Y me seréis testigos

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Y me seréis testigos

Predicas Cristianas Texto Bíblico: Hechos 1:6-8

Introducción

Una de las cosas que se ve comúnmente en la iglesia de hoy, (el cuerpo de Cristo en su totalidad), es que los creyentes no asisten a los servicios consistentemente; en otras palabras no todos los miembros de una congregación asisten a los servicios para alabar y bendecir a Dios, y escuchar las predicaciones.

Unos no asisten por una razón, otros por otra, pero la realidad es que raramente se logra reunir a todos los miembros de una congregación en un mismo día. Esto es algo muy triste de ver, ya que asistir a los servicios de la iglesia cubre dos aspectos de nuestra vida cristiana que son de suma importancia.

Número uno; asistir consistentemente a los servicios de la iglesia cubre alabar a Dios, cuál es el único sacrificio que Dios pide de nosotros; y es algo que raramente hacemos fuera de la iglesia.

Número dos; asistir consistentemente a los servicios de la iglesia cubre el testificar, cual es el área más importante en la vida de todo creyente; y es lo que Jesús demanda de Su pueblo.

Como hemos podido ver, ambos aspectos son extremadamente importantes en la vida de todo creyente; ambos aspectos son imprescindibles en la vida de todo creyente fiel, pero en uno de estos dos aspectos encontraremos lo que nos fortalecerá para que podamos lograr ambos sin interrupción.

Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Hechos 1:6-8Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Me seréis testigos – La ascensión de Jesús al cielo

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Los versículos que estamos usando en el día de hoy son parte de la descripción de la ascensión de Jesús al cielo. Estamos hablando acerca de un evento que fue presenciado, y no de algo que fue inventado. Dile a la persona que tienes a tu lado: hubo testigos.

Esto es algo que queda bien resumido en las palabras del apóstol según encontramos en Hechos 1:2 cuando leemos: “…hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido…” Estamos hablando de un momento monumental. Estamos hablando de un momento donde el Señor no dejó duda alguna referente a Su poder, majestad, e imperio en la mente de sus seguidores.

Pero no obstante éste momento tan espectacular, no obstante de que hubo testigos de lo que sucedió, muchos en el mundo continúan dudando o no tienen ni la menor idea de lo que sucedió en ese entonces, y de lo que está por suceder en el futuro .

Esto es algo que queda bien reflejado en 2 Pedro 3:3-4 cuando leemos: “…sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación…” Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Me seréis testigos

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?..” En realidad, la pregunta que ellos hicieron en ese momento es una que ocupa la mente de muchas personas hoy en día.

Digo esto porque una gran realidad es que existe un gran número de creyentes, que están tan interesados en saber o determinar cuándo será el regreso de nuestro Señor, que pasan todo su tiempo escuchando o siguiendo a predicadores que prometen, o declaran, saber la fecha de este evento monumental que ocurrirá en el futuro.

Claro está en que todo el que clame o prometa conocer la fecha de este evento es un mentiroso; y no es porque lo diga yo, sino que el Señor lo dice sin rodeo alguno en Mateo 24:36-37 cuando leemos: “…Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. 37 Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre…”

Pero ahora debemos hacernos dos preguntas. Número uno; ¿por qué hicieron ellos esta pregunta? Número dos; ¿por qué existen tantos creyentes tan enfocados en éste tema? Yo diría que la razón principal por la que ellos preguntaron esto, y por la que tantos están tan enfocados en este tema, es porque ellos, (al igual que muchos hoy en día), continuaban concentrándose más en lo terrenal que en lo celestial. Y fue por esa misma razón que Jesús les contesto diciendo: “…No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad…” ¿Qué hizo Jesús aquí con esta respuesta? Lo que Jesús hizo con esta respuestas fue ayudarles a que enfocarán su visión.

Con Su respuesta Jesús les guío nuevamente a lo que es genuinamente importante. ¿Qué es lo genuinamente importante? Para el creyente lo importante es lo celestial, y no lo terrenal. Esto es algo que queda muy bien reflejado en Colosenses 3:1-2 cuando leemos: “…Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra…” Dile a la persona que tienes a tu lado: fija tú vista en Dios.

En este punto de la historia los discípulos no pudieron inicialmente apreciar lo que estaban presenciando debido a las necesidades materiales, y físicas por las que el pueblo de ese entonces atravesaba. Digo esto porque debido a la desobediencia, e infidelidad, Dios había permitido que el pueblo judío fuese conquistado en más de una ocasión.

Los acontecimientos históricos grabados independientemente de la Biblia nos enseñan, que el pueblo judío fue conquistado o subyugado por Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, y Roma durante un periodo de siete siglos [1]. Así que podemos decir confiadamente que al pueblo le tocó pasar por gran sufrimiento; y como todos sabemos, en este punto de la historia ellos se encontraban subyugados por el Imperio Romano.

