Estoy seguro que si en este momento se apareciera un ángel celestial en este lugar y dijera que Dios le había enviado a derramar bendiciones sobre nosotros, todos aquí las aceptaríamos al momento. No creo que ninguno de nosotros le diríamos que no a Dios, ¿verdad?

Pero cuando decidimos dejar para mañana la obra de Dios, cuando dejamos de darle a Dios el lugar que Él merece en nuestra vida, en esencia le decimos que NO a la bendición de Dios. Le decimos que NO a la bendición que Dios tenia para ese día; le decimos que NO a la bendición que Dios quería derramar sobre nosotros.

En la mayoría de las ocasiones nosotros no le decimos NO a Dios intencionalmente; en muchas ocasiones le decimos NO a la bendición de Dios porque no nos damos cuenta de la bendición tan inmensa que existe en evangelizar y testificar. ¿Por qué digo que existe una inmensa bendición en evangelizar y testificar?  Contestare esta pregunta haciendo otra. ¿Sabían ustedes que Dios tiene a Su disposición legiones de ángeles?

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Fíjense bien como esto es algo que el Señor hace referencia a ello en Mateo 26:53 cuando leemos: “…¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?…” (Legión: la unidad principal del ejército romano que consiste de 3000 hasta 6000 soldados de infantería con la caballería.”[1])

Y también es claramente expuesto en Apocalipsis 5:11 cuando leemos: “…Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones…” ¿Por qué les he llamado su atención a estos detalles? Lo hice para que todos nos demos cuenta que Dios podía fácilmente enviar a Sus ángeles celestiales a la tierra para proclamar Su santa Palabra, pero Él no lo ha hecho así; Dios nos escogió a nosotros. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios te escogió a ti.

Dios nos ha escogido para que a través de evangelizar y testificar recibamos bendición. Si nos ponemos a pensar en esto por uno momento, no será difícil entender que existe gran bendición en ser elegidos y utilizados como Su instrumento aquí en la tierra. .

Lo que sucede con frecuencia es que nosotros, al igual que el hombre en esta parábola, nos acomodamos de tal manera en saber que somos salvos; nos acomodamos de tal manera en asistir a la iglesia y recibir, que nos convertimos como este hombre,  y decidimos disfrutar y planear el día de mañana sin consultar a Dios.

El problema en esto esta en que una vez que nos acomodamos en nuestra vida Cristiana y en la iglesia, entonces comenzamos dejar de reconocer la oportunidad que Dios nos da para engrandecer Su reino. Comenzamos a dejar de reconocer el momento que Dios nos ha proporcionado para ser obreros en Su obra. Entonces, cuando llegan a nosotros personas heridas o perdidas, lo que hacemos en la mayoría de las ocasiones es que nos limitamos a escuchar. Si se nos pide, damos una opinión o consejo; pero posponemos hablar acerca de la verdadera solución a todo problema, agobio y preocupación. Posponemos hablar acerca de Cristo Jesús, el verdadero camino, verdad y vida; el verdadero descanso y paz que existe.

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Lo posponemos porque le prestamos atención a esa vocecita en nuestra mente que nos dice que esa persona esta muy preocupada para prestar atención al mensaje de salvación, que estamos muy cansados o preocupados para hablar acerca de Dios. Pero les digo en el día de hoy que tenemos que reprender esa vocecita, ya que no es nada más que una mentira de nuestro enemigo. Esa vocecita es la que nos detiene de ser obreros eficaces en la obra de Dios.

Al igual que el hombre en esta parábola, pensamos que siempre tendremos el día de mañana. Pero recordemos lo que les dije al inicio; el día de mañana no se le garantiza a nadie, y es por eso que no podemos ser egoístas y pensar en que el día de mañana no nos pueda llegar a nosotros exclusivamente, sino también tenemos que pensar que el día de mañana no le puede llegar a esa persona que Dios nos ha enviado.

Fíjense bien lo que encontramos en Santiago 4:13-14 cuando leemos: “…!!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece…”

El hombre en esta parábola había acumulado riquezas en la tierra, él tenía numerosas posesiones materiales y pensaba que mañana podría disfrutarlas. Pero pensemos en esto por un momento, y preguntémonos: ¿qué es una riqueza para nosotros? Aquí claramente se está hablando acerca de posesiones materiales, pero la riqueza puede ser mucho más de eso.

Una riqueza para algunos de nosotros puede ser que se nos tenga en alta estima. Una riqueza para algunos de nosotros puede ser que se piense bien de nosotros en todo momento. Una riqueza para algunos de nosotros puede ser que nuestras amistades, familiares y conocidos no piensen de nosotros como unos religiosos fanáticos.

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Una riqueza para nosotros puede ser dormir la mañana del domingo completa. Una riqueza para algunos de nosotros puede ser tomarnos unos días libres del trabajo, ¿verdad? En sí, las riquezas para nosotros pueden ser muchas cosas, pero cuando la riqueza remplaza el lugar de Dios en nuestra vida, entonces actuamos igual que el hombre en esta parábola.

Para concluir. En ocasiones nosotros tendemos a contar las bendiciones de Dios según nuestra necesidad material, esto es porque NO nos damos cuenta que las bendiciones de Dios son mucho más que esto.

La mayoría del pueblo de Dios se ha acomodado en saber que han recibido la salvación, y se encuentra contento con solo asistir a la iglesia los domingos. Pero esta comodidad en muchas ocasiones nos aleja de la voluntad de Dios, y no nos permite ver las oportunidades que Él nos provee para que le sirvamos de bendición a otros.

La riqueza de la salvación, la cual nos hace más ricos que todos el mundo, en muchas ocasiones nos convierte en haraganes cuando llega el tiempo de obrar para Dios, y a consecuencia decimos “mañana.”

Pero cuando esta palabrita llegue a nuestra mente, cuando esa vocecita nos hable diciendo que no somos dignos, que estamos muy cansados, que nosotros tenemos suficientes problemas sin echarnos los de los demás, que esa persona no necesita oír el evangelio, que esa persona esta muy atormentada para escuchar, cuando le vayamos a dar más importancia a nuestras comodidades o riquezas materiales que a Dios, recordemos las palabras del Señor. “…Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios…” Busquemos siempre ser ricos para con Dios.

[1] Merriam Webster Dictionary.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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