregación, pero no siguen y viven para Cristo.

El mundo está lleno de supuestos creyentes que no siguen la norma de un verdadero cristiano cual queda muy bien definida en 1 Pedro 1:16 cuando leemos: “…Sed santos, porque yo soy santo.” En otras palabras, no perseveran en conducir una vida en santidad.

Ahora las preguntas que debemos hacernos son: ¿podemos decir honestamente que una persona que no persevera en la santidad es genuinamente salva? ¿Puede una persona que no persevera en la santidad declarar que posee una fe genuina? Dos preguntas difíciles para reflexionar, y ambas serán el tema para el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

La tentación más grande

Yo diría que la tentación más grande que un cristiano tiene es la tentación de profesar la fe, y no tener obras. Pero la realidad es que la fe sin obras es una contradicción el términos. Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento para aclarar algo.

Muchos dirían que existe una contradicción entre lo que enseña Pablo acerca de la salvación, como encontramos en Efesios 2:8-9 cuando leemos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Y lo que Santiago nos enseña aquí en estos versículos, pero la realidad del caso es que no existe contradicción alguna.

Digo que no existe contradicción alguna porque cuando tomamos el tiempo de estudiar los acontecimientos históricos detrás de ambas escrituras, no es difícil discernir que Pablo le estaba hablando a un grupo de personas completamente diferente.

Digo esto porque la ciudad de Efeso sufría de una enfermedad mortal. La iglesia en Efeso sufría de la enfermedad de la injusticia sensual y moral. Y esta enfermedad había corrompido al pueblo de tal manera que cuando Pablo llego a ellos, la iglesia consistía de solo doce creyentes (Hechos 9:1-7).

Así que como podemos apreciar, cuando Pablo hablo acerca de la salvación en Efeso, él le estaba hablando a pecadores que necesitaban ser salvos de sus pecados. Pero en los versículos de Santiago que estamos explorando en el día de hoy vemos que Santiago le hablaba a los santos, es decir, a los que ya habían recibido la salvación.

Ser santificados

En los versículos que estamos explorando en el día de hoy Santiago le hablaba y les habla a los miembros del cuerpo de Cristo, quienes necesitaban, y muchos necesitan aún, ser santificados. Es por ésta misma razón que podemos decir que sin duda alguna no existe una contradicción entre lo que enseña Pablo acerca de la salvación, y lo que encontramos aquí en el libro de Santiago. No existe contradicción alguna porque como hemos podido apreciar existían dos circunstancias completamente diferentes. Con esto en mente continuemos ahora nuestro estudio de hoy.

Para que podamos entender bien el mensaje de hoy, transformemos los versículos que estamos explorando en el día de hoy a términos modernos. Les pregunto, ¿puede funcionar un automóvil sin gasolina? La respuesta a esto es NO. Al igual que un automóvil no puede funcionar sin gasolina, nuestra fe no puede funcionar sin obras.

En otras palabras, para que nuestra fe sea efectiva, tiene que ser acompañada, tiene que ser suplida por obras. Una de las preguntas que recibo con mucha frecuencia es: “¿se puede perder la salvación?”

¿Puedes perder lo que nunca has tenido?

Les contestare ésta pregunta con otra: ¿se puede perder lo que nunca se ha tenido?. Claro está en que es imposible perder lo que nunca se ha tenido. Contestó la pregunta acerca de la salvación de ésta manera, porque la realidad del caso es que aunque creer en Cristo es un acto de pura fe, creer en Él solamente es el primer paso que damos para recibir la salvación. Esto es algo que queda extremadamente claro en Juan 3:16 cuando leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Pero tener el conocimiento de que Él existe y quien Él es no es suficiente para alcanzar la salvación. Fijémonos cuidadosamente en lo que nos declara aquí Santiago cuando leemos: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” (vers. 19).

Tener el conocimiento de que Él existe no es suficiente; creer en Él no es suficiente.

Satanás y todos sus demonios conocen acerca de Cristo. Los poderes de las tinieblas creen que Él es el Hijo de Dios, pero nada de esto les salvará. Nada de esto les salvará porque ellos se rebelaron en contra de Dios y su futuro es bien claro.

El futuro de Satanás y de los poderes de las tinieblas queda claramente declarado en Apocalipsis 20:10 cuando leemos: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Y es por esto que Santiago nos dice que ellos: “creen, y tiemblan.” El mismo futuro le aguarda a todo aquel que cree o que tiene conocimiento de que Cristo existe. Es decir, aquellos que profesan la fe cristiana, pero que no tienen obras que acompañen su fe.

Creer en Cristo no es suficiente para alcanzar la salvación.

Esto es algo que el Señor nos deja bien claro en Mateo 7:21-23 cuando leemos: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” Hermanos para alcanzar la salvación hay que perseverar en la santidad. En otras palabras, hay que vivir dentro de la voluntad de Dios.

Fíjense bien como dice aquí: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?” (vers. 14). Aquí existe un punto de suma importancia. Digo esto porque decir que tenemos fe es algo muy fácil. Son palabras que salen con facilidad de nuestros labios, pero el hecho de que podamos pronunciar estas palabras no significa que tengamos una fe genuina.

El hombre puede decir muchas cosas, pero la realidad de todo es que las palabras son baratas. Las acciones son las que cuentan. Este es el punto principal que  Santiago está haciendo en estos versículos, y es el punto principal que quiero que quede bien claro en el día de hoy. Es extremadamente importante que comprendamos que nuestra fe tiene que ser acompañada por obras.

¿A que obras me refiero?

