En otras ocasiones nosotros hemos estudiado acerca del peligro que existe al seguir tradiciones y costumbres del mundo. Porque, en toda ocasión, seguir tras las cosas del mundo siempre nos alejaran de la voluntad de Dios. La realidad es que seguir las tradiciones y costumbres del mundo, y continuar proclamando que somos siervos de Dios solo nos hace ser personas hipócritas. Digo esto porque como les he repetido, y les continuaré repitiendo por el resto de mi vida, tenemos que perseverar en la santidad, ya que sin ella nadie podrá ver al Señor. Ahora, ¿Por qué les estoy diciendo estas cosas?

La razón por la que les he dicho estas cosas es porque la iglesia de hoy, es decir, el Cuerpo de Cristo, está siendo invadido y ha sido invadido de tradiciones, costumbres y enseñanzas, que no acercan al hombre a Dios, sino que les separa por completo. En otras palabras, les estoy hablando acerca de tradiciones, costumbres y enseñanzas que a primera vista aparentan buenas y santas, pero que en realidad deshonran a nuestro Padre celestial. Es por eso que en el día de hoy deseo que analicemos este tema más de cerca, para descubrir si quizás estamos actuando de manera que ofenden a Dios. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Marcos 11:15-18Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. 17Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.  18Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo primero que debemos saber es que en este instante Jesús visitó el Templo en Jerusalén durante la celebración de las Pascuas; en otras palabras, estamos hablando de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, que ocurrió un poco antes de su muerte[1]. Esto es algo que encontramos resumido en Juan 12:12-13 cuando leemos: “… El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, 13tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: !!Hosanna! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!..” Esto significa que Jerusalén estaba abarrotada de peregrinos judíos que habían viajado de todas las regiones para visitar el Templo y ofrecer un sacrificio a Dios.

Lo segundo que debemos saber es que las autoridades y sacerdotes judíos se habían corrompidos. En otras palabras, se habían convertido en personas hipócritas. Digo esto porque a pesar de que ellos conducían los rituales establecidos según la ley, la realidad es que habían hecho un comercio de lo que acontecía en el Templo. Debido a esto, en más de una ocasión, encontramos que Jesús se refiere a ellos llamándoles hipócritas[2]. Y deseo que prestemos atención a una de esas ocasiones en especial, cuando Él les dijo según encontramos en Mateo 23:25al leer: “…!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia…” ¿Por qué deseo que prestemos atención a este versículo en particular?

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Deseo que prestemos atención a esto aquí en particular porque aquí encontramos dos palabras muy importantes que nos ayudarán a tener un buen entendimiento de la razón por la cual Jesús actuó en este instante. Estas dos palabras son “robo e injusticia”. Permítanme explicarles este último dato que debemos conocer con más detalle, para que entiendan bien el significado de uno de los robos e injusticas que eran cometidos por los sacerdotes y autoridades judías de ese entonces.

Como todos sabemos, durante el tiempo del Nuevo Testamento, el Imperio Romano gobernaba el mundo conocido. Esto significa que la moneda romana era la moneda estándar, y la más aceptada de ese entonces.   En otras palabras, es exactamente como hoy en día; a pesar de que existen numerosas monedas alrededor del mundo, el dólar, hasta el momento, es el estándar internacional.  Pero lo que sucedía en ese entonces es que según la ley, los impuestos del Templo, y las transacciones, incluyendo la compra de animales para sacrificio solo podían ocurrir usando la moneda judía, es decir el ciclo[3]. Esto significa que los peregrinos que llegaban al Templo de otras regiones con monedas extranjeras, incluyendo la moneda romana, tenían que cambiar su moneda a la moneda judía[4]. El problema con todo esto es que los cambiadores de moneda habían establecido una tarifa de intercambio donde la moneda judía era más valiosa que cualquier otra moneda. Teniendo en mente estos detalles, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que vemos aquí es: “…Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno…” Ahora bien, lo que debemos saber es que lo que aconteció aquí no sucedió dentro del mismo Templo; en otras palabras, no sucedió dentro del Lugar Santo, o el Lugar Santísimo. Ya que estas áreas eran reservadas para los sacerdotes. Es más, sólo el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo, y esto tampoco era cuando él quisiera. El sumo sacerdote solamente podía entrar una vez al año en el Día de la Expiación[5]. El Templo estaba rodeado de una gran muralla, y dentro de esta muralla el área que rodeaba el Templo estaba dividida en atrios (el atrio de los gentiles, el atrio de las mujeres, el atrio de los hombres, y el atrio de los sacerdotes), así que lo que vemos que sucedió aquí fue en el atrio de los gentiles, que era un área donde cualquier persona podía entrar.

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Pero a pesar de que cualquier persona podía entrar las paredes que rodeaban el Templo, sus intenciones siempre debían y tenían que ser la misma. Fíjense bien en lo que encontramos en Isaías 56:6-7 cuando leemos: “…Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, 7yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos…” ¿Cuál debía y tenía que ser la intención de todos los que entraran en este lugar? ¡La intención tenía que ser orar! La intención debía y tenía que ser buscar un acercamiento a Dios. Y es por eso que vemos que aquí Jesús: “…no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno…” ¿Qué se necesita para orar? ¿Necesitamos la Biblia para orar? ¿Necesitamos un manto para orar? ¿Necesitamos algún utensilio para orar? ¡NO! Lo único que necesitamos es tener un corazón dispuesto.