No os afanéis

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: No os afanéis

Introducción

Una de las cosas que más afecta la vida de las personas es la ansiedad o estrés. La ansiedad o el estrés  es una condición real que nos hace sentir mal, nos deprime, y en ocasiones nos afecta físicamente. Según algunos estudios médicos, el estrés o ansiedad es la mayor causa de apoplejías o síncopes cardíacos.

La razón por esto es porque la ansiedad causa que nuestro cuerpo comience a funcionar de manera errática; el corazón bombea mas rápido, las arterias se comprimen, y la sangre deja de correr por las venas sin restricción. Como les dije, es algo que puede afectarnos físicamente dependiendo del nivel, pero lo más común es que nos afecte psicológicamente.

La ansiedad o estrés causa que caigamos en un estado de depresión, causa que lleguemos a pensar que no servimos, que no podemos hacer nada, y que nadie nos puede ayudar. Según algunos estudios médicos, y basado en mi propia experiencia como policía por más de 27 años, no existe nada más peligroso que una persona que ha caído en un estado de depresión. ¿Por qué?

Porque una persona que ha caído en un estado de depresión no piensa o razona correctamente. Una persona que ha caído en un estado de depresión no alcanza ver la salida a los problemas, y más importante aún, no puede ver las bendiciones de Dios a su alrededor.

Es por eso que en el día de hoy deseo enfocar el tema de la depresión y/o ansiedad; quiero enfocar este tema porque existen muchos creyentes que se encuentran en esta situación hoy en día. Hoy quiero que aprendamos como podemos vencer la ansiedad en nuestra vida, y evitar la depresión. Leamos ahora unos versículos claves que nos demostraran tres pasos a seguir para que podamos vencer la ansiedad y evitar la depresión.

Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Mateo 6:25-34Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Una pregunta que nos debemos hacer es: ¿por qué le dijo Jesús estas cosas a los discípulos? La razón por la que el Señor les dijo estas cosas fue porque Él pronto les estaría enviando a predicar el evangelio al pueblo judío, y Él quería establecer la base de lo que realmente importaba. ¿Y qué es lo que realmente importa en nuestra fe?

Lo que realmente importa en nuestra fe es nuestra confianza absoluta en Dios. Y es por esa razón que antes de enviar a los doce discípulos en la misión Él les repite más o menos esto mismo como encontramos en Mateo 10:7-10 cuando les dijo: “…Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; 10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento…”

Ahora bien, quiero que nos fijemos bien en un detalle en esta parte de las escrituras que acabamos de leer. Quiero que notemos que con esto aquí, Jesus no les estaba diciendo que salieran desnudos, sino que les dijo que no llevaran otro par de zapatos, ni otra muda de ropa. En otras palabras, les dijo que no se afanaran por las posesiones, y las necesidades materiales que quizás pudiesen tener, sino que se concentraran en la misión que Él les encomendaba. Manteniendo esto en mente, ahora preguntémonos, ¿cómo se aplica esto a nuestra vida?

Aquí vemos que el Señor nos dice: “…Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…No os afanéis…”  Este es el primer paso a seguir. Sé que muchos deben estar pensando que esto es imposible hacer, pero la realidad es que no lo es.

Digo esto porque si verdaderamente confiamos en Dios, si verdaderamente hemos hecho un compromiso con Cristo, entonces sabemos que lo más bello acerca de nuestra fe, es que nosotros tenemos la seguridad de que Dios se ocupa de nuestras necesidades, y que tiene un plan para cada uno de nosotros.

Esto es algo que queda bien reflejado en Mateo 6:8, donde el Señor le estaba instruyendo a los discípulos acerca de cómo orar cuando leemos: “…No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios sabe lo que necesitas. Pero, para poder eliminar el afán de nuestra vida, y la ansiedad que este produce, existe algo que tenemos que hacer. ¿Qué tenemos que hacer? Tenemos que rendirnos a Cristo. En otras palabras, tenemos que confiar en Dios.

Existe un grupo de personas en el mundo que piensan que una vez que se acepta a Cristo todo problema tiene que desaparecer, y que si no desaparece es porque nos falta fe, pero como todos nosotros sabemos esto no es verdad. Digo esto porque a pesar de que nuestra fe pueda ser firme, los problemas y dificultades no desaparecen de nuestra vida por el simple hecho de aceptar a Cristo.

