Y Jehová dio una gran victoria

Y Jehová dio una gran victoria

Prédica de Hoy: Y Jehová dio una gran victoria

© José R. Hernández, Pastor
El Nuevo Pacto, Hialeah, FL. (1999-2019)

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: 2 Samuel 23:8-12

Introducción

Una gran realidad acerca del caminar cristiano es que cuando hacemos una decisión consciente de seguir a Jesús, y cuando le seguimos genuinamente, los problemas o situaciones difíciles en nuestra vida aparentan multiplicarse.

Es decir, es el momento cuando perdemos el trabajo, se nos muere el gato, se nos escapa el perro, y la mujer se enfada por cualquier cosa diminuta y deja de hablarnos. Esto por supuesto no es sin que antes de todo se nos queme el automóvil, y nos roben la bicicleta.

Sé que les he dicho cosas absurdas, pero desdichadamente son cosas que suceden a diario, y son cosas que si no estamos conscientes de su verdadero  origen, entonces pueden llegar a debilitar nuestra relación con Dios, e interrumpir las bendiciones en nuestra vida.

Así que debemos estar muy conscientes del hecho de que las malas situaciones o circunstancias que se presentan en nuestra vida, en casi toda ocasión, (digo que en casi toda ocasión porque el diablo no es completamente responsable de todo lo que nos sucede; tenemos que asumir responsabilidad por nuestras acciones), son un ataque bien planeado y coordinado por nuestro enemigo. También nunca podemos olvidarnos de que todo el que genuinamente sigue a Jesús se encuentra en una batalla constante. Es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy.

Hoy estaremos estudiando acerca de esa batalla constante que como cristianos tenemos que enfrentar. Debemos analizar este aspecto de nuestra vida cristiana porque como les he dicho en otras ocasiones, nosotros somos el ejército de Dios. Nosotros fuimos elegidos por Jesús para defender, y propagar el Reino de Dios aquí en la tierra.

Pero para lograr estos dos propósitos tan importantes, existe una cualidad que tenemos que poseer. Pasemos ahora a los versículos que estaremos estudiando en el día de hoy y descubramos la cualidad de que les hablo.

Cuándo tomamos el tiempo de leer este capítulo en su totalidad, nos damos cuenta que aquí David estaba reflexionando en su pasado, y estaba analizando cómo Dios se había manifestado en su vida. En otras palabras él estaba recordando los momentos difíciles por los que había pasado, y a todos aquellos que le habían ayudado.

Pero aquí en esta pequeña porción del capítulo vemos que David menciona a tres personas especificas. Tres personas muy diferentes los unos de los otros, pero los tres tenían algo en común. ¿Qué tenían estos tres hombres en común? Lo que ellos tenían en común era que ellos servían fielmente a quien llamaban rey.

Como podemos apreciar, lo que David recordaba más de estos tres hombres fue la valentía y el poder militar que ellos demostraron. Fíjense bien como nos dice la Palabra aquí cuando leemos acerca de Joseb; la Palabra nos dice: “…Joseb-basebet el tacmonita, principal de los capitanes; éste era Adino el eznita, que mató a ochocientos hombres en una ocasión….” Mato a ochocientos hombres en una ocasión; sin duda alguna esto es una demostración de valentía, y de gran poder militar, ¿verdad?

Cuando leemos acerca de Eleazar; la Palabra nos dice: “…Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla, y se habían alejado los hombres de Israel. 10 Este se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín…” ¿Se pueden imaginar esto?

Este hombre peleó de tal manera que su mano se le quedo pegada a la espada.   Nuevamente aquí encontramos una demostración del poder militar, y de valentía. Pero no deseo concentrarme en estos dos hombres en el día de hoy, sino que deseo que nos concentremos en el tercero. Deseo que nos concentremos en lo que aconteció con Sama, porque en esta pequeña sección es donde está nuestra lección para el día a hoy.

