Una realidad del ser humano es que muchos tendemos a demostrar múltiple personalidades. Con esto no estoy diciendo que sufrimos de una enfermedad psicológica, pero cuando reflexionamos en nuestra vida, yo diría que la mayoría de nosotros, sino todos, encontraremos que nuestra personalidad o conducta tiende a cambiar según el ambiente en que nos encontramos.

Por ejemplo; cuando nos encontramos en reuniones sociales actuamos de cierta manera. Actuamos según actúan los que nos rodean; compartimos en cosas que quizás nunca hacemos, solo para no ser visto como alguien sobresaliente y/o extraño en comparación al resto del grupo. Cuando nos encontramos en reuniones familiares, también actuamos de otra manera. Dentro del grupo familiar nos sentimos tan cómodos, que dependiendo de las actividades, también tendemos a unirnos a ellas, a pesar de que estas ya no formen parte de nuestra nueva manera de vivir [1]. Y por supuesto, no podemos olvidarnos de reuniones y/o eventos, donde compartimos y/o interactuamos con otros cristianos. Si nos examinamos de forma detallada y honesta, la mayoría de nosotros descubriremos que también actuamos de forma diferente; medimos nuestras palabras, y tratamos de transmitir todo lo que hemos leído, y o escuchado referente a la obra de Dios. Sin embargo, cuando nos encontramos en medio de personas no creyentes, la conversación nunca se entorna a Dios, sino que hablamos de deportes, películas, política, series de televisión, eventos recientes, etc. etc. Como les dije, demostramos diferentes personalidades de acuerdo a nuestro ambiente.

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Y quizás ya muchos están pensando, esto no es conmigo porque yo siempre soy igual. Pero la realidad es que pensar de esta manera es solo mentirnos a nosotros mismos, ya que no siempre somos iguales. No siempre nos paramos en oposición a las cosas que suceden que van en contra de la Palabra de Dios; no siempre levantamos nuestra voz para declarar la verdad de Dios; no siempre estamos dispuestos a ser señalados como personas diferentes, sino que en la mayoría de los casos nos adaptamos al ambiente, y demostramos personalidades múltiples. Así que ahora debemos examinarnos, y preguntarnos: ¿por qué sufrimos de personalidades múltiples? Y algo más importante aún, ¿qué tenemos que hacer para eliminar esta condición tan peligrosa de nuestra vida? Para encontrar las respuestas a nuestras preguntas, vamos vamos a analizar un acontecimiento histórico. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Éxodo 34:29-35Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. 30 Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él. 31 Entonces Moisés los llamó; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló. 32 Después se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales mandó todo lo que Jehová le había dicho en el monte Sinaí. 33 Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro. 34 Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. 35 Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, es necesario que hagamos un brevísimo repaso de historia. Existen dos puntos que debemos conocer antes de proceder. El primero es que los versículos que estamos estudiando hoy, constituyen parte del pacto renovado que Dios hizo con su pueblo [2]. Y el segundo es que Dios tuvo que renovar Su pacto con ellos, porque la primera vez que Moisés subió al monte Sinaí para recibir el pacto de Dios, el pueblo se rebelo contra Dios, hicieron un becerro de oro, le ofrecieron holocausto y dijeron: “…estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto…” [3]. Hasta aquí el repaso de historia.

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¿Por qué les mencione solo dos brevísimos detalles de este momento en la historia? La razón es porque en estos dos detalles encontramos muy bien reflejado, las múltiples personalidades, de las que les estoy predicando en el día de hoy. ¿Cómo es eso pastor? Pensemos en esto por un breve momento, para determinar si lo que les digo tiene sentido o no.

Cuando analizamos la historia, se nos hace fácil ver que mientras Moisés estaba entre el pueblo, ellos se comportaban de cierta manera. Sin embargo, en cuanto Moisés se les perdió de vista por unos días, ellos se revirtieron a su antigua manera de ser. ¿Qué es lo que les estoy tratando de decir con todo esto? El punto principal que deseo hacer con todo esto, es que si esto le sucedió al pueblo de Dios de ese entonces, si esto le sucedió al pueblo de Dios que experimento Su presencia, (de día en una columna de nube y de noche en una columna de fuego [4]), ¿Cómo podemos pensar que esto no nos puede suceder a nosotros que nunca hemos visto a Dios, sino que creemos solo por fe? Bueno, manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Preguntémonos, ¿por qué sufrimos de personalidades múltiples? La respuesta a esta pregunta la encontramos bien reflejada aquí cuando leemos: “…Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. 30 Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él…” ¿Por qué digo que aquí encontramos la respuesta a nuestra primera pregunta? Lo digo porque aquí vemos que se nos dice que Aarón, y el resto del pueblo: “…tuvieron miedo de acercarse a él…” En otras palabras, ellos rechazaron a Moisés de cierta manera. ¿Por qué le rechazaron? Moisés fue rechazado porque ahora él lucia muy, pero muy diferente. Dile a la persona que tienes a tu lado: “…la piel de su rostro era resplandeciente…”

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Cuando aceptamos al Señor, y hacemos un compromiso genuino con Dios, nosotros somos completamente transformados. Pero si los que aun viven en el mundo no pueden ver este cambio en nosotros, esto es una buena indicación de que en realidad no hemos hecho un compromiso genuino con Dios, y que un cambio total no ha ocurrido en nosotros. Ya que nuestra fe tiene que ser acompañada por obras; si decimos que somos cristianos, toda nuestra manera de ser tiene que cambiar. Tenemos que comportarnos de manera que agrade a Dios, tenemos que comportarnos y obrar de manera que refleje el amor, misericordia, y poder de Dios en todo momento, porque la fe sin obras es muerta [5]. Dile a la persona que tienes a tu lado: permite que tu fe brille.

Una cosa que encontré bien interesante en estos versículos es que: “…no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios…” La razón por la que encontré esto bien interesante, es porque esto es algo que le sucede al pueblo de Dios de hoy, pero que muchos no se han dado cuenta de ello. La mayoría del pueblo de Dios de hoy, no se ha dado cuenta que nosotros somos la luz del mundo, y que nuestro espíritu brilla en este mundo de tinieblas [6]. Despierta al que tienes a tu lado y dile: nuestro espíritu brilla. Pero cuando demostramos múltiples personalidades, lo que hacemos es esconder esa luz que ahora resplandece en nosotros. En otras palabras, escondemos el resplandor de Su infinito amor, gloria, y misericordia.

La realidad es que el error más grande y peligroso que los cristianos podemos cometer, es conocer la palabra de Dios, y no actuar y comportarnos según ella en todo momento. ¿Por qué digo esto? Digo que conocer la palabra de Dios, y no actuar según ella es el error más grave y peligroso que podemos cometer, porque no actuar según la palabra de Dios nos convierte en personas iguales al pueblo de Dios de antigüedad; nos convierte en personas rebeldes y tercas (no estamos dispuestos a escuchar las advertencias de Dios). Y esto es algo que tenemos que evitar que suceda en nuestra vida. Como fieles seguidores del Señor, tenemos que esforzarnos para que la luz del Señor resplandezca con intensidad en todo momento de nuestra vida. ¿Por qué digo que tenemos que esforzarnos? Digo esto porque permanecer firmes en la palabra de Dios, y fieles al Señor toma esfuerzo.

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