Busca con diligencia hasta encontrarla

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Busca con diligencia hasta encontrarla

Introducción

Deseo iniciar el día de hoy haciendo una pregunta; ¿a cuántas personas aquí se les extravía o pierden las cosas?  La realidad es que en ocasiones, todos nosotros hemos perdido o se nos ha extraviado algo.  Y lo más lindo del caso, es que en la mayoría de los casos no nos damos cuenta de lo que se nos ha perdido hasta que lo necesitamos.

Por ejemplo; ¿a cuántos se les ha extraviado las llaves de la casa o del automóvil, y no se dan cuenta hasta que tienen que salir? Para los que usan espejuelos para leer como yo; ¿a cuántos se les ha extraviado los espejuelos, y no se han dado cuenta hasta que los necesitan para leer?

Pudiéramos seguir citando ejemplos, pero creo que estos son los dos más comunes que suceden en nuestra vida.  Ahora pregunto: ¿se han dado cuenta del nivel de intensidad con el que buscamos las cosas que temporalmente extraviamos o perdemos?

En ocasiones la intensidad de nuestra búsqueda es tan grande que el objeto puede estar frente a nosotros, y no lo vemos.  Entonces comenzamos a frustrarnos o desesperarnos, y pedimos ayuda. Luego llega nuestra esposa o esposo (según el caso), o cualquier otra persona de la que hayamos solicitado ayuda, busca o mira a nuestro alrededor y lo encuentra (las llaves en la gaveta; los espejuelos puestos en la cabeza).  ¿Le ha sucedido esto a alguien alguna vez?

Claro está en que sí, pero lo triste de todo es que eso no solo nos sucede con objetos inánimes, sino que también nos sucede en cuanto a ciertos aspectos de nuestra vida en nuestro caminar cristiano.  Así que este será nuestro tema para el día de hoy.  Hoy nos preguntaremos: ¿qué hemos perdido o extraviado temporalmente en nuestro caminar cristiano?  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Lucas 15:8-10¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. 10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

El capítulo 15 del evangelio de Lucas contiene tres parábolas acerca de cosas que fueron pedidas, y que cuando fueron encontradas produjeron un gran gozo en las personas. Estas son las tres parábolas comúnmente usadas para predicar acerca de las almas perdidas, y del amor de nuestro Padre celestial que todos reciben al arrepentirse y volverse a Él.

Pero yo creo que esta parábola que estamos examinando en el día de hoy, contiene un mensaje aun más profundo para todo creyente.  Así que ahora debemos preguntarnos: ¿cómo se aplica esta parábola a nuestra vida?  Para contestar esta pregunta vamos a analizar tres puntos encontrados en el primer versículo.

En el primer versículo encontramos que se nos dice: “…¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?..”  Primero examinemos el significado de la palabra “dracma”.  Según el diccionario de la Real Academia Española, la definición de la palabra dracma es: “Moneda griega de plata, que tuvo uso también entre los romanos, casi equivalente al denario, pues valía cuatro sestercios.” Si fuésemos a traducir esto a tiempos modernos, podemos decir con confianza que “una dracma” representaba el salario de un obrero por un día de trabajo.

Ahora bien, aquí vemos que también se nos dice que ella tenía nueve otras, pero que buscaba con diligencia y urgencia la que se le había extraviado.  Preguntémonos ahora: ¿por qué la buscaba con tanta diligencia?

La parábola no explica la razón exacta, ya que por definición la parábola es solo una: “Narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral” [1].   Así que con el propósito de descubrir el mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, vamos a asumir que la razón por la que esta mujer buscaba esa dracma perdida era porque ella la necesitaba para algo.  ¿Cuántos necesitan el salario de un día de trabajo?

Hermanos, la gran realidad es que todo creyente fiel tiene el regalo más valioso que se puede tener en el universo.  Tenemos algo que no puede ser comprado con oro ni con plata.  Esto es algo que queda bien resumido en la respuesta del apóstol Pedro a Simón el mago, cuando él les ofreció dinero para que ellos le dieran el poder de dar el Espíritu Santo a las personas, según encontramos en Hechos 8:20-21 cuando leemos: “…Entonces Pedro le dijo: —¡Tu dinero perezca contigo, porque has pensado obtener por dinero el don de Dios! 21 Tú no tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dio…” (RVA-2015)

¿Qué regalo tenemos todos nosotros?  Nosotros tenemos al Espíritu Santo que nos da convicción de nuestros errores, y quien nos guía en todo momento.  Tenemos el Espíritu Santo quien nos ayuda a vencer toda dificultad, y a derrumbar toda oposición que pueda surgir.  Pero lamentablemente muchos han perdido el ardor del Espíritu Santo en su vida, y esto es algo que todos necesitamos con urgencia.

