Los entregaré en tu mano

Número dos, la unción nos conduce a reaccionar correctamente.

“…Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos…» Vers. 10

Aquí existe un detalle de suma importancia. Aquí encontramos un ejemplo primordial de caminar en la unción de Dios. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque como podemos ver, David no reacciono en la carne. David no monto una ofensiva inmediata, él no ataco al ejercito filisteo que había invadido su reino; Dile a la persona que tienes a tu lado: “…David consultó a Dios…» El oró para que fuera Dios quien le guiara a través de esta prueba, para que fuera Dios quien le guiara a través de este ataque. En medio de la oposición, en medio de la emergencia, David acudió a Dios.

David no se presento ante Dios con un plan de ataque predeterminado, sino que él le pregunto a Dios lo que debía hacer. Esto es algo que muchos de nosotros no hacemos con frecuencia. La mayoría de nosotros al vernos enfrentados a una situación difícil, en vez de primero consultar a Dios, lo que hacemos es que reaccionamos al problema tomando una determinación, y luego le pedimos a Dios consejo y bendición. Luego le pedimos que nos guié a través de una situación que en la mayoría de los casos nosotros mismos hemos agravado.

Pero este no fue el caso de David, el oró y Dios respondió. David no quería que fuese su voluntad, él no quería que fuesen sus planes; David quería que fuese Dios quien lo guiara y dirigiera en todo momento. David no le presento un plan de ataque a Dios, sino que él le pidió a Dios que le entregara un plan de ataque. David oró y Dios le respondió, él oró y Dios le guió; David oró y Dios le entrego el plan de ataque que le conduciría a la victoria. Esto me conduce al tercer punto.

Número tres, la unción nos entrega la victoria.

“…Subieron, pues, a Baal-perazim, y allí los derrotó David. Dijo luego David: Dios rompió mis enemigos por mi mano, como se rompen las aguas. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perazim…» Vers. 11

Quiero que noten bien el plan que Dios le dio, porque es algo que todos debemos aprender. Aquí es que vemos el poder de la unción manifestado; como pudimos ver, los filisteos comenzaron su ataque en el valle de Refaím. Pero fíjense bien que Dios no guió a David a donde había sido el ataque, Dios le guió a un lugar completamente diferente.

Si David se hubiese dejado guiar por los primeros instintos, si hubiese actuado como muchos de nosotros hacemos cuando reaccionamos a los problemas, quizás las cosas no hubiesen acontecido igual. Pero David no reacciono sino que pidió, y Dios le guió al lugar donde recibiría la victoria.

A pesar de que el ataque había comenzado en Refaím, Dios le guió a Baal-perazim, y en ese lugar le entrego la victoria. Dile a la persona que tienes a tu lado: deja que Dios te guie.

Si no permitimos que la unción de Dios nos conduzca a través de nuestras batallas, entonces estamos haciendo las cosas fuera de la voluntad de Dios. Estamos haciendo las cosas en la carne; estamos haciendo las cosas basadas en nuestra manera de pensar y sentir, en vez de hacer las cosas como Dios las quiere hecha. Dios sabía exactamente donde estaría el enemigo de David. Él sabía el lugar exacto donde David podría derrotarles. Lo mismo se aplica a nosotros.

Cuando caminamos en la unción de Dios, cuando nos dejemos guiar por el Espíritu Santo que mora en nosotros, Dios nos guiara al lugar de victoria. Dios nos guiara al lugar exacto donde obtendremos la victoria sobre cualquier situación o dificultad. No importa cuán fuerte pueda aparentar la oposición, Dios nos guía de victoria en victoria. Dios guió a David al lugar exacto donde él debería estar, Él quiere guiarnos a nosotros a lugar exacto donde debemos estar. Pero el plan de ataque del día de hoy puede ser muy diferente al de mañana. Esto me conduce al cuarto punto.

Número cuatro, la unción de hoy no es necesariamente la que necesitamos para vencer mañana.

“…Y volviendo los filisteos a extenderse por el valle, 14 David volvió a consultar a Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos, sino rodéalos, para venir a ellos por delante de las balsameras. 15 Y así que oigas venir un estruendo por las copas de las balsameras, sal luego a la batalla, porque Dios saldrá delante de ti y herirá el ejército de los filisteos. 16 Hizo, pues, David como Dios le mandó, y derrotaron al ejército de los filisteos desde Gabaón hasta Gezer…» Verss. 13-17

Los filisteos fueron derrotados una vez, pero no aprendieron su lección. Igual sucede con nosotros. Podemos ganar una batalla, pero el enemigo no se dará por vencido; el enemigo continuara con sus ataques. David volvió a orar y Dios le volvió a guiar. Dios derramo de su santa unción nuevamente sobre su ungido. Unción fresca para una batalla nueva.

Necesitamos recibir unción fresca de Dios en todo momento. Necesitamos unción fresca para poder enfrentarnos al enemigo, para poder derrotarle en toda situación. Dios quiere derramar de Su unción sobre nosotros para que podamos luchar y vencer toda oposición, pero al igual que David, tenemos que estar atentos para recibirla.

Para concluir. Dios quiere ungirte en el día de hoy, Dios quiere derramar su unción sobre cada uno de nosotros. Dios quiere guiarnos hacia el lugar de victoria. La unción de Dios le entrego la victoria a David, y nos entrega la victoria a nosotros. Cuando caminamos en la unción de Dios no existe problema que no podamos solucionar, no existe batalla que no podamos ganar, no existe territorio que no podamos conquistar.

Al inicio les pregunte si sabían por qué le pedía a Dios que derramara unción fresca cuando oro por ustedes; ¿por qué lo hago? Lo hago porque la unción de Dios es capaz de romper todo yugo, y capaz de quitar toda carga. Esto es algo que queda bien reflejado en Isaías 10:27 cuando leemos: “…Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción…” Dile a la persona que tienes a tu lado: la unción de Dios quebrantara todo plan del enemigo.

Caminemos en la unción, dejémonos guiar, y Él nos conducirá a nuestro lugar de victoria. Recordemos siempre que cuando confiamos en Dios y nos dejamos guiar Él nos dice; “…Sube, porque yo los entregaré en tus manos.…”

[1] 1 Samuel 17
[2] 2 Samuel 11; 2 Samuel 12:1-13
[3] 2 Corintios 1:19-22
[4] Efesios 2:1-10
[5] Efesios 6:12
[6] Filipenses 2:9-11
[7] 1 Samuel 16:11-13
[8] Juan 10:27-28
[9] Juan 16:22-24
[10] 1 Juan 4:4

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