Entre una de las muchas armas que el enemigo tiene en su arsenal, existe una que él usa con bastante frecuencia, y esta arma es el espíritu de apatía. Para los que no tengan un buen conocimiento del significado de esta palabra, permítanme definirla según encontrada en el diccionario. La palabra apatía es definida como: “1. Impasibilidad del ánimo. 2. Dejadez, indolencia, falta de vigor o energía [1]. La realidad es que la apatía afecta a toda persona, y no discrimina edad, educación, o nivel social.

Los niños se desocupan de sus tareas escolares, y esto es un problema bien serio, al cual se le puede atribuir el nivel de educación inferior que existe en esta nación, especialmente cuando se compara la educación que los niños reciben aquí, a la educación de los niños en Europa y Asia.

Hoy en día a los jóvenes y adolescentes lo mismo le da una cosa que otra; han desarrollado un espíritu de indiferencia total, y lo resuelven todo diciendo “What ever” (Lo que sea). Pero no se detiene con solo los niños y adolescentes; el espíritu de apatía esta destruyendo familias, hogares, y matrimonios. ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque cuando este espíritu inmundo toma raíz en un hogar, todo se convierte en una rutina casi robótica. ¿Qué sucede entonces? Lo que sucede es que el amor se va enfriando lentamente, y tanto la mujer como el hombre dejan de apreciar lo que cada uno hace por el otro. La realidad es que la apatía mata la pasión y el amor en el matrimonio, y engendra infelicidad y depresión.

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Como les dije, el espíritu de apatía es un arma que nuestro enemigo usa con frecuencia, el cual afecta a toda persona, en toda situación, y que también es usada para atacar la obra de Dios. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque un cristiano apático, nunca obrara para Dios. Un cristiano influenciado por el espíritu de apatía, nunca le hablara a otros de su iglesia; un cristiano influenciado por el espíritu de apatía, nunca será un obrero eficaz en el Reino de Dios.

Así que ahora debemos preguntarnos, ¿qué tenemos que hacer para evitar caer bajo la influencia de este espíritu, o para ser liberados de él? Este es el tema que exploraremos hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Filipenses 2:12-18Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. 14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16 asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado. 17 Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. 18 Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo primero que debemos notar, es que Pablo escribió esta epístola desde una prisión en Roma [2]. Y la razón por la que escribió esta carta, fue porque evidentemente dentro de este grupo de cristianos, o iglesia, habían personas que estaban causando discordia y desunión entre los líderes; es decir, habían miembros que todavía no habían podido dejar al viejo hombre atrás, y continuaban dejándose dominar por los impulsos de la carne, e instigaban contiendas [3]. Y como si todo esto fuese poco, aparentemente en la iglesia también habían algunos maestros, que estaban tratando de desviarles de la doctrina de Cristo [4]. Ahora bien, ¿por qué es necesario saber estos detalles?

La razón por la que debemos estar conscientes de estos detalles, es porque estos detalles nos revelan tres elementos importantísimos, que están directamente relacionados con nuestra manera de vivir; me explico. Fijémonos en estos detalles por un breve instante.

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Número uno; Pablo estaba pasando por una etapa bien difícil; es decir, el encarcelamiento debido a su creencia. Demás esta decir que esto es algo que le pudo haber conducido a caer en un estado de depresión, algo que le hubiera abierto las puertas al espíritu de apatía, pero este no fue el caso.

Número dos; Pablo tuvo que confrontar directamente lo que estaba afectando a algunos de los cristianos de esa iglesia, y que desdichadamente continúa afectando a un gran grupo de creyentes hoy en día. Es decir, Pablo tuvo que confrontar la vanagloria, el egocentrismo, y la cesión a los impulsos de la carne.

Número tres; Pablo le advirtió acerca de las falsas enseñanzas y/o herejías que estaban comenzando a invadir la iglesia.

Como podemos ver, tres elementos que reflejan muy bien la condición actual de todos; digo esto porque número uno; al igual que los cristianos de ese entonces, tarde o temprano a todos nos tocará pasar por momentos difíciles. Momentos que nos pueden desanimar, o deprimir, pero al igual que Pablo, no podemos desmayar en la fe.

Número dos; a diario todos luchamos con los impulsos y deseos infructuosos de la carne (tentaciones, vanagloria, egocentrismo), y si cedemos a ellos, nos alejaremos de la presencia de Dios.

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Número tres; como fieles cristianos tenemos que estar bien seguros de lo que creemos y porqué creemos, ya que si no tenemos un fundamento sólido, entonces podemos ser fácilmente persuadidos a abandonar la verdad de Dios, y aceptar doctrinas de hombres. Bueno, manteniendo estos detalles en mente, continuemos ahora con la predicación de hoy.

Ahora bien, lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad…” En estos dos versículos encontramos la respuesta, a la primera parte de nuestra pregunta del día de hoy. En otras palabras, encontramos lo que debemos hacer para evitar ser influenciados por el espíritu de apatía. ¿Qué debemos y tenemos que hacer? Lo que tenemos que hacer es ocuparnos en nuestra salvación. Dile a la persona que tienes a tu lado: “…ocupaos en vuestra salvación…” Pero, ¿qué quiere decir esto?

Para tener un mejor entendimiento de lo que se nos dice aquí, tenemos que hacer una breve pausa para analizar el significado de las palabras “ocupaos en.” Estas palabras son una traducción de la palabra griega “κατεργάζομαι” (pronunciación: ká-ter-gád-zo-má), la cual es definida como: “1. realizar, llevar a cabo, conseguir. 2. resolver; ejemplo: hacer algo que produce un resultado. 3. moldear, hacerse apto para una cosa [5]. Sabiendo la definición de estas simple palabras, nos permiten entender que lo que las escrituras nos dicen aquí, es que tenemos que efectuar o llevar a cabo nuestra salvación. ¿Por qué le he hecho esta distinción?

Les he hecho esta distinción, porque deseo que quede bien claro que las escrituras no nos están diciendo: “ocupaos de”, como algunos grupos enseñan. Con esto aquí el apóstol no esta diciendo “ocupaos de”, ya que decir eso implicaría que existen cosas que tenemos que hacer para recibir la salvación, y esto sería una completa contradicción de lo que la palabra de Dios nos enseña [6]. Pero entonces, ¿qué significa “…ocupaos en vuestra salvación…”? “…Ocupaos en vuestra salvación…” significa hacer todo lo que esta a nuestro alcance para gloria y honra de Dios. “…Ocupaos en vuestra salvación…” significa:

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