Fíjense bien en lo que sucedió; la Palabra nos dice: “…Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12 El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria…”

Si leemos esto ligeramente, lo que sucedió en este instante nos puede lucir como una cosa un poco tonta, ¿verdad? Digo esto porque aquí encontramos que este hombre se enfrento para pelear en contra de un grupo de hombres, para proteger un terreno de lentejas. En otras palabras, por algo que en el gran esquema de la vida aparenta ser insignificante, ¿verdad? Pero el significado aquí es mucho más profundo que un simple terreno de lentejas.

Digo esto porque Sama no estaba peleando por un simple terreno de lentejas, él estaba peleando porque este terreno seguramente era el sustento de su familia. Quiero que también notemos algo que es de suma importancia, y esto es que la Palabra aquí nos dice que el terreno estaba: «…lleno de lentejas…»  ¿Por qué debemos notar este detalle?

Es importante que notemos esto porque este detalle nos indica que el terreno no era uno que se estaba cultivando, sino que era un terreno que estaba listo para cosechar. En realidad los filisteos eran bien inteligentes, digo esto porque ellos no habían arado la tierra; ellos no habían sembrado la semilla; ellos no le habían dado un mantenimiento al terreno, pero ahora que estaba listo para la cosecha, ellos atacarían y se la robarían. Seguramente que algunos ya estén haciéndose esa pregunta: ¿qué tiene que ver todo esto con nosotros?

Si hacemos un contraste entre lo que sucedió aquí y lo que le sucede a la gran mayoría de los creyentes, creo que todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo que nuestro enemigo trabaja más o menos como estos filisteos.

Cuando reflexionamos en nuestra vida, y las cosas que con frecuencia nos suceden cuando genuinamente escogemos seguir a Jesús, creo que todos podremos ver que nuestro enemigo usa la misma táctica que usaban los filisteos en nuestra historia.

Permítanme explicarme. Todos aquí sabemos que el enemigo ataca a los cristianos, todos sabemos que él monta un ataque en contra del pueblo de Dios. Pero, ¿se han puesto a pensar cuando es qué comienza el ataque más intensivo?

Si pensamos en esto por un momento creo que todos llegaremos a la conclusión que no fue cuando comenzamos a caminar. Esto es porque, el ataque de nuestro enemigo se intensifica cuando empezamos a servir a Dios como Dios quiere que le sirvamos.

En otras palabras, el ataque es intensificado cuando comenzamos a dar buenos frutos; es en ese momento que nuestro enemigo trata de destruir, y trata de robarse lo que Dios con tanto amor ha sembrado en nosotros

Lo que sucede con mucha frecuencia no es muy diferente a lo que sucedió aquí con el pueblo de Israel. Desdichadamente, una vez que el ataque se intensifica, una vez que el ataque llega a nosotros, muchos hacemos lo que hizo este pueblo. ¿Qué hizo este pueblo?

La Palabra nos dice que: “…el pueblo había huido delante de los filisteos…” Esto desdichadamente es algo que sucede con frecuencia; muchos son los que corren de la batalla, en vez de correr hacia el frente. Dile al hermano que tienes a tu lado: no podemos huir. Este pueblo corrió lleno de temor, este pueblo corrió y abandonó las bendiciones que Dios le había entregado, y muchos son los que hacen igual. Muchos son los que le permiten al enemigo que llegue y destruya lo que Dios le ha entregado.

Algo que queda bien evidente en el acontecimiento que estamos explorando en el día de hoy, es que este pueblo no tuvo el valor de defender lo que era suyo. Ellos no tuvieron el valor de defender lo que con tanto esfuerzo habían logrado. Digo esto porque cuando pensamos en donde ellos estaban ubicados geográficamente, no es difícil discernir que ellos mayormente estaban en un desierto.

Esto quiere decir que para que ellos pudiesen cultivar este terreno, ellos tuvieron que pasar bastante trabajo. Primero tuvieron que irrigar la tierra, segundo arar el terreno, tercero sembrar la semilla, y más importante que todo, ellos tuvieron que darle un mantenimiento a este terreno durante varios meses para asegurarse que la semilla crecería.

