La semana pasada descubrimos lo que necesitamos hacer para sobrevivir y prosperar en un mundo pagano. Como les dije la semana pasada, con frecuencia cedemos a la presión social y cultural, algo que en casi toda ocasión sirve para crear división entre Dios y el creyente. ¿Por qué sucede esto?

La razón principal por la que esto sucede es porque la mayoría de nosotros no estamos dispuestos a caminar en Cristo como Él demanda y exige, sino que queremos hacerlo a nuestra manera. Y este es el error más grande que podemos cometer.

Digo esto porque de la manera que nosotros pensamos no es necesariamente de la manera que Dios piensa. Y en muchas ocasiones, los caminos que nosotros escogemos no son necesariamente los caminos que Dios desea para nosotros. Esto es algo que queda bien declarado en Isaías 55:8 cuando leemos: “…Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová…”

Si se acuerdan, la semana pasada les dije que para pode sobrevivir en un mundo pagano tenemos que entregarnos completamente a Dios, pero la realidad es que una vez que nos entregamos, existe algo más que tenemos que hacer. ¿Qué tenemos que hacer después que nos entregamos a Dios? Este es el tema y la pregunta que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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1 Corintios 9:24-27¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Hoy no les voy a aburrir con detalles históricos que ya les expuse la semana pasada, pero para aquellos que no estuvieron presente, les haré un muy breve resumen. Corintio era una ciudad cosmopolita, contaba con un puerto y un centro comercial destacado, y era la ciudad principal de Grecia durante la vida de Pablo. Pero esta ciudad también se caracterizo por la idolatría e inmoralidad. Y Pablo escribió esta epístola a los creyentes de esa ciudad para ofrecerles soluciones a los problemas que enfrentaban, y para enseñarles como vivir en medio de una sociedad corrupta[1]. ¿Por qué les he hecho este resumen?

Les he expuesto este resumen para que quede bien grabado en nuestra mente, que aunque ha pasado mucho tiempo desde que esta epístola fue escrita hasta hoy, el mundo se encuentra en más o menos la misma situación. En otras palabras, el tiempo ha pasado, pero las personas se han estancado. Así que manteniendo este breve resumen en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que encontramos en estos versículos es algo bien interesante. Digo esto porque aquí vemos que Pablo compara a los creyentes con atletas, él nos compara con personas corriendo en un estadio. Fíjense bien como dijo el apóstol aquí cuando leemos: “..¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis…” ¿Qué cosa más interesante verdad?

Cuando meditamos en lo que el apóstol nos está diciendo aquí, no es difícil llegar a la conclusión que lo que él dijo tiene sentido.

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Analicemos esto un poco más de cerca para determinar si lo que les digo tiene sentido. ¿Cuántos aquí han visto los maratones de Nueva York? La realidad es que yo no soy un aficionado de maratones, pero si he visto lo que las noticias en el televisor anuncian. He visto a miles de personas que se apuntan en este gran concurso para correr 26.2 millas (un poco menos de 42.2 kilómetros) sin descansar. Pero lo que sucede es que estas miles de personas no se apuntan para participar de este concurso con el mismo propósito. Claro está en que existen muchos que se apuntan con la intención de ganar el premio de primer lugar, pero estos representan una minoría. La realidad es que la mayoría de los concursantes que se apuntan para participar en el evento, solo lo hacen para poder decir que corrieron en el maratón.

Y es exactamente por eso que siempre podemos ver que la mayoría de estas personas nunca llegan a la meta, sino que muchos se quedan a mitad de camino, o quizás aun menos de la mitad. Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué no llegan a la meta, es decir al final del maratón? La razón principal es porque no se han entrenado debidamente. Y demás está decir que para un atleta uno de los aspectos más importantes de su vida es el entrenamiento. ¿Por qué es el entrenamiento de tanta importancia?

El entrenamiento es de suma importancia porque el entrenamiento produce y/o aumenta resistencia, y para correr en un maratón y llegar al fin, o ganar el primer premio, definitivamente se necesita mucha resistencia. No obstante esto, la gran mayoría de los concursantes no toman el tiempo de entrenar debidamente. Digo esto porque estoy seguro que si le preguntáramos a uno por uno de los concursantes ¿por qué no pudieron terminar?, o ¿por qué no se entrenaron debidamente?, el 99% de ellos dirían que fue porque no tuvieron el tiempo de hacerlo. Ahora pregunto, ¿existe alguna relación entre la respuesta que seguramente recibiremos de los concursantes y el creyente?

La realidad es que existe una relación directa. Fijémonos bien en lo que dijo el apóstol aquí para determinar si en realidad existe una relación directa. Aquí vemos que el apóstol dijo: “…Corred de tal manera que lo obtengáis…” En el pueblo de Dios existen muchas personas iguales a la mayoría de personas en un maratón.

En el pueblo de Dios existe un gran número de personas que comienzan a conducir una vida Cristiana, que se inician en los caminos del Señor con las mejores intenciones, pero que desdichadamente no toman el tiempo necesario para prepararse debidamente. Y les puedo decir que el 99% de estas personas siempre dicen lo mismo, “no me alcanza el tiempo.” Y es exactamente por eso que en muchas ocasiones las iglesias experimentan una gran cantidad de ausencias en los servicios. En otras palabras lo que vemos es que el enemigo con su astucia engaña, y entretiene a las personas con las cosas de este mundo, y subsecuentemente los desvía de los caminos de Dios.  ¿Por qué hace esto?

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Lo hace porque él sabe muy bien que si nos puede mantener entretenidos y engañados, entonces se nos hará imposible servir a Dios como Él exige y demanda. ¿Qué demanda Dios de su pueblo? La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada en 1 Pedro 1:16 cuando leemos: “…Sed santos, porque yo soy santo…” Y quiero que notemos muy bien que esto no significa ni implica que tenemos que ser perfectos.

La realidad es que ninguno de nosotros somos perfectos, y mucho menos cuando nos comparamos a la perfección de nuestro Señor Jesucristo. Y esto es algo que queda bien reflejado en Romanos 3:10-12 cuando leemos: “…Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. 12Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…”  Así que cuando hablamos de ser santos, no estamos hablando de ser perfectos, sino de perseverar en caminar en santidad. En otras palabras, dedicar con suma eficacia y ardor nuestra vida a un determinado fin. ¿Cuál es nuestro determinado fin? Agradar a Dios en todo aspecto de nuestra vida.

Continuando leemos: “…Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado…”

Permítanme exponerles un ejemplo de algunas de las cosas que sucede con frecuencia en la vida de todo creyente, para que entiendan bien el punto que deseo hacerles con la lectura de esta porción de las escrituras.

Como he dicho en numerosas ocasiones, todos debemos hacer un aparte con Dios a diario. Así que digamos que hemos hecho un aparte para orar, o meditar en la Palabra de Dios. ¿Qué sucede con frecuencia en ese tiempo que queremos dedicarle a Dios? Lo que sucede es que el enemigo comienza a atacarnos.

Y la realidad del caso es que nos ataca de tal manera que ni siquiera nos damos cuenta de que estamos siendo atacados. Por ejemplo; comenzamos a leer la Palabra, o empezamos a orar, y de momento suena el teléfono. Por instinto, y lo que hace la gran mayoría de las personas, es que dejan lo que están haciendo y contestan la llamada. O quizás sea que en el momento que escogimos para hacer un aparte con Dios, nos llegue una visita, o que nuestros hijos nos interrumpan para hacernos una pregunta, o para decirnos que están poniendo un programa muy bueno en el televisor. Quizás también sea que nuestro conyugue entre a la habitación y desee compartir algún evento ocurrido durante el día. La realidad es que los ataques pueden ser tantos, que si nos pusiéramos a dar ejemplos de todos, no tuviéramos para cuando acabar.

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