[Adventistas del Séptimo Día] – Por mucho que observes el sábado como el día oficial de reposo, la estricta observancia de este día no te valdrá de nada; si decides vivir bajo la ley, entonces tienes que guardar todas las leyes (más de 600).

Es como nos dice Gálatas 3:10 cuando leemos: “…Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas…”

Recordemos también lo que encontramos en Romanos 10:4 que nos dice: “…porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree…” La Traducción en Lenguaje Actual de la Biblia traduce este versículo de la siguiente manera: “…Dios ya no nos acepta por obedecer la ley; ahora sólo acepta a los que confían en Cristo. Con Cristo, la ley llegó a su cumplimiento…”

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[Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones)] – Por mucho que salgas por las calles a llevar el “supuesto” evangelio de Jesucristo, de nada te valdrá si piensas que un hombre es la autoridad final de tu salvación; digo esto porque de acuerdo a su doctrina, “…ningún hombre o mujer en esta dispensación entrara en el Reino celestial de Dios sin el consentimiento de Joseph Smith…”[3].

Pero la realidad es que el hombre no tiene nada que ver con nuestra salvación, y esta doctrina va completamente en contra de lo que la Palabra de Dios nos enseña. Digo esto porque en Hechos 4:11-12 encontramos que se nos dice: “…Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos…”

¿Por qué les he citado estos ejemplos? Les he citado estas doctrinas o religiones porque estas son las más populares en la actualidad; son doctrinas y religiones que si no estamos completamente convencidos de la Palabra de Dios, si no permitimos que la Palabra de Dios sea ese fuego consumidor que prueba toda verdad, entonces le será fácil al enemigo desviarnos de los caminos de Dios.

Así que el primer factor predominante que tiene que existir para que podamos experimentar un avivamiento, es permitir que la Palabra de Dios sin adulterar continúe creciendo y fluyendo en nuestra vida. En otras palabras, permitir que la Palabra de Dios se enaltezca por encima de todas las cosas

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen, Para que habite la gloria en nuestra tierra. 10 La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron…” ¿Qué vemos reflejado en estos versículos?

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Lo que encontramos reflejado en estos versículos es un corazón puro y dispuesto; lo que vemos reflejado en estos versos es el corazón de un pueblo que había recibido y aceptado la convicción de sus pecados, y lo que es la oración de un pueblo dispuesto a dejarse guiar por Dios.

En otras palabras: “…la fe de la comunidad judía después del exilio y la esperanza de que la presencia amorosa de Dios podía ser la gran diferencia en su situación desesperada.”[4].

Desdichadamente, hoy en día existen muchos que no tienen este tipo de actitud, sino que han permitido que su corazón se contamine con las cosas del mundo. Hoy en día existen muchos cristianos que le dan más importancia a las cosas del mundo que a su relación con Dios.

Pero recordemos lo que nos dice la Palabra en Colosenses 3:1-2 cuando leemos: “…Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra…”

Hermanos, si no tenemos un corazón completamente dispuesto a aceptar que la presencia de Dios en nuestra vida puede ser, y es la gran diferencia en todo, entonces no estamos confiando completamente en Dios. Si no estamos dispuestos a escuchar la convicción que el Espíritu Santo nos da, entonces nunca agradaremos a Dios. ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto?

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Lo que les estoy diciendo es que tenemos que estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, pero lo que no podemos permitir es que estas cosas contaminen nuestro corazón. No podemos permitir que las cosas que nosotros no podemos controlar nos desvíen de los caminos de Dios.

Sino que tenemos que fortalecer lo que nosotros podemos controlar. ¿Qué podemos nosotros controlar? Nosotros podemos controlar de la manera que servimos a Dios. Nosotros podemos controlar de la manera que amamos a Dios. Nosotros podemos escoger escuchar al Espíritu Santo cuando nos da convicción de error y pecado, y arrepentirnos.

En otras palabras, elegir a Dios por encima de todo y en toda ocasión. Por lo tanto tenemos que hacer como nos dice la Palabra en Isaías 55:6-7 cuando leemos: “…Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar…”

La realidad es que si las personas estuvieran más ocupadas en las cosas de Dios, el mundo no estaría en las condiciones en que se encuentra. Así que el segundo factor predominante que tiene que estar presente para que podamos experimentar un avivamiento genuino en nuestra vida, es acercarse a Dios con un corazón dispuesto a escuchar la convicción que el Espíritu Santo nos da; acercarse a Dios con un corazón que confía en que Él es nuestra única esperanza y salvación. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios es la diferencia.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…La verdad brotará de la tierra, Y la justicia mirará desde los cielos. 12 Jehová dará también el bien, Y nuestra tierra dará su fruto. 13 La justicia irá delante de él, Y sus pasos nos pondrá por camino…” Aquí encontramos el último factor predominante que tiene que existir para que una erupción volcánica de avivamiento se produzca en nuestra vida. ¿Cuál es el factor predominante?