Uno pensaría que ellos no estarían dispuestos a abandonar lo que con el sudor de su frente lograron, pero el pueblo corrió de los filisteos, y abandono todo. En esencia, lo que este pueblo hizo fue rendirse antes de pelear. Dile al hermano que tienes a tu lado: hay que pelear.

Detengámonos aquí por un instante, y examinemos nuestra vida. Preguntémonos, ¿hacemos nosotros igual que este pueblo? ¿Huimos en determinadas situaciones o problemas? ¿Permitimos que el enemigo se robe las bendiciones que Dios nos ha dado? Como el pueblo de Dios que somos, nosotros no podemos ser igual a ese pueblo.

Nosotros no podemos correr y huir porque de hacerlo quiere decir que no confiamos en Jehová de los ejércitos. Quiere decir que nuestra lealtad al Rey de Reyes y Señor de Señores no es nada fuerte. Digo esto porque cuando nuestra fidelidad a nuestro rey es genuina, entonces actuamos y obramos dependiendo de Su palabra, y no de nuestro poder o fortaleza.

Cuando actuamos y obramos confiando en  Dios, entonces Él nos entrega la victoria en toda ocasión. Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del Señor en Juan 16:33 cuando leemos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Esta es una de las más bellas promesas que Jesús le ha dado a Su pueblo. Dile a la persona que tienes a tu lado: esta promesa es para ti.

Y quiero que nos fijemos bien en un detalle; quiero que nos fijemos bien en que aquí Jesús nos dice claramente que seremos atacados; aquí Jesús nos dice claramente que existirán luchas y batallas, pero a través de todo, y después de todo, Él nos entrega la victoria. Dile al hermano que tienes a tu lado: hay que luchar.

Como el pueblo de Dios que somos, tenemos que seguir el ejemplo de Sama en este caso. Tenemos que pararnos firmemente en la roca de nuestra salvación, y pelear.  Fíjense bien en lo que sucedió, la Palabra nos dice: “…Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12 El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria…”

Sama se paró en el medio del terreno y luchó. Sama no corrió y se escondió, él se enfrentó a la fuerza del enemigo. Sama defendió la bendición que Dios le había dado; él no se quejo, él no crítico al pueblo por huir, Sama actuó rápidamente y de manera acertada.

Sama se paró en medio del terreno y peleó. La Palabra no nos dice en contra de cuantos peleo, y esto es una indicativa de que lo importante no es el número de hombres en contra de quien peleo; lo importante de todo esto aquí es que Sama no permitió, que la bendición que Dios le había entregado fuera robada de él.  Ahora preguntémonos: ¿hacemos nosotros esto?

Hermanos, nosotros también tenemos que defender lo que es nuestro. Nosotros tenemos que defender las bendiciones que Dios nos ha dado. Es hora que el pueblo de Dios se pare firmemente para combatir los ataques del enemigo. Es hora de decir: «!está es mi bendición y no me la podrás quitar!» Defendamos lo que Dios nos ha dado, seamos y actuemos valientemente.

Cuando somos valientes, cuando confiamos en Jehová, veremos que en nuestra vida sucederá lo mismo que aconteció aquí. Sama mató a los filisteos, Jehová le dio la victoria sobre sus enemigos, y Él hará lo mismo con nosotros. Dios te entregará la victoria sobre toda situación o dificultad. Pero para que esto suceda tenemos que ser valientes. Dile al hermano que tienes a tu lado: hay que ser valiente. Tenemos que estar dispuestos a pelear por lo que Dios nos ha entregado.

Tenemos que tomar el ejemplo de Sama muy en serio. De no hacerlo así, entonces el Reino de Dios continuará sufriendo aquí en la tierra. Permítanme citarles una información que encuentro alarmante para que mejor entiendan lo que les digo. ¿Sabían ustedes que las estadísticas indican que de 3,000 a 4,000 iglesias cristianas cierran sus puertas permanentemente en los Estados Unidos todos los años? [1]

Esto es algo alarmante, y es algo que nos demuestra que en el pueblo de Dios existen muchas personas como el pueblo que corrió de los filisteos. Esto nos demuestra que existe una gran necesidad de hombres valientes. Dile al hermano que tienes a tu lado: levántate y pelea.

