Un compromiso genuino con Dios: Más podremos nosotros que ellos

Un compromiso genuino con Dios

Prédica de Hoy: Un compromiso genuino con Dios: Más podremos nosotros que ellos

© José R. Hernández, Pastor
El Nuevo Pacto, Hialeah, FL. (1999-2019)

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Números 13:30-33

Introducción

Hoy, quiero hablarles sobre la importancia de tener un compromiso genuino con Dios en nuestras vidas. En estas últimas semanas hemos examinado la profecía bíblica, y también hemos estudiado acerca del rapto de la iglesia. Para los que no se hayan dado cuenta, estos últimos mensajes han tenido un denominador en común.

El denominador en común que estos mensajes han tenido es que la iglesia, es decir, todo siervo fiel de Jesucristo, tiene que moverse del lugar donde se encuentra. En otras palabras, tenemos que dejar de hacer excusas, tenemos que dejar nuestra comodidad, tenemos que reprender la apatía, y tenemos que hacer un compromiso genuino con Dios. ¿Por qué les digo esto?

La razón por la que les digo esto es porque on compromiso genuino con Dios es crucial en este punto crítico., y los creyentes necesitamos tomar una decisión muy seria. Necesitamos decidir si vamos a enfrentarnos a la batalla y avanzar, o si vamos a darnos por vencidos y permanecer estancados. Esta decisión solo puede venir de un compromiso genuino con Dios.

Como fieles siervos de Jesucristo, nosotros debemos tener una visión firme; nuestra visión debe ser de cumplir con el mandato que el Señor nos encargo. Nuestra visión y misión debe, y tiene que ser, testificar la Palabra de Dios. Pero para poder convertir nuestra visión y misión en realidad, nuestras intenciones y pensamientos tienen que convertirse en acciones. Este cambio solo es posible si tenemos un compromiso genuino con Dios.

Pero lo que sucede con frecuencia es que nuestras intenciones y pensamientos no culminan en acciones porque permitimos que los poderes de las tinieblas detengan la obra que Dios ha iniciado en nosotros. Así que en el día de hoy deseo que analicemos lo que puede detener que hagamos un compromiso genuino con Dios. Pasemos ahora a la Palabra de Dios y veamos un ejemplo de lo que les hablo.

Compromiso genuino con Dios: El pueblo de Israel

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, será necesario que conozcamos un poco de lo que esta aconteciendo en este punto de la historia. Aquí tenemos al pueblo de Israel que fue liberado de las manos del faraón después de aproximadamente 430 años de esclavitud [1]. Dios utilizo a Moisés para liberarles, y ellos todos vieron grandes señales de un Dios vivo.

Ellos fueron testigos de todas las plagas, vieron la presencia de Dios que les guiaba [2], y cruzaron el mar rojo sin tener que mojarse o usar una nave [3]. Ellos habían escuchado Palabra de Dios a través de Moisés y sabían que él les estaba guiando hacia la tierra prometida. Ellos sabían que Dios les había liberado y que les había prometido una tierra que fluía con leche y miel. Pero saberlo no es suficiente; se necesita un compromiso genuino con Dios.

¿Por qué les hago este recuento? Les hago este recuento porque es necesario que nos demos cuenta de que ellos sabían exactamente hacia donde se dirigían; es necesario que sepamos que ellos conocían las promesas de Dios.

Este breve recuento nos conduce a este punto en la historia. Moisés les guió por el desierto hasta la frontera de la tierra que Dios les había prometido y aquí vemos que él entonces envió a estos hombres a que fueran y reconocieran el territorio [4]. Pero aquí es donde comienza el problema.

El problema comienza porque todas las personas ven las cosas de diferentes maneras.

En el mundo existe una prueba psicológica que describe esto muy bien. Lo que se hace es que se pone un vaso de agua lleno hasta la mitad frente a una persona, entonces se le dice a la persona que describan el vaso.

Algunos dicen que el vaso esta medio vació, y a estos se les destaca como personas pesimistas; mientras que otros dicen que el vaso esta medio lleno, y a estos se les destaca como personas optimistas. Como les dije, todos vemos las cosas de diferentes maneras

Manteniendo esta prueba psicológica en mente, ahora preguntémonos, ¿qué tipo de personas eran estos hombres? Los hombres que fueron a reconocer el territorio confirmaron que la tierra en verdad era buena y que era fértil [5], pero permitieron que las circunstancias influenciaran de la manera que vieron las cosas, así que no lograron ver un vaso medio lleno, sino un vaso medio vacío. Dile a la persona que tienes a tu lado: fueron hombres pesimistas.

