Una gran realidad de nuestro caminar es que a todos nosotros nos tocara pasar por tribulaciones o momentos difíciles.  Y en la vida del creyente fiel, en la mayoría de los casos esto es algo que sucede simplemente por el hecho de que hemos escogido seguir a Dios, y no al mundo.  Así que el hecho de que tengamos que atravesar por tribulaciones o momentos difíciles, no quiere decir que Dios se ha olvidado de nosotros, o que no está atento a lo que nos sucede.

Dios está atento a todo, y escucha la oración de todo creyente fiel. Dios no abandona a Su pueblo.  Sin embargo esté conocimiento o convicción no nos detiene de cuestionar a Dios durante nuestras tribulaciones.  ¿Por qué cuestionamos a Dios?

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En la mayoría de los casos lo hacemos, porque las tribulaciones o situaciones por las que en ocasiones atravesamos nos amedrentan (intimidan, atemorizan, abaten).  Y esto en casi toda ocasión nos conduce a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros, o que es indiferente a lo que nos sucede.  Pero ahora la pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué llegamos a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros?  Este es el tema que estaremos estudiando en el día de hoy.

Marcos 4:35-41Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  En éste punto de la historia Jesús había iniciado su ministerio, y había hecho varios milagros.  Él había liberado a un hombre que estaba poseído por un espíritu inmundo [1].  Él había sanado a la suegra de Pedro [2].  En una ocasión sano a muchos enfermos [3].  Él había sanado a una persona de la enfermedad mas temida de ese entonces [4].  El había sanado a un paralítico [5]. Y también había sanado al hombre con la mano seca [6].

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¿Por qué debemos saber estas cosas?  Es necesario saber estos pequeños detalles, porque estos detalles nos demuestran que Jesús, en más de una ocasión había demostrado el poder de Dios.  Jesús, en más de una ocasión, les había demostrado Su identidad, y Su autoridad; sin embargo, en éste momento en la historia, tal parece que ellos nos se acordaron de nada de lo que habían presenciado.

Pero la pregunta que continua es, ¿por qué sucedió esto?  ¿Por qué fue que ellos habiendo presenciado los milagros que Jesús había hecho sintieron ese temor y dudaron de Dios?  Continuemos con nuestro estudio para descubrir la razón.

En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos: “…Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas…”  Quiero que prestemos atención a estos versículos porque en ellos encontramos muy bien reflejado lo que les dije al inicio; en ellos encontramos que debido a que ellos habían elegido seguir a Jesús, ahora ellos estaban en medio de un serio problema.

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Hermanos y esto es algo que es una gran realidad; cuando decidimos seguir a Jesús genuinamente, a nuestro alrededor se levantaran grandes tormentas.  Y esto es algo que se nos advierte, y se nos dice lo que realmente debemos hacer cuando suceda en 1 Pedro 4:12-13 cuando leemos: “…Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese. 13 sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría...”

Ahora, para que entiendan bien el mensaje de hoy, detengámonos aquí por un breve momento y examinemos el significado de la “tempestad.”  Una tempestad en el mar es algo impresionante y amedrentador; el cielo se pone negro, no se ven ni el sol ni las estrellas.  El viento comienza a soplar, la lluvia comienza a caer, el sonido de los truenos es ensordecedor, y la luz de los relámpagos deslúmbrate.

A todo esto ahora añadamos las olas del mar que crecen a grandes alturas; olas capaces de tomar el buque más grande que pueda existir, y lanzarlo de un lado a otro como si fuera un simple barquito de papel.  Esta era la situación en la que ellos se encontraban en ese entonces, fíjense bien como nos dice la Palabra aquí cuando leemos: “…Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba…”  Dile a la persona que tienes a tu lado, estaban a punto de hundirse.

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Escúchenme bien pueblo de Dios, al demonio no le importa cuando estamos frió.  Al demonio no le importa que nos sintamos indiferentes, no le importa que seamos complacientes. Al demonio no le importa que despreciemos o menospreciemos las bendiciones de Dios. Pero cuando decidimos seguir a Jesús genuinamente, el demonio causara que se desaten tempestades a nuestro alrededor.

¿A qué tempestades me refiero?  Me refiero a todas esas situaciones y circunstancias que surgen en nuestra vida una vez que decidimos seguir al Señor, y cruzamos de vivir en el mundo a vivir en el Reino de Dios.

Me refiero a esas situaciones y momentos difíciles en nuestro hogar, con nuestra esposa o esposo, con nuestros hijos, con nuestros familiares, en nuestros trabajos, con nuestras amistades, y demás.  Todo cambia en un abrir y cerrar de ojos.  Pasamos de estar navegando tranquilos por esta vida, a navegar en medio de una gran tempestad.  ¿Por qué una tempestad?  Existen tres razones.

Número uno; una tempestad nos puede desanimar o desalentar.  Esto mismo fue lo que sucedió con los discípulos en ese entonces; cuando las olas de adversidad comenzaron a levantarse, y el viento de oposición comenzó a soplar, a pesar de todo lo que ellos habían presenciado, ellos se desanimaron y pensaron que Jesús dormía y que no le importaba lo que estaba sucediendo.

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Lo mismo sucede con muchos de nosotros cuando nos toca atravesar por esos momentos difíciles; el diablo nos susurra en el oído que a Dios no le importa por lo que estamos atravesando y que nos ha abandonado.  Pero en momentos como esos recordemos que el diablo es el padre de la mentira [7]. Dile a la persona que tienes a tu lado, el diablo es un mentiroso.

Número dos; una tempestad nos puede debilitar.  Esto fue lo segundo que les sucedió a ellos en ese instante, a pesar de todo lo que ellos habían presenciado; su fe fue debilitada de tal forma que no pudieron confiar en el hecho de que Dios todopoderoso estaba presente, y que no permitiría que nada les sucediera.

Fíjense bien lo que ellos hicieron, la palabra nos dice: “…Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?..”  Su fe debilitada causo que ellos cuestionaran las intenciones del Señor.

Pero en momentos como esos recordemos siempre lo que nos dice la palabra en Romanos 8:26 cuando leemos: “…Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles...”  Y también en Salmos 28:8 que nos dice: “…Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido...”  Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios nos fortalece.