Como sabemos, hoy es el día cuando las iglesias cristianas tradicionalmente celebran el día histórico de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. En otras palabras, hoy es el día que marca el comienzo de la última semana de nuestro Señor en la tierra. Demás está decir que en este momento de la historia, Jesucristo era bastante reconocido.

Como suelen decir muchos cuando se habla acerca de una persona popular o famosa, Su reputación le precedía. Esto era debido a que muchos habían presenciado, o escuchado, acerca de cómo el Señor había sanado a numerosas personas; devolviéndole la vista a los ciegos, levantando paralíticos de sus lechos, echando fuera demonios, sanando a los leproso, y quizás el más poderoso de todos los milagros, como había resucitado a Lázaro después de cuatro días de muerto. Y debido a todo esto, el pueblo salió a las calles a recibirle.

El pueblo salió a recibir a quien ellos veían como el Mesías, pero algo sucedió que causo que este pueblo que tan felizmente había salido a recibirle pronto cambiara de opinión. ¿Qué sucedió? y ¿por qué sucedió? Estas son las preguntas que estaremos explorando en el día de hoy.

Juan 12:12-19El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, 13tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: !!Hosanna! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! 14Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: 15No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna. 16Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho. 17Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. 18Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. 19Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.

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Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo primero que observamos aquí, es que en Jerusalén había una gran multitud que había venido a la fiesta, pero ahora preguntémonos: ¿a qué fiesta habían venido? La fiesta era la celebración de las pascuas.  Pero ahora debemos preguntarnos: ¿qué significaba esta fecha para ese pueblo, y por qué lo celebraban? La palabra pascua, viene de la palabra hebrea “Pasak”, que significa “pasar por encima de, saltar”[1]

La raíz de esta palabra aparece por primera vez en la Biblia en Éxodos 12:23 cuando leemos: “…Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir…”  Y esto aquí se refiere a la noche de la última plaga de Egipto en la que murió todo primogénito, excepto los Israelitas. Los Israelitas no compartieron de esta plaga porque ellos hicieron como Dios les había indicado a través de Moisés, y Aarón. Así que esta fecha marco el nacimiento de la nación judía ya que ellos fueron liberados de la esclavitud del faraón, y fueron hechos siervos de Dios.

Es por esta razón que Dios ordeno que esta fecha fuera observada con celebración como encontramos en Éxodos 12:14-17 cuando leemos: “…Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. 15Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel. 16El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua…” Con estos pequeños detalles hemos aprendido lo que esta fecha significaba para este pueblo, y la razón por la que ellos tenían esta celebración.

La realidad es que esta celebración era algo, y continúa siendo, una celebración muy importante para el pueblo judío. Era, y continua siendo, un tiempo de reuniones familiares, grandes cenas, reuniones de oración y demás. En Israel las pascuas son siete días feriados. El primer día de la festividad y también el último (denominado “segunda fiesta”) son días de descanso sagrado, en los que está prohibido cualquier trabajo productivo. Manteniendo estos detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Como podemos apreciar, este pueblo se encontraba en espíritu de celebración y júbilo, pero todo esto era algo temporal. La razón por la que era temporal es porque la triste realidad es que ellos no eran libres. Este pueblo estaba bajo el dominio del Imperio Romano que les gobernaba con mano fuerte. Este pueblo se sentía impotente y oprimido porque Roma les imponía impuestos y fuertes restricciones; y las crucifixiones (método favorito del Imperio de imponer la condena de muerte) habían pasado a ser algo común.  Son por estas y numerosas otras razones que el pueblo judío estaba ansioso de que llegara el Mesías. El pueblo estaba ansioso de que llegara el rey que les libraría del sufrimiento que padecían, y cuando Jesús entro en Jerusalén montado en un asnillo, y debido a la reputación que le precedía, el pueblo lo vio como una profecía que se cumplía. El pueblo lo vio como lo había dicho el profeta en Zacarías 9:9 cuando escribió: “…Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna…”

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Como les dije, ellos estaban ansiosos que se cumpliera la profecía, ellos estaban ansiosos de que llegara el rey que vencería al Imperio Romano. Debido a todo esto, ellos estaban bastante convencidos de que Jesús cumpliría la profecía, y que finalmente serian liberados. Otra descripción del júbilo que existía en el corazón de este pueblo la encontramos en Mateo 21:8-9 cuando leemos: “…Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. 9Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: !!Hosanna al Hijo de David! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! !!Hosanna en las alturas!!..” Esta multitud alababa a Jesús alzando sus voces, pero lo más importante de todo es que ellos lo hacían de todo corazón. Ellos lo hacían con gran júbilo porque creían en su corazón que el Mesías había llegado. ¿Quién puede ver a Jesús en su vida de esta manera en este momento? ¿Quién puede levantar un grito de júbilo ahora mismo y decir !!Hosanna al Hijo de David!”? ¿Quién puede levantar un grito de júbilo ahora mismo y decir “!!Bendito el que viene en el nombre del Señor!”? ¿Quién aquí dice hoy “!!Hosanna en las alturas!!”? Dile al hermano que tienes a tu lado, alaba a Dios.

Todos aquí podemos levantar un grito de júbilo al Señor. Todos aquí podemos levantar nuestras voces para alabar a Dios, y darle la bienvenida a nuestra vida. Pero, ¿qué sucede después que el Señor entra, pero no obra de la manera que nosotros esperábamos o queríamos? ¿Qué sucede cuando todo lo que teníamos y éramos se vuelve de cabeza? ¿Continuamos alzando nuestras voces diciendo de todo corazón “..¡Hosanna en las alturas!..” La triste realidad es que en la mayoría de los casos esto no sucede.

La triste realidad es que en la mayoría de los casos,  ese  amor ferviente que una vez sentimos cuando primero le dimos la bienvenida a nuestra vida se enfría. La triste realidad es que en la mayoría de los casos, cuando Dios no obra de la manera que nosotros queremos o deseamos, el gozo se vuelve en ira, y las alabanzas en rebeldía. Hermanos, esto mismo fue lo que sucedió con este pueblo en ese entonces. ¿Cómo es eso pastor? Pensemos en esto por un breve momento para determinar si lo que les digo tiene sentido.

Como les dije, este pueblo estaba esperando ser liberado del Imperio Romano. Ellos estaban esperando que llegara el rey quien levantaría un ejército, y echaría al Imperio Romano fuera de la nación; sin embargo, esto no fue lo que sucedió. ¿Qué sucedió? Lo que sucedió fue que este hombre llamado Jesús, en quien ellos habían depositado su fe de ser liberados de la opresión romana no trato de reclutar o reunir un ejército. Este hombre quien sería el próximo rey según la profecía, nunca trato de unificar al pueblo para que se alzaran; Jesús hizo lo inesperado. ¿Qué hizo Jesús durante Su ministerio?

Lo que Jesús hizo durante Su ministerio fue revelar el pecado y la malicia que existía en el corazón del pueblo. Esto es algo que queda bien ilustrado en Mateo 21:12-13 cuando leemos: “…Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 13 y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones…”

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