Hoy deseo hablarles acercas de las bendiciones.  Pero antes de proceder debemos definir lo que es una bendición de Dios.  La palabra bendición, en cuanto se refiere a la bendición de Dios, se define de la siguiente manera: “Ser muy abundante, o muy excelente, o muy digna de admirar” [1].  Y es por eso que en otras ocasiones, yo les he explicado que las bendiciones de Dios son más espirituales que materiales.

Ahora, ¿por qué deseo que estudiemos este tema en el día de hoy?  Deseo que enfoquemos este tema, porque una realidad es que existen muchos que no reciben todas las bendiciones que Dios desea derramar sobre Su pueblo.  ¿Por qué no las reciben? Pasemos ahora a la palabra de Dios y estudiemos este tema detalladamente.

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Hageo 1:2-9Así ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos: ‘Este pueblo dice que aún no ha llegado el tiempo en que sea reedificada la casa del SEÑOR’”. 3 Vino, pues, la palabra del SEÑOR por medio del profeta Hageo, diciendo: 4 “¿Acaso es tiempo de que ustedes habiten en sus casas enmaderadas mientras que esta casa está en ruinas? 5 Así ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos: ‘Reflexionen acerca de sus caminos. 6 Han sembrado mucho pero han recogido poco; comen pero no se sacian; beben pero no quedan satisfechos; se visten pero no se abrigan; y el jornalero recibe su jornal en bolsa rota’”. 7 Así ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos: “Reflexionen acerca de sus caminos. 8 Suban al monte, traigan madera y reedifiquen el templo. Yo tendré satisfacción en ello y seré honrado, ha dicho el SEÑOR. 9 Pero ustedes buscan mucho y hallan poco; y lo que llevan a casa, de un soplo yo lo hago desaparecer. ¿Por qué?, dice el SEÑOR de los Ejércitos. Porque mi casa está en ruinas, mientras que cada uno de ustedes se ocupa de su propia casa. (RVA-2015)

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Alrededor del 586 a.C, el rey Nabucodonosor invadió y conquisto a Jerusalén.  La ciudad fue completamente saqueada, y el Templo quedo completamente destruido. El pueblo de Dios fue llevado cautivo a Babilonia, y el cautiverio duro por un periodo de setenta años [2].

Este exilio fue un castigo de Dios, debido a la rebeldía e idolatría del pueblo.  Unos cincuenta años después de la caída de Jerusalén, Ciro de Persia conquisto a Babilonia, y el imperio babilónico dejo de existir.  Alrededor del 538 a.C, el rey Ciro publicó un decreto formal que permitió que los israelitas dejaran su exilio y regresaran a Jerusalén para reconstruir el Templo [3].  Esto es algo que encontramos en el libro de Esdras.

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En el libro de Esdras también encontramos como el primer regreso fue bajo la dirección de Zorobabel, y que en el año 536 a.C el trabajo de la reconstrucción del templo comenzó con entusiasmo, pero que pronto fue detenida debido a la amenaza de Samaria [4].  El ministerio de Hageo comenzó durante este tiempo; alrededor del año 520 a.C.

El libro de Hageo es uno de los últimos libros del Antiguo Testamento, y Hageo es reconocido como un profeta menor.  Ahora bien, debemos saber que la razón por la Hageo es reconocido como un profeta menor, no es porque las profecías hayan sido menos importantes que otras, sino que se le reconoce como un profeta menor debido al tamaño del libro.

Algo que es muy importante a notar es que Hageo fue uno de los profetas que le ministro al pueblo judío después de su regreso del exilio, y fue uno que les insto a restaurar el Templo de Dios.  El problema que Hageo confronto fue que en el año 534 a.C, la reconstrucción del Templo fue detenida, y ahora unos catorce años después, el Templo aun no estaba terminado.

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Quiero que notemos bien el significado de todo esto; la obra comenzó en el año 536 a.C con entusiasmo, pero fue detenida en el 534 a.C;  y ahora en el 520 a.C, el Templo no había sido terminado.  Esto quiere decir que unos dieciséis años después de iniciar el proceso de la reconstrucción, el pueblo no había logrado terminar el proyecto. ¿Por qué no lo habían terminado?

Continuemos ahora con nuestro estudio de hoy, y descubramos la razón por la que ellos no habían terminado la obra de reconstrucción, y a la misma vez descubrir la razón principal por la que muchos no reciben todas las bendiciones que Dios desea derramar sobre Su pueblo.

