La unción de Dios

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Los entregaré en tu mano

© José R. Hernández, Pastor
El Nuevo Pacto, Hialeah, FL. (1999-2019)

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: 1 Crónicas 14:8-17

Introducción

No sé cuantos de ustedes se han dado cuenta, pero en casi toda ocasión, cuando pasan al frente para el llamado, yo pido que el Señor derrame unción fresca en su vida. Pero, ¿cuántos de ustedes se han preguntado por qué pido esto? La mayoría de ustedes seguramente no han pensado mucho en este asunto, y es exactamente por eso que deseo que hoy estudiemos acerca del significado de ser ungido, y de la unción fresca.

En la predicación de hoy vemos a examinar cuatro puntos acerca de la unción que quizás muchos desconozcan, o que quizás no se hayan dado cuenta de ellos. El estudio de hoy estará basado en David, ya que como todos bien conocemos él fue ungido desde muy temprana edad, y tuvo que pasar por grandes tribulaciones. Haremos esto con el propósito de descubrir si de manera alguna existe un paralelo entre la vida de este siervo, y los cristianos en actualidad.

La unción

Hoy estaremos usando 1 Crónicas 14:8-17 donde encontramos documentado uno de los acontecimientos en la vida de David, el cual sirve para enseñarnos acerca de la unción, y que nos dejan saber que: la unción atrae oposición; la unción nos conduce a reaccionar correctamente; la unción nos entrega la victoria; y que la unción de hoy no es necesariamente la que necesitamos para vencer mañana. Ahora bien, debido a que el tiempo que compartimos es limitado, no les estaré leyendo todos los versículos, sino que usare los versículos claves para hacer los puntos de la predicación. Pero si les pido que tomen nota, y que los lean en su tiempo de meditación y reflexión.

Ahora bien, como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo primero que debemos saber es que los filisteos eran una fuerza poderosa.

Los filisteos tenían un buen ejército que constantemente invadía la tierra de Judá. Ellos no tenían derecho alguno de estar en ese lugar, ya que esta era la tierra que Dios le había entregado a Su pueblo, pero ellos estaban determinados en robarse lo que Dios le había entregado al pueblo de Israel. Así que aquí tenemos a David; que como todos sabemos fue el joven que derroto al gigante filisteo llamado Goliat [1].

Aunque David no fue un hombre completamente recto, él amaba a Dios con todo su corazón y se arrepintió de sus pecados [2]. David poseía una cualidad que muchos de nosotros tenemos que luchar para desarrollar; les estoy hablando acerca de perseverar. Dile al hermano que tienes a tu lado, hay que perseverar.

Esta cualidad es de suma importancia para todo creyente porque cuando dejamos de perseverar, entonces dejamos de vencer. Si no perseveramos en nuestra fe, si no perseveramos en nuestras oraciones, si no perseveramos en nuestro caminar, entonces le será muy fácil al enemigo invadir nuestra vida y destruir las bendiciones que Dios nos ha entregado. Manteniendo estos breves detalles en mete, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Ahora bien, en cuanto los filisteos (una representación del ejército de las tinieblas) se enteraron que David había sido ungido como el rey, ellos enseguida se movilizaron y atacaron. Les pregunto, ¿le ha sucedido esto alguna persona aquí?

Cuando meditamos en lo que le sucedió a David en este instante, no es difícil concluir que en realidad no existe mucha diferencia entre él y muchos de nosotros. Digo esto porque toda persona que acepta a Cristo como su Rey y Salvador es ungido por Dios [3]. A pesar de que no éramos digno de tan gran bendición, una vez que aceptamos a Cristo, Dios en su infinita misericordia perdona nuestros pecados, somos sellados por el Espíritu Santo, y recibimos la salvación [4].

Dios en su infinita gracia y misericordia ha perdonado nuestros pecados, Él nos ha limpiado, y nos ha bendecido. Pero te digo en el día de hoy que al recibir este regalo perfecto de Dios, este regalo no merecido, el enemigo movilizo sus fuerzas.

El enemigo movilizó su gran ejército, y tal como David nos vemos en medio de una guerra [5]. Al igual que David, todo creyente se encuentra en una batalla en contra de un enemigo mucho más fuerte que nosotros. Todo creyente se encuentra confrontado y luchando en contra de un enemigo superior a nosotros en todo sentido. Pero a pesar de que es superior a nosotros, nuca será superior a nuestro Señor [6].

Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué somos atacados por el enemigo? La respuesta a esta pregunta es fácil, y la encontramos con simplemente meditar en los versículos que estamos estudiando en el día de hoy. Meditemos en esto por un momento y hagámonos otra pregunta, ¿qué buscaban lograr los filisteos?

Lo que los filisteos buscaban era socavar el liderazgo de David. Este ejército invasor quería socavar la disposición y determinación de David, y más que todo, socavar el nombre del Dios todopoderoso, ya que David fue elegido y ungido por ordenanza de Dios [7].

