Agradándole con temor y reverencia

Esto es algo que sucede porque una buena mayoría del pueblo de Dios, esta convencido de que su relación con Dios es perfecta.

La triste realidad es que ninguno de nosotros tenemos una relación perfecta con Dios.

Como he dicho en numerosas ocasiones, de una forma u otra, todos aquí le faltamos a Dios a diario, y es por eso que en Proverbios 16:2 encontramos que se nos advierte: “…Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus…”

La realidad es que si no prestamos atención a los mensajes, nuestra fe se convertirá en algo de rutina, y pronto nos encontraremos jugando a la iglesia. Tristemente esto es lo que le sucede a muchos, y es por eso que muchos dejan de asistir a la iglesia. Así que dile a la persona que tienes a tu lado: “…Mirad que no desechéis al que habla…” No podemos ignorar o no prestar atención a los mensajes, porque de hacer esto estaremos rechazando la bendición de escuchar la palabra de Dios.

Lo segundo que tenemos que hacer para evitar que nuestra fe no se convierta en algo de rutina lo encontramos aquí cuando leemos: “…La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. 27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles…” ¿Qué nos enseñan estos versículos?

Estos versículos nos enseñan claramente que lo segundo que tenemos que hacer, es darle a Dios el mérito que solo Él merece. Tenemos que mantener siempre en mente que por Su palabra fueron hechos el cielo y la tierra; por Su palabra todo lo que existe en el mundo y en el universo fue creado.

Hermanos, la palabra de Dios es la que nos fortalece en tiempos de inseguridad; la palabra de Dios es la que nos da esperanza; la palabra de Dios es lo que cambia todo por completo en la vida de una persona. Aquí vemos que se nos dice: “…La voz del cual conmovió entonces la tierra….” Y la realidad es que Jesucristo conmovió la tierra en ese entonces, y continúa estremeciendo la tierra hoy en día. Lo hizo en ese entonces, y continúa estremeciendo la tierra hoy porque con la palabra de Dios, Él cambió el mundo por completo. Pero aún queda mucho más por cambiar.

Digo esto porque en estos versículos encontramos la advertencia del juicio venidero de este mundo; aquí leemos:

“…Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles….”

Esto nos deja saber que llegará el tiempo cuando todo lo creado será destruido; el cielo, la tierra, y el universo sufrirán un cambio cataclísmico [6]. Pero el creyente fiel no tiene nada que temer; no tenemos nada que temer porque Él nos ha prometido que si nos mantenemos fiel, viviremos para siempre ante Su presencia [7]. Dile a la persona que tienes a tu lado: dale a Dios el merito que Él merece.

Lo tercero que tenemos que hacer para evitar que nuestra fe no se convierta en algo de rutina lo encontramos aquí cuando leemos: “…Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; 29 porque nuestro Dios es fuego consumidor…” ¿Qué nos enseñan estos versículos?

Estos versículos nos enseñan que tenemos que reconocer que somos pecadores

Tenemos que reconocer que ninguno de nosotros tenemos una relación perfecta con Dios, tenemos que mantener siempre en mente que hemos recibido un reino inconmovible, no por nuestra perfección, rectitud, o pureza, sino por obra y gracia de Dios [8]. Nosotros no hemos recibido lo que merecíamos, así que nuestra gratitud debe ser inagotable. ¿Cómo podemos demostrar nuestra gratitud a Dios?

Nosotros demostramos nuestra gratitud a Dios, cuando le presentamos a los no creyentes el plan de salvación. Nosotros demostramos nuestra gratitud a Dios, cuando le ministramos aquellos que se han apartado, o que no conocen la verdad. Nosotros demostramos nuestra gratitud a Dios, cuando permitimos que nuestras acciones reflejen el amor de Cristo en todo momento. Nosotros demostramos nuestra gratitud a Dios, cuando nos reunimos para alabar y bendecir Su santo nombre.

La Palabra aquí nos dice: “…sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia…” Aquí vemos que dice que le sirvamos con temor, pero ésta palabra no significa “miedo o terror” como muchos entienden.

Digo esto porque la palabra temor usada aquí viene de la palabra griega: “εὐλάβεια” [pronunciada: yú-lá-báya] cuya definición además de incluir miedo y terror, también incluye “reverencia, veneración” [9].

Así que cuando aplicamos esta definición podemos ver claramente que el temor de Dios no significa miedo, o terror, sino que significa reverenciar y venerarle; en otras palabras, someternos a Su voluntad, y adorarlo por Su grandeza y majestad. Dile a la persona que tienes a tu lado: agrademos a Dios con temor y reverencia.

Para concluir. Existen numerosas personas, que han permitido que el amor que una vez sintieron por Dios y Su obra se enfríe. Esto es algo que ha sucedido debido a la maldad que se ha multiplicado en el mundo, y desafortunadamente en la iglesia.

Es como nos dice el Señor en Mateo 24:11-12 cuando leemos: “…Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará…”

Pero algo que nunca debemos olvidar es que en ese mismo capítulo, en el próximo versículo encontramos la promesa divina que nos fortalece, la promesa divina que nos da esperanza, la promesa divina que nos anima a perseverar. En este mismo capítulo y en el próximo versículo el Señor nos promete: “…Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo…”

Regresemos ahora a la pregunta inicial:

¿cómo podemos evitar que con el tiempo nuestra relación con Dios se convierta en algo rutinario?

Lo podemos evitar prestando atención a los mensajes que recibimos del Señor, y empleándolos para que dirijan nuestra vida.

Lo podemos evitar cuando le damos a Dios el mérito que Él merece, y no permitimos que nada ni nadie se ponga de por medio en nuestra relación con Él. Lo podemos evitar cuando reconocemos que solo por su obra y gracia hemos recibido la promesa de habitar en Su reino inconmovible, y buscamos siempre agradarle con temor y reverencia.

Ahora la pregunta que queda es: ¿cómo servirás tu al Señor?

[1] Wilkinson & Boa Bible Handbook
[2] Hebreos 1:6
[3] Hebreos 1:10
[4] Hebreos 10:11-12
[5] Hebreos 12:23-24
[6] Apocalipsis 21:1
[7] Apocalipsis 3:12
[8] Efesios 2:8-9
[9] Blue Letter Bible Lexicon – Strong’s G2124

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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