Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad

Introducción

Hoy traigo palabras fuertes, hoy estaré desarrollando un mensaje que quizás no les agrade a muchos. Pero sepan que no es un mensaje para abochornar o hacer sentir mal a nadie, sino que es un mensaje con el propósito de hacernos reflexionar en nuestra condición espiritual.

Digo esto porque la realidad es que la mayoría de las personas piensan que están bien con Dios, pero eso no es la realidad. La realidad es que todos aquí tenemos el nombre de que vivimos, es decir todos aquí somos llamados cristianos. Todos aquí somos llamados hijos de Dios por obra y gracia; pero existen muchos en el cuerpo de Cristo que se encuentran bien lejos de la verdad.

Existen muchos que han permitido ser confundidos, o que simplemente han permitido que las cosas de este mundo afecten su fe y la manera de ver las cosas. Existen muchos que a pesar de haber cumplido con los requisitos, es decir, aceptar a Cristo y bautizarse, en vez de acercarse más a Dios, se han dejado influenciar por las presiones de este mundo, y ahora se encuentran distanciados de la presencia de Dios.

Pasemos ahora a la palabra de Dios y veamos un ejemplo de tal hombre.

Hechos 8:18-23cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 20Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Cuando los apóstoles estaban abrumados con las responsabilidades administrativas de la iglesia primitiva, iglesia que crecía por día grandemente, ellos se reunieron y eligieron siete hombres que les ayudarían en la misión, y entre ellos estaba Felipe[1]. Felipe fue uno de los originales diáconos de la iglesia.

Cuando Esteban fue asesinado por la multitud religiosa, y Saulo comenzó su persecución de los creyentes, la iglesia sufrió grandemente y comenzó a dispersarse. Esto es algo que queda resumido en Hechos 8:1 cuando leemos: “…Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles…”

Como podemos apreciar, el demonio trato de destruir la iglesia a través de la persecución, pero la realidad es que esa persecución fue la que le dio comienzo al ministerio de Felipe. Esto es algo que queda bien reflejado en Hechos 8:4-5 cuando leemos: “…Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. 5Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo…”

Ahora bien, ¿Qué sabemos nosotros acerca de Samaria? Para los que desconocen su historia, Samaria era una ciudad de fe comprometida. En esta ciudad existía un Templo de Dios, y varios otros templos a dioses paganos, incluyendo uno a Ba’al que fue construido bajo el reinado de Ahab[2]. Y era por eso que los judíos ortodoxos no pisaban esa ciudad, ni le dirigían la palabra a nadie de esa ciudad.

Es más, Jesús mismo le dijo a los doce apóstoles que no tuvieran nada que ver con ellos. Fíjense bien como esto queda bien claro en Mateo 10:5-6 cuando leemos: “…A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis…”, pero esto era debido a que aun no era el tiempo.

Pero cuando llego el tiempo, la palabra de Dios fue escuchada en esa ciudad.

 Mientras que los apóstoles continuaban predicando en Jerusalén, Felipe, bajo el control y unción del Espíritu Santo se dirigió a Samaria, le ministro a ese pueblo,  y el evangelio estaba siendo aceptado por muchos[3]. Y fue durante este tiempo que Felipe se tropezó con este hombre llamado Simón, quien era un hombre que ejercía el poder de la magia, y tenía a muchos engañados porque pensaban que él actuaba con el poder de Dios.

Esto es algo que queda bien resumido en Hechos 8:9-11 cuando leemos:

“…Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. 10A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. 11Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo…” Pero lo que sucedió fue que cuando Simón vio el verdadero poder de Dios manifestado a través de Felipe, esta manifestación le condujo a aceptar al Señor y a bautizarse en las aguas[4].

Todo esto nos conduce más o menos a este punto en la historia, así que manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Cuando leemos lo que aconteció en este instante, la pregunta que debemos hacernos es, ¿había Simón verdaderamente aceptado al Señor y recibido la salvación? La respuesta a esta pregunta la encontramos aquí cuando leemos: “… cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo…” 

Esto aquí nos conduce a confiadamente deducir que la respuesta a nuestra pregunta es ¡NO! Digo esto porque como podemos apreciar, a pesar de que Simón había aceptado al Señor, a pesar de que él se había bautizado en las aguas, el corazón de Simón no estaba afirmado en Dios.

La realidad es que la declaración de Simón nos deja saber claramente que su corazón estaba afirmado en la fama que Felipe y los apóstoles estaban obteniendo. Y desdichadamente esto es algo que es fácilmente encontrado en la iglesia de hoy. Digo esto porque la realidad es que existen muchos que profesan abiertamente ser cristianos, que se bautizan en las aguas, pero que su corazón está más concentrado en las cosas del mundo que en Dios.

Tal como Simón, existen muchos en el cuerpo de Cristo que lo que puede ofrecer el mundo es más importante que servir a Dios genuinamente.  Al igual que Simón, existen muchos que piensan que pueden comprar el poder de Dios para su vida. ¿De qué les hablo?

Existen muchos supuestos creyentes, que al igual que Simón, practican y conocen muy bien trucos de magia. Es más, existen muchos que practican estos trucos de magia tan frecuentemente que ya ni se dan cuenta que lo están haciendo. En otras palabras, estos trucos han pasado a ser algo normal en su vida. Seguramente que muchos ya deben estar pensando que nada de esto se aplica a su vida, ya que no conocen ni un truco de magia.