Algo que les he repetido en numerosas ocasiones es que el demonio se satisface cuando puede destruir lo que Dios ha iniciado en nosotros. El demonio se satisface grandemente cuando puede apartarnos de la voluntad de Dios. Es por esta razón que a través de los años que llevo ministrando la Palabra de Dios he repetido que tenemos que ser personas perseverantes, especialmente en nuestras oraciones. Dile a la persona que tiene a tu lado: persevera en la oración.

Hoy deseo que todos aquí nos demos cuenta que Dios nos ha escogido individualmente [8]. Nosotros estamos aquí hoy reunidos porque hemos escuchado la voz de nuestro Señor y escogimos seguirle. Nosotros somos el Cuerpo de Cristo, somos el pueblo escogido y ungido por Dios. Pero el hecho de que recibamos la unción de Dios no significa que nuestra vida será como un paseo por el parque.

Ahora bien, una gran realidad es que obtener la unción de Dios no significa que no vamos a tropezar, y en ocasiones caer. Pensar de esta manera es el error más grande que podemos cometer, digo esto porque ser ungido por Dios atrae la oposición. ¿Cómo así? Esto me conduce al primer punto que quiero aclararles acerca de la unción.

Número uno, la unción atrae oposición.

“…Oyendo los filisteos que David había sido ungido rey sobre todo Israel, subieron todos los filisteos en busca de David. Y cuando David lo oyó, salió contra ellos…» Vers. 8

Aquí vemos claramente que ser ungido atrae la oposición; ser ungido significa que seremos atacados con más frecuencia. Aquí vemos que David no fue elegido, no fue seleccionado, David fue ungido. David fue ungido por Dios para que fuese el rey de esta nación. Escuchen bien, la unción de Dios en nuestra vida traerá oposición.

Les puedo decir con toda confianza que la unción de Dios es como un imán a las fuerzas del enemigo. Es un imán porque el enemigo quiere, tal como quiso aquí con David, socavar la obra de Dios en nuestra vida.

Como les dije al inicio, cuando oro por ustedes, en casi toda ocasión le pido al Padre que derrame de su santa unción. Hago esta petición porque la gran realidad es que no todas las personas logran obtener la unción de Dios. Simplemente con venir a la iglesia no recibiremos la unción de Dios.

El estar presente cuando Él se manifiesta a través de su unción no significa que somos ungidos. La unción es algo que debemos buscar, es algo que tenemos que pedir al Padre, y una vez que hagamos esto Él la derramara [9]. Dile al hermano que tienes a tu lado: recibirás lo que pidas.

Pero cuidado, porque te digo que la unción producirá que nos encontremos enfrentados a oposiciones, y que nos encontremos en situaciones difíciles; esto es algo que Cristo nos dejo bien claro en Mateo 10:22 cuando dijo: “…Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo…”

No pensemos por un minuto que no seremos perseguidos por el enemigo, sino más bien esperémoslo. Pero esta misma unción que nos causa que seamos despreciados, que nos causa que seamos perseguidos, que causa que seamos atacados, es la misma que nos levantara a un lugar de victoria.

Pero solo si aprendemos a caminar en la unción, solo si reconocemos que no existe fuerza alguna que pueda detener el poder de Dios [10]. Fíjense bien como nos dice la Palabra en 1 Juan 4:4 cuando leemos “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” Esto me conduce al segundo punto.

Número dos, la unción nos conduce a reaccionar correctamente.

“…Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos…» Vers. 10

Aquí existe un detalle de suma importancia. Aquí encontramos un ejemplo primordial de caminar en la unción de Dios. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque como podemos ver, David no reaccionó en la carne. David no montó una ofensiva inmediata, él no atacó al ejército filisteo que había invadido su reino; Dile a la persona que tienes a tu lado: “…David consultó a Dios…»

El oró para que fuera Dios quien le guiara a través de esta prueba, para que fuera Dios quien le guiara a través de este ataque. En medio de la oposición, en medio de la emergencia, David acudió a Dios.

David no se presento ante Dios con un plan de ataque predeterminado, sino que él le pregunto a Dios lo que debía hacer. Esto es algo que muchos de nosotros no hacemos con frecuencia. La mayoría de nosotros al vernos enfrentados a una situación difícil, en vez de primero consultar a Dios, lo que hacemos es que reaccionamos al problema tomando una determinación, y luego le pedimos a Dios consejo y bendición. Luego le pedimos que nos guié a través de una situación que en la mayoría de los casos nosotros mismos hemos agravado.

Pero este no fue el caso de David, el oró y Dios respondió. David no quería que fuese su voluntad, él no quería que fuesen sus planes; David quería que fuese Dios quien lo guiara y dirigiera en todo momento. David no le presento un plan de ataque a Dios, sino que él le pidió a Dios que le entregara un plan de ataque. David oró y Dios le respondió, él oró y Dios le guió; David oró y Dios le entrego el plan de ataque que le conduciría a la victoria. Esto me conduce al tercer punto.