¿Por qué digo que fueron hombres pesimistas? Digo esto porque estos hombres vieron las cosas del lado más desfavorable que existía. ¿Por qué vieron las condiciones del lado más desfavorable que existía? La respuesta a esta pregunta es fácil; ellos confiaron más en lo que vieron[6], que en lo que Dios les había prometido [7].

Confiaron más en sus propias fuerzas que en el poder de Dios. ¿Por qué decidieron confiar más en sus propias fuerzas que en la Palabra y poder de Dios? La respuesta a esta pregunta es fácil; ellos no habían hecho un compromiso genuino con Dios. Y aquí radica la raíz del problema: la falta de un compromiso genuino con Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que hacer un compromiso genuino con Dios.

Lamentablemente, este problema continúa existiendo en el pueblo Cristiano. Pero la solución es simple: tenemos que hacer un compromiso genuino con Dios. La realidad es que un gran por ciento de los creyentes no están comprometidos ni dedicados a Dios. ¿Por qué existen tantos que no han hecho un compromiso genuino con Dios? Yo diría que la razón principal es porque vivir el evangelio no es un llamado a una vida fácil, o a vivir cómodamente.

Si fuera algo de comodidad las personas no cupieran en las iglesias. Pero un compromiso genuino con Dios no busca comodidad, busca obediencia. Igualmente el llamado a conquistar una nueva tierra no le seria fácil a este pueblo, y porque no seria algo fácil y sin esfuerzo, ellos dejaron de concentrarse en las promesas de Dios.

Y es por eso que podemos ver que ellos dijeron: “…Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.” ¿Se dieron cuenta de lo que les sucedió a ellos aquí? Este pueblo dejo de confiar en el poder de Dios, este pueblo se concentro en lo que vieron y en sus debilidades.

¿Qué resultado produjo esto?

El resultado fue que este pueblo tuvo que andar en el desierto por cuarenta años. Todo por falta de un compromiso genuino con Dios.

Quiero que nosotros pensemos en esto por un momento. Quiero que analicemos lo que les sucedió a ellos y lo comparemos con lo que nos sucede a nosotros hoy en día.

Lo que le sucedió a este pueblo no es muy diferente a lo que nos sucede a nosotros hoy en día. En muchas ocasiones nosotros nos comportamos al igual que este pueblo. Dios quería que este pueblo le sirviera de bendición al mundo, Dios quería que ellos fueran el ejemplo a seguir, pero ellos no confiaron en Dios.

Al igual que ellos, Dios quiere que Su pueblo sirva de ejemplo en este mundo lleno de maldad, y eso solo es posible con un compromiso genuino con Dios. Dios espera que nosotros, que Su iglesia, sirva de luz en este mundo de tinieblas [8], pero con frecuencia  fallamos el blanco.  ¿Por qué?

Continuando leemos: “…Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos…

Como podemos apreciar, ellos se fijaron en que la tierra contenía un gran número de habitantes, ciudades con murallas fortificadas y gigantes que habitan en ella. Les pregunto, ¿existe esto en nuestra vida hoy? Les puedo decir con toda confianza que sí.

Existen muchas personas que hacen igual que estos hombres en este instante. Existen muchas personas que en vez de concentrarse en las promesas de Dios, se concentran en las situaciones y quitan su mirada de Dios; una vez que hacemos esto entonces nuestra fe flaquea y comenzamos a sucumbir en la tentación y la rebeldía.

Cuando hacemos como este pueblo, cuando comenzamos a confiar más en nuestra habilidad que en el poder de Dios, entonces no veremos la bendición que Dios nos envía, sino que solo veremos lo negativo. ¿Tendremos que conquistar ciudades fortificadas, y derrumbar murallas? ¿Tendremos que enfrentarnos a gigantes? La respuesta a ambas preguntas es si.

Quizás algunos estén pensando que no existen ciudades fortificadas o murallas a nuestro alrededor, pero pensemos en lo que es una ciudad. Una ciudad es un lugar donde se habita, ¿verdad? Pero ahora examinemos nuestra vida y preguntémonos, ¿Cuál es tu dirección espiritual?, ¿Vives en el: 10 Avenida Pecado, ciudad: Desobediencia, provincia: Rebeldía?

Si al examinarnos encontramos que esa es nuestra dirección espiritual, entonces sepamos que el pecado, la desobediencia y la rebeldía causan que caigamos nuevamente en la esclavitud de este mundo. El pecado, la desobediencia y la rebeldía detienen las bendiciones que Dios desea enviarnos.