Pero para que entiendan bien lo que les estoy tratando de enseñar, examinemos el significado de la palabra truco según definida en el diccionario de la lengua Española. La palabra truco es definida como: “habilidad o artificio para producir determinados efectos en el ilusionismo.” Creo que algunos ya se están dando cuenta de lo que les estoy diciendo.

El truco de ilusión más grande practicado en la iglesia es el comportarse de cierta forma mientras estamos en la iglesia, pero al salir por las puertas, totalmente cambiar y revertirnos a un comportamiento aceptado por el mundo. En otras palabras, al igual que Simón, muchos piensan que pueden comprar el poder de Dios en su vida porque asisten a la iglesia dos o tres veces por semana; pero la realidad del caso es que el poder de Dios no se puede comprar.

Así que todos esos que piensan que porque asisten a la iglesia, diezman, ofrendan, ministran, o tienen un cargo especial otorgado por el pastor han recibido la salvación, pero que continúan persistiendo en el pecado, sepan bien que cuando lleguen ante la presencia de Dios tendrán un rudo despertar, y no es porque lo diga yo.

Fíjense bien lo que nos dice el Señor en Mateo 7:21-23 para que entiendan bien lo que les digo: “…No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad…”    Dile a la persona que tienes a tu lado: el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Continuando con nuestro estudios leemos: “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.”

Como podemos apreciar esto aquí refuerza lo que les dije previamente; el corazón de Simón no estaba en el lugar correcto. Y es por eso que vemos que Pedro le dijo: “…porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás…”

Desdichadamente el corazón de muchos en la iglesia de hoy se encuentra de la misma manera; el corazón de muchos en la iglesia de hoy se encuentra en prisiones de amargura y maldad. Digo esto porque no es difícil encontrar como un buen número de creyentes fijan más su mirada en las cosas del mundo que en Dios; y esto es debido a que al igual que Simón, un gran número de creyentes no han tendido un verdadero encuentro con Jesús.

La realidad del caso es que cuando tenemos un verdadero encuentro con Cristo, nuestra vida cambia de tal manera, y tan rápidamente que en muchas ocasiones personas que nos conocían cuando vivíamos en el mundo no nos reconocen. Obviamente esto no fue lo que sucedió con Simón, ¿por qué? Porque un arrepentimiento genuino no había tomado lugar.

El poder de Dios en nuestra vida no puede ser comprado. El poder de Dios en nuestra vida se manifiesta cuando existe un arrepentimiento genuino en nuestro corazón. Fíjense bien como esto queda bien reflejado en Hechos 3:19 cuando leemos: “…Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio…”

El poder de Dios en nuestra vida no puede ser comprado haciendo buenas obras; no lo podemos comprar aparentando ser buenos; no lo podemos comprar haciendo señales; el poder de Dios en nuestra vida solo se manifiesta cuando le somos fiel y perseveramos en la santidad.

El poder de Dios es derramado sobre Su pueblo a través del Espíritu Santo que ahora mora en el verdadero creyente. El Espíritu Santo es quien nos guía y ayuda a vencer los impulsos de la carne. El Espíritu Santo es quien nos da convicción de pecado, y nos fortalece para derrotar las tentaciones y vencer en las tribulaciones. Tenemos que aprender a ser más espirituales, tenemos que aprender a caminar en el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros.

Tenemos permitir ser guiados en toda situación; tenemos que permitir que el fuego del Espíritu Santo consuma en nosotros todo eso que no le agrada a Dios. La realidad es que nuestro Padre celestial espera y demanda que actuemos completamente diferentes al mundo. Y es exactamente por eso que en 1 Pedro 1:16 encontramos que se nos dice: “…porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo…”

La santidad es lo que le permite al cristiano dar un testimonio diario de quien es a través de su comportamiento, forma de vestir, y de expresarse. Dile a la persona que tienes a tu lado, persevera en le santidad.

Para concluir

Cristo murió en la cruz por nosotros, Él murió en la cruz para que fuésemos libres. En Su muerte nosotros recibimos liberación, sanidad y paz. Él nos dejó el fuego del Espíritu Santo quien mora en todo creyente para que arrase con todo lo malo que existe en nosotros. No existe poder ni potestad que se pueda igualar al poder de nuestro Dios.

Recuerda que el poder de Dios no puede ser comprado. Aunque asistamos a la iglesia y cumplamos con un ministerio, si nuestro corazón no está en el lugar correcto, entonces no recibiremos nada.

Si nuestro corazón no está en el lugar correcto, nunca experimentaremos el poder de Dios en nuestra vida.

Si en el día de hoy has encontrado que en tu vida, al igual que Simón, todavía quedan rasgos de inmundicia, que tu corazón todavía es influenciado por las cosas de este mundo, entonces escucha que el Señor te dice: “… Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad…” En otras palabras, permite que el fuego consumidor del Espíritu Santo arrase con todo lo que no agrada a Dios.

Ten hoy un genuino encuentro con Cristo, ya que solo Él nos puede liberar.

No camines hacia un genuino encuentro con Dios en el día de hoy, ¡CORRE!

[1] Hechos 6:5-6
[2] Jewish Encyclopedia
[3] Hechos 8:4-8
[4] Hechos 8:13

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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