¿No has oído?

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: ¿No has oído?

Introducción

Una gran realidad de la vida es que todos nosotros, tendremos que enfrentar y pasar por situaciones difíciles; en otras palabras, períodos de tribulación. Y lo que sucede es que al encontrarnos en medio de estas tribulaciones, tendemos a pensar que la razón por la que tenemos que atravesar por ellas, es porque Dios se ha olvidado de nosotros, o que es indiferente a lo que sucede en nuestra vida. Sin embargo, la verdad acerca de todo esto es que Dios no se olvida de nosotros, y Él está muy consciente de todo lo que pasamos.

Contrariamente a lo que los demonios quieren hacernos creer, nosotros no somos huérfanos abandonados. Nosotros somos hijos de Dios, y al igual que cualquier padre amoroso Él nos ama y cuida. El problema que existe es que en ocasiones nosotros no logramos encontrar consuelo en este conocimiento.

No somos capaces de encontrar consuelo o aliento en simplemente saber que Dios es un padre cariñoso y atento, y esto es algo que empieza a ocurrir cuando comenzamos a dudar. Y la duda nos hace flaquear en nuestra fe al encontrarnos en situaciones difíciles, y/o en situaciones donde no somos capaces de encontrar una solución humana.

Es por eso que hoy quiero que exploremos algunos versículos que tratan directamente con este tema. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Isaías 40:27-31¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? 28¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. 29El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; 31pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Cuando leemos este capítulo desde el principio, encontramos que este capítulo está lleno de palabras de consuelo y promesas de Dios. 

Esto es algo que está claramente resumido en Isaías 40:1-2 cuando leemos: “…Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. 2Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados…”

En otras palabras, aquí encontramos las palabras que alentó al pueblo de ese entonces, el cual estaba pasando por momentos muy difíciles. Digo esto porque cuando tomamos el tiempo de investigar, pronto encontramos que la vida que el pueblo de ese entonces pensaba que merecía, era muy diferente a la vida que ellos conducían en actualidad.

El pueblo de ese entonces pensaba que su vida tenía que ser mucho mejor de lo que era, simplemente porque eran el pueblo de Dios, y que podían hacer lo que quisieran. Ellos esperaban tener éxito en todo; ellos esperaban siempre prevalecer sobre todos sus enemigos. Sin embargo, este no siempre fue el caso.

cuando examinamos la historia, rápidamente descubrimos que el pueblo de ese entonces no tuvo el éxito que deberían tener. La historia revela que las naciones alrededor de ellos crecieron en poder, al mismo tiempo que ellos parecían ir hacia atrás. Escuchen cuidadosamente por lo que el pueblo de ese entonces estaba pasando para que entiendan bien la gravedad de sus problemas.

Las diez tribus del norte habían sido capturadas por los asirios, y el resto de Israel (las tribus del sur: Judá) estaba destinado a ser derrotado por Babilonia[1]. El futuro de este pueblo se veía muy triste, y ellos estaban completamente angustiados, después de todo, esto era algo que no debía estarle sucediendo al pueblo escogido de Dios.

Hermanos, hay muchas personas en este mundo que piensan de la misma manera que ellos pensaban en ese entonces. Hay muchos creyentes que piensan que sólo porque creen en Dios van a tener éxito en todo, y prevalecerán en todo momento. Sin embargo, esto no es más que un gran engaño orquestado por el diablo. El simple hecho de decir que creemos en Dios y en Jesucristo no es suficiente; se necesita mucho más que eso.

Esto es algo que está claramente establecido en Santiago 2:19 cuando leemos: “…Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan…” El pueblo de ese entonces, al igual que muchos hoy en día, reconocía y profesaba que Dios existía; pero a pesar de esto, se habían convertido en personas malvadas y rebeldes[2].

El pueblo de ese entonces, al igual que un gran número de personas hoy, no actuaba y se comportaba de la manera en que Dios espera y exige. Prueba de su maldad y rebelión es fácilmente encontrada en las palabras del Señor en Isaías 1:16 cuando leemos: “…Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo…”

Y este mal comportamiento fue exactamente lo que les condujo, y hoy en día conduce a muchos, a no escuchar las advertencias de Dios, y a dudar de sus promesas. Como he dicho en otras ocasiones, la duda es algo que interrumpe el crecimiento espiritual, y destruye nuestra fe.

Si yo le preguntara a alguien aquí si dudan de Dios, estoy seguro que la respuesta siempre sería un NO.  Sin embargo, la realidad es que nuestra respuesta audible puede ser muy diferente de lo que realmente sentimos. ¡Qué cosa tan terrible pastor! ¿Cómo puede decir eso? Pero la única razón por la que puedo decir esto es porque es verdad. Hagamos una breve pausa para examinar nuestro corazón; ¿podemos encontrar la duda morando en él?

La realidad de todo es que todos nosotros somos capaces de articular verbalmente un sin número de cosas; sin embargo, la verdadera respuesta sólo puede encontrarse en nuestro corazón.  Fíjense bien en lo que pasó con este pueblo y verán que lo que estoy diciendo es verdad. Aquí leemos: “…¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?..”

Estoy seguro de que todos estarán de acuerdo cuando digo que la pregunta que Dios hizo en este instante refleja la duda que existía en el corazón de este pueblo. Puede muy bien ser que sus dudas nunca hayan sido expresadas y mucho menos audiblemente; pero la realidad de todo es que Dios ve más allá de lo audible.

Dios busca y ve dentro de nuestra mente y corazón; él sabe muy bien cuando existe la duda. Esto es algo que queda bien ilustrado en Romanos 8:27 cuando leemos: “…Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos…”

Es triste decir, pero queramos admitirlo o no, la mayoría de nosotros dudamos de Dios. Puede ser que no lo hagamos en voz alta, pero cuando examinamos nuestro corazón, y cuando somos honestos con nosotros mismos, todos encontraremos que en ocasiones dudamos de Dios.

Ahora pregúntate a ti mismo y se honesto, ¿has sentido alguna vez que Dios se ha olvidado de ti? ¿Has sentido alguna vez que a Dios no le importan tus problemas? Quizás llevamos un gran tiempo orando por una situación, pero que no hemos recibido una respuesta. Tal vez hemos estado orando por nuestros hijos, pero parece que mientras más oramos, más rebelde aparentan ser.

Podemos estar pidiéndole a Dios que nos prospere, pero esta es la semana en que se nos rompe el automóvil, descubrimos que tenemos una gotera en el techo de la casa, y que se estalla la plomería. Cuando estas o similares cosas comienzan a suceder en nuestra vida, comenzamos a dudar de Dios. Comenzamos a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros, y que no ve lo que estamos atravesando. Pero si te sientes o has sentido así, no te preocupes ya que todo esto no es algo nuevo.

A lo largo de la historia muchos se han sentido de la misma manera. Muchos se han sentido solos y desamparados; estoy seguro de que todos los profetas del Antiguo Testamento se sintieron de esta manera en un momento u otro. Digo esto porque los profetas comunicaban los mensajes y advertencia de Dios al pueblo, pero a ellos les debe haber parecido que mientras más Dios hablaba, la gente menos entendía o hacia caso.  Pero esto es algo que no se detuvo con los profetas del Antiguo Testamento.

Los discípulos de Jesús también tuvieron sus dudas a pesar de que estaban con él. Una ilustración de esa duda es fácilmente encontrada cuando los discípulos y Jesús se montaron en la barca para cruzar el Lago de Galilea y llegar a un lugar cerca del pueblo de Gerasa, y la actitud que ellos demostraron al verse en medio de una tormenta. ¿Qué sucedió?

Fíjense bien en la actitud que ellos demostraron según encontramos en Marcos 4:38 cuando leemos: “…Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?..”