La ansiedad no desaparece de nuestra vida por el simple hecho de aceptar a Cristo, pero aunque no desaparece, si puede ser vencida cuando confiamos y descansamos en Él. Y es por eso que el Señor en Mateo 11:28 nos dice: “…Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” Pero, ¿qué significa el descansar en Cristo?

Para contestar esta pregunta usemos nuestro sentido común. Creo que todos aquí esteremos de acuerdo cuando digo que para poder descansar en una persona, primero es necesario conocer bien a esa persona, ¿verdad? Por ejemplo; el ejecutivo de una gran empresa, no descansara su responsabilidad en otro empleado sin antes conocer a ese empleado, y tener confianza en su habilidad de hacer el trabajo o tarea asignada.

Igualmente un pastor no descansará una tarea en un ministro, o diacono sin antes conocer la habilidad de esa persona. Así que con solo estos dos ejemplos podemos confiadamente decir que para poder descansar en una persona primero tenemos que conocerle, y segundo tenemos que confiar en su habilidad de llevar a cabo la tarea u obra que le sea asignado.

Igual sucede con nosotros cuando decimos que descansaremos en Cristo. Hermanos para poder decir que descansamos en Cristo primero tenemos que conocerle. ¿Cómo podemos nosotros mejor conocer a Cristo? Existe solo una manera, de la única manera que podemos conocer mejor a Cristo es estudiando y meditando en Su palabra. Así que el primer paso a seguir para eliminar la ansiedad de nuestra vida es el no afanarnos; en otras palabras no ser completamente consumidos por un problema o situación, sino descansar en Dios y Su palabra. ¿Cómo podemos lograr este descanso que tantos anhelamos?

Podemos obtener el descanso que tanto anhelamos cuando nos mantenemos en constante comunicación con Dios. Este es el segundo paso. La Biblia aquí nos dice: “…Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas…” ¿Cómo podemos nosotros primeramente buscar el Reino de Dios?

Solo existe una manera; esta manera es a través de la oración. La comunicación con Dios es algo de suma importancia en la vida de todo creyente. La comunicación constante con Dios es algo de suma importancia en todo aspecto de nuestra vida, ¿Por qué? Porque nosotros en si somos débiles, y es exactamente por eso que en Mateo 26:41 encontramos que el Señor nos dice: “…Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil…” Para que mejor entiendan el punto que deseo hacer, permítanme exponerles un ejemplo.

¿Qué dirían ustedes que es lo más importante en un matrimonio? Muchos dirán que es el amor; después de todo, “…El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta….” (1 Corintios 13:4-7). Pero aunque el amor es todo esto, y mucho más, y claro está en que el amor es de suma importancia en un matrimonio, les puedo decir que el amor no es lo más importante en un matrimonio.

¿Qué es lo más importante en un matrimonio? Lo más importante en un matrimonio es la comunicación. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque cuando no existe una buena comunicación en el matrimonio, el amor comienza a morir.

Cuando la comunicación no existe en el matrimonio, el enemigo usara el silencio para que existan malas interpretaciones, malos pensamientos, y los problemas que eventualmente destruirán el amor comenzaran a surgir. Es por esa exacta razón que en nuestra sociedad moderna el promedio de divorcios continúa creciendo; en otras palabras, vemos como hogares son destruidos, y en la mayoría de los casos la razón principal es porque tanto el esposo como la esposa dicen que su pareja no le entiende. ¿Por qué llegan las personas a pensar de esta manera acerca de su pareja?

La razón principal es la falta de comunicación, después de todo para que alguien pueda ser entendido primero tiene que haber comunicación. ¿Cómo podemos saber lo que una persona quiere si primero no le preguntamos? No existe manera de saber, si no tomamos el tiempo de preguntar.

Lo mismo sucede en nuestra relación con Dios, tenemos que tomar el tiempo de orar, y exponerle a Dios nuestros pensamientos, entregándole a Él nuestras preocupaciones, y buscando que nos guíe a través de nuestras dificultades. ¿Qué es la oración? La oración es hablar con Dios.

