Predicas Cristianas

Corred de tal manera que lo obtengáis

Y como fieles creyentes, tenemos que darnos cuenta que estas cosas que nos suceden no son casualidades, sino que son ataques del enemigo para distraer nuestra atención. Estas son cosas que todos nosotros debemos reconocer y reprender en el nombre de Jesús.

Tenemos que reconocer que el enemigo no quiere que nosotros hagamos ese aparte con Dios. El enemigo no quiere que tengamos esos momentos de bendición que nuestro aparte con Dios produce. Y es por eso que aquí vemos que el apóstol dijo: “…yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre…” Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que luchar en contra de la carne.

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No podemos permitir que el enemigo entre en nuestra vida y que no le veamos entrar. Recordemos que nuestro enemigo es muy astuto. Fíjense bien como esto es algo que queda bien claro en Génesis 3:1 cuando leemos: “…La serpiente era el más astuto de todos los animales salvajes que el SEÑOR Dios había hecho…” Si no le detenemos, el enemigo entrara en nuestra vida para distraernos, y de esa manera separarnos de Dios. Esto es algo que no podemos permitir, esto es algo que tenemos que reprender, es algo que tenemos que aprender a reconocer.

Ninguno de nosotros aquí seremos libres de estos ataques, ninguno de nosotros aquí somos la excepción. Fíjense como esto que les acabo de decir es la gran verdad que el mismo Cristo fue tentado cuando fue conducido por el Espíritu al desierto[2]. ¿Y por qué fue Cristo tentado? Cristo fue tentado porque el enemigo deseaba destruir la obra redentora de Dios, y él desea hacer lo mismo en nuestra vida. Pero la tentación es algo que todos podemos vencer. ¿Cómo podemos vencer la tentación?

Hay dos respuestas a esta pregunta. Número uno, todo lo que tenemos que hacer es lo que encontramos en Santiago 4:7que nos dice: “…resistid al diablo, y huirá de vosotros…”. Pero esto nos conduce a otra pregunta, ¿cómo podemos resistir al diablo?

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La respuesta a esta pregunta se encuentra en la segunda respuesta a nuestra primera pregunta. Número dos, para hacer que el diablo huya de nuestra vida, y podamos derrotar la tentación, tenemos que hacer lo que encontramos en el Salmo 119:11 cuando leemos: “…En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti…” cuando guardamos la Palabra de Dios en nuestro corazón, no sólo reconoceremos los ataques del enemigo, sino que los ¡derrotaremos!

¿Por qué podremos derrotar los ataques? La respuesta es simple, la Palabra de Dios para el creyente es igual que el entrenamiento para el atleta. La Palabra de Dios produce resistencia. La Palabra de Dios produce firmeza. La Palabra de Dios nos fortalece para que podamos vencer. Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que guardar la Palabra de Dios en nuestro corazón.

Todos, sin excepción de uno, somos atacados por el enemigo, pero solo algunos de nosotros lo podemos reconocer. ¿Por qué lo podemos reconocer? Lo podemos reconocer porque hemos tomado el tiempo adecuado para entrenarnos. En otras palabras, hemos escuchado la Palabra de Dios que nos dice: “…Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 17Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor…” (Efesios 5:15-17). Podemos reconocer los ataques del enemigo porque somos: “…entendidos de cuál sea la voluntad del Señor…”

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Esta advertencia es algo que todos debemos mantener muy en mente. Debemos tener mucho cuidado porque como dice aquí, “…los días son malos…»  Dile a la persona que tienes a tu lado: los días son malos. Y para darnos cuenta de esto, lo único que tenemos que hacer es prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor. Una gran realidad es que nuestro enemigo no descansa en tratar de separarnos de Dios.

Los ejércitos de las tinieblas no descansan en su ataque contra el Pueblo de Dios. Todo lo que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor y podemos ver la evidencia. Y es por eso que no es fuera de lo común escuchar como jóvenes que se han criado dentro del evangelio se pierden en las drogas, el alcohol, la fornicación, la idolatría, la violencia. No es fuera de lo común escuchar como matrimonios cristianos han sido destruidos por el adulterio, la lascivia, la fornicación, y la inmoralidad. Como les dije previamente para ver la evidencia de los ataques del enemigo, lo único que tenemos que hacer es abrir nuestros ojos. Ahora preguntémonos, ¿por qué suceden estas cosas dentro del pueblo de Dios?

Les puedo asegurar que estas cosas no están sucediendo por casualidad; no están sucediendo porque son cosas normales común y corrientes, como el mundo lo ve. Están sucediendo porque en muchas ocasiones el Pueblo de Dios no se ha preparado, el pueblo de Dios no se ha entrenado para poder perseverar hasta el fin. ¿Por qué no se preparan y se entrenan para perseverar hasta el fin? No se preparan y entrenan porque en la mayoría de los casos están más preocupados y ocupados con ganar más dinero, o con el obtener más posesiones materiales, que con venir ante Su presencia para alabar, honrar, y bendecir Su santo nombre. En otras palabras una gran porción de los creyentes están entretenidos y engañados por ese demonio mentiroso

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Para concluir. Hermanos, una persona que no toma el tiempo de conocer a Dios, que no toma el tiempo de leer y meditar en Su Palabra, es una persona que al igual que la gran mayoría de las personas en un maratón, nunca alcanzaran llegar a la meta. ¿Y cuál es nuestra meta? Mientras estamos aquí en la tierra nuestra meta es agradar a Dios en todo aspecto de nuestra vida, para que una vez que partamos de aquí recibamos el premio supremo.

Todos aquí estamos en el mismo maratón, todos aquí estamos corriendo hacia la meta cual es el cielo. Pero el problema está en que no todos llegaremos a la meta, y esto es algo que sucede porque no todos estamos tomando el tiempo de prepararnos, para que como el atleta desarrollemos la resistencia y perseverancia que necesitamos. Tenemos que prepararnos, tenemos que perseverar en la santidad, y fortalecer nuestra fe en todo momento no sea que como dijo aquí el apóstol Pablo: “…habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado…”

Estamos en camino al cielo, nuestra meta es llegar y permanecer en la presencia de nuestro Padre celestial. Entrenémonos debidamente para que nunca le fallemos, entrenémonos para que no nos quedemos a mitad del camino, sino que podamos resistir y perseverar en todo momento, para llegar a recibir el premio supremo que Cristo murió en la cruz para entregarnos.

Regresemos ahora a la pregunta inicial. ¿Qué tenemos que hacer después que nos entregamos a Dios? Tenemos que entrenarnos debidamente; tenemos que desarrollar y/o aumentar nuestra resistencia y perseverancia. Así que: “…Corred de tal manera que lo obtengáis…”

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[1] Wilkinson & Boa Bible Handbook
[2] Mateo 4:1-11; Marcos 1.12-13; Lucas 4.1-13

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