En numerosas ocasiones hemos hablado acerca de la importancia de la oración. Como todos sabemos la oración es al arma de todo creyente, ya que cuando oramos no estamos dependiendo de nuestra propia fuerza para producir una victoria, sino que estamos dependiendo del Todopoderoso para que sea Él quien nos guíe a través de una situación.

Una persona que ora es una persona que reconoce dos cosas de suma importancia. Número uno; reconoce que siempre existirán cosas, o sucederán eventos que están completamente fuera de nuestro control.

Anuncios

Número dos; sin la ayuda de Dios nunca podremos superar esos eventos que buscan desviarnos de la voluntad de Dios.

Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo podemos hacer nuestras oraciones más eficaces? Este es el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Jeremías 33:1-3Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

Anuncios

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Lo primero que debemos saber es que el libro de Jeremías no fue escrito cronológicamente, así que organizar todo lo encