Las maravillas de Dios

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Las maravillas de Dios

Predicas Cristianas Lectura Bíblica de Hoy: Hechos 2:1-13

Introducción

La semana pasada les predique acerca de las razones por las que muchos asisten a la iglesia. Y durante esa predicación les mencione que existen muchos que asisten a la iglesia por motivos equivocados; en otras palabras, en busca de bendiciones, milagros, etc.

Como aprendimos, estas cosas nunca pueden ser lo que nos motiva a asistir a la iglesia, sino que tenemos que asistir a la iglesia porque genuinamente deseamos entrar en comunión con Dios, y alabar Su santo nombre.  En otras palabras, asistimos a la iglesia para llegar ante Su presencia arrepentidos de nuestros pecados, y buscar Su gracia, poder, y misericordia.

Hermanos, y cuando hacemos esto, algo grandioso sucederá en nuestra vida. Así que manteniendo en mente la predicación de la semana pasada, hoy deseo que estudiemos acerca del regalo grandioso que se nos ha entregado, pero que la mayoría de los cristianos no saben que lo tienen, o quizás no sepan su verdadero propósito y significado.

Antes de pasar a la lectura de la palabra del día de hoy, permítanme hacerles una pregunta.  ¿Te han regalado algo alguna vez que no has sabido lo que hacer con él?  Les hablo de algo que mientras más lo miras, menos sabes qué hacer con él.  Les hago esta pregunta porque la realidad del caso es que en ocasiones recibimos regalos un poco extraños; regalos que no sabemos que vamos hacer con ellos, o donde los vamos a poner.  ¿No es así?

Hablemos del fuego – Las maravillas de Dios

Ahora hablemos acerca de algo muy diferente, hablemos del fuego.  El fuego es algo fascinante.  Los niños hablan de ser bomberos; cuando oímos que un lugar esta ardiendo, vamos a verlo; en una noche de invierno nos gusta el calor que emite, etc. Ya sé que muchos están tratando de hacer una conexión entre el fuego y un regalo extraño.  Ya sé que muchos se están preguntado ¿por qué les he dicho estas cosas?

Pero permítanme contestar esa pregunta con una que quizás los confunda más; ¿te han regalado fuego alguna vez?  Quizás respondes que no, y si te lo regalaran seguramente estarías fascinado. Pero te digo en esta noche, que a todos aquí se nos ha regalado ¡FUEGO! ¿No me lo creen?

Bueno, pues busquemos ahora en la palabra de Dios, para encontrar el fuego del que deseo hablarles hoy.

Hechos 2:1-13Al llegar el día de Pentecostés estaban todos reunidos en un mismo lugar. 2 Y de repente vino un estruendo del cielo, como si soplara un viento violento, y llenó toda la casa donde estaban sentados. 3 Entonces aparecieron, repartidas entre ellos, lenguas como de fuego, y se asentaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas, como el Espíritu les daba que hablaran. 5 En Jerusalén habitaban judíos, hombres piadosos de todas las naciones debajo del cielo. 6 Cuando se produjo este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confundidos porque cada uno les oía hablar en su propio idioma. 7 Estaban atónitos y asombrados, y decían: —Miren, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, oímos nosotros cada uno en nuestro idioma en que nacimos? 9 Partos, medos, elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia más allá de Cirene; forasteros romanos, tanto judíos como prosélitos; 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestros propios idiomas los grandes hechos de Dios. 12 Todos estaban atónitos y perplejos, y se decían unos a otros: —¿Qué quiere decir esto? 13 Pero otros, burlándose, decían: —Están llenos de vino nuevo. (RVA-2015)

Pentecostés

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un pequeño repaso de historia.  Primeramente, examinemos la palabra “Pentecostés;”  ¿cuántos conocen el significado de esta palabra?

Muchos piensan que esta palabra solo marca el día cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre el hombre, pero esta manera de pensar no es completamente correcta.  Esta palabra viene de la palabra Griega πεντηκοστή (pronunciada: pénte-cós-téi), cuya definición es: «el quincuagésimo día» (the fiftieth day) – La segunda de las tres grandes fiestas judías, que se celebra anualmente en Jerusalén, la séptima semana después de la Pascua, en agradecido reconocimiento por la cosecha completada [1]. Así que como podemos apreciar, esta palabra es el nombre de una celebración judía, cual es observada cincuenta días después de la celebración de la Pascua (día cuando Dios hirió al pueblo de Egipto con la ultima plaga [2]).

