Provocar la Ira de Dios

Poderoso mensaje: Provocar la Ira de Dios

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Provocar la Ira de Dios

© José R. Hernández, Pastor
El Nuevo Pacto, Hialeah, FL. (1999-2019)

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Génesis 6:8-24

Tema: Una Advertencia Urgente y un Llamado a la Obediencia

Introducción

Hermanos y hermanas en Cristo, hoy quiero hablarles sobre un tema que es fundamental para nuestra fe y nuestra relación con Dios: «Provocar la ira de Dios«. Esto puede sonar fuerte, pero es una realidad que encontramos en la Biblia y que debemos comprender profundamente para evitar caer en errores que nos alejan del Señor.

En los versículos que estamos explorando hoy vemos cómo la humanidad, en su corrupción y maldad, provocó la ira de Dios, llevando al gran diluvio. «Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová» (Génesis 6:8). Noé fue un hombre justo en medio de una generación perversa, y su historia nos enseña mucho sobre la justicia, la misericordia y la ira divina.

En mi vida, he visto cómo la desobediencia y la falta de temor a Dios pueden llevar a consecuencias graves. Una cosda que es evidente es que en los días de Noé, la corrupción y la injusticia estaban presentes. Pero la realidad es que nuestra sociedad actual no es tan diferente, y se mueve a provocar la Ira de Dios. Digo esto porque a diario vemos cómo la permisividad y la indiferencia hacia los mandamientos de Dios nos están llevando por un camino peligroso. Es urgente que reflexionemos sobre nuestras acciones y busquemos volver a los principios bíblicos.

En esta prédica, exploraremos cómo nuestra voluntad permisiva puede provocar la ira de Dios y qué podemos hacer para evitarlo. Usaremos la historia de Noé como guía y aprenderemos a vivir de manera que agrademos al Señor.

I. La Corrupción de la Humanidad y la Ira de Dios

La Corrupción de la Humanidad y la Ira de Dios

En los verss. 11-12 leemos: «Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.«

La corrupción de la humanidad es una de las principales razones por las que provocamos la ira de Dios. La violencia, la injusticia y la falta de moralidad son señales claras de una sociedad que se ha apartado de los caminos de Dios. No es diferente hoy en día. Vemos a nuestro alrededor la misma violencia y corrupción que Dios vio en los días de Noé.

Como policía durante 27 años, fui testigo de innumerables actos de violencia y corrupción. A menudo me preguntaba cómo podíamos llegar a tal nivel de degradación. La respuesta siempre fue la misma: cuando dejamos de seguir las enseñanzas de Dios, abrimos la puerta a la maldad.

Hermanos, no podemos ignorar los mandamientos de Dios y esperar que todo vaya bien. Cuando actuamos con permisividad hacia el pecado, estamos provocando la ira de Dios. Es fundamental que como cristianos vivamos de acuerdo con la palabra de Dios y seamos un ejemplo de justicia y rectitud.

a. La Importancia de la Obediencia a Dios

En Juan 14:15, Jel Señor nos dice: «Si me amáis, guardad mis mandamientos.» La obediencia a Dios es una muestra de nuestro amor y respeto hacia Él.

En los días de Noé, la humanidad falló en obedecer a Dios, lo que llevó a su destrucción. La obediencia a Dios no es una opción, es una necesidad. Cuando obedecemos a Dios, estamos reconociendo Su autoridad y sabiduría. La desobediencia, por otro lado, es una muestra de arrogancia y rebelión.

En mi vida personal, he aprendido que la obediencia trae bendiciones. Cuando seguimos los mandamientos de Dios, encontramos paz y propósito. Es como cuando era policía; seguir las reglas y leyes aseguraba la paz y el orden en la comunidad. Del mismo modo, seguir los mandamientos de Dios asegura la paz en nuestras vidas.

b. El Peligro de la Permisividad: Responsable de Provocar la Ira de Dios

En Proverbios 14:12, se nos dice: «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.» La permisividad es peligrosa porque nos lleva a justificar el pecado. Pensamos que ciertas acciones no son tan malas o que Dios no se molestará, pero esto es un error. ¡El pecado es pecado! ¿Pero qué es lo que sucede? Lo que sucede es que vivimos una vida de permisividad. Pero existe in grave problema en esto.

Digo esto porque la permisividad crea una cultura de indiferencia hacia el pecado. Como cristianos, no podemos ser permisivos con el pecado. Debemos ser firmes en nuestros valores y principios. La permisividad lleva a la corrupción, y la corrupción provoca la ira de Dios.

