La fe que Dios recompensa

Esta victoria queda bien resumida en Josué 6:20 cuando leemos: “…Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron…”

La segunda victoria fue cuando el pueblo conquisto la tierra de Hai, y es algo que queda bien resumido en Josué 8:24 cuando leemos: “…Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada….” Pero no se termino con esto.

Josué tuvo que continuar luchando, y derrotó un total de 31 reyes; esto es algo que pueden encontrar en su biblia en Josué 12:7-24; pero debido a que el tiempo que compartimos es limitado, no se los leeré.

Pero aun después de todo esto todavía quedaba tierra por conquistar. Esto es algo que queda bien resumido en Josué 13:1 cuando leemos: “…Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer….”  Y es aquí donde comienza nuestra lección de hoy. ¿Por qué he querido que notemos estos detalles?

La razón por la que he querido que estemos conscientes de estos detalles es porque en ellos encontramos que Dios nos entrega la victoria sobre toda situación; pero, estos detalles también sirven para enseñarnos que nuestra batalla nunca se acaba.

Nuestra batalla en contra de los poderes de las tinieblas es constante, y en ocasiones bien difícil. Digo esto porque después de todo, la conquista de Jericó no fue nada fácil, las paredes de Jericó cayeron, pero ellos tuvieron que pelear.

Conquistar Hai no fue nada fácil, después de todo, ellos tuvieron que pelear en contra del ejército en el desierto, y luego derrotar la ciudad.  Así que podemos decir confiadamente que pelear y derrotar treinta y un reyes no fue nada fácil. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio.

Lo primero que encontramos en los versículos que estamos estudiando en el día de hoy es: “…Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 7 Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 8 Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 9 Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios…”

¿Qué nos revelan estos versículos? Lo que estos versículos nos revelan es la confesión y convicción de la fe de Caleb. Desdichadamente esto es algo que muchos en el pueblo de Dios de hoy carecen.

Con esto no estoy diciendo que el pueblo de Dios de hoy NO confiesa su fe, es decir, NO estoy diciendo que NO confesamos que Jesucristo es nuestro Rey y Salvador. Todos aquí decimos esto sin titubear, pero la realidad es que decir o confesar que Jesucristo es nuestro Rey y Salvador no es suficiente.

El primer paso es confesar nuestra fe, pero la confesión no es suficiente si no existe la convicción. ¿Qué les quiero decir con esto?

Para contestar esa pregunta debemos analizar lo que Caleb le estaba pidiendo a Josué. ¿Qué le pidió Caleb a Josué? En los versículos que estamos estudiando en el de de hoy leemos: “…Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho…”

Para que podamos tener un mejor entendimiento del significado de esta petición debemos detenernos aquí por un breve momento, y examinar la definición de dos palabras: “anaceos” y “quizá”. La palabra “anaceos” es una traducción de la palabra hebrea “Anaqiy” (pronunciada: anaquí), y su definición es: “tribu de gigantes, descendientes de Anac que habitaban en el sur de Canaán. [1]”

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