Ahora, aunque el Imperio Romano permitió que ellos continuaran sus prácticas religiosas, el pueblo judío había perdido la independencia y soberanía que Dios les había entregado. Es por esa misma razón que ellos no pudieron inicialmente apreciar lo que estaban presenciando; el sufrimiento y dolor que ellos experimentaron a través de los años les cegaba para que solo pudiesen concentrarse en lo inmediato, es decir, las necesidades físicas y materiales (libertad y soberanía) que ellos anhelaban.

En realidad esto es algo que continúa sucediendo en la vida de un buen número de creyentes. Digo esto porque con frecuencia encontramos que existe un incontable número de creyentes, que no han podido completamente apreciar, el significado tan enorme que representa la presencia del Espíritu Santo en su vida.

Y la razón más común por la que esto sucede es porque al igual que los discípulos en ese entonces, muchos suelen desviar su atención de lo genuinamente importante, para enfocar su atención en lo terrenal. Ahora debemos preguntarnos: ¿es esto algo que sucede por coincidencia?

La respuesta a nuestra pregunta es un redondo ¡NO! La realidad es que desviar nuestra atención de Dios y Su Palabra es un plan detallado y orquestado por el diablo, y es uno que fue iniciado desde el comienzo del hombre.

Esto es algo que queda bien resumido cuando la serpiente tienta a Eva en el Edén para que comiera del fruto prohibido diciéndole: “…No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal…” (Génesis 3:4-5). ¿Por qué pudo el diablo convencer a Eva a que comiera del fruto prohibido?

El diablo pudo convencer a Eva a que comiera del fruto prohibido porque él pudo desviar su atención de la Palabra de Dios, y lo hizo apelando a sus emociones, y/o deseos físicos.  Les informo en el día de hoy que este mismo diablo es quien está tratando por todos los medios habidos y por haber de destruir la obra que Dios ha iniciado en cada uno de nosotros; este mismo diablo está tratando de destruir la obra de Dios hoy en día.

Lo único que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de lo que les digo es la realidad. Digo esto porque cuando prestamos atención a lo que está aconteciendo a nuestro alrededor, no es difícil encontrar que existen muchos que han quitado su atención de Dios y Su Palabra para enfocarse en las cosas de este mundo.

Pero ahora la pregunta que queda es: ¿qué podemos hacer nosotros para evitar que esto suceda en nuestra vida?

Lo que tenemos que hacer para evitar que esto suceda en nuestra vida, y a la misma vez que podamos desarrollar una mejor relación con Dios, y cumplir con los dos aspectos tan importantes de la vida cristiana que les mencione al inicio es reconocer el grandioso significado de la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, y tomar acción.

Es por eso mismo que aquí encontramos que el Señor nos dice: “…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra…” La Palabra de Dios aquí nos dice claramente que hemos recibido el poder del Espíritu Santo; en otras palabras nosotros hemos recibido un poder sobrenatural.

Hemos recibido una fortaleza inagotable, ya que no existe nada que pueda vencer a nuestro Dios. Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras de David en el Salmo 27:1 cuando leemos: “…Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?..” Pero para poder lograr este tipo de convicción, en otras palabras, conectarnos al poder del Espíritu Santo existe algo que tenemos que hacer.

Para poder conectarnos y realizar el poder del Espíritu Santo en nuestra vida, tenemos que primeramente escuchar cuando Él nos habla, y segundo, tenemos que permitir ser guiados. Porque de no hacer esto entonces no lograremos nada. Así que lo primero que tenemos que hacer para evitar que nuestra atención sea desviada de Dios es conectarnos al poder del Espíritu Santo que ahora mora en nosotros.

El filósofo/orador Irlandés llamado Edmund Burke (hombre cristiano [madre católica y padre protestante]) dijo una vez: “Todo lo que necesita el mal para triunfar, es que los hombres buenos hagan nada.” Otra cita famosa por Albert Einstein (creía que Dios solo existía filosóficamente y que Dios era abstracto e impersonal [2]) es: “El mundo es un lugar peligroso, no por aquellos que hacen el mal, sino por los que lo ven y no hacen nada.”

Aunque estas no son palabras bíblicas, yo creo que son palabras que nos instan a reflexionar para que tomemos acción. Digo esto porque con solo fijarnos en lo que acontece a nuestro alrededor, no es difícil observar como a diario el mal continúa avanzando en nuestra sociedad a pasos gigantescos, mientras que la asistencia a la iglesia y el amor por las cosas de Dios continúa disminuyendo en el corazón del hombre.

