¿Qué has perdido?

Lo tercero que examinamos es aquí cuando se nos dice que ella: “…barre la casa…” ¿Qué significa esto para nosotros? Hablando teológicamente, la casa somos nosotros; nuestro cuerpo, mente y espíritu.  Así que barrer la casa significa que tenemos que eliminar de nuestro cuerpo las cosas que contaminan y destruyen, (vicios, drogas, alcohol); tenemos que renovar nuestra mente (pensamientos negativos e impuros); tenemos que renovar nuestro espíritu (ánimo, valor, aliento, esfuerzo).

Anuncios

Y es por eso que en Efesios 4:22-24 encontramos que se nos dice: “…En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad…” Pero todo esto es algo que se nos hace imposible si primero no establecemos una relación genuina con Dios.

Todo esto es algo que se nos hace imposible si primero no nos sometemos a la voluntad de Dios.  Digo esto porque fuera de la voluntad de Dios lo único que encontraremos es sufrimiento y dolor. ¿Por qué?

Porque la voluntad de Dios para con nosotros es perfecta en todo sentido, pero nuestra voluntad está influenciada por las cosas de este mundo, por aquellos que nos rodean, por las circunstancias que surgen, y por nuestros propios prejuicios. Es por eso que en Proverbios 16:2 encontramos que se nos dice: “…Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus…”

Anuncios

Lo que sucede con frecuencia es que el creyente quiere que Dios sea como queremos o como nos conviene, pero la realidad de todo es que Dios no es quien tiene que ajustarse a nosotros, sino nosotros somos los que tenemos que ajustarnos a Dios.

Esto es algo que queda bien claro en Romanos 12:2 cuando leemos: “…No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta…”

Atando estos tres detalles encontrados en el versículo uno, ahora debemos examinarnos y preguntarnos: ¿qué hemos perdido en nuestro caminar cristiano? ¿Hemos perdido o extraviado nuestra fe? ¿Hemos perdido o extraviado nuestro amor por la obra?

Anuncios

Yo sé que en ocasiones surgen circunstancias o situaciones que nos pueden desalentar; sé que en este mundo surgen circunstancias o situaciones que nos desvían de nuestro camino; sé que en este mundo surgen circunstancias o situaciones que nos desaniman; y son por esas razones que en ocasiones miramos y buscamos dentro de nosotros pero no encontramos lo que hemos perdido.

No lo encontramos porque hemos permitido que lo más valioso que poseemos sea cubierto y quede enterrado en la suciedad del pecado. Y esta es la razón principal por la que en ocasiones cuando más necesitamos a Dios, Su presencia no puede ser hallada en nosotros.

Si hermanos lo oyeron bien, Dios retira Su presencia de nuestra vida cuando perseveramos en una vida de pecado. Esto es algo que queda muy bien ilustrado en Jeremías 11:14 cuando Dios le estaba hablando al profeta acerca de como el pueblo de Judá le había dado las espaldas a Dios para seguir a Baal cuando leemos: “…Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que en su aflicción clamen a mí…” Dios retiró Su presencia del pueblo debido a sus abominaciones e iniquidades, ¿Por qué? Porque Dios es santo y Él no puede vivir o compartir con las tinieblas. Pero todo NO está perdido, todavía tenemos tiempo para arrepentirnos.

Anuncios

Dios en su eterna misericordia nos ofrece la oportunidad de acercarnos a Él, y experimentar Su presencia en nuestra vida a través del arrepentimiento. Es por eso que en Santiago 4:8 encontramos que se nos dice: “…Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones…”

Y en Hebreos 4:16 también encontramos que se nos dice: “…Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro…”  Pero esto en ocasiones no es suficiente, ya que en la mayoría de los casos muchos quedan tan debilitados que se les dificulta restaurar su relación con Dios.

Es como les dije al inicio, cuando se nos pierde o extraviamos algo nosotros tenemos una buena idea de donde se puede encontrar el artículo, pero en ocasiones estamos tan frustrados que el artículo puede estar directamente frente a nosotros, pero no lo vemos.

Y es por eso que en ocasiones como esas, tenemos que buscar la ayuda de nuestros hermanos en la fe; buscar la ayuda del pastor, los ministros, los diáconos. Esto es algo que queda bien ilustrado en Hebreos 10:24-25 cuando leemos: “…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca…” ¿Qué tenemos que hacer una vez que restablecemos o fortalecemos nuestra comunión o relación con Dios?

Anuncios

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido…” Yo creo que más claro que esto ni el agua.

Cuando restablecemos, edificamos, o fortalecemos nuestra relación con Dios, tenemos que compartirlo. Tenemos que compartir el gozo que la presencia del Espíritu Santo produce en nuestra vida con todo aquel que nos rodea. Tenemos que hacer como nos dijo el Señor en Marcos 16:15 cuando leemos: “…Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura…”

Hermanos cuando genuinamente seguimos a Cristo, siempre sucederá un cambio positivo en nosotros. Cuando seguimos a Cristo genuinamente, nos será imposible no demostrar a través de nuestra manera de ser, nuestras acciones, y nuestros pensamientos una actitud que no refleje el amor de Cristo; y el amor de Cristo es algo que tenemos que compartir en todo tiempo. Tenemos que compartir el gozo y la paz que Dios nos ha proporcionado.

No nos podemos quedar callados, sino que tenemos que hacer como la mujer en esta parábola, tenemos que anunciar que hemos descubierto nuevamente esa fe que quizás hemos perdido debido a las falsas doctrinas, falsos maestros, y falsos profetas que existen en este mundo.

Tenemos que anunciar a todo aquel a nuestro alrededor que hemos encontrado nuevamente la fortaleza para perseverar en nuestro caminar a través de la Palabra de Dios. Tenemos que decir: “….Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido…”

¿Cuál será el resultado final cuando tomamos el tiempo de buscar con urgencia y diligencia lo que hemos perdido o extraviado? ¿Cuál será el resultado final cuando permitimos que la luz del mundo brille en nuestra vida e ilumine nuestro camino?

¿Cuál será el resultado final cuando barremos nuestra casa y eliminamos toda impureza?   La Palabra de Dios nos dice: “…Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente…”

El resultado final será que agradaremos a nuestro Padre celestial.  Agradaremos a nuestro Padre celestial porque le habremos demostrado un arrepentimiento genuino.

Para concluir. Ahora reflexiona en tu vida y pregúntate: ¿qué he perdido o extraviado? ¿Has perdido o extraviado tu fe debido a la maldad que existe en este mundo? ¿Has perdido el ánimo para perseverar en la obra de Dios?

¿Encuentras que no sientes hoy el mismo ardor del Espíritu Santo en tu vida que sentiste al principio?

Recuerda que la mujer en nuestra parábola no encontró lo que ella había perdido hasta que prendió la lámpara, barrio la casa y la buscó con diligencia.

Ahora la pregunta que queda es: ¿harás tú lo mismo para restablecer, edificar o fortalecer tu relación con Dios?

[1] Diccionario de la Real Academia Española

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

Publicaciones Similares