¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Predicas Cristianas Lectura Bíblica de Hoy: Juan 9:35-39

Introducción

La realidad acerca de nuestra creencia es que nosotros vivimos y servimos a Dios por fe; pero, esto es algo que muchos no pueden entender. Es algo que muchos no logran entender porque aceptar las cosas por fe no es común. La mayoría de las personas en el mundo han sido condicionadas a demandar prueba. En otras palabras, la mayoría de las personas exigen algo sólido o tangible en lo que puedan basar una decisión o determinación, y es por eso que en ocasiones a muchos se les puede dificultar evangelizar.

En ocasiones se nos puede dificultar evangelizar porque la realidad del caso es que nosotros, pensamos y hacemos las cosas muy diferentes al mundo. Esto es algo que sucede porque como fieles creyentes, nosotros hemos dejado de ver las cosas como la ve el mundo, y ahora las vemos a través de la Palabra de Dios. Esto es algo que el mundo no puede entender.

En realidad esto no es un problema nuevo que ha surgido en la iglesia. La duda y/o la exigencia de prueba es algo que ha existido desde el principio, y es algo que ha causado y causa gran división entre Dios y el hombre. ¿Qué podemos hacer nosotros para evitar que esta división suceda en nuestra vida?

Pasemos ahora a la Palabra de Dios para encontrar la respuesta a nuestra pregunta.

Juan 9:35-39Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un pequeño repaso de este capitulo. Cuando repasamos el capitulo desde el inicio, encontramos que estos versículos aquí son parte de lo que sucedió cuando el Señor sano a un hombre que era ciego de nacimiento.

Esto es algo que queda bien resumido en Juan 9:6-10 cuando leemos: “…Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?..”  Pero como podemos apreciar, a pesar de que aquellos que conocían a este hombre de toda una vida, reconocían que solo por un milagro es que este hombre veía, no lo podían creer.

La duda o no poder creer es un problema

Como les dije previamente, la duda o no poder creer es un problema que no es difícil de encontrar a nuestro alrededor. Digo esto porque cuando testificamos de la gran diferencia que Dios ha sido en nuestra vida, la primera reacción que confrontamos es que NO se nos cree.

Y eso mismo fue lo que sucedió en este instante. Fíjense como esto es algo que queda bien ilustrado en Juan 9:18 cuando leemos: “…Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista…” La primera reacción de las personas es rechazar lo que estamos testificando, igual que sucedió en el caso de este hombre.

La segunda reacción que confrontamos con frecuencia es la acusación. Fíjense bien como sucedió en este instante para que entiendan bien; en Juan 9:24 leemos: “…Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador…” Como podemos ver, aquí encontramos que ellos acusaban a Jesús de ser pecador (porque le había sanado en el día de reposo [Juan 9:14]), y como vimos previamente al hombre de no ser ciego. En nuestro caso el mundo hace lo mismo.

El mundo está muy atento a lo que hacemos

En otras palabras, el mundo está muy atento a lo que hacemos y como actuamos para tratar de acusarnos y desacreditarnos; es por eso que en numerosas ocasiones les he dicho, y continuare diciendo, que como fieles creyentes tenemos que guardar nuestro testimonio. ¿Por qué es esto tan importante? Es tan importante porque nuestro testimonio habla más que nuestras palabras.  Dile a la persona que tienes a tu lado: lo que no dices habla más alto que tu voz.

Una gran realidad es que cuando perseveramos en nuestra fe, inevitablemente perdemos amistades, familiares, y compañeros de trabajo y demás. Y este mismo fue el caso en este instante. Digo esto porque a través de la interrogación, este hombre mantuvo su posición, y esto causo que él fuese expulsado de la sinagoga. Fíjense como esto es algo que queda bien documentado en Juan 9:33-34 cuando leemos: “…Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. 34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron…

A primera vista ser expulsado de la sinagoga puede lucir como algo insignificante, pero recordemos que en ese entonces las cosas eran muy diferentes a hoy. Recordemos que en ese entonces no existían iglesias en todas las esquinas, como podemos encontrar hoy. Ser expulsado de la sinagoga tenía dos fuertes implicaciones.

¿Qué implicaciones?

Número uno; ser expulsado de la sinagoga significaba que la comunidad ahora tendría que evitarle.