En mi experiencia, he visto cómo la permisividad puede destruir vidas y comunidades. La realidad es que permitir pequeñas transgresiones lleva a mayores pecados. Así que debemos ser vigilantes y no permitir que el pecado se infiltre en nuestras vidas y comunidades.

c. La Necesidad de la Justicia para evitar Provocar la Ira de Dios

En Miqueas 6:8, Dios nos dice: «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.» La justicia es fundamental para evitar provocar la Ira de Dios, y agradarle. En los días de Noé, la injusticia era rampante, lo que provocó la ira de Dios.

La justicia significa vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios y tratar a los demás con equidad y amor. Debemos ser defensores de la justicia en nuestras comunidades. No podemos quedarnos callados ante la injusticia y la corrupción.

Como cristianos, nuestra responsabilidad es ser luz en la oscuridad y mostrar la justicia de Dios en nuestras acciones. Esto significa ser honestos, justos y misericordiosos en todo lo que hacemos.

Ahora que hemos visto cómo la corrupción de la humanidad y la permisividad pueden provocar la ira de Dios, exploremos cómo podemos protegernos de caer en estos errores y vivir de manera que agrade a nuestro Señor.

II. Vivir una Vida que Agrada a Dios

Dios no se olvida de ti

Dios nos llama a vivir vidas que reflejen Su santidad y justicia. En 1 Pedro 1:15-16, se nos dice: «sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo

Vivir una vida que agrada a Dios no es una tarea fácil, especialmente en un mundo lleno de tentaciones y corrupciones. Sin embargo, es una tarea que estamos llamados a cumplir. Como Noé, debemos esforzarnos por ser justos en un mundo injusto. Debemos buscar agradar a Dios en todas nuestras acciones, pensamientos y palabras.

En mi experiencia como policía, aprendí que la integridad es fundamental. Ser íntegro significa hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando. De la misma manera, debemos vivir nuestras vidas de acuerdo con los mandamientos de Dios, no solo cuando estamos en la iglesia, sino en todo momento.

a. Mantener una Relación Íntima con Dios

En Santiago 4:8 leemos: «Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.» Mantener una relación íntima con Dios es esencial para vivir una vida que le agrada. Esto significa dedicar tiempo a la oración, la lectura de la Biblia y la meditación en Su palabra.

Una relación íntima con Dios nos da la fuerza y la sabiduría para resistir las tentaciones y vivir de acuerdo con Sus mandamientos. Es como cuando me entrenaba para ser policía; necesitaba pasar tiempo estudiando las leyes y las tácticas para ser eficaz en mi trabajo. De la misma manera, necesitamos pasar tiempo con Dios para ser efectivos en nuestra vida cristiana.

La oración es nuestra línea directa con Dios. Nos permite comunicar nuestras preocupaciones, agradecerle por Sus bendiciones y buscar Su guía. La lectura de la Biblia nos proporciona la sabiduría y la dirección que necesitamos para vivir de acuerdo con Su voluntad.

b. Ser un Ejemplo para los Demás

En Mateo 5:16, el Señor nos dice: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» Como cristianos, estamos llamados a ser un ejemplo para los demás. Nuestras vidas deben reflejar la luz de Cristo para que otros puedan ver y glorificar a Dios.

Ser un ejemplo no significa ser perfectos, pero sí significa vivir de manera que honre a Dios. Esto incluye ser honesto, amable, compasivo y justo en todas nuestras interacciones. Cuando era policía, sabía que mis acciones reflejaban no solo en mí, sino también en la institución que representaba. De la misma manera, nuestras acciones como cristianos reflejan en nuestro Señor y Salvador.

Nuestros actos de bondad y justicia pueden inspirar a otros a seguir a Cristo. Así que sebemos ser conscientes de nuestro testimonio, y esforzarnos por vivir de una manera que atraiga a otros al Reino de Dios.

c. Resistir las Tentaciones del Mundo

En 1 Juan 2:15-17, se nos advierte: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.«

Resistir las tentaciones del mundo es crucial para vivir una vida que agrada a Dios. El mundo nos ofrece muchas distracciones y tentaciones que pueden alejarnos de nuestro propósito. Debemos estar alertas y firmes en nuestra fe para no caer en estas trampas.

En mi carrera, vi cómo las tentaciones llevaron a la ruina a muchos buenos oficiales. Del mismo modo, las tentaciones del mundo pueden llevarnos a alejarnos de Dios si no estamos vigilantes. Debemos recordar que nuestra verdadera recompensa no está en este mundo, sino en la eternidad con nuestro Padre celestial.

