Dios no se olvida de ti

Dios no se olvida de ti

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Dios no se olvida de ti

© José R. Hernández, Pastor
El Nuevo Pacto, Hialeah, FL. (1999-2019)

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Isaías 49:14-16

Introducción

Permítanme comenzar compartiendo una breve historia antes de pasar en la predicación de hoy. Tanto como oficial de policía y pastor, a mí me ha tocado atravesar momentos que han puesto a prueba mi fe y me han mostrado la profundidad del amor de Dios.

Recuerdo que una vez, durante mi tiempo en la fuerza policial, me encontré con alguien en un momento de profunda desesperación. Esta persona se sentía abandonada y olvidada por todos, incluyendo a Dios. A pesar de mis esfuerzos por consolarlo, quedó claro que las palabras humanas no bastaban para sanar su alma herida. Fue entonces cuando las verdades de la Biblia resplandecieron con más fuerza, iluminando un camino de esperanza y restauración.

Esta experiencia me recordó la necesidad universal de seguridad y la fidelidad infalible de nuestro Padre celestial. Así que hoy, los invito a unirse a mí en la búsqueda de consuelo y fortaleza en la Palabra de Dios.

Ahora permítanme hacerles unas preguntas. ¿Alguna vez se han sentido abandonados? ¿Han experimentado la sensación de que Dios los ha dejado de lado en medio de las dificultades y pruebas de la vida?

Una gran realidad es que a todos nos toca atravesar momentos donde la desolación y la prueba parecen oscurecer nuestro camino, y nos encontramos buscando respuestas y consuelo en medio de la tormenta.

Es por eso que en el día de hoy deseo que nos sumerjamos en la palabra de Dios para redescubrir una verdad inmutable: Dios nunca nos olvida.

Hoy vamos a explorar las palabras del profeta Isaías y las enseñanzas de Cristo para entender mejor cómo, incluso en los valles más sombríos de nuestra existencia, la presencia constante de Dios nos sostiene, nos levanta y nos ilumina. Exploraremos ahora cómo Dios nunca nos abandona y como Su amor eterno se manifiesta en cada paso que damos.

I. Dios no se olvida de ti (Isaías 49:14-16)

Como les acabo de decir, en un momento u otro, a todos nos toca atravesar por momentos difíciles en nuestra vida. Y es posible que en esos momentos de prueba y dificultad, a nuestra menta hayan llegado dudas sobre si Dios realmente se preocupa por nosotros. Pero para esos momentos de oscuridad, el profeta Isaías nos ofrece palabras de consuelo y esperanza al decirnos.

«Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. 15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. 16 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.«

Como podemos ver aquí, la palabra de Dios nos dice que en los momentos de desesperación, el pueblo de Sion expresó: «Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí.» Ahora te pregunto, ¿te has encontrado alguna vez en ese lugar de desánimo y desesperanza, donde pareciera que Dios te ha dado la espalda? Estoy seguro que la respuesta de la mayoría de ustedes, si no todos, es un sí. Les puedo asegurar que a mí me ha pasado.

Pero son en momentos como esos que debemos aferrarnos a la palabra de Dios. Y cuando hacemos esto, encontramos que el Señor responde con amor y compasión, preguntando: «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.«

Para que entiendan bien el punto que deseo hacer, ahora deseo que imaginen la profunda compasión de una madre hacia su hijo. Aunque todas las demás personas lo olvidaran, ella nunca dejaría de amarlo y cuidarlo. Así mismo, Dios nos asegura que nunca nos olvidará. Él nos tiene grabados en las palmas de sus manos. ¡Qué imagen tan poderosa y reconfortante! Dios nunca nos dejará ni nos abandonará, incluso cuando otros lo hagan.

Tus amistades te abandonaran, tus seres queridos te abandonaran, incluso tus propios miembros de familia. Pero de algo que podemos estar seguros es que el Señor nunca nos abandonara [1], sino que nos ayudara a salir de esos lugares oscuros y difíciles [2]. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios no se olvida de ti.

Así como Jesús, quien enfrentó y superó tentaciones y sufrimientos, nos muestra que no estamos solos en nuestras luchas; del mismo modo, las palabras de Miqueas nos recuerdan que Dios siempre está listo para levantarnos. Recordando estas verdades, encontramos la fuerza para levantarnos en los momentos más difíciles. Despierta al que tienes atrás y dile: Dios no se olvida de ti.

II. Levántate con la fuerza de Dios (Miqueas 7:7-8)

Hermanos, en los momentos más oscuros de nuestra vida, cuando sentimos que hemos caído tan bajo que no hay esperanza de levantarnos, recordemos las palabras del profeta Miqueas.

El profeta declara: «Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá. Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.«

Hermanos, estas palabras son un recordatorio poderoso de la fidelidad de Dios hacia nosotros. Aunque caigamos, Él nos levantará. Esto es algo que queda bien ilustrado en Salmos 145:14 cuando leemos: «Jehová sostiene a todos los que caen, Y levanta a todos los oprimidos.» Estos versículos garantizan que no importa nuestra situación, Dios está presente para restaurarnos y guiarnos hacia su luz. Despierta al que tienes atrás y dile: Dios no se olvida de ti.

Aunque estemos rodeados de tinieblas, Él será nuestra luz. No importa cuán profundo sea el abismo en el que nos encontremos, Dios está con nosotros, extendiendo sus brazos para levantarnos y guiarnos a la luz.

Esto es algo que queda bien declarado en Salmo 34:17-18 cuando leemos: «Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.» Estos versículos nos aseguran que incluso en nuestras caídas, Dios está atento y listo para rescatarnos. Despierta a la persona que tienes atrás y dile: Dios levanta al caído.