Y es por eso que no podemos quedarnos de brazos cruzados, y tenemos que dejar de dar excusas sin sentido. Dile a la persona que tienes a tu lado: es hora de hacer lo que Dios desea de nosotros.   ¿Qué podemos y tenemos nosotros que hacer por Dios? El Señor aquí nos dice: “…y me seréis testigos…” Más claro que esto ni el agua; tenemos testificar de nuestro Dios

Tenemos que ser testigos de Jesús; ¿qué les quiero decir con esto? Pensemos en esto por un breve instante y preguntémonos: ¿cuál es la función de un testigo? cuando se habla de un testigo se habla de alguien que testifica de lo que ha visto o escuchado. Ya sea en un caso civil o criminal, los testigos son imprescindibles; es a través de su TESTIMONIO que el jurado o el juez puede llegar al veredicto final. De igual manera los testigos son imprescindibles en la congregación.

Necesitamos testificar de lo que sabemos; necesitamos testificar de lo que hemos escuchado; necesitamos testificar de lo que hemos visto; necesitamos testificar de lo que hemos hecho, y más importante aún, de lo que Dios ha hecho en nuestra vida.

¿Pero quiere todo esto decir que tenemos que pararnos y predicar o evangelizar? Si ese es tú llamado entonces ¡GLORIA A DIOS! Si ese es tú llamado, entonces no permitas que nada te detenga de evangelizar y predicar, pero la realidad es que no todos hemos recibido ese llamado. ¿Cómo entonces podemos nosotros testificar de Jesús?

Lo hacemos a través de nuestro TESTIMONIO. Una gran realidad es que en cuanto a un juicio, ya sean casos criminales o civiles, si el testigo no tiene un buen TESTIMONIO, el abogado defensor puede usar y explotar el mal TESTIMONIO de esa persona para causar sombras de dudas en la mente del juez o el jurado.  ¿Qué les estoy diciendo con esto?

Lo que les estoy diciendo es que nuestras acciones y conducta hablan mucho más alto que nuestras palabras. Mantener un buen TESTIMONIO es de suma importancia, y es por eso que mantener un buen testimonio es uno de los requisitos para obtener una oficina en la iglesia. Esto es algo que queda bien reflejado en el requisito para la oficina de Obispo en la iglesia, según encontramos en 1 Timoteo 3:7 cuando leemos: “…También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo…”

Me seréis testigos – ¿Dónde tenemos que testificar?

La Palabra aquí nos dice: “…me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra…” ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que tenemos que ser testigos de Cristo en todo momento.

Dios nos ha confiado la responsabilidad de ser testigos de Cristo; Dios nos ha dado la habilidad para testificar; y Dios nos ha dado el poder para testificar. En otras palabras Dios nos ha entregado todo lo que necesitamos para cumplir Su propósito, pero algo que Él nunca hará es forzarnos.

Dios no te forzará a que mantengas tú TESTIMONIO, pero el Espíritu Santo que ahora mora en ti si te dará convicción para que reflexiones y reacciones. Dios no te forzará a que mantengas tú TESTIMONIO, pero el Espíritu Santo que ahora mora en ti si te dará la fortaleza para que puedas resistir la tentación. Dios no te forzará a que mantengas tú TESTIMONIO, pero el Espíritu Santo que ahora mora en ti si te guiará a los caminos por donde tienes que andar.

Para concluir.

Como les dije al inicio, asistir a los servicios de la iglesia cubre dos aspectos de nuestra vida cristiana que son de suma importancia. Número uno; cubre alabar a Dios, que es el único sacrificio que Dios pide de nosotros; y desdichadamente esto es algo que raramente hacemos fuera de la iglesia. Número dos; cubre el testificar, que es el área más importante en la vida de todo creyente; y es lo que Jesús demanda de Su pueblo

Ambos aspectos son imprescindibles en la vida de todo creyente fiel, pero como les dije, en uno de estos dos aspectos encontramos lo que nos fortalecerá para que podamos lograr ambos sin interrupción. ¿De cuál aspecto les hablo?

El aspecto que nos mantendrá siempre cerca de Dios es el testificar. En otras palabras mantener un buen testimonio. Digo esto porque de nada te vale hablar de la obra redentora de Jesús mientras que te emborrachas o endrogas. De nada te vale hablar de la obra redentora de Jesús mientras conduces una vida de fornicación y/o adulterio. De nada te vale hablar de la obra redentora de Jesús mientras que de tu boca solo salen maldiciones y malas palabras.

Sin embargo, cuando guardas un buen testimonio, entonces los que te rodean prestaran atención a tus palabras, y el Espíritu Santo que ahora mora en ti les dará convicción de lo que les dice es verdad.  cuando guardas un buen testimonio, entonces el Espíritu Santo que ahora mora en ti te dará convicción de los errores que cometes para que puedas arrepentirte.

El Señor aquí nos dice: “…y me seréis testigos…” Ahora la pregunta que queda es:  ¿serás testigo suyo?

[1] Enciclopedia Británica
[2] Brian, Dennis (1996), Einstein: A Life, New York: John Wiley & Sons, p. 127

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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