En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos (verss. 2-4): “…Así ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos: ‘Este pueblo dice que aún no ha llegado el tiempo en que sea reedificada la casa del SEÑOR’”. 3 Vino, pues, la palabra del SEÑOR por medio del profeta Hageo, diciendo: 4 “¿Acaso es tiempo de que ustedes habiten en sus casas enmaderadas mientras que esta casa está en ruinas?..”  ¿Por qué no habían terminado la obra de reconstrucción?

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La razón por la que ellos no habían terminado la obra de reconstrucción, y la razón por la que muchos no reciben todas las bendiciones de Dios son porque ellos, al igual que muchos hoy en día, no le daban importancia a las cosas de Dios.   Fíjense bien que aquí encontramos que en su corazón ellos pensaban: “…aún no ha llegado el tiempo en que sea reedificada la casa del SEÑOR…”

En otras palabras, Dios había visto que ellos habían detenido la obra de reconstrucción del Templo, para primero ocuparse de sus asuntos personales.  Y es por eso que el Señor les dice: “…¿Acaso es tiempo de que ustedes habiten en sus casas enmaderadas mientras que esta casa está en ruinas?..”  En otras palabras, el Señor les dijo: así que tienen tiempo para sus cosas, pero no tienen tiempo para Mí.

Ahora debemos reflexionar por un momento y preguntarnos: ¿hacemos nosotros igual?  ¿Estamos nosotros tan ocupados y entretenidos con nuestros asuntos personales o de interés, que no le damos importancia a las cosas de Dios?  ¿Estamos nosotros tan entretenidos y ocupados con nuestros asuntos personales, que no hemos terminado la edificación del Templo?  ¿Continúa el Templo en ruinas, y continuamos pensando que habrá tiempo para la construcción y/o reconstrucción más tarde?

Seguramente que algunos deben estar pensando algo similar a: yo sabía que esto era muy bueno para ser verdad, aquí va este a pedirnos dinero para construir un edificio para la iglesia.  Pero si a tu mente ha llegado este pensamiento, repréndelo en el nombre de Jesús.

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Repréndelo porque el Templo que todos tenemos que edificar, reconstruir, y/o fortalecer no es un edificio de ladrillos y mortero, sino que es nuestra vida.  Para que entiendan bien lo que les estoy diciendo, fíjense bien en lo que encontramos en 1 Corintios 3:16 cuando leemos: “..¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?..”

Dios desea que edifiquemos, reconstruyamos, y/o fortalezcamos un Templo en nuestra vida para el Espíritu Santo.  Y es por eso que tenemos que constantemente meditar en nuestros caminos y preguntarnos, ¿existe algo que detiene la voluntad de Dios en mi vida?

Hermanos, Dios está buscando a hombres y mujeres dispuestos a enfrentarse a la batalla sin temor.  Hombres y mujeres dispuestos a hacer grandes cosas por Su reino, buscando a hombres y mujeres dispuestos a entregar lo mejor de ellos.  Dios desea glorificarse en nuestra vida, pero para que esto pueda suceder, tenemos que darle a Dios el lugar que Él merece.  Dile a la persona que tienes a tu lado: edifica el Templo.

Continuando con nuestro estudio leemos (verss. 5-6): “… Así ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos: ‘Reflexionen acerca de sus caminos. 6 Han sembrado mucho pero han recogido poco; comen pero no se sacian; beben pero no quedan satisfechos; se visten pero no se abrigan; y el jornalero recibe su jornal en bolsa rota’…”  Esto es un llamado a la reflexión.  ¿Qué les quiso decir Dios con esto?

Lo que Dios le estaba diciendo a este pueblo, y lo que nos dice a nosotros hoy en día es: piensen bien lo que están haciendo.  Estas son palabras que deben resonar en nuestra mente en todo momento.  Digo esto porque cuando hacemos las cosas sin pensar, es decir, nos dejamos influenciar por las cosas de este mundo, entonces tarde o temprano caeremos en la trampa del enemigo, y la obra de Dios será detenida en nuestra vida.  Es por esta misma razón que con frecuencia he dicho que como fieles cristianos, nosotros no podemos permitir que las circunstancias o dificultades que se presentan influencien nuestra relación con Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado: permanece firme.