El factor predominante lo encontramos aquí cuando leemos: “…La verdad brotará de la tierra…” En otras palabras, nosotros somos la tierra, y la verdad de Cristo tiene que brotar desde nuestro interior en todo momento. Esta es una de las razones por la que no me canso de decir que nuestro testimonio habla mucho más fuerte, y con mucho más sabiduría que cualquier cosa que nosotros podamos expresar con palabras.

Y por eso les repito hoy, si decimos que somos cristianos, entonces tenemos que ser el ejemplo a seguir.  Quizás no seamos maestros, quizás no seamos eruditos, pero nada de esto debe detenernos de ser el ejemplo a seguir. Quizás nos consideramos bebés en el evangelio, pero esto tampoco nos debe detener se ser el ejemplo a seguir.

La tarea de ser el ejemplo a seguir no es un asunto simple, y mucho menos fácil. No es fácil porque significa que tendremos que permanecer en constante obediencia a la Palabra de Dios. Y es por eso que siempre debemos examinarnos y preguntarnos: ¿qué ejemplo doy? Debemos examinarnos y preguntarnos: ¿doy un ejemplo digno del evangelio? Debemos examinarnos y preguntarnos: ¿doy un ejemplo que refleja el amor, misericordia, y poder de Dios en mi vida?

Si al contestar estas preguntas encuentras que el ejemplo que demuestras no es digno del evangelio, entonces tienes que reconocer que la verdad nunca podrá brotar de ti. ¿Por qué no? La razón la encontramos en 1 Juan 1:5-6 cuando leemos: “…Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad…”  Es imposible perseverar en una vida de pecado, y pensar que nuestro ejemplo atraerá a otros a los caminos de Dios.

Es imposible perseverar en una vida de pecado, y decir que estamos en comunión con Dios. ¿Qué tenemos que hacer para llegar a ser el ejemplo que Dios nos ha escogido que seamos? (Mateo 5:14).

Tenemos que edificar sobre la fundación que Él echó en nuestra vida.  Tenemos que reconocer nuestras faltas y errores, arrepentirnos, y perseverar en una vida de santidad. Una vez que hagamos esto entonces: “…Jehová dará también el bien, Y nuestra tierra dará su fruto. 13 La justicia irá delante de él, Y sus pasos nos pondrá por camino…”

Para concluir. No sé cuántos de ustedes han visto el resultado que una erupción volcánica produce, pero puedo decirles que es algo devastador. Digo esto porque el fluir de magma no puede ser detenido por nada, ni por nadie, y arrasa por completo con todo lo que esté en su camino.

Volviendo a la analogía que nuestro hermano usa para describir el avivamiento, en la que él nos dice que un avivamiento sólo ocurrirá como la explosión de un volcán, es decir, de las profundidades de la tierra hacia afuera; entonces podemos decir que para que podamos experimentar un avivamiento genuino, los tres factores principales que lo producen tienen que estar presentes en nuestra vida

Número uno; tenemos que permitir que la Palabra de Dios sin adulterar (fuego consumidor) continúe creciendo y fluyendo en nuestra vida. En otras palabras, permitir que la Palabra de Dios se eleve por encima de todas las cosas.

Número dos; tenemos que estar dispuestos a escuchar y respetar la convicción que el Espíritu Santo no da, la cual nos separa del pecado para que nuestro corazón siempre esté dispuesto a aceptar y aplicar la Palabra de Dios en todo lo que somos

Número tres; tenemos que ser el ejemplo a seguir en todo momento; al hacer esto entonces estaremos cumpliendo con lo que Dios nos ha encomendado.

Cuando estos tres factores están presentes, entonces experimentaremos una explosión volcánica de avivamiento en nuestra vida.

Un avivamiento que brotara de muy dentro de nosotros, que como el magma de un volcán no podrá ser detenido. Un avivamiento que como el magma de un volcán arrasara con toda fuerza del enemigo que se encuentre en su camino. Ahora la pregunta que queda es: ¿serás tú ese volcán?

[1] Scientificamerican.com
[2] “You Can Live Forever in Paradise on Earth-But How?”  Watchtower, Feb. 15, 1983, page 12.
[3] LDS president and prophet Brigham Young, Journal of Discourses, vol. 7, p. 289
[4] Eerdmans commentary on the Bible By James D. G. Dunn, John William Rogerson, p.406

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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