Habiendo visto cómo vivir una vida que agrada a Dios, exploremos cómo podemos fortalecer nuestra fe y resistir las influencias negativas que nos rodean.

III. Fortaleciendo Nuestra Fe en Tiempos Difíciles

Mujer orando

La fe es la base de nuestra relación con Dios. En Hebreos 11:6 leemos: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.»

En tiempos difíciles, nuestra fe puede ser puesta a prueba. Sin embargo, es precisamente en estos momentos cuando más necesitamos aferrarnos a nuestra fe. La historia de Noé es un poderoso recordatorio de cómo la fe puede llevarnos a superar incluso los desafíos más grandes.

Durante mi servicio como oficial de policía, enfrenté muchos momentos difíciles. Hubo ocasiones en que parecía que no había esperanza, pero mi fe en Dios siempre me sostuvo. Aprendí que cuando confiamos en Dios, Él nos da la fuerza y la sabiduría para superar cualquier obstáculo.

a. La Oración como Fuente de Fortaleza

En Filipenses 4:6-7, Pablo nos dice: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.«

La oración es una herramienta poderosa que Dios nos ha dado para fortalecernos. A través de la oración, podemos llevar nuestras preocupaciones y necesidades a Dios, y Él nos da la paz y la fortaleza que necesitamos.

Durante los momentos más difíciles de mi vida, la oración siempre fue mi refugio. Recuerdo noches en las que, después de enfrentar situaciones difíciles en el trabajo, me arrodillaba y oraba a Dios por guía y fortaleza. Siempre encontré consuelo y dirección en Su presencia.

b. El Apoyo de la Comunidad Cristiana

En Hebreos 10:24-25, se nos exhorta: «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.«

El apoyo de nuestra comunidad cristiana es vital para nuestra fortaleza espiritual. Dios nos ha dado una familia en Cristo para apoyarnos y animarnos en nuestra fe.

Como pastor, vi el poder de la comunidad en acción. Vi cómo los hermanos y hermanas en Cristo se apoyaban mutuamente en momentos de necesidad, ofreciendo oraciones, palabras de aliento y ayuda práctica. Este apoyo es un reflejo del amor de Dios y una fuente de fortaleza para todos nosotros.

c. Confiar en las Promesas de Dios

En Romanos 8:28, se nos asegura: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.«

Confiar en las promesas de Dios es fundamental para nuestra fortaleza espiritual. Dios nos ha dado muchas promesas en Su Palabra, y podemos confiar en que Él es fiel para cumplirlas.

En mi vida, he visto cómo Dios ha sido fiel a Sus promesas. Desde mi infancia en Cuba hasta mi carrera como policía y mi ministerio como pastor, Dios siempre ha estado presente, guiándome y cumpliendo Sus promesas.

Al concluir este mensaje, reflexionemos sobre la importancia de mantenernos firmes en nuestra fe y de vivir de manera que agrademos a Dios.

Para concluir.

Hermanos y hermanas, hoy hemos explorado cómo nuestra voluntad permisiva puede provocar la ira de Dios, y cómo podemos vivir vidas que Le agraden. Hemos visto que la corrupción y la permisividad son peligrosas y nos alejan de Dios. También hemos aprendido la importancia de mantener una relación íntima con Dios, ser ejemplos para los demás y resistir las tentaciones del mundo.

En tiempos difíciles, debemos fortalecer nuestra fe a través de la oración, el apoyo de nuestra comunidad cristiana y confiando en las promesas de Dios. La historia de Noé nos recuerda que, aunque el mundo esté lleno de maldad, podemos hallar gracia ante los ojos de Dios si vivimos de acuerdo con Sus mandamientos.

Hoy, les animo a reflexionar sobre sus vidas y a buscar maneras de agradar a Dios en todo lo que hacen. No permitamos que la corrupción y la permisividad se apoderen de nuestras vidas. Seamos luz en este mundo oscuro y vivamos de manera que glorifique a nuestro Padre celestial.

Recordemos siempre que Dios nos ama y nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir vidas justas y santas. Busquemos Su guía y fortaleza cada día, y confiemos en que Él está con nosotros, guiándonos y protegiéndonos.

Finalmente, les exhorto a defender su fe y la verdad bíblica. En un mundo que constantemente busca desviarnos de los caminos de Dios, es crucial que permanezcamos firmes y proclamemos Su verdad. Que Dios les bendiga y les fortalezca en su caminar con Él. Amén.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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