Por ejemplo: pueden ser problemas financieros; pueden ser problemas en el hogar; pueden ser problemas en nuestro sitio de empleo; pueden ser conflictos con nuestra familia; la realidad es que existe un gran número de situaciones o circunstancias que pueden tratar de incapacitarnos, y sería imposible hacer una lista de todas ellas. Pero como les dije, todo lo que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor, y pronto encontraremos a muchas personas que nos rodean que en este mismo instante, se encuentran incapacitados sin esperanza alguna de poder superar sus situaciones.

En el caso de este hombre vemos que él estaba pidiendo limosnas; en otras palabras, él estaba pidiendo oro y plata cual era el sistema monetario en ese entonces. Pero: ¿cómo se aplica esto a nuestra vida hoy en día?

Cuando meditamos en el significado del oro y la plata, no es difícil discernir que significan una solución inmediata a un problema. Después de todo, este hombre estaba incapacitado y no podía ganarse la vida trabajando.

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Este hombre, al igual que todos nosotros, necesitaba dinero para comer, vestir, calzar, y tener un lugar donde habitar. Así que él estaba sentado a la puerta del templo, no esperando que Dios le sanara, sino buscando una solución inmediata a su situación. La realidad es que a diario, nosotros vemos a personas en el mundo en busca del oro y plata; vemos a personas que están buscando una solución inmediata a sus situaciones.

Pero la realidad es que buscar las soluciones inmediatas a nuestras necesidades físicas, y abandonar nuestra necesidad espiritual solo nos conducirá a mayor dolor y sufrimiento. Y es por eso que en Mateo 6:33 el Señor nos dice: “…Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas…”

¿Cómo podemos nosotros primeramente buscar el reino de Dios y su justicia? Regresemos ahora al tema de la oración. El pueblo de ese entonces tenía de costumbre reunirse y orar tres veces al día. ¿Por qué hacían ellos esto? Ellos lo hacían porque buscaban la voluntad de Dios; ellos lo hacían para alabar al Todopoderoso y darle gracias por Su presencia.

En Levíticos 26:11-12 encontramos que Dios le dijo a Su pueblo: “…Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; 12 y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo…” Aquí esta la razón principal por la que ellos se reunían tres veces al día para orar; se reunían para agradecerle a Dios su presencia, y para alabar Su nombre.

Igualmente en Mateo 28:19-20 el Señor nos dice: “…Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Jesús esta a tu lado.

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Pero ahora pregunto: ¿cuántas veces al día tomas tu el tiempo de orar para darle gracias a Dios por Su presencia, y alabar Su nombre? No es necesario reunirnos en un lugar en particular para orar, pero ¡si es necesario orar! Dile a la persona que tienes a tu lado: toma el tiempo de orar.

La realidad es que estamos rodeados de personas incapacitadas que están viviendo a la merced del mundo, y es muy fácil ignorarlos. Es muy fácil permanecer callado, y a nadie le importara si lo haces. Nadie pensara que estás metiéndote en asuntos que no te pertenecen, o pensaran que eres un fanático religioso si permaneces callado. Pero la realidad es que ese no es nuestro llamado.

Nuestro llamado es hablarles y presentarle al Dios todopoderoso; presentarles al único que si tiene la respuesta a esa situación, y que puede calmar toda dolencia. En los versículos que estamos estudiando hoy vemos que Dios hizo un milagro a través de Pedro y Juan, y Él puede hacer un milagro igual usándote a ti. Dile a la persona que tienes a tu lado: permite que Dios te use.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios…”

Yo solo puedo imaginarme el gozo que este hombre sintió. Es más, yo estoy seguro que si nosotros estuviésemos en la misma situación de este hombre, nosotros reaccionaríamos de la misma manera. Todos saltaríamos, danzaríamos, y alabaríamos a Dios con toda nuestra fuerza, y a toda voz. Y yo estoy aquí en el día de hoy para decirles, que Dios ha hecho lo mismo con cada uno de nosotros.

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Nosotros fuimos sanados al igual que ese hombre. Nosotros sufríamos de una incapacidad peor que la que sufría este hombre; nosotros sufríamos de la incapacidad que nos separaba totalmente de la presencia de Dios. Es como nos dice la Palabra en Isaías 59:2 cuando leemos: “…pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír…” Y en Romanos 3:23 cuando leemos: “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…”

Así que sufríamos de una aflicción peor que la de este hombre, ya que estábamos muertos en el pecado, sin esperanza alguna de alcanzar la presencia de Dios. Pero: “…de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna…” (Juan 3:16). Yo no sé ustedes, pero yo estoy más que agradecido, y no tengo palabras como expresar el gozo, la paz, y el consuelo que esta promesa trae a mi vida. Dile a la persona que tienes a tu lado: ¡alaba a Dios!

Para concluir. Como les dije al inicio, en ocasiones nosotros nos podemos sentir impotentes ante las situaciones y/o dificultades por la que aquellos que nos rodean pueden estar atravesando. Y la razón por la que en ocasiones nos sentimos impotentes es porque pensamos, que no tenemos nada que ofrecer, que pueda aliviar o calmar la pena, o el sufrimiento de aquellos que nos rodean.

Esto es algo que nos sucede porque a todos nos gustaría poder resolver las cosas de inmediato; pero desdichadamente esto no es algo que podemos hacer en toda situación. No siempre tendremos la solución inmediata, pero si tenemos la solución permanente.

La Palabra nos dice: “…Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda…”

Ellos no tenían oro ni plata, en otras palabras no tenían la solución inmediata que este hombre buscaba, pero ellos, al igual que todos nosotros tenemos algo superior a todo lo material, y esto es exactamente lo que nosotros tenemos que ofrecerle al mundo.

Quizás no tengamos los recursos financieros para darle frente a una situación; quizás no tengamos la fortaleza necesaria para resolver un problema; quizás no tengamos las palabras necesarias para aliviar un dolor o sufrimiento; pero servimos al Dios todopoderoso, y no existe nada que no podamos superar en el nombre de Jesús; si podemos decir: “…No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda…”

Recordemos que como fieles siervos de Dios tenemos que aprender a reconocer las oportunidades que el Señor nos brinda de llevar Su Palabra.

Recordemos que como fieles siervos de Dios tenemos que buscar y ayudar a los cojos y limosneros que viven en el mundo. Recordemos que como fieles siervos de Dios tenemos que presentarle al mundo la verdadera y única solución a los problemas.

Recordemos que como fieles siervos de Dios tenemos que orar por todas esas almas perdidas, pidiéndole a Dios que ablande los corazones de piedra. Recordemos que como fieles siervos de Dios tenemos que orar dándole gracias a Dios por Su presencia en nuestra vida.

Ahora los dejo con una pregunta para reflexionar: ¿por qué puerta has pasado tú y has ignorado al que sufre?

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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