Predicas Cristianas

Santidad – Predicacion

Cuando perseveramos en conducir una vida en santidad, el Espíritu Santo nos da convicción de que lo que agrada y desagrada a Dios. En otras palabras, el Espíritu Santo nos habla y deja saber la voluntad de Dios para con nosotros.

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Fíjense bien como esto queda bien reflejado en Apocalipsis 2:7 cuando leemos: “…El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios…”  Pero repito, esto es algo que solo sucede cuando perseveramos en conducir una vida en santidad. ¿Cómo podemos lograr perseverar en la santidad que Dios demanda?

La respuesta a esta pregunta es fácil; nosotros podemos lograr perseverar en la santidad que Dios demanda cuando buscamos hacer la voluntad de Dios en todo momento; porque de no hacer esto, entonces estamos restringiendo el mover del Espíritu Santo en nuestra vida.

Y es por eso que en Efesios 4:30-32 el apóstol nos deja la siguiente advertencia: “…Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo….”

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Si decimos que genuinamente hemos aceptado a Cristo, entonces no podemos continuar una vida pecaminosa, sino que tenemos que movernos siempre hacia la santidad.  Es por eso que en  Efesios 4:22 encontramos que se nos dice: “…En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos…”

Un Para alcanzar la santidad se necesita un cambio radical

La realidad de todo es que no podemos decir que perseveramos en la santidad si en nuestra vida no ha sucedido un cambio radical. Decir que perseveramos en la santidad y no cambiar en lo absoluto es mentirnos a nosotros mismos. Decir que perseveramos en la santidad y no cambiar es solo palabrería y nada más, porque si no cambiamos entonces nuestro corazón no está en el lugar apropiado. Nuestro corazón no está concentrado en la santidad de Dios.

Así que la segunda razón por lo que la santidad es tan importante en nuestra vida es porque Dios es santo y fuera de Su santidad nada lograremos. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios es santo.

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III. Dios nos ha apartado para la santidad

La tercera razón por lo que la santidad es tan importante en nuestra vida la encontramos en la tercera porción del versículo que estamos explorando hoy cuando leemos: “…y os he apartado de los pueblos para que seáis míos…” ¿Qué significado tiene esto para nosotros?

El significado de estas palabras para nosotros es inmenso, ya que antes de Jesucristo el único pueblo de Dios era el pueblo judío. Fíjense como esto es algo que queda inferido en Juan 1:10-11 cuando leemos: “…En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron…” Y también en Mateo 10:5-6 cuando leemos: “…A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel…”.

Misericordia de Dios – Mensaje de salvación

Dios en su infinita misericordia ha permitido que el mensaje de salvación llegara a nuestra vida. Dios en su infinita misericordia envió a su Hijo Unigénito para que hoy pudiésemos formar parte de la familia divina; Dios envió a su Hijo Unigénito para que hoy pudiésemos ser sus hijos e hijas.

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Fíjense bien como esto es algo que queda bien claro en Juan 1:12 cuando leemos: “…Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…” Pero para que realmente podamos formar parte de la familia divina, entonces tenemos que dejar de concentrarnos en lo terrenal y enfocar toda nuestra atención en lo celestial.

Esto es algo que queda bien reflejado en Hechos 17:29-30 cuando leemos: “…Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. 30Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan…”

Pero desdichadamente aquí es donde comienza el problema para muchos. Digo esto porque muchos han dejado de concentrarse en la divinidad para buscar satisfacer sus ambiciones o deseos.

El problema que existe es que la mayoría de nosotros nos ocupamos más de lograr nuestras ambiciones y deseos, que en la santidad que Dios demanda de nosotros. Una vez que caemos en este plan, entonces se nos hace muy fácil desobedecer o ignorar lo que Dios demanda y espera de nosotros. Se nos hace muy fácil menospreciar las cosas que deben tomar prioridad en nuestra vida.

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¿Qué es lo que tiene que tomar prioridad en la vida de un creyente fiel?

Lo que debe y tiene que tomar prioridad en nuestra vida es Dios, inmediatamente seguido por nuestra familia. Pero desdichadamente en numerosas ocasiones ambas cosas ocupan un tercer o cuarto lugar en la vida de muchas personas. Desdichadamente la mayoría del pueblo de Dios escoge satisfacer más los deseos y ambiciones que cumplir con Dios, y con la responsabilidad que Él nos ha entregado.

Es por eso que en Mateo 6:31-33 encontramos que el Señor nos dice así: “…No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas…”

Y cuando  ponemos en práctica estas palabras de nuestro Señor, entonces podemos llegar a la realización que Dios nos ha escogido, y que si Él nos ha escogido, entonces Él es quien está en control de todo.  Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios te aparto para que fueses suyo.

Para concluir.

Como hemos podido ver, la santidad en nuestra vida es de suma importancia por tres razones. Número uno, Dios lo demanda; número dos, porque Dios es santo; número tres,  porque Dios nos ha apartado para que seamos Su pueblo.

Recordemos que perseverar en la santidad es esforzarnos a ser más como Jesús en todo momento. Recordemos que perseverar en la santidad no significa que tenemos que convertirnos en personas súper religiosas como los fariseos en el tiempo del Señor. Recordemos que perseverar en la santidad no significa que tenemos que adoptar una actitud de ser más santos que el santísimo.

Perseverar en la santidad

Perseverar en la santidad es como nos dice el Señor en Marcos 12:30-31 cuando leemos: “…Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos…”

Recordemos que perseverar en la santidad no es hacer las cosas por obligación o religión. Perseverar en la santidad no es dejar de hacer las cosas por temor de ser castigados o condenados. Perseverar en la santidad es hacer todo por el amor que sentimos por nuestro Padre celestial. Y también siempre recordemos lo que encontramos en Hebreos 12:14 cuando leemos: “…Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor…”.

Así que dile a la persona que tienes a tu lado: “…Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos…”.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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