Una de las tragedias más grandes que afecta al pueblo de Dios es que no logran obtener lo que el Señor tiene para cada uno de nosotros. En realidad existen numerosas cosas, o mejor dicho obstáculos, que tratan de detenernos en nuestro caminar hacia las promesas de Dios, pero quiero que noten bien que dije que “tratan” y que no dije que nos “detenían”.

Hago esta aclaración porque la realidad de todo es que cuando genuinamente confiamos en Dios y le damos el lugar que Él merece en nuestra vida, entonces no existe nada que nos pueda detener. Con esto no estoy diciendo que no seremos tentados, la realidad es que todos seremos tentados y si no rechazamos o esquivamos esa tentación, entonces podemos ser desviados para que no recibamos lo que el Señor tiene para nosotros.

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Así que las preguntas del siglo ahora son: ¿cómo podemos evitar ser desviados de las bendiciones de Dios? ¿Existe algo que podamos hacer para recibir las bendiciones de Dios? Este será nuestro tema en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Texto Bíblico: Josué 3:9-16

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, deseo que nos detengamos por un momento y notemos unos breves hechos históricos. Lo primero que debemos notar es que en este punto en la historia Moisés había muerto; pero antes de que Moisés muriera Dios había instalado a Josué como su sucesor.

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Esto es algo que queda bien claro en Deuteronomio 31:14 cuando leemos: “…Y Jehová dijo a Moisés: He aquí se ha acercado el día de tu muerte; llama a Josué, y esperad en el tabernáculo de reunión para que yo le dé el cargo. Fueron, pues, Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo de reunión…”

Un poco más adelante en el mismo libro y capítulo, en el versículo veintitrés encontramos que se nos dice: “…Y dio orden a Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y anímate, pues tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les juré, y yo estaré contigo…” Dile a la persona que tienes sentada a tu lado: el Señor dijo esfuérzate.

Lo segundo que debemos notar es que esta no era la primera vez que este pueblo había llegado a este punto geográfico; es decir habían llegado hasta el Río Jordán que era lo que les separaba de la promesa de Dios. La realidad de todo es que una vez que Dios libero al pueblo de la esclavitud a Egipto, Él les guió hacia la tierra prometida, y esa jornada no había durado un periodo de cuarenta años. ¿Qué fue entonces lo que causó que ellos anduviesen rondando por el desierto por cuarenta años?

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Lo que causó que esto sucediera fue que la primera vez que ellos llegaron al río Jordán, ellos decidieron confiar más en sus habilidades que en el poder de Dios. En otras palabras, ellos eligieron descartar por completo la promesa de Dios para seguir sus propias opiniones y temores.

Esto es algo que queda muy bien ilustrado en Números 13:32 cuando leemos: “…Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura…” Esto fue lo que causo que este pueblo no pusiera pie dentro de la tierra que Dios les había prometido, y que anduvieran rondando por el desierto por cuarenta años. Dile a la persona que tienes a tu lado: no confiaron en la Palabra de Dios.

De todo el pueblo que fue liberado de la esclavitud solo dos alcanzaron la bendición de Dios. Esto es algo que queda bien resumido en Números 14:30-31 cuando leemos: “…Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.  31 Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis….”

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Ahora debemos preguntarnos: ¿Por qué fue que de los miles de hombres que Dios liberó de la esclavitud solo estos dos obtuvieron la promesa de Dios? Y quiero que notemos muy bien el número de personas que Dios liberó de la esclavitud.

En Éxodo 12:37 encontramos que se nos dice: “…Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños…” Como podemos ver, aquí solamente se está contando el número de hombres, lo que quiere decir que si estipulamos que existía más o menos el mismo número de mujeres entre ellos, más los niños que no podemos numerar con exactitud, Dios liberó a más de un millón de personas de la esclavitud.

Sin embargo, solo dos entraron en la promesa de Dios, ¿por qué sólo estos dos? De toda esa generación que Dios liberó de la esclavitud solo estos dos alcanzaron la promesa de Dios porque solo ellos se mantuvieron firmes en Su palabra, y estaban dispuestos a dar pasos de fe.

Josué y Caleb fueron los únicos hombres dispuestos a dar pasos de fe. Fíjense bien como esto es algo que queda bien resumido cuando leemos Números 14:9 que es donde encontramos lo que Josué y Caleb le dijeron al pueblo cuando ellos dejaron de escuchar a Dios para escuchar y seguir sus temores cuando leemos: “…Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis….”

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Los espías que fueron enviados por Moisés a la tierra prometida regresaron con terrible información; ellos informaron que en la tierra había un gran número de habitantes; ellos informaron que la tierra tenia ciudades fortificadas; ellos informaron que las personas que vivían allí eran mucho más fuerte que ellos; pero no obstante todos estos informes negativos, Josué y Caleb dijeron: procedamos hacia adelante con el plan de Dios.

Sólo Josué y Caleb estaban dispuestos a dar pasos de fe con valentía. Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que dar pasos de fe. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Exploremos ahora la primera pregunta de hoy: ¿cómo podemos evitar ser desviados de las bendiciones de Dios? En los versículos que estamos examinando en el día de hoy leemos: “…Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios…” En este primer versículo encontramos muy bien declarado lo que tenemos que hacer para evitar ser desviados. ¿Qué tenemos que hacer?

Lo que tenemos que hacer es escuchar lo que el Señor nos revela a través de su santa y divina Palabra. Quiero que ahora nos detengamos aquí por un momento para reflexionar en algo. Hace un breve momento les dije que Dios había liberado a más de un millón de personas de la esclavitud, y que este pueblo había escogido no obedecerle; el resultado final fue que ninguno pudo entrar en la tierra prometida.

Ahora pregunto: ¿son estos resultados muy diferentes a lo que el Señor enseña en el Nuevo Testamento? ¿Qué nos enseña el Señor?

En Mateo 7:13-14 encontramos que el Señor nos dice: “…Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan….”

Creo que cuando reflexionamos un poco en lo que hemos explorado hasta ahora, todos llegaremos a la conclusión de que lo que le paso al pueblo de ese entonces refleja muy bien lo que el Señor nos advierte aquí en estos versículos. Es decir, ellos se perdieron las bendiciones de Dios debido a que ellos escogieron desobedecer Su Palabra; en otras palabras, escogieron el camino espacioso que les condujo a la perdición. Ahora bien, deseo detenerme aquí para hacer una breve aclaración.

Con lo que les he dicho no he dicho ni implicado que este pueblo ceso de ser el pueblo amado de Dios. Después de todo, aun durante ese periodo de cuarenta años, Dios nunca retiró Su presencia de entre ellos. Pero las acciones de ese pueblo si produjeron un resultado no deseado; es decir, tuvieron que atravesar por momentos y situaciones difíciles. Esto es algo que queda muy bien resumido en Números 14:34 cuando leemos: “…Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo…”

¿Cómo podemos evitar ser desviados de las bendiciones de Dios? Podemos evitar ser desviados de las bendiciones de Dios solo cuando estamos atentos y obedecemos Su Palabra. Así que dile a la persona que tienes a tu lado: escucha la Palabra de Jehová.