La falta de constancia. ¿Por qué digo que esto es un dios ajeno? Lo digo porque la falta de constancia en ocasiones, o mejor dicho, en toda ocasión, gobernará a quien realmente somos. Quiero que nos fijemos bien en lo que encontramos en Santiago 5:12para que entiendan bien el punto hacia donde deseo llevarles; aquí leemos: “…que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación…” Estas palabras forman parte de cómo Santiago insiste en que tenemos que demostrar paciencia y orar. Pero como dice el refrán, “a buen entendedor pocas palabras bastan”. ¿Qué les quiero decir con esto? Lo que les quiero decir es que si verdaderamente nos llamamos cristianos, entonces no podemos ser cristianos parte del tiempo.

Si le hemos dicho que sí a Cristo, entonces ahora no podemos decirle quizás. Si le hemos dicho que sí a Cristo, tenemos que demostrarlo en todo aspecto de nuestra vida, y especialmente en la congregación que es el lugar donde venimos a alabar y bendecir su nombre.

¿Por qué nos reunimos para alabar y bendecir su nombre? Lo hacemos porque estamos llamados a hacerlo. Esto es fácilmente encontrado en Hebreos 10:24-25 cuando leemos: “…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca…” Pero la falta de constancia en tu vida cristiana producirá que te dé lo mismo una cosa que otra. La falta de constancia en tu vida será la que producirá que tu amor por la obra de Dios se enfríe de tal manera, que aun cuando asistas a los servicios, no recibas nada, sino que solo oigas un discurso. Tu amor se enfriará de tal manera que quizás llegues a pensar y a decirte: “este siempre está hablando de lo mismo; todo eso yo lo sé, así que no tengo porqué asistir constantemente a los servicios”. Pero si has pensado así, reflexiona en el primer dios ajeno que mencione; la arrogancia.

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La falta de convicción. ¿Por qué digo que esto es un dios ajeno? Lo digo porque si no tenemos convicción de que lo que hacemos siempre debe ser para agradar a Dios, entonces somos gobernados por los deseos de la carne, y no guiados por el Espíritu Santo. ¿De qué tenemos que estar convencidos? Tenemos que estar convencidos de que Dios nos habla, y revela todo a través de su Palabra. Tenemos que estar convencidos de que Dios desea que escuchemos su mensaje, y lo más importante de todo; que lo pongamos en obra en nuestra vida. Tenemos que estar convencidos de que Dios sabe exactamente lo que necesitamos, y que nos cuida. Tenemos que recibir convicción de que Dios espera y demanda mucho más de nosotros de lo que realmente hacemos. Pero si no recibimos convicción de estas cosas, entonces se nos hará muy fácil confundir la tentación con la bendición. Por ejemplo; te invitan a participar de un evento prestigioso, un evento que quizás te ayude a subir en posición social, pero que comienza a la misma hora que el servicio de la iglesia. Quizás pienses, esto tiene que ser que Dios me lo ha puesto para prosperarme; pero ahora pregunto, ¿bendición, o tentación? ¿Qué pondrás por delante, el evento o alabar a tu Rey y Salvador y escuchar el mensaje de Dios? Preguntas para reflexionar.

Entre muchos de los problemas que están causando la crisis en la iglesia de hoy está la falta de convicción acerca de la alabanza a Dios. Tal parece que a muchos se les ha olvidado lo que encontramos en Salmos 116:16-18 cuando leemos: “…Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo, Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; Tú has roto mis prisiones. 17Te ofreceré sacrificio de alabanza, E invocaré el nombre de Jehová….” Y también en Hebreos 13:14-15que nos dice: “…porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir. 15Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre…” Y porque a muchos se les ha olvidado, o no han reconocido, la importancia de alabar a Dios es que vemos que llegan a los servicios constantemente tarde; llegan cuando es justo el tiempo de la predicación, o quizás uno o dos minutos antes. ¿Por qué son las alabanzas tan imprescindibles en nuestra vida? La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada en Salmos 22:3 cuando leemos: “…Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios habita en medio de las alabanzas.

Algo que les he dicho en otra ocasión es que la alabanza a Dios cumple dos propósitos: número uno; le rinde todo honor, y gloria al merecedor de todo honor y gloria. Número dos; hace que de nuestra mente huya toda influencia maligna, hace que de nuestro alrededor huya toda potestad y poder de las tinieblas. En otras palabras, las alabanzas son las que preparan nuestro corazón para que podamos escuchar, y apreciar el mensaje de Dios. Cuando el pueblo del Señor alaba a Dios, lo imposible se hace realidad, y lo inalcanzable es fácilmente logrado.

Le pido disculpas si alguien se ha ofendido con esta predicación, les puedo asegurar que esa no fue mi intención. Mi intención ha sido que todos reflexionemos en nuestra conducta, convicción, y carácter.

Mi intención ha sido que todos aquí lleguemos a orar como oró Moisés después del incidente del becerro de oro, y que le digamos a Dios: “…Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos…” (Éxodo 33:13). Debemos y tenemos que orarle a Dios que nos muestre el camino que debiéramos andar.

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Recuerda que todo lo que pongas por delante de Dios, ése es el dios a quien sirves. Y yo no sé ustedes, “…pero yo y mi casa serviremos a Jehová…” (Josué 24:15).

[1] Éxodo 7:14-25; Éxodo 8; Éxodo 9; Éxodo 10; Éxodo 11
[2] Éxodo 13:21-22
[3] Génesis 12:3; 13:14-15; 17:7-8; 26:4; 28:14.
[4] Éxodo 32:1-8
[5] Blue Letter Bible Lexicon
[6] Diccionario de la Real Academia Española