No tenemos que usar palabras extensas, no tenemos que usar oraciones memorizadas y repetitivas, solo tenemos que hablarle a Dios de la misma manera que le hablamos a nuestros padres aquí en la tierra. Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del Señor acerca de la oración según encontramos en Mateo 6:7 cuando leemos: “…Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos…”

La realidad es que el demonio se complace al ver a un creyente que no se comunica con Dios. Y les puedo decir que nuestro enemigo hará todo lo posible para evitar que tengamos comunicación con Dios. ¿Por qué? Porque él sabe que un Cristiano que no se comunica con Dios es un Cristianos débil. Hermanos, todo (fíjense bien que dije todo), lo que hacemos tiene que ser hecho a través de la oración. Fíjense bien lo que encontramos en 1 Tesalonicenses 5:17 cuando leemos: “…Orad sin cesar…”

Hermanos cuando nuestra vida de oración flaquea, o cuando la oración carece en nuestra vida, entonces nuestra vida espiritual será débil. Cuando no oramos y buscamos que Dios nos guíe, entonces le será bien fácil al enemigo infiltrarse en nuestros hogares, en nuestra vida, y nos hará caer en un estado de depresión. Así que para poder vencer la ansiedad, tenemos que establecer una línea de comunicación con Dios constante. ¿Cómo tenemos que orar?

Tenemos que orar de corazón y no de palabras; recordemos que nuestro vocabulario no impresiona a Dios. Recordemos que una relación no puede crecer y fortalecerse si no existe la comunicación. Recordemos que una relación se debilita y puede llegar a morir por falta de comunicación.

Continuando leemos: “…Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal…” ¿Cuál es el tercer paso para eliminar la ansiedad de nuestra vida? El tercer paso es que tenemos que cambiar nuestra manera de pensar. ¿Por qué es tan importante cambiar nuestra manera de pensar? La respuesta es fácil.

Tenemos que cambiar nuestra manera de pensar porque según pensemos, así actuaremos.  Si pensamos que el día de mañana será igual al día de hoy, entonces no le estamos dando oportunidad a Dios para que obre. Si pensamos que el día de mañana será al igual que el día de hoy, entonces estamos caminando derrotados y no victoriosos como Dios nos ha hecho.

Recordemos que una persona que concentra sus pensamientos en las cosas del mundo vivirá para las cosas del mundo; vivirá afanado con cosas como el dinero, las riquezas, posesiones, poder, posiciones, fama y un tanto más de otras cosas que existen en este mundo de maldad.

Recordemos que si nuestra vida se encuentra de esa manera no estamos, y nunca estaremos, agradando a Dios. Fíjense bien como esto es algo que queda bien expresado por el Señor en Mateo 6:24 cuando leemos: “…Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas…”

Al llegar a los caminos del Señor tenemos que cambiar por completo nuestra manera de ser y nuestra manera de pensar. No podemos conformarnos a las cosas de este mundo, sino que tenemos que transformarnos al hombre o mujer que Dios quiere que seamos.

Esto es algo que queda bien declarado por el apóstol en Romanos 12:2 cuando leemos: “…No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta…” ¿Qué les quiero decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que no podemos vivir consumidos por las cosas negativas que nos puedan suceder, sino que tenemos que hacer como encontramos en Efesios 4:23-24 cuando leemos: “…y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad…” ¿Qué nos dice esto? Esto aquí nos dice que tenemos que renovar nuestro espíritu, y concentrarnos en las bendiciones.

Para concluir.

Los discípulos pronto estarían confrontándose contra un pueblo que se había apartado de Dios. El pueblo judío se había convertido en un pueblo rebelde, religioso, y sin piedad. Esto es algo que encontramos bien reflejado cuando el Señor se dirige a los líderes religiosos de ese entonces diciéndoles: “.!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello…” (Mateo 23:23).

Los discípulos de ese entonces pronto tendrían que atravesar por grandes tribulaciones, y el nivel de ansiedad y estrés en ellos sería sumamente elevado. Ahora pregunto, ¿se encuentra usted igual? ¿Qué situación estas encarando en estos momentos que te causa esa ansiedad? ¿El trabajo, la familia, los hijos o hijas, tu esposo o esposa, el dinero?

Al vernos confrontados con situaciones que aumentan nuestro nivel de ansiedad, recordemos que para vencer, primero tenemos que dejar de afanarnos con las cosas, ya que el afán nos consume y evita que podamos ver la gloria de Dios.

Segundo, tenemos que mantener una línea de comunicación constante con Dios, y pedirle que nos guié al lugar que Él ha escogido para nosotros. Tercero, tenemos que renovar nuestra manera de pensar, tenemos concentrarnos en las bendiciones de Dios y no en las maldiciones de este mundo.

Al vernos confrontados con situaciones que aumentan nuestro nivel de ansiedad nunca dejemos de confiar en lo que nos dice el Señor en Juan 16:33 cuando leemos: “…Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo…»

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

El Nuevo Pacto .. Predicas Cristianas

Publicaciones Similares