Así, fortalecidos por estas promesas divinas, somos llamados a avanzar con fe renovada hacia la luz y esperanza que Dios continuamente nos ofrece.

III. Recibe la luz y la esperanza en tu vida

En medio de la oscuridad y el desánimo, Dios nos llama a levantarnos y a recibir su luz y esperanza. Esto es algo que queda bien ilustrado en Salmos 27:1 cuando leemos: «Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?«

Con la luz de Dios, estamos bien equipados para enfrentar y superar las dudas y mentiras que nuestro enemigo pueda arrojar hacia nosotros [3]. No permitamos que el enemigo nos convenza de lo contrario. Recordemos siempre que nuestro enemigo no descansa, y siempre intentará llenar nuestras mentes con mentiras y dudas, tratando de alejarnos del amor y la gracia de Dios [4]. Dile al que tienes al lado: Dios no se olvida de ti.

Hermanos, es crucial recordar las palabras de Salomón en Eclesiastés 9:4 donde leemos: «Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.» ¿Por qué digo que tenemos que es crucial que recordemos estas palabras?

Lo digo porque muchos han perdido la esperanza, muchos han perdido su fe. Pero mientras estemos vivos, hay esperanza. Mientras haya aliento en nuestros pulmones, Dios está obrando en nuestras vidas. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios quiere obrar en tu vida.

Así que siempre recordemos lo que la palabra de Dios nos dice en Lamentaciones 3:22-23: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.» Aquí se nos dice claramente que cada día es una manifestación de la esperanza que Dios nos ofrece, renovando Su gracia constantemente.

IV. Vuelve a comenzar con el poder de Dios

Habiendo recibido la luz y esperanza de Dios, estamos ahora en una posición única para comenzar de nuevo. Esto es algo que queda bien ilustrado en Isaías 40:31 cuando leemos: «Pero los que esperan a Jehová renovarán sus fuerzas; subirán con alas como águilas; correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.» Dile a la persona que tienes a tu lado: nuestra fuerza viene de Jehová.

Así es que comenzamos de nuevo con el Espíritu Santo en acción, como nos enseña Cristo. No importa cuán insignificantes nos sintamos, Dios nos ama y nos considera valiosos. Él nos ofrece una nueva oportunidad en Cristo Jesús.

Esto es algo que queda bien claro en Juan 3:16-17 cuando leemos: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.» Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios me ama.

Hermanos, ¡qué gran amor nos ha mostrado Dios al enviar a su Hijo para salvarnos! No importa cuán lejos hayamos caído, Jesucristo nos ofrece vida en abundancia [5]. Podemos tomar el control de nuestras vidas nuevamente, entregándolas a Dios y recibiendo su perdón y gracia.

Como nos recuerda el apóstol Pablo en Colosenses 3:13: «soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» Esto nos motiva a aceptar la gracia de Dios, que nos permite comenzar de nuevo con un espíritu de perdón y renovación.

Además, en 2 Corintios 5:17, el apóstol Pablo nos dice: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.» Esto subraya la transformación y la nueva vida que Jesús ofrece a quienes creen en Él, brindándonos una fundación sólida para comenzar de nuevo.

V. Recibe la vida en Cristo Jesús

Hoy, queridos hermanos y hermanas, los invito a recibir la vida que Dios nos ofrece en Cristo Jesús. Aunque otros puedan olvidarnos, Dios nunca lo hará [6]. Él nos ama con un amor eterno y nos sostiene en sus manos poderosas.

Al igual que una madre nunca olvida a su hijo, Dios nunca nos olvidará (vers. 15). Él lleva grabado nuestro nombre en sus manos [7]. Recibamos, pues, el regalo de la vida nueva en Cristo Jesús. Que su amor y su gracia nos llenen y nos renueven cada día.

Hermanos, ¡hoy es el día de volver a comenzar en las manos de Dios! Hoy es el día de dejar atrás las cadenas del pasado y abrazar el futuro que Dios tiene para nosotros [8]. Hoy es el día de permitir que su Santo Espíritu nos guíe y fortalezca mientras caminamos en su luz y su verdad.

Recuerden siempre estas palabras de Isaías 49:14-16: «Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.«

Para concluir

Hermanos y hermanas, hoy hemos recorrido juntos un camino de recordatorio y renovación. Las palabras de Isaías y los ejemplos de nuestro Señor Jesucristo nos han mostrado que, sin importar la profundidad de nuestra desesperación, la fidelidad de Dios permanece firme y su amor inquebrantable.

Como hemos visto, no estamos solos en nuestras luchas; estamos firmemente sostenidos en las manos poderosas de un Dios que nunca olvida a sus hijos. Despierta al que tienes atrás y dile: Dios no se olvida de ti.

Por tanto, les invito a llevar este mensaje de esperanza en sus corazones y a compartirlo en su vida diaria. Que cada día, al enfrentar desafíos o al consolar a otros, recuerden y proclamen la fidelidad de Dios.

Es hora de dejar atrás las cadenas del pasado y abrazar con fe el futuro que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros. Avancemos juntos, renovados por su gracia, y permitamos que su Espíritu Santo nos guíe y fortalezca, recordando siempre que Dios no se olvida de nosotros.

¡Hoy es el día de volver a comenzar en las manos de Dios! Vamos de aquí en paz, llevando su luz y su verdad a cada rincón de nuestras vidas. Amén.

Que la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo estén con ustedes siempre. Amén.

[1] Isaías 41:10; Mateo 28:20
[2] 1 Corintios 10:13
[3] Efesios 6:16
[4] 1 Pedro 5:8
[5] Juan 10:10
[6] Jeremías 31:3
[7] Salmo 139:9-10
[8] Efesios 4:22-24

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *