No seas vencido de lo malo

Predicas Cristianas: No seas vencido de lo malo, vence con el bien el mal

El Nuevo Pacto, Hialeah, FL. (1999-2019)

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Texto Bíblico: Romanos 12:17-21

Introducción

Hace un tiempo atrás leí una reflexión que deseo compartir con ustedes. Un anciano indio americano estaba enseñándole a su nieto acerca de la vida. Una pelea feroz esta siendo peleada dentro de mí, le dijo al niño.

Es una pelea muy feroz entre dos lobos. Uno es malo, él es ira, rencor, envidia, tristeza, remordimiento, avaricia, arrogancia, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, superioridad, y ego.

El otro es bueno, él es paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, compasión, generosidad, y fe. Esta batalla también está siendo peleada dentro de ti, y dentro de toda persona en el mundo, le dijo el anciano.

El niño se quedó pensativo por un breve momento, y le preguntó a su abuelo: ¿quién ganará? A lo que el anciano contestó: el que tú escojas alimentar.

El autor de esta reflexión es desconocido, y definitivamente no es una reflexión cristiana. Sin embargo, después de leerla encontré que en esta reflexión podemos encontrar un poderoso mensaje acerca de todo ser humano. Y es por eso que en el día de hoy deseo que tomemos el tiempo para reflexionar, y descubrir la solución a la pelea interna que existe en nuestra vida. Pasemos ahora a los versículos que estaremos explorando en el día de hoy.

Vence con el bien el mal

Romanos 12:17-21No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Cuando meditamos en los versículos que acabamos de leer, creo que sin duda alguna, todos llegaremos a la conclusión que en ellos, encontramos una alegoría acerca de la batalla interna que todos nosotros peleamos.

En otras palabras, en estos versículos encontramos que el apóstol Pablo nos habla de esa pelea interna, que son nuestros pensamientos entre el bien y el mal. Como he dicho en otras ocasiones, el campo principal de batalla es nuestra mente. Digo esto porque como todos sabemos, en nuestra mente nacen los sentimientos de ira, contienda, avaricia, venganza, envidia, y temor.

La batalla entre el bien y el mal es peleada en nuestra mente, vence con el bien el mal

En nuestra mente nacen los sentimientos de culpabilidad, lastima propia, y duda. La batalla entre el bien y el mal es peleada en nuestra mente, y si nos descuidamos,  si no aprendemos a reconocer los ataques del enemigo, entonces se nos hará muy difícil conducir una vida victoriosa, y a consecuencia seremos derrotados fácilmente.

¿Cómo se vence con el bien el mal?

Así que ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo podemos vencer? La respuesta es fácil; podemos vencer cuando permitimos que nuestro espíritu sea alimentado por el Espíritu Santo. Podemos vencer, cuando nos alimentamos con la Palabra de Dios.

Para ser victoriosos en nuestro caminar, lo primero que tenemos que hacer es analizarnos a nosotros mismos, y determinar nuestros errores. Tenemos que determinar qué produce esos malos pensamientos, qué produce esos malos deseos, y más importante de todo, tenemos que combatir esos impulsos de la carne, que solo buscan alejarnos de Dios.

En otras palabras, tener siempre muy en mente el consejo del apóstol Pablo según encontramos en Romanos 8:6-8 que nos dice: “…Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios…”

El problema que existe es que muchos de nosotros no hemos llegado al convencimiento de que podemos ser victoriosos en toda situación; muchos de nosotros no hemos llegado al convencimiento de que poseemos el poder para derrotar todo ataque, y toda tentación.

¿Cómo se vence con el bien el mal? La batalla puede ser difícil

En momentos determinados la batalla puede aparentar como algo imposible, pero nosotros que hemos hecho un compromiso genuino con Dios, nosotros que ahora le servimos de todo corazón, nosotros que hemos nacido nuevamente en el espíritu y verdad, podemos vencer. Es como nos dice la Palabra en 1 Juan 5:4 cuando leemos: “…Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe….” Dile a la persona que tienes a tu lado: nuestra fe vence todo.

Pero para poder lograr esta victoria, tenemos que alimentar nuestro espíritu con el bien, y esta acción causara que el mal sea completamente eliminado de nuestra vida. En los versículos que estamos explorando hoy encontramos que se nos dice: “…No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal…” Pero, ¿qué quiere decir esto?

Lo que este pequeño versículo nos dice aquí es que tenemos que dejar de alimentar nuestros malos pensamientos. En otras palabras, no podemos alimentar ni entretener ningún pensamiento que nos aleje de la voluntad de Dios. ¿De qué pensamientos les hablo?

Analicemos algunos y veamos si estamos alimentando el mal en nuestra vida.  Veamos si le estamos permitiendo al enemigo que nos ataque y nos aleje de la voluntad de Dios.

Situaciones que nos desaniman, vence con el bien el mal

La realidad es que todos aquí hemos tenido, o estamos teniendo que atravesar por situaciones que nos desaniman, deprimen, enojan y/o frustran, ¿verdad? Estas situaciones son numerosas; por ejemplo, pueden ser problemas de salud; pueden ser problemas económicos; pueden ser problemas con nuestra familia, o en el hogar con nuestra esposa/esposos, hijos/hijas.

Vence con el bien el mal

Como les dije, las situaciones que buscan alejarnos de la presencia de Dios son numerosas. Pero cuando estas situaciones nos detienen o impiden servirle a Dios, cuando estas situaciones o dificultades nos detienen de alabarle y bendecidle, entonces tenemos que reconocer que no estamos alimentando lo bueno en nosotros, sino que estamos alimentando el mal.

En otras palabras, no estamos venciendo el mal con el bien, sino que estamos permitiendo que el mal derrote el bien en nosotros. Estamos permitiendo que el mal nos aleje de la voluntad de Dios, estamos permitiendo que el enemigo se robe las bendiciones de Dios para con nosotros.

Estamos permitiendo que nuestro corazón sea endurecido, estamos permitiendo que nuestro espíritu sea matado. Y una vez que esto sucede, entonces nuestros pensamientos y nuestro corazón, ya no estarán en el lugar debido.

Cuando permitimos que el enemigo tome potestad en nuestra vida, entonces de nuestro corazón ya no saldrá lo bueno sino saldrá lo malo. Esto es algo que queda bien reflejado en lo que nos dice el Señor en Mateo 12:35 cuando leemos: “…El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas…” Dile a la persona que tienes a tu lado: purifica tu corazón.

Purificando nuestro corazón se vence con el bien el mal

Si no buscamos purificar nuestro corazón, entonces de nosotros ya no saldrá el perdón, el amor, y la paciencia; sino que de nuestro corazón saldrá la ira, la contienda, el desánimo, la rebeldía y la envidia.

Esto quiere decir que dejaremos de ver las oportunidades que Dios nos brinda a diario para glorificarse; dejaremos de ver las bendiciones que Dios derrama sobre nosotros, y nos conducirá a que solo veamos la derrota. En otras palabras, nos conducirá a que nos sumerjamos de tal manera en el problema, que no veamos la solución que Dios nos brinda. ¿Por qué le sucede esto a tantas personas?

Esto es algo que le sucede a un buen número de personas porque no han seguido, o porque desconocen, el ejemplo que la Palabra de Dios nos da en cuanto a nuestro comportamiento diario, según encontramos en Efesios 4:25-27 cuando leemos: “…Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo. 26 Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, 27 ni den cabida al diablo….” (NVI). Esto aquí es alimento para nuestro espíritu.

Cuando alimentamos nuestro espíritu con la Palabra de Dios, entonces nada de lo que pueda suceder, nada de lo que se pueda presentar; no importa lo grande o difícil que pueda lucir, nada nos podrá vencer. Es como nos dice la Palabra en 1 Juan 4:4 cuando leemos: “…Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo…”  cuando alimentamos nuestro espíritu con la Palabra de Dios, entonces recibiremos convicción de nuestros pensamientos y acciones.

Alimentando nuestro espíritu se vence con el bien el mal

Cuando alimentamos nuestro espíritu con la Palabra de Dios, entonces seremos guiados a través de toda situación, y esto es algo que todos nosotros debemos buscar en todo momento. Dile a la persona que tienes a tu lado: guíate por la Palabra de Dios.

Pero la realidad es que no seremos guiados, si no alimentamos nuestro espíritu; no seremos guiados si le damos cabida a los impulsos infructuosos de la carne. Cuando permitimos que una situación o dificultad nos impida alabar a Dios, reconozcamos que un ataque del enemigo ha sido lanzado en contra nuestra.

Cuando permitimos que una situación o dificultad nos detenga de cumplir con el compromiso que hemos hecho con Dios, reconozcamos que un ataque del enemigo ha sido lanzado en contra nuestra, y que dicho ataque solo busca detener la bendición que Dios tiene para nosotros.

Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras de nuestro Señor en Juan 10:10 cuando nos dice: “…El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia…”

Pero cuando elegimos alimentar nuestro espíritu con la Palabra de Dios, entonces el Espíritu Santo siempre nos conducirá a la presencia de Dios. Cuando alimentamos nuestro espíritu con la Palabra de Dios, entonces Él nos dará la paz para que NO caigamos sumergidos en la dificultad, sino que podamos pensar claramente durante esas situaciones difíciles o complicadas.

Esto es algo que queda bien reflejado en Filipenses 4:7 cuando leemos: “…Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús…”

Lo afanes de esta vida – Vence con el bien el mal

La realidad es que nosotros no podemos permitir que los afanes de esta vida detengan nuestro caminar; no podemos permitir que el enemigo derrumbe la obra que Dios ha iniciado en nuestra vida. Y es por eso que en Lucas 21:34-36 el Señor nos dice: “…Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. 35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre…” Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que mantenernos firmes en la Palabra de Dios.

Cuando no tomamos el tiempo de alimentar nuestro espíritu con la Palabra de Dios, entonces se nos hará muy fácil justificar nuestras faltas; se nos hará muy fácil justificar todas esas cosas que sabemos que desagradan a Dios.

Pero aunque podamos justificar nuestras malas acciones en nuestra mente, les aseguro que nuestras justificaciones no serán aceptadas por Dios. Como he dicho en numerosas ocasiones, nosotros podemos engañar al hombre, pero Dios no puede ser engañado. Es como nos dice la Palabra en Gálatas 6:7 cuando leemos: “…No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…Dios no puede ser burlado…”

¿Cómo podemos nosotros asegurarnos de alimentar el bien?

Lo hacemos cuando aprendemos a confiar más en Dios que en nuestras propias habilidades. Lo hacemos cuando aprendemos a confiar que nuestra batalla no será vencida por nuestra propia fuerza. Lo hacemos cuando aprendemos a confiar en que nuestra batalla solo será vencida por el Espíritu de Dios.

Esto es algo que encontramos bien reflejado en Zacarías 4:6 cuando leemos: “…No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos…” La realidad es que muchos han caído, y continúan cayendo en esta guerra espiritual, porque no han aprendido esto. Muchos caen en esta batalla porque no confían en que Dios peleara por nosotros, muchos caen porque tratan de hacer las cosas por sus propias fuerzas.

Pero les aseguro que por nuestra propia fuerza nunca lograremos la victoria. La victoria sólo es lograda a través de nuestro Señor, Su poder y Su gloria. Y es por eso que siempre debemos tener muy en mente lo que el Señor nos dice en Juan 16:33 cuando leemos: “…Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: Cristo venció por ti.

Para concluir.

Cuando a nosotros lleguen esos pensamientos que causan sentimientos de apatía, desilusión, temor, tristeza, desanimo, depresión, ira, y celo recordemos que al igual que Jesús los venció con el poder del Espíritu Santo, nosotros también podemos vencer.

Recordemos siempre lo que encontramos en Romanos 8:37 cuando leemos: “…Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó…” Recordemos que Dios es un Dios justo, y que está atento a la oración del justo

Recordemos lo que encontramos en 1 Pedro 3:12 cuando leemos: “…Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal…” Todos podemos ser vencedores por medio de Jesús, pero solo si alimentamos nuestro espíritu con la Palabra de Dios en todo momento.

Recordemos en todo momento que no existe batalla que no podamos ganar en el nombre poderoso de Jesús. Recordemos lo que nos dice la Palabra en Filipenses 2:9-11 cuando leemos: “…Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre…”  Recordemos siempre a lo que estamos llamados; recordemos que estamos llamados a vencer el mal con el bien.

Ahora les pregunto: ¿cómo va tu batalla? ¿Estas alimentando pensamientos y sentimientos desagradables a Dios, o estás alimentando tu espíritu con Su santa y divina Palabra? Examínate, y se honesto contigo mismo; arrepiéntete y busca de Dios, para que tu también puedas decir como dijo el apóstol Pablo en 2 Timoteo 4:7-8 cuando leemos: “…He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida…”

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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