¿Cómo puede ser posible que ellos temieran una tormenta, si Dios estaba con ellos? Pero ellos temieron, y la única razón por la que se sintieron impotente y temerosos es porque dudaron de Dios. Pero si alguna vez te has sentido como este pueblo, si alguna vez has pensado que Dios se ha olvidado de ti, y que Él no se preocupa por tus problemas, escucha bien a continuación lo que Él quiere recordarte en el día de hoy.

Dios te dice: “…¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance…” Con esto aquí, Dios desea recordarnos que él es el Dios eterno; Dios desea recordarnos que él es el creador de los cielos y la tierra. Dios desea recordarnos que él es el Alfa y la Omega; nada existió antes de Él,  y nada existirá después de Él.

Dios es eterno y para siempre, esto significa que su palabra es eterna y que sus promesas son para siempre, y es precisamente por esta razón que hoy somos llamados hijos de Dios.  El pueblo de ese entonces necesitaba que le recordaran la identidad de Dios, y muchos de nosotros necesitamos que se nos recuerden exactamente las mismas cosas.

Muchos de nosotros necesitamos que se nos recuerde que servimos al Dios todopoderoso.  Escuchen con atención que el Señor nos dice: “…Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso…” (Apocalipsis 1:8).

Muchos de nosotros necesitamos que se nos recuerde que nuestro Dios es justo y misericordioso. Salmo 145:17: “…Justo es Jehová en todos sus caminos, Y misericordioso en todas sus obras…” Muchos de nosotros necesitamos que se nos recuerde que Dios nos ama. ¿Cuánto nos ama? La respuesta está muy clara en Juan 3:16 cuando leemos: “…Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna…” ¡Esto es AMOR!

Muchos de nosotros necesitamos que se nos recuerde que Dios quiere lo mejor para nosotros[3], y que Él nunca nos abandona. Fíjense bien como esto es algo que queda bien claro en Mateo 18:19-20 cuando leemos: “…Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos…”

En ocasiones puede ser que no logremos entender por qué tenemos que atravesar por momentos difíciles; pero quizás sea que la razón es porque estas cosas no son para que nosotros las entendamos, porque la verdad del caso es que ninguno de nosotros lograremos completamente entender la mente de Dios[4], sino que puede ser para que nosotros aprendamos a descansar en Su majestad, gloria, y poder[5].

Es posible que no entendamos, es posible que nos cansemos y desmayemos, pero recuerda que el Creador de los confines de la tierra “…No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance…” Dios no tiene nuestras limitaciones; dile a la persona que tienes a tu lado: “…mas para Dios todo es posible…” (Mateo 19:26).

Recordemos que: “…El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; 31pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán…” cuando más cansados o fatigados nos sentimos, debemos recordar que: “…El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas…” ¿Y qué es lo que tenemos que hacer para obtener esta promesa?

La respuesta a esta pregunta queda bien clara en Marcos 11:24 cuando leemos: “…Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá…” ¡Todo lo que necesitamos hacer es orar y creer! Tenemos que orar y decir: Señor, te necesito ahora más que nunca. Orar y pedirle que nos dé la fuerza y el poder para superar el problema o situación, siempre confiando en que él así lo hará.

En los versículos que estamos estudiando hoy encontramos algo bien interesante. Encontramos que se nos dice: “…Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen…” ¿Por qué digo que esto es algo interesante?

La razón es por la que digo que esto es algo interesante es porque muchas personas, al leer esto, piensan que esto es algo que sólo se dirige a los jóvenes, pero la verdad del asunto es que no es así. Digo esto porque la palabra joven con frecuencia es asociada con impaciencia, y si reflexionamos en nuestra juventud, todos llegaremos a la conclusión que lo que les digo esta correcto.