Así que como podemos observar, el día de Pentecostés no es solo y exclusivamente el nombre del día cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre el hombre, sino que es el segundo de los tres grandes banquetes judíos, celebrado en Jerusalén anualmente, la séptima semana después de la “Pascua,” en reconocimiento de agradecimiento a Dios por la cosecha terminada.  Pero, ¿por qué escogió el Señor este día en específico para cumplir su promesa?

La razón exacta no es conocida, pero seguramente fue porque este era un día cuando el pueblo judío demostraba su obediencia a Dios. Jesucristo seguramente escogió este día para derramar el fuego del Espíritu Santo sobre los hombres, porque Él sabía que habrían muchos reunidos según Dios había mandado [3].  Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Reunidos en obediencia

Lo primero que vemos en los versículos que estamos examinando hoy, es que ellos estaban reunidos en obediencia a lo que Jesús les había instruido; ellos estaban reunidos confiando que recibirían la promesa del Padre.  Esto es algo que queda bien declarado en Hechos 1:4-5 cuando leemos: “…Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperaran el cumplimiento de la promesa del Padre, “de la cual me oyeron hablar; 5 porque Juan, a la verdad, bautizó en agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo después de no muchos días” (RVA-2015). 

Pero como esto sería algo completamente nuevo, ellos en realidad no entendían exactamente lo que esto significaba.  De igual manera, existe un gran grupo de creyentes que no entienden muy bien este regalo.  No entienden bien que el fuego del Espíritu Santo no es algo que sucedió solamente en ese entonces; sino que esta siempre presente en nuestra vida, y tenemos que cuidar que nada lo apague [4].

El diablo apaga el fuego

Algo que le sucede a muchos, es que con frecuencia permitimos que el diablo venga y apague el fuego.  Estoy seguro que no tengo que decirles esto, pero el diablo es el mejor bombero del mundo. Pero para que este fuego que vive en nosotros pueda ser un fuego consumidor, para que este fuego pueda destruir toda obra del enemigo, el fuego tiene que ser alimentado.  ¿Qué les quiero decir con esto?

Reflexionemos por un momento en lo que es un fuego; cuando pensamos un poco en el asunto, todos llegaremos a la misma conclusión. Un fuego necesita dos elementos esenciales, necesita oxigeno, y algún tipo de combustible.  Cuando no hay oxigeno el fuego se apaga, y si no hay algún tipo de combustible (gasolina, carbón, madera, etc.) no existe nada que arda.  Pero ¿por qué les digo esto?

El fuego del Espíritu Santo

Les digo esto porque el fuego del Espíritu Santo no es muy diferente al fuego que todos conocemos.  El fuego del Espíritu Santo necesita oxígeno, y combustible.  ¿Qué son estos dos elementos en la vida de un cristiano?  El oxigeno que el fuego del Espíritu Santo necesita es la palabra de Dios; y su combustible es nuestra completa dependencia en las promesas de Dios.  Y la palabra de Dios es más poderosa que todos los poderes de las tinieblas combinados [5].  ¿Qué tan poderosa es?

Continuando leemos: “…Y de repente vino un estruendo del cielo, como si soplara un viento violento, y llenó toda la casa donde estaban sentados. 3 Entonces aparecieron, repartidas entre ellos, lenguas como de fuego, y se asentaron sobre cada uno de ellos…”  (verss. 2-3).

Como podemos apreciar, aquí leemos que ellos oyeron un gran estruendo; ahora detengámonos aquí por un momento y analicemos bien esta señal.  Imaginémonos lo que ellos vieron y sintieron; de repente fue como un huracán o tornado, pero nada se movió, no hubo destrucción alguna.  No se movieron ni las hojas de los árboles.  Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios se manifestó de manera espectacular.

Hablar en lenguas

Imaginémonos esta escena; todos miraron a su alrededor observando lo que estaba aconteciendo, y vieron que asentado encima de cada uno había un fuego.  El fuego no quemaba, no se movía, pero había un fuego.  Continuando leemos: “…Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas, como el Espíritu les daba que hablaran...” (vers. 4). Dile a la persona que tienes a tu lado: hablaron en lenguas.

