Vamos a iniciar el servicio de hoy haciendo una pregunta: ¿cuántos de ustedes de momento han sentido que algo ha cambiado en su vida? Por ejemplo, quizás existía algo que causaba un gran gozo en nosotros, pero de buenas a primera todo cambio. Les estoy hablando de más o menos lo que le sucede a los niños con los juguetes nuevos.

¿Cuántos se pueden acordar de haber querido un juguete en particular, y el gran gozo que recibimos cuando finalmente lo obtuvimos? Creo que todos aquí nos podemos recordar del gran gozo que sentimos al recibir ese juguete que tanto queríamos. ¿Qué hicimos entonces? Lo que hicimos es que jugábamos con él todo en todo momento. Pero, ¿qué sucedió a través del tiempo?

Creo que todos aquí reconoceremos, que lo que sucedió a través del tiempo, es que ese gozo y esa pasión de jugar con ese juguete, a través del tiempo se fue enfriando hasta que finalmente ese juguete tan especial quedó tirado en un rincón del armario, o quizás dentro del baúl de juguetes. Ese juguete que tanto anhelábamos tener y que finalmente recibimos, finalmente quedó tirado a un lado, y hasta en ocasiones no nos acordábamos que lo teníamos. ¿Por qué sucedió esto?

Esto es algo que nos sucedió porque todos tenemos la tendencia de que mientras más nos familiarizamos con algo, más se convierte en parte de nuestra vida rutinaria, y por ende menos importancia le damos. ¿Por qué les he dicho estas cosas?

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La razón por la que les he dicho estas cosas, es porque desafortunadamente, esto también es algo que puede suceder en nuestra relación con Dios. Ahora bien, me detengo aquí para hacer una aclaración. Deseo que quede bien claro que yo no estoy diciendo, ni implicando, que nuestra relación con Dios es un juguete, o algo que debe ser visto como eso; pero la realidad es que existen muchos cristianos que juegan con esta idea.

Existen muchos cristianos que se han acomodado en su fe de tal manera, que su relación con Dios simplemente pasa a ser algo de rutina, y aquí existe un gran peligro. Digo que existe un gran peligro porque cuando nos acomodamos en nuestra relación con Dios de manera rutinaria, esto nos conducirá a que no le demos a Dios la importancia que Él merece. ¿Qué les estoy diciendo con todo esto?

Lo que les estoy diciendo con todo esto, es que existe un gran número de creyentes que simplemente están jugando a la iglesia. En otras palabras, asisten a los servicios día tras días, pero que en realidad no están recibiendo los mensajes de Dios. Y ahora debemos preguntarnos, ¿cómo podemos evitar que esto nos suceda a nosotros? Éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Hebreos 12:25-29Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. 26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. 27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. 28 Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; 29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Algo de suma importancia que debemos saber antes de continuar, es que estos versículos son la quinta y final advertencia encontrada en el libro de Hebreos. La razón de estas advertencias fueron porque muchos creyentes judíos se habían apartado del judaísmo para seguir a Cristo, pero para escapar la persecución por parte de sus compatriotas, estos nuevos creyentes estaban a punto de retroceder sus pasos [1].

Así que el tema principal encontrado es este libro, fue de demostrar a este nuevo grupo de conversos la superioridad de Jesucristo por encima del sistema judío que existía. En otras palabras demostrar que Jesucristo era superior a los ángeles, ya que los ángeles le adoraban [2].

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Demostrar que Jesucristo era superior a Moisés, ya que Él le había creado [3]. Demostrar que Jesucristo era superior al sacerdocio de Aarón, ya que Su sacrificio fue una vez y para siempre [4]. Y finalmente demostrar que Jesucristo era superior a la ley mosaica, ya que Él había establecido un nuevo pacto [5].

Así que manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy, y descubramos como podemos evitar que nuestra fe se convierta en una rutina.

Aquí encontramos que se nos dice: “…Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos…”

En la primera oración de este versículo, encontramos lo primero que tenemos que hacer para evitar que nuestra fe se convierta en algo de rutina. La Palabra nos dice: “…Mirad que no desechéis al que habla…” Ahora bien, quiero que quede bien claro que aquí no se está hablando de un predicador o de un pastor, sino que se esta hablando acerca del Señor. ¿Cómo puedo decir eso con tanta confianza?

Lo puedo decir porque aquí vemos que se nos dice: “…al que amonesta desde los cielos….” Claro está en que los predicadores y pastores son los que hoy en día nos predican los mensajes, pero deseo que quede muy claro que la preparación de una predicación y/o estudio bíblico, no es algo que se hace sin mucha oración, y la dirección e inspiración del Espíritu Santo.

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También deseo que quede muy claro que la mayoría, si no todos los predicadores, no preparan un mensaje con una persona específica en mente, y definitivamente no conocen los pensamientos y sentimientos internos de una persona.

Esto significa que si durante la predicación te has sentido quizás regañado, y/o has recibido convicción de algo, el responsable de eso no fue el predicador sino que fue el “…que amonesta desde los cielos….” Pero a pesar de esto, desafortunadamente existen numerosos cristianos que han dejado de escuchar los mensajes de Dios. ¿Por qué sucede esto?

Esto es algo que sucede porque muchos han adoptado el mal habito de escuchar los mensajes como algo de rutina. Es decir, al escuchar de lo que se esta predicando o de lo que se va a predicar piensan para sí: hoy esta hablando de la fe, yo tengo mucha fe, así que eso no es conmigo.

Piensan para sí: hoy esta hablando de la oración, yo oro a diario, así que eso no es conmigo. Piensan para sí: hoy esta hablando de la perseverancia, yo persevero, así que eso no es conmigo. Piensan para sí: hoy esta hablando del matrimonio, yo soy soltero o soltera, así que eso no es conmigo. Pudiéramos seguir citando ejemplos, pero creo que ya todos tienen una buena idea de lo que les estoy diciendo. ¿Qué les estoy tratando de decir?

Lo que les estoy diciendo es que existen muchos que se desconectan por completo de lo que se esta predicando, en otras palabras, del mensaje que Dios ha enviado a Su pueblo. Existen muchos que se desconectan del mensaje de Dios; se desconectan porque piensan que lo que se esta diciendo no tiene significado para ellos. ¿Por qué sucede esto?

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