Digo esto porque por lo general, el joven no tiene paciencia; las cosas tienen que suceder casi de inmediato o de lo contrario se enojan o ponen triste. Esto es exactamente lo que le está pasando a muchos en el mundo de hoy; todos esperan que las cosas ocurran dentro de su horario, y no tienen la paciencia para esperar el tiempo de Dios. Esta ansiedad es exactamente lo que finalmente le da a luz a la duda, y lo que le facilita a nuestro enemigo destruir nuestra fe.

La impaciencia o no saber esperar, puede causar, y causa la destrucción de la obra de Dios en nuestra vida. Permítanme ilustrar el punto que estoy tratando de hacer de otra manera. Pensemos en algo por un momento, si se construye una casa y no se espera a que el cemento de la fundación se seque completamente antes de la edificación de las paredes, y de colocar el techo, ¿qué pasaría?

No hace falta ser un arquitecto o un ingeniero para calcular la respuesta a esta pregunta. Si no permitimos que la fundación se seque, el peso del techo y las paredes causarían que la estructura se derrumbe, ya que no se le dio el tiempo adecuado para que el cemento se secara y fortaleciera; el cemento de la fundación tiene que endurecerse para que pueda soportar el peso de la estructura.

Lo mismo es cierto para el creyente que no espera en Dios, sino que intenta resolver todas las cosas por su propia habilidad y fuerza. Si no permitimos que Dios nos fortalezca, en otras palabras, cuando no estamos dispuestos a esperar fielmente en Dios, con el tiempo todo lo que está a nuestro alrededor se derrumbara.

Sin embargo, cuando aprendemos a esperar en el Señor, cuando aprendemos a confiar en su capacidad y poder, y ponemos a un lado nuestra capacidad y fuerza, entonces será como nos dice la palabra: “…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán…”

Pero esta promesa no se obtiene fácilmente; no se obtiene fácilmente porque esto significa que tendremos que esperar pacientemente en nuestro Padre. Y como he dicho en numerosas ocasiones, la mayoría de nosotros queremos las cosas no ahora, sino ayer. Queremos las cosas de inmediato, pero preguntemos: ¿qué si Dios tuviera nuestra paciencia? ¡Gloria a Dios por su paciencia! Si Dios tuviera nuestra paciencia, este mundo se habría terminado hace mucho tiempo. Si Dios tuviera nuestra paciencia, el hombre ya no existiría.

Para concluir.

En ocasiones pensamos que Dios se ha olvidado de nosotros, pensamos que Dios nos ha fallado. El pueblo de ese entonces protesto porque creían que Dios les había fallado, pero esta no era la realidad.

La realidad es que la razón por la que ellos habían estado pasando por momentos tan difíciles, no fue porque Dios se había olvidado de ellos, sino más bien, porque ellos se habían olvidado de Dios. Ellos habían intencionalmente elegido desobedecer la palabra de Dios, y habían ignorado por completo las advertencias de los profetas.

Lamentablemente, esto es algo que sigue ocurriendo hoy en día. El pueblo de hoy está tan ocupado y envuelto en su vida diaria que se olvidan de Dios, se olvidan de prestar atención a su palabra, y simplemente ignoran sus advertencias. Y luego cuando se enfrentan a situaciones difíciles, piensan que es porque Dios se ha olvidado de ellos, cuando en realidad la verdad es que ellos se han olvidado de él.

¿Estás cansado y agotado de hacer frente a situaciones difíciles? Entonces es hora de poner todo lo que eres a un lado, y permitir que Dios te fortalezca.

Siempre recordemos que la paciencia es lo que permite que las bendiciones de Dios lleguen a nuestra vida. Esto es algo que queda bien ilustrado en Hebreos 10:35-36 cuando leemos: “…No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; 36porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa…”

Siempre recordemos que: “…los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán…”

[1] The Wilkinson & Boa Bible Handbook
[2] Isaías 1:16-21
[3] Jeremías 29:11
[4] Isaías 55:8-9
[5] Mateo 11:28

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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