Antes de proceder deseo hacer una aclaración.  El tema de hablar en lenguas es algo que ha causado gran controversia dentro del cuerpo de Cristo.  Unos dicen que hablar en lenguas es algo real, y otros no lo aceptan.  Así que ahora debemos preguntarnos, ¿qué es hablar en lenguas? 

Hablar en lenguas en este instante, no fue hablarle a las personas con palabras inentendibles. Hablar en lenguas en este momento en la historia, fue una demostración del poder del Espíritu Santo que ellos recibieron. El poder del Espíritu Santo fue lo que permitió que ellos fueran entendidos en todos los idiomas, y a la misma vez.

En otras palabras, ellos recibieron el poder de hablar de la misma forma que habla Dios; ellos pudieron comunicarse con toda persona sin hacer esfuerzo alguno de hablar el idioma o dialecto de los que estaban presentes. 

Esto es un poder sobrenatural que solo Dios nos puede permitir usar; fíjense bien que esto queda bien claro aquí cuando leemos: “…como el Espíritu les daba que hablaran…”  Esto es muy diferente a lo que se ve comúnmente en las iglesias de hoy.  ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto?

Lo que es comúnmente visto en las iglesias de hoy, es como muchos supuestos hombres y mujeres de Dios, comienzan a hablar  jerigonzas ininteligibles a las personas. ¿Es esto hablar en lenguas?  La respuesta es ¡NO!

Les puedo decir que hasta el día de hoy, yo no he encontrado ningún versículo en la Biblia que diga que Jesús, o los apóstoles, hablaron jerigonzas o palabras ininteligibles a la personas.  El Señor y los apóstoles hablaban de manera entendible.

Ahora bien, deseo que quede claro que no estoy diciendo que hablar palabras ininteligibles, en otras palabras hablar en lenguas angelicales, no es bíblico. Hablar en lenguas angelicales es bíblico, pero también sirve un propósito [6].

Para que entiendan bien lo que les estoy diciendo, fijémonos ahora en lo que encontramos en 1 Corintios 14:2 cuando leemos: «…Porque el que habla en una lengua no habla a los hombres sino a Dios; porque nadie le entiende, pues en espíritu habla misterios...” (RVA-2015).  

Así que como podemos apreciar, hablar palabras quizás desconocidas o ininteligibles es bíblico, pero también tienen un propósito. No como lo que seguramente muchos, sino todos de nosotros hemos visto por la televisión, cuando estos famosos evangelistas y predicadores de renombre se hablan y se contestan el uno al otro con jerigonzas.

El gran error que cometen muchas personas, es pensar que hablar en lenguas es solo hablar palabras ininteligibles, pero esta manera de pensar no es completamente correcta.

Como les dije, hablar palabras que no entendemos es bíblico, y es una comunicación de nuestro espíritu con Dios, pero las lenguas también simbolizan el mensaje y la comunicación del evangelio. Esto es algo que se hace evidente en los versículos que estamos analizando esta noche, cuando leemos que los que estaban allí reunidos dijeron: “…les oímos hablar en nuestros propios idiomas los grandes hechos de Dios…”

Cuando los que estaban presentes comenzaron a burlarse de los apóstoles, y acusarles de estar borrachos, no vemos que Pedro se dirigió a ellos hablando jerigonzas, sino que se dirigió a ellos en su idioma; él utilizo el fuego del bautismo del Espíritu Santo para llegar a todas esas almas y proclamar a Cristo Jesús [7].   Cristo nos entrego el fuego del Espíritu Santo con un propósito.  El propósito del fuego del Espíritu Santo es para que llevemos la palabra de Dios a todo el que la escuche.

Dios confirmo las leyes del Antiguo Testamento con fuego [8], y en el día Pentecostés Dios confirmo Su promesa con fuego también, pero lo hizo de una manera muy diferente.  En el Sinaí el fuego descendió en un solo lugar, pero en el día Pentecostés descendió sobre muchos.  Esto simboliza que la presencia de Dios esta al alcance de todos. Así que dile a la persona que tienes a tu lado: el fuego del Espíritu Santo esta presente para que lo usemos.