Obras en el sentido de que cuando genuinamente aceptamos a Cristo en nuestro corazón, un cambio drástico tiene que suceder en nuestra vida. Esto es algo que queda mejor expresado en la palabras del apóstol Pablo en 2 Corintios 5:17 cuando leemos: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

La realidad es que si decimos que genuinamente aceptamos a Cristo, entonces no podemos continuar conduciendo una vida de la manera que éramos. No podemos continuar una vida pecaminosa, sino que tenemos que movernos hacia la santidad.  Es por eso que en  Efesios 4:22 encontramos que la palabra nos dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos.” No podemos decir que poseemos una fe genuina, si en nuestra vida no ha sucedido un cambio radical.

Decir que somos cristianos y no cambiar, es mentirnos a nosotros mismos. Decir que somos cristianos y no cambiar, es solo una palabrería y nada más. Porque si no cambiamos entonces nuestro corazón no está en el lugar apropiado, ya que no estamos viviendo en Cristo. Éste concepto es algo que queda mejor dicho por nuestro Señor como encontramos en Mateo 15:8 cuando leemos: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.”

Ejemplo

Permítanme explicarles el punto principal que deseo hacer de otra forma. Digamos ahora llega a la iglesia una persona adultera, o fornicaría, o homicida, o homosexual. Digamos que esta persona en ese momento se arrepiente de sus pecados, y declara que acepta a Cristo como su rey y salvador. Hasta aquí todo marcha bien.

Pero ahora también digamos que una vez que esa persona sale de la iglesia, continúa en los mismos pecados. ¿Podemos nosotros decir honestamente que esa persona es salva? La respuesta es ¡NO! Repito, no se puede perder lo que nunca se ha tenido. Si nos encontramos en esa situación, despertemos a la realidad que no es que hayamos perdido la salvación, la realidad es que nunca la tuvimos.

Continuando una vida pecaminosa

Si pensamos que somos salvos, pero continuamos conduciendo una vida pecaminosa, si continuamos desobedeciendo la palabra de Dios, entonces debemos saber que nos estamos mintiendo a nosotros mismos. Sepamos que continuar una vida sin perseverar en la santidad solo produce una fe fingida, y con una fe fingida nunca alcanzaremos entrar en el reino de Dios.

Esto es algo que queda muy bien declarado por el Señor en Apocalipsis 22:14-15 cuando leemos: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” Y es por esto mismo que si decimos que somos cristianos, entonces nuestra fe tiene que ser acompañada por obras.

Quiero que notemos algo aquí también, la palabra nos dice: “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?” (verss. 15-16). Ahora les voy a decir algo quizás levante ronchas. Éste versículo trata directamente de una necesidad material, trata directamente con una necesidad física.

Ahora pregunto, ¿hacemos nosotros lo mismo que encontramos descrito aquí al ver una necesidad de esta índole? Claro está en que no todos actuamos de la forma expuesta aquí, pero la mayoría SÍ. Pero si actuamos de esa manera, entonces tenemos que reconocer que Si  pudiendo hacer por otro, y las palabras claves aquí son “pudiendo hacer”, no lo hacemos, entonces nuestra fe está muerta.

La marca que distingue una fe cristiana genuina

¿Cuál es la marca que distingue una fe cristiana genuina? La marca es el cambio total que tiene que suceder en nuestra vida, y nuestra absoluta confianza en Dios en todo momento. Digo esto porque en los versículos que estamos explorando hoy también vemos que Santiago hace referencia a Abraham y a Rahab, y esto es algo de suma importancia. Es algo de suma importancia porque la fe de Abraham no fue lo único que lo justificó ante los ojos de Dios.

La fe de Abraham estaba acompañada por obras

La fe de Abraham estaba acompañada por obras; Abraham estaba dispuesto ha entregar lo mejor de él a Dios. Abraham entregaría a su hijo unigénito como sacrificio a Dios. La fe de Rahab no fue lo único que la justifico ante los ojos de Dios. La fe de Rahab estaba acompañada de obras. Ella escondió a los espías en su casa, y les demostró el camino a seguir para que fuesen salvos.

Fíjense bien como esto queda bien ilustrado en Josué 2:15-16 cuando leemos: “Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el muro. Y les dijo: Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis por vuestro camino.”

Así que con estos ejemplos podemos ver claramente que la fe tiene que ser acompañada por obras. Recordemos siempre que la fe sin obras no habla del amor, poder, misericordia y soberanía de Dios. Recordemos siempre que la fe sin obras no sirve para edificar la iglesia, sino que solo sirve para desacreditar a Dios.

Para concluir

En Mateo 5:16 encontramos que el Señor nos dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. ¿Qué nos está diciendo el Señor con esto? Con esto el Señor nos dice que nuestra fe tiene que ser acompañada por obras. ¿Por qué son las obras de tanta importancia?

La razón es porque nuestras obras son nuestro comportamiento; nuestras obras son las que le revelan a los no creyentes quien es nuestro Dios. Nuestras obras y comportamiento son las que le dicen al mundo que nosotros servimos al Rey de Reyes y Señor de Señores. Nuestra fe acompañada por nuestras obras es lo que nos separa a nosotros del resto de éste mundo de maldad.

Recordemos siempre: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”. (vers. 26). No quiero que nadie me malinterprete con lo que les dije en el día de hoy. Yo NO he dicho que por obras seremos salvos, el que diga esto está muy, pero muy, equivocado.

La salvación es solo por obra y gracia de Dios. Pero si les digo que si nuestra fe no es acompañada por obras, entonces no podemos decir que nuestra fe es genuina. Tal como el automóvil necesita combustible para funcionar, tu fe necesita buenas obras para funcionar. Has hoy que tu fe funcione, ¡COMENCEMOS A OBRAR!

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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