Número tres, la unción nos entrega la victoria.

“…Subieron, pues, a Baal-perazim, y allí los derrotó David. Dijo luego David: Dios rompió mis enemigos por mi mano, como se rompen las aguas. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perazim…» Vers. 11

Quiero que noten bien el plan que Dios le dio, porque es algo que todos debemos aprender. Aquí es que vemos el poder de la unción manifestado; como pudimos ver, los filisteos comenzaron su ataque en el valle de Refaím. Pero fíjense bien que Dios no guió a David a donde había sido el ataque, Dios le guió a un lugar completamente diferente.

Si David se hubiese dejado guiar por los primeros instintos, si hubiese actuado como muchos de nosotros hacemos cuando reaccionamos a los problemas, quizás las cosas no hubiesen acontecido igual. Pero David no reacciono sino que pidió, y Dios le guió al lugar donde recibiría la victoria.

A pesar de que el ataque había comenzado en Refaím, Dios le guió a Baal-perazim, y en ese lugar le entrego la victoria. Dile a la persona que tienes a tu lado: deja que Dios te guie.

Si no permitimos que la unción de Dios nos conduzca a través de nuestras batallas, entonces estamos haciendo las cosas fuera de la voluntad de Dios. Estamos haciendo las cosas en la carne; estamos haciendo las cosas basadas en nuestra manera de pensar y sentir, en vez de hacer las cosas como Dios las quiere hecha. Dios sabía exactamente donde estaría el enemigo de David. Él sabía el lugar exacto donde David podría derrotarles. Lo mismo se aplica a nosotros.

Cuando caminamos en la unción de Dios, cuando nos dejemos guiar por el Espíritu Santo que mora en nosotros, Dios nos guiara al lugar de victoria. Dios nos guiara al lugar exacto donde obtendremos la victoria sobre cualquier situación o dificultad. No importa cuán fuerte pueda aparentar la oposición, Dios nos guía de victoria en victoria. Dios guió a David al lugar exacto donde él debería estar, Él quiere guiarnos a nosotros a lugar exacto donde debemos estar. Pero el plan de ataque del día de hoy puede ser muy diferente al de mañana. Esto me conduce al cuarto punto.

Número cuatro, la unción de hoy no es necesariamente la que necesitamos para vencer mañana.

“…Y volviendo los filisteos a extenderse por el valle, 14 David volvió a consultar a Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos, sino rodéalos, para venir a ellos por delante de las balsameras. 15 Y así que oigas venir un estruendo por las copas de las balsameras, sal luego a la batalla, porque Dios saldrá delante de ti y herirá el ejército de los filisteos. 16 Hizo, pues, David como Dios le mandó, y derrotaron al ejército de los filisteos desde Gabaón hasta Gezer…» Verss. 13-17

Los filisteos fueron derrotados una vez, pero no aprendieron su lección. Igual sucede con nosotros. Podemos ganar una batalla, pero el enemigo no se dará por vencido; el enemigo continuara con sus ataques. David volvió a orar y Dios le volvió a guiar. Dios derramo de su santa unción nuevamente sobre su ungido. Unción fresca para una batalla nueva.

Necesitamos recibir unción fresca de Dios en todo momento. Necesitamos unción fresca para poder enfrentarnos al enemigo, para poder derrotarle en toda situación. Dios quiere derramar de Su unción sobre nosotros para que podamos luchar y vencer toda oposición, pero al igual que David, tenemos que estar atentos para recibirla.

Para concluir.

Dios quiere ungirte en el día de hoy, Dios quiere derramar su unción sobre cada uno de nosotros. Dios quiere guiarnos hacia el lugar de victoria. La unción de Dios le entregó la victoria a David, y nos entrega la victoria a nosotros. Cuando caminamos en la unción de Dios no existe problema que no podamos solucionar, no existe batalla que no podamos ganar, no existe territorio que no podamos conquistar.

Al inicio les pregunté si sabían por qué le pedía a Dios que derramara unción fresca cuando oro por ustedes; ¿por qué lo hago? Lo hago porque la unción de Dios es capaz de romper todo yugo, y capaz de quitar toda carga. Esto es algo que queda bien reflejado en Isaías 10:27 cuando leemos: “…Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción…” Dile a la persona que tienes a tu lado: la unción de Dios quebrantara todo plan del enemigo.

Caminemos en la unción, dejémonos guiar, y Él nos conducirá a nuestro lugar de victoria. Recordemos siempre que cuando confiamos en Dios y nos dejamos guiar Él nos dice; “…Sube, porque yo los entregaré en tus manos.…”

[1] 1 Samuel 17
[2] 2 Samuel 11; 2 Samuel 12:1-13
[3] 2 Corintios 1:19-22
[4] Efesios 2:1-10
[5] Efesios 6:12
[6] Filipenses 2:9-11
[7] 1 Samuel 16:11-13
[8] Juan 10:27-28
[9] Juan 16:22-24
[10] 1 Juan 4:4

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