Lo digo porque si las opiniones que adoptamos como parte de nuestra vida están formadas y basadas en las cosas de este mundo y no en Dios, entonces de nada nos valen. Fíjense bien como esto es algo que se nos advierte claramente en Proverbios 3:7 cuando leemos: “…No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal…” Y quiero que notemos muy bien que la palabra “Teme” usada aquí, aunque puede ser usada para describir tenerle miedo o terror a alguien o a alguna cosa, el salmista la usa para decirle al lector que venere, honre, y respete a Dios[2].

¿Por qué es esto de tanta importancia para el creyente? Lo es porque si no lo estamos haciendo, entonces nunca agradaremos a Dios. Y es por eso mismo que en numerosas ocasiones les he dicho que tenemos que tomar el tiempo de escuchar, y quizás más importante de todo, prestarle atención a la voz del Espíritu Santo que mora en nosotros.

Pero para poder lograr escuchar y obedecer la voz de Dios, primero tenemos que deshacernos de nuestra propia opinión, tenemos que deshacernos del hombre viejo. Fíjense bien como lo dijo el apóstol Pablo en Efesios 4:22 cuando leemos: “…En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos…” ¿Cómo podemos despojarnos del viejo hombre? Esto es algo que podemos lograr solo cuando dejamos de escuchar, o detenemos de hablar la voz interna de la carne. En otras palabras, nos esforzamos, recuperamos fuerzas, y obramos para Dios para de esa manera combatir ese ataque demoníaco que desea destruir la obra de Dios en nuestra vida. ¿Y cómo es posible que podamos lograr estas cosas?

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La respuesta a nuestra pregunta es fácilmente encontrada en la última sección del versículo que estamos examinado hoy cuando leemos: “…Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros…” Como les he dicho en otras ocasiones, el diablo tratara de detener la obra y el propósito de Dios en nuestra vida, y lo intentará sembrando pensamientos negativos en nuestra mente. Pensamientos que trataran de hacernos dudar de la presencia de Dios. Y quiero que sepan que esto no es nada nuevo; el mismo Señor cuando fue llevado por el Espíritu al desierto tuvo que sufrir esta misma tentación. Fíjense bien como lo que les digo queda bien reflejado en Lucas 4:9-11 cuando leemos: “…Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; 10porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; 11y, En las manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra…” ¿Cuántos pueden ver la intención del diablo aquí?

El diablo quería causar duda y confusión en la mente del Señor, y lo trato usando la Palabra de Dios. Fíjense bien que dijo: “…porque escrito está…” ¿Qué estaba citando el diablo aquí? Lo que el diablo cito es el Salmo 91que trata acerca de la protección que encontramos en Dios, pero específicamente cito los versículos 11-12que dicen: “…Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. 12En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra…” ¿Por qué he hecho tanto hincapié en todo esto?

He insistido en los pensamientos negativos, y en la confusión que el diablo desea hacer llegar a nuestra vida porque estas cosas, en toda ocasión, nos detienen de obrar para Dios, y nos separan de Su presencia. Pero cuando confiamos en Dios, cuando nos ocupamos del Espíritu Santo, entonces estos pensamientos negativos desaparecen. Esos pensamientos que nos detienen, esos pensamientos que nos roban la paz, esos pensamientos que nos separan de la presencia de Dios se desvanecen ante Su santa y divina presencia. Fíjense bien como esto es algo que queda bien ilustrado en Salmos 138:7 cuando leemos: “…Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, Y me salvará tu diestra…” Dile a la persona que tienes a tu lado: la diestra de Dios te salva de tus enemigos.

Pero, ¿cómo podemos completamente confiar en esto? La respuesta es fácil. Podemos completamente confiar en que la diestra de Dios nos protege y vence nuestros enemigos cuando nunca dejamos de confiar en que: “…Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros…”

Jesús entregó Su vida en rescate por ti y por mi[3]; sufrió muerte de cruz, que aun hoy es reconocida como la muerte más cruel y dolorosa que existe. Jesús cargo con todos nuestros pecados para que hoy tengamos el privilegio de ser llamados hijos e hijas de Dios[4].

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Para concluir. Muchos de nosotros nos encontramos enfrentando dificultades en nuestra vida personal; muchos de nosotros tenemos que hacer decisiones, y no tenemos ni la más mínima idea de que hacer. Pero esto es algo que nos sucede cuando dejamos de darnos cuenta que el Señor es quien nos guía; el Señor nos pastorea. A través de Su palabra, el Señor nos conduce a donde pertenecemos y a donde Él quiere que estemos

El pueblo de ese entonces no escucho las advertencias de Dios. El pueblo de ese entonces no presto atención a lo que Dios les dijo y por consecuencia sufrió grandemente.

La palabra nos dice: “…Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros…” Sin excepción todos de vez en cuando nos descarriamos, en otras palabras nos desviamos de los caminos de Dios.

Esto es debido a que tendemos a encerrarnos en nuestras propias opiniones, algo que en toda ocasión causara que dejemos de escuchar la voz de Dios. Pero todo esto puede ser evitado, y todo ataque del enemigo puede ser vencido cuando recordamos: “…mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros…”

[1] Wilkinson & Boa Bible Handbook
[2] Blue Letter Bible Lexicon
[3] Juan 3:16
[4] Juan 1:12-13

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