Ahora examinemos el significado de la “lámpara.” Cuando se habla de una lámpara, se habla de un utensilio que produce luz.  En esos tiempos eran utensilios que tenían una mecha y que quemaban aceite o cualquier otro combustible.  Pero la lámpara para nosotros tiene un significado aun más grande, ya que en la Biblia encontramos que la “luz” es usada para describir a nuestro Señor Jesucristo.  Esto es algo que queda bien ilustrado en Juan 8:12 cuando leemos: “…Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida…”  ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que al igual que esta mujer, todo creyente tiene que buscar con urgencia y diligencia, fortalecer su relación con Dios.  ¿Cómo podemos nosotros fortalecer nuestra relación con Dios?  La respuesta a esta pregunta es encontrada en el significado de lo tercero que estamos examinando del versículo uno.

Lo tercero que examinamos es aquí cuando se nos dice que ella: “…barre la casa…”  ¿Qué significa esto para nosotros?  Hablando teológicamente, la casa somos nosotros; nuestro cuerpo, mente y espíritu.   Así que barrer la casa significa que tenemos que eliminar de nuestro cuerpo las cosas que contaminan y destruyen.

Barrer la casa significa que tenemos que renovar nuestra mente (pensamientos negativos e impuros). Tenemos que renovar nuestro espíritu (ánimo, valor, aliento, esfuerzo).  Y es por eso que en Efesios 4:22-24 encontramos que se nos dice: “…En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad…”  Pero todo esto es algo que se nos hace imposible, si primero no establecemos una relación genuina con Dios.

Todo esto es algo que se nos hace imposible, si primero no nos sometemos a la voluntad de Dios.  Digo esto porque fuera de la voluntad de Dios, lo único que encontraremos es sufrimiento y dolor.  ¿Por qué?  Porque la voluntad de Dios para con nosotros es perfecta en todo sentido, pero nuestra voluntad está influenciada por las cosas de este mundo.

Nuestra voluntad, con frecuencia es influenciada por aquellos que nos rodean, por las circunstancias que surgen, y por nuestros propios prejuicios.  Es por eso que en Proverbios 16:2 encontramos que se nos dice: “…Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus…”

Uno de los problemas más serios del ser humano, es que con frecuencia nosotros queremos que Dios sea como queremos, o como nos conviene. Pero la realidad de todo es que Dios no es quien tiene que ajustarse a nosotros, sino nosotros somos los que tenemos que ajustarnos a Dios.  Esto es algo que queda bien claro en Romanos 12:2 cuando leemos: “…No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta…”

Atando estos tres detalles encontrados en el versículo uno, ahora debemos examinarnos y preguntarnos: ¿qué hemos perdido en nuestro caminar cristiano?  ¿Hemos perdido o extraviado nuestra fe?  ¿Hemos perdido o extraviado nuestro amor por la obra?

Yo sé que en ocasiones surgen circunstancias o situaciones que nos pueden desalentar; sé que en este mundo surgen circunstancias o situaciones que nos desvían de nuestro camino. Sé que en este mundo surgen circunstancias o situaciones que nos desaniman, y son por esas razones que en ocasiones miramos y buscamos dentro de nosotros, pero no encontramos lo que hemos perdido.  No lo encontramos porque hemos permitido que lo más valioso que poseemos, sea cubierto y quede enterrado en la suciedad del pecado.  Y esta es la razón principal por la que en ocasiones cuando más necesitamos a Dios, Su presencia no puede ser hallada en nosotros [2].