Este pueblo no recibió las bendiciones de Dios de inmediato porque fijaron su vista en lo negativo. Fijaron su vista en las ciudades fortificadas y los gigantes. Ahora hagámonos dos preguntas; ¿Qué representan las ciudades fortificadas para nosotros? ¿Qué representa un gigante para nosotros?

¿Qué representan las ciudades fortificadas para nosotros?

Las ciudades fortificadas son las poderosas instituciones religiosas, políticas, y sociales que tratan de ahogar la verdad de Dios. Las ciudades fortificadas son las poderosas instituciones religiosas, políticas, y sociales que tratan de adoctrinarnos para que veamos lo bueno como lo malo, y lo malo como lo bueno. Les digo en el día de hoy, existen numerosas ciudades fortificadas que como iglesia tenemos que derrumbar.

¿Qué representa un gigante para nosotros? Un gigante es todo aquello que aparenta invencible que trata de separarnos de la voluntad de Dios. ¿Qué gigante enfrenta la iglesia de hoy? Existen dos poderosos gigantes que como iglesia enfrentamos.

El primer gigante es la duda o incredulidad.

Este gigante se derrota con un compromiso genuino con Dios. Si nos ponemos a pensar en lo que aconteció en este caso, veremos que esto fue exactamente lo que le sucedió a este pueblo, y lo que sucede con muchos de nosotros. Quiero que se fijen bien en un detalle muy importante; cuando estos hombres fueron enviados a reconocer la tierra, ellos no fueron enviados para ver si esta era la tierra o no.

Dios sabía que esta era la tierra que Él tenía para este pueblo. Dios sabía que Él les daría la victoria sobre toda oposición, pero ellos dudaron, ellos no creyeron en la Palabra de Dios. Solamente hubo uno de ellos que dijo: «…Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos…«

Caleb creyó sin dudar que Dios les entregaría la victoria. Desdichadamente muchos de nosotros hacemos igual que ese pueblo, muchos de nosotros al vernos confrontados con problemas o situaciones, al vernos cara a cara con esos gigantes que vienen a robarnos la paz que Dios nos ha dado, simplemente dudamos de Su poder. Pero hermanos recordemos que dudar o no creer no nos permitirá ver la grandeza de nuestro Dios y aumentara nuestras propias debilidades

El segundo gigante que enfrentamos como iglesia es el temor.

El temor se disipa con un compromiso genuino con Dios. En el caso de este pueblo, el temor de las ciudades fortificadas, el temor de los habitantes, y el temor de los gigantes fue mucho mayor que la promesa de Dios. Este pueblo se vio como «langostas», se vio mucho inferior a ellos, se vieron insignificantes.

Nosotros en muchas ocasiones hacemos igual, en vez de ver los problemas o situaciones como insignificantes en los ojos de Dios, vemos los problemas y situaciones como gigantes que nos causan temor. Estos hombres llegaron a ver la tierra prometida, la tierra que fluía con leche y miel como la “…tierra que traga a sus moradores…

Esto es exactamente lo que el temor causa. El temor causa que veamos las cosas completamente opuestas a lo que son. El temor causa que no veamos las bendiciones. Tenemos que reconocer el temor por lo que es, un gigante que quiere alejarnos de Dios. Un gigante que quiere robarse las bendiciones que Él tiene para nosotros.

Para concluir

Les pregunto, ¿en qué dirección nos estamos moviendo? Cuándo examinamos nuestra vida, cuando examinamos nuestra iglesia, ¿estamos viendo gigantes o vemos el poder de Dios? Cuándo miramos hacia nuestro futuro, ¿estamos en camino hacia la tierra prometida o estamos en camino al desierto? No podemos permitir que nada ni nadie nos desvié o conduzca en dirección opuesta a Dios.

Tenemos que siempre recordar que Dios nos dio descanso, y alivio nuestras penas. Hermanos, no podemos permitirle al demonio que nos desvié de nuestro caminar, o que interrumpa nuestro progreso. Como iglesia tenemos que atacar esas ciudades, derrumbar esas murallas, y enfrentar esos gigantes.

El pueblo de Dios en ese entonces tuvo a Moisés, quien fue un gran hombre de Dios, pero nosotros tenemos a Cristo, tenemos al que nunca nos abandona, y que siempre esta dispuesto a estrechar Sus manos y guiarnos en toda situación. Nunca te olvides: “…más podremos nosotros que ellos…” Así que, hermanos y hermanas, les insto a renovar hoy su compromiso genuino con Dios.

[1] Éxodo 13:14
[2] Éxodo 13:21-22
[3] Éxodo 14:21-22
[4] Números 13:1-3
[5] Números 13:27
[6] Números 13:28-29
[7] Éxodo 3:7-8
[8] Mateo 5:14

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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