Número dos; ser expulsado de la sinagoga significaba que la persona había perdido todos los privilegios a la adoración en la sinagoga, al igual que a todos los privilegios del sistema de sacrificios. En otras palabras, ser expulsado de la sinagoga significaba que la persona ya no tendría disponible ningún medio de expiar sus pecados. Como podemos ver, dos implicaciones fuertes. Manteniendo estos detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Muchos exigen prueba antes de poder creer

Como les dije al inicio, muchos exigen prueba antes de poder creer, pero la realidad es que primero tenemos que creer para poder ver. Fíjense bien en lo que sucedió aquí para que entiendan bien lo que les digo. A continuación leemos: “…Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?..”

La realidad de la vida es que no tenemos que mirar muy lejos, antes de encontrar a personas que están atravesando por momentos difíciles en su vida, y que han buscado o están buscando una solución pero no la pueden encontrar. Y la razón principal por la que no logran encontrar la solución es porque no pueden creer; no pueden creer que la solución sea una cosa tan simple como creer y aceptar al Hijo de Dios.

¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Aquí encontramos que Jesús le hizo una pregunta muy importante a este hombre, Él le pregunto “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” Esta es una pregunta que todos debemos hacernos; debemos hacernos esta pregunta porque esta pregunta es mucho más profunda de lo que aparenta. Esta pregunta nos fuerza a examinar nuestra posición espiritual; esta pregunta nos fuerza a examinar nuestra fe. ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque toda persona que profesa ser cristiana conoce muy bien los principios básicos de nuestra fe. En otras palabras, conocemos que Jesús entrego Su vida en rescate por el mundo [1]; conocemos que Él intercede por el pecador ante el Padre [2]; conocemos que Él es el Hijo de Dios [3]; conocemos que en ningún otro hay salvación [4]; pero a pesar de tener estos conocimientos o convicciones, la pregunta que le hizo el Señor a este hombre persiste: “..¿crees tú en el Hijo de Dios?…”

¿Por qué digo esto? Lo digo porque cuando el Señor le hizo esta pregunta a este hombre, él seguramente ya había escuchado acerca de las enseñanzas de Jesús, y que habían muchos que le llamaban un profeta [5]. Así que podemos confiadamente asumir que este hombre seguramente tenía los conocimientos básicos acerca de Jesús, pero él no le conocía personalmente.

Un principio de nuestra fe de suma importancia

Ahora, quiero que nos fijemos bien en lo que aconteció próximamente. Continuando con nuestro estudio leemos: “…Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró….” Aquí vemos que Jesús se le revelo a este hombre, e inmediatamente él creyó y le adoro. Al principio de todo este hombre tenía un conocimiento acerca de Jesús, pero ahora él verdaderamente creía en Jesús. El ahora creía en la obra de Jesús y le reconoció por quien Él es.

Aquí encontramos un principio de nuestra fe de suma importancia, aquí encontramos que Jesús puede ser la diferencia en la vida de toda persona. Digo esto porque a pesar de que este hombre había nacido ciego, él ahora podía ver. Hermanos, cuando verdaderamente creemos en Jesús, Él puede ser y en toda ocasión es la diferencia en nuestra vida. Dile a la persona que tienes a tu lado: Jesús es la diferencia. Pero, ¿qué ha sucedido a través de la historia?

Lo que ha sucedido, y continúa sucediendo, es que los poderes de las tinieblas han cegado a la mayor parte de la humanidad, para que no puedan ver que Jesucristo es la solución a las dificultades y preocupaciones. Los poderes de las tinieblas han cegado a la mayor parte de la humanidad para detenerles que alcancen la paz y sosiego que Dios desea entregarle a Su pueblo[6]. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios te entrega paz.

Cuando Jesús se le revelo a este hombre, su fe inmediatamente progreso a un nivel más alto. Este hombre pasó de ser uno más que había escuchado acerca de Jesús, a ser un verdadero creyente en Él. Ahora te pregunto, ¿se ha revelado Jesús en tu vida? Quizás algunos digan que no. La razón por la que quizás algunos digan que no es porque piensan que una revelación de Jesús tiene que suceder como en las películas de Hollywood (rayos de luces, estrellas brillantes, imagen brillante, etc., etc.)

Jesús se nos ha revelado a todos

Pero te digo en el día de hoy que Jesús se nos ha revelado a todos aquí; en otras palabras, la ceguera espiritual nos ha detenido de que podamos verle. Fijémonos bien en lo que aconteció a continuación para que entiendan bien lo que les digo.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados…” Esto aquí nos puede sonar como un traba lengua, pero en realidad no lo es.

Aquí Jesús esta usando la ceguera para ilustrar la condición espiritual que el pecado trae a la vida de las personas.  Como he dicho en otras ocasiones, las congregaciones están llenas de personas que piensan que pase lo que pase, y hagan lo que hagan, Dios está con ellos.

La trampa del pecado

Existen muchas personas que piensan que una vez que aceptaron a Cristo, pueden continuar pecando y que Dios les guía y los bendice en todo momento. Pero esta es la mentira más grande que existe [7]. ¿Por qué existen tantas personas que han caído en esta trampa?

La mayor razón por la que tantos caen en esta trampa es porque han escuchado de Jesús, pero no le conocen personalmente. Cuando conocemos a Dios y a Jesús personalmente, no tendremos que buscar mucho para encontrar la verdad. ¿Qué verdad? La verdad es que no podemos decir que servimos a Dios si perseveramos en el pecado[8].

Los líderes religiosos de aquel tiempo pensaban que conocían la mente de Dios, pero la realidad es que estaban muy lejos de la verdad. Ellos estaban espiritualmente ciegos; a pesar de que ellos tenían prueba del milagro de Jesús, ellos no podían verlo como lo que era, un milagro realizado por el Hijo de Dios.

A pesar de que no estaban físicamente ciegos, ellos no pudieron ver la luz del mundo que estaba ante ellos. Las escrituras nos dicen: “…Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida…” (Juan 8:12).

Pero porque ellos no podían creer, no fueron capaces de ver. Sin embargo, aquel hombre que había nacido ciego, aquel hombre quien había estado a la merced de aquellos que le rodeaban, aquel hombre que andaba en una oscuridad completa, ahora podía claramente ver el amor, la misericordia, y el poder de Dios en su vida.

Este hombre no solamente pudo ver lo que le rodeaba, ahora vio al hijo de Dios. “…Para que los que no ven, vean…” a esto vino Cristo al mundo, a llamar a todos aquellos que se encuentran en la oscuridad a la luz; para darle vista a todos aquellos que viven cegados por el pecado.

Para concluir.

¿Qué vio este hombre cuando recibió la vista? Este hombre vio como los religiosos de ese entonces le rechazaron y le expulsaron de la sinagoga. Este hombre vio que sus propios padres no le ayudaron por temor a lo que les podía suceder.

Este hombre vio que los vecinos y amistades que una vez le habían ayudado no le recocían. En otras palabras, este hombre vio la falsedad que le rodeaba. ¿Por qué pudo ver este hombre todas estas cosas? Este hombre vio todo esto porque la ceguera fue levantada de sus ojos, y ahora veía la luz que alumbra al mundo. ¿Qué le revelo esta luz a este hombre?

La luz que alumbra al mundo le revelo la gracia de Dios en una situación desesperada. La luz que alumbra al mundo le revelo la compasión de Dios en momentos de dificultad. La luz que alumbra al mundo le revelo que la salvación existe en solo Uno, y no en una institución o religión [9].

Como les dije al inicio, en ocasiones a muchos se les dificulta testificar de Dios porque el mundo demanda prueba; el mundo demanda ver para creer. Pero cuando no se nos pueda creer, entonces tenemos que examinarnos profundamente porque eso puede ser una indicación de peligro.

Digo esto porque cuando verdaderamente perseveramos en conducirnos de manera que agrada a Dios, entonces es imposible que aquellos que nos rodean no vean la luz resplandecer en nuestra vida en todo lo que hacemos y somos.

Ahora te pregunto: ¿deseas ver la misericordia, gracia, y amor de Dios en tu vida? Entonces cree en Cristo como tu Rey y Salvador personal, y adórale.  ¿Deseas evitar que exista una separación entre Dios y tu vida? Entonces persevera en conocerle personalmente, y no te conformes a solo conocer acerca de Él.

[1] Juan 3:16 – Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

[2] 1 Timoteo 2:5 – Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre

[3] Mateo 3:16-17 – Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

[4] Hechos 4:11-12 – Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

[5] Juan 6:14; – Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 7:40 – Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta.

[6] Juan 14:27 – La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Filipenses 4:7 – Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

[7] Romanos 6:1-2 – ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

[8] 1 Corintios 10:21 – No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.

[9] Juan 5:39-40 – Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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