Si hermanos lo oyeron bien, Dios retira Su presencia de nuestra vida cuando perseveramos en una vida de pecado.  Esto es algo que queda muy bien ilustrado en Jeremías 11:14, cuando Dios le estaba hablando al profeta acerca de como el pueblo de Judá le había dado las espaldas a Dios para seguir a Baal cuando leemos: “…Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que en su aflicción clamen a mí…”  Dios retiro Su presencia del pueblo debido a sus abominaciones e iniquidades, ¿Por qué?  Porque Dios es santo [3], y Él no puede vivir o compartir con las tinieblas [4].  Pero todo NO está perdido, todavía tenemos tiempo para arrepentirnos.

Dios en Su eterna misericordia nos ofrece la oportunidad de acercarnos a Él, y experimentar Su presencia en nuestra vida a través del arrepentimiento.  Es por eso que en Santiago 4:8 encontramos que se nos dice: “…Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones…”  Y en Hebreos 4:16 también encontramos que se nos dice: “…Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro…”  Pero esto en ocasiones no es suficiente, ya que en la mayoría de los casos muchos quedan tan debilitados, que se les dificulta restaurar su relación con Dios.

Es como les dije al inicio, cuando se nos pierde o extraviamos algo, nosotros tenemos una buena idea de donde se puede encontrar el artículo, pero en ocasiones estamos tan frustrados, que el artículo puede estar directamente frente a nosotros, pero no lo vemos.  Y es por eso que en ocasiones como esas, tenemos que buscar la ayuda de nuestros hermanos en la fe. Buscar la ayuda del pastor, los ministros, los diáconos [5].  ¿Qué tenemos que hacer una vez que restablecemos o fortalecemos nuestra comunión o relación con Dios?

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido…”  Yo creo que más claro que esto ni el agua.

Cuando restablecemos, edificamos, o fortalecemos nuestra relación con Dios, tenemos que compartirlo.  Tenemos que compartir el gozo que la presencia del Espíritu Santo produce en nuestra vida con todo aquel que nos rodea.  Tenemos que hacer como nos dijo el Señor en Marcos 16:15 cuando leemos: “…Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura…”

Hermanos cuando genuinamente seguimos a Cristo, siempre sucederá un cambio positivo en nosotros.  Cuando seguimos a Cristo genuinamente, nos será imposible NO demostrar a través de nuestra manera de ser, nuestras acciones, y nuestros pensamientos, una actitud que no refleje el amor de Cristo; y el amor de Cristo es algo que tenemos que compartir en todo tiempo.  Tenemos que compartir el gozo y la paz que Dios nos ha proporcionado.

No nos podemos quedar callados, sino que tenemos que hacer como la mujer en esta parábola. Tenemos que anunciar que hemos descubierto nuevamente esa fe que quizás hemos perdido debido a las falsas doctrinas, falsos maestros, y falsos profetas que existen en este mundo.

Tenemos que anunciar a todo aquel a nuestro alrededor que hemos encontrado nuevamente la fortaleza para perseverar en nuestro caminar a través de la palabra de Dios.  Tenemos que decir: “….Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido…”

¿Cuál será el resultado final cuando tomamos el tiempo de buscar con urgencia y diligencia lo que hemos perdido o extraviado?  ¿Cuál será el resultado final cuando permitimos que la luz del mundo brille en nuestra vida, e ilumine nuestro camino?  ¿Cuál será el resultado final cuando barremos nuestra casa, y eliminamos toda impureza?

La palabra de Dios nos dice: “…Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente…”  El resultado final será que agradaremos a nuestro Padre celestial.  Agradaremos a nuestro Padre celestial porque le habremos demostrado un arrepentimiento genuino.    

Para concluir

Ahora reflexiona en tu vida y pregúntate: ¿qué he perdido o extraviado?  ¿Has perdido o extraviado tu fe debido a la maldad que existe en este mundo?  ¿Has perdido el ánimo para perseverar en la obra de Dios?  ¿Encuentras que no sientes hoy el mismo ardor del Espíritu Santo en tu vida que sentiste al principio?

Recuerda que la mujer en nuestra parábola no encontró lo que ella había perdido hasta que prendió la lámpara, barrio la casa y la busco con diligencia.  Ahora la pregunta que queda es: ¿harás tú lo mismo para restablecer, edificar o fortalecer tu relación con Dios?

[1] Diccionario de la Real Academia Española
[2] Isaías 59:2
[3] Salmos 22:3; 1 Pedro 1:16
[4] 2 Corintios 6:14
[5] Hebreos 10:24-25

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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