A muchas personas hoy en día se les ha olvidado que tienen fuego; esto sucede porque como les dije al inicio, el fuego cuando no tiene que quemar, o no hay oxigeno, se apaga.  Para mantenerse ardiendo, el fuego necesita oxigeno, y algún tipo de combustible.

Así que si realmente deseamos mantener el fuego del Espíritu Santo ardiendo con furor en nuestra vida, entonces tenemos que asegurarnos de no solo escuchar o oír la palabra de Dios, sino tenemos que vivirla (el oxigeno), y tenemos que depender completamente del Él (el combustible).  Estas son las cosas que alimentan el fuego del Espíritu Santo en nosotros.  Estas son las cosas que lo mantienen ardiendo, y consumiendo toda obra del enemigo [9].

Cuando escuchamos acerca de un predicador que esta en fuego, todos queremos verle y escuchar el mensaje, ¿verdad?  Todos queremos recibir del Espíritu Santo. Todos estamos dispuestos a oír el mensaje y recibir. 

No existe nada malo en esto, pero si existe un problema.  El problema que existe es que muy pocos están dispuestos a pagar el precio para que sean ellos los que están en fuego.  Es por eso que en Mateo 9:37 encontramos que el Señor nos dice: “…A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos…” (RVR1960)

La palabra nos dice que: “…Todos fueron llenos del Espíritu Santo…” 

Pero para estar llenos del Espíritu Santo, tenemos que estar dispuestos a pagar el precio.  El cuerpo de Cristo necesita personas dispuestas a pagar el precio. El cuerpo de Cristo necesita que el fuego del Espíritu Santo sea encendido, y que arda con gran intensidad en cada uno de nosotros.  Todos queremos recibir bendiciones, pero no queremos pagar el precio.  ¿Qué les quiero decir con esto?

Lo que les estoy diciendo es que no estamos alimentando el fuego del Espíritu Santo.  Estamos contentos con venir a la iglesia, sentarnos y escuchar el mensaje pero eso es todo.  ¿Se pueden imaginar si este hubiese sido el caso en el día de Pentecostés?  Hermanos, si después de la muerte del Señor en la cruz ellos hubiesen decidido hacer nada, entonces hoy no estuviéramos aquí.

Los discípulos simplemente se hubieran marchado a sus casas, y ya.  Pero este no fue el caso; todos ellos proclamaron el evangelio, y debido a esto lo escuchamos tú y yo.  Lo que sucedió ese día fue algo grandioso.  Fíjense bien en lo que sucedió según encontramos Hechos 2:41 cuando leemos: “…Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados, y fueron añadidas en aquel día como tres mil personas…”  Cuando nos unimos y usamos el fuego del Espíritu Santo, cosas grandiosas ocurrirán igual.

Para concluir.

Les pregunto de nuevo: ¿te han regalado fuego alguna vez?  La respuesta es ¡SI! ¡Cristo te regalo el fuego del Espíritu Santo!  Alimentemos ese fuego, alimentemos ese fuego con la palabra de Dios, con oración, con alabanza.  No hay nada que nos pueda detener, pero tenemos que alimentar el fuego.

Tenemos que hacerlo de tal manera que cuando nos vean griten: ¡FUEGO, FUEGO!  Que cuando nos vean hablando digan ese hermano, o esa hermana esta en fuego.  Ese hermano o esa hermana tiene el fuego del Espíritu Santo. Porque donde existe el fuego del Espíritu Santo lo malo tiene que huir [10].

Una evidencia del bautismo del Espíritu Santo es hablar en lenguas, y esto es don de Dios, pero no es la única evidencia.  Mayor evidencia del bautismo del Espíritu Santo es nuestra manera de vivir, nuestro testimonio.  Mayor evidencia es el propagar el evangelio a toda criatura que lo escuche; mayor evidencia es vivir perseverando en la santidad.  Examina tu vida, reflexiona en Dios, y recibe hoy ¡FUEGO!

[1] Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G4005
[2] Éxodo 11:4-5; 12:7; 12:13
[3] Levíticos 23:2
[4] 2 Timoteo 1:13-14
[5] 1 Crónicas 29:11; Hebreos 4:12
[6] 1 Corintios 14
[7] Hechos 2:38-40
[8] Éxodo 19:16-18
[9] Hebreos 12:29
[10] Santiago 4:7

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