Les repito, nosotros somos el ejército de Dios aquí en la tierra. Nosotros somos los soldados que Él utiliza para combatir las fuerzas del enemigo, y como un ejército, tenemos que luchar juntos. Un ejército que lucha junto es un ejército que vence toda oposición, un ejército que lucha junto es un ejército que conquista.   Pero es fácil ser valientes en un grupo, es fácil pelear sabiendo que tenemos a otro a nuestro lado, pero también tenemos que estar dispuestos a pelear aun cuando a nuestro lado no exista alguien.

Nosotros poseemos el arma más poderosa en el universo, nosotros tenemos la Palabra de Dios cual es capaz de vencer toda oposición.  Ahora, quiero que entiendan bien que con esto no me estoy refiriendo a la Biblia. Por supuesto que todos sabemos que la Biblia es la Palabra de Dios por escrito, todos sabemos que en ella encontramos las respuestas a todas nuestras preguntas o inquietudes.

Pero la Biblia, si no la conocemos, entonces es solamente una colección de libros de antigüedad. Así que la Palabra de Dios es mucho más que la Biblia; les digo esto porque estoy seguro que ninguno de nosotros andamos con una Biblia encima las 24 horas del día y los siete días a la semana. Les puedo decir que aunque soy pastor yo no llevo mi Biblia encima en todo momento. Pero si les puedo decir que llevo la Palabra de Dios.

Llevo la Palabra de Dios en un lugar donde no puede ser robada, en un lugar donde nunca se me perderá o la olvidare, llevo la Palabra de Dios en mi corazón. Pero esto es algo que solo se puede lograr cuando se toma el tiempo de estudiarla, cuando tomamos el tiempo de meditar en ella. El pueblo de Dios es el ejército mejor armado del mundo, pero no todos cargan su arma encima, y no todos están dispuestos a luchar.

Acordémonos siempre que nosotros estamos en una guerra espiritual, como encontramos en Efesios 6:12 al leer: “…Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes…”

Acordémonos que el enemigo no descansa en sus ataques porque quiere destruir lo que Dios nos ha dado; no podemos ser tal como el pueblo en ese entonces. Tenemos que seguir el ejemplo de Sama confiando y sabiendo que no obstante la situación, no obstante cuan grande aparente ser la oposición.

Cristo nos ha entregado la victoria como encontramos en Apocalipsis 2:10 cuando leemos: “…No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida…” Tenemos que resistir los ataques, tenemos que enfrentarnos y estar dispuestos a luchar aun cuando nos podamos encontrar solos.

Tenemos que confiar en nuestro Rey y serle fiel, tenemos que someternos a Su autoridad y voluntad; una vez que lo hacemos, al enemigo no le queda mas remedio que correr de nosotros; es como nos dice la Palabra en  Santiago 4:7 cuando leemos: “…Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros…”

Para concluir.

Seamos valientes, seamos el ejemplo a seguir; luchemos en contra de la oposición sin preocuparnos de lo que pueda suceder, confiemos en Dios y recibiremos su bendición. Confiemos en Dios y recibiremos la victoria. Sama no permitió que los filisteos le robaran la bendición que Dios le había entregado. No permitamos que el enemigo se robe lo que Dios nos entrego.

Es hora de defender nuestra familia, es hora de defender nuestro hogar, y nuestra congregación. La hora de la verdad ha llegado, seamos valientes y enfrentémonos al enemigo sin dudar.

Recordemos que Jesús siempre estará con nosotros; Su poder no tiene fin. Y esta es otra bella y poderosa promesa de nuestro Salvador, como encontramos en Mateo 28:20 cuando leemos: “…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo…”

Nunca nos olvidemos de esto, pero también sepamos que para poder ver su gloria, majestad y poder manifestada en nuestra vida, tenemos que ser ¡VALIENTES! Así que, sirvamos fielmente a quien llamamos Rey.

1. George Barna, Twentysomethings Struggle to Find Their Place in Christian Churches

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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