Hace un tiempo atrás leí una ilustración que deseo compartir con ustedes.  Un domingo en la mañana, una mujer y su pequeña hija iban de regreso a casa después de salir de la iglesia, y la niña le dice a la madre.  Mamá, no entendí algo de lo que dijo el pastor.

¿Qué no entendiste? -contesto la mamá.

La niña respondió: -el pastor dijo que Dios era más grande que todos nosotros.  El pastor dijo que Dios era tan grande que Él podía sujetar el mundo en la palma de Su mano; ¿es verdad eso?

La mamá respondió: -si, Dios es mucho más grande que todos nosotros.

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La niña entonces dijo: -el pastor también dijo que una vez que aceptamos a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador, Él vive dentro de nosotros; ¿es eso verdad?

La mamá nuevamente le respondió y le dijo: -si mi hija, todo lo que dijo el pastor es verdad.

Entonces la niña se quedo pensativa, y pregunto: -pero si Dios es más grande que nosotros, y vive dentro de nosotros, ¿no sobresaldría Dios de nosotros?  Algo para reflexionar.

¿Por qué he compartido esta reflexión con ustedes?  He deseado iniciar con esta reflexión porque la gran realidad es que con cada día que pasa, más y más personas se separan, o deciden dejar de escuchar la palabra de Dios.

Esto es algo que queda bien reflejado en un estudio conducido en septiembre del 2017, por Public Religion Research Institute, que declara lo siguiente: “El panorama religioso estadounidense está experimentando una transformación dramática. Los cristianos blancos, una vez el grupo religioso dominante en los EE. UU., ahora representan menos de la mitad de todos los adultos que viven en el país”. Y continua diciendo: “Los cristianos blancos ahora representan menos de la mitad del público. Hoy, solo el 43% de los estadounidenses se identifican como cristianos, y solo el 30% como protestantes. En 1976, aproximadamente ocho de cada diez (81%) estadounidenses se identificaron con una denominación cristiana, y la mayoría (55%) eran protestantes blancos” [1].

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Ahora las preguntas que debemos hacernos son: ¿por qué ha sucedido, y continúa sucediendo esto?  Y quizás más importante aún: ¿qué podemos hacer nosotros para reducir la decadencia de la fe cristiana?  Para encontrar la respuesta a nuestras preguntas, pasemos ahora a la palabra de Dios.

2 Corintios 3:17-18Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Corintios era la ciudad más importante de Grecia en el tiempo de Pablo.  Corintios era un centro de comercio mundial, pero tenía una cultura degradada, y de religión idólatra.

Esta ciudad tenía una población de aproximadamente 700,000 personas, y estaba llena de capillas y templos, pero el más prominente era el templo de Afroditas (diosa del amor), y los devotos de la “diosa del amor” hacían el uso libre de las 1,000 prostitutas consagradas.

Corintios llegó a ser tan notorio por sus males, que decir “actuar como un corintio”, se convirtió en un sinónimo para la corrupción y la prostitución [2]. Así que lo que estaba sucediendo es que la inmoralidad y corrupción, estaban causando problemas dentro de la iglesia [3].  Así que la razón por la que Pablo escribió esta carta, fue para corregir actitudes inapropiadas, y para promover un espíritu de unidad entre los hermanos, sus relaciones y la adoración.  ¿Por qué es necesario que sepamos éstas cosas, y cómo se aplica todo esto a nosotros?

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Es necesario conocer estos breves detalles, porque el conocimiento de ellos nos revela que a pesar de que esta epístola fue escrita alrededor del 56 d.C., en realidad las personas no han cambiado mucho, y el mundo se encuentra en más o menos en la misma situación.

En otras palabras, la mayoría de las personas en este mundo se pasan la vida entera buscando satisfacer los placeres de la carne, ambiciones descontroladas, y las posesiones material, en vez de buscar la presencia de Dios.  La mayoría de las personas se pasan la vida entera en búsqueda de placeres, títulos, y lo material, en vez de buscar más de Dios.  La mayoría de las personas en la actualidad están tan conectadas a la corriente de maldad que corre por este mundo, que se han desconectado de Dios.

Esto, por supuesto, es lo que le sucede al mundo, pero lamentablemente en ocasiones también puede ser encontrado dentro del pueblo de Dios.  Esto es algo que se hace evidente cuando nos fijamos en los porcientos de la decadencia de la fe cristiana encontrados en el reporte que les cite al inicio.  Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que vemos aquí es que se nos dice: “…Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad…”  Estoy seguro que todos ustedes estarán de acuerdo conmigo cuando digo que una vez que entramos por la puerta de la iglesia, se nos olvida que allí afuera existe un mundo lleno de maldad.  ¿Por qué nos sucede esto? La razón por la que experimentamos este tipo de serenidad, es porque hemos aprendido a confiar en que Dios nos ha liberado del reino de las tinieblas.

Una vez que aceptamos a Cristo como nuestro Rey y Salvador, pasamos de vivir en un mundo corrupto y degradado, a vivir en el Reino de Dios.  Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del Señor según encontramos en Juan 15:19 cuando leemos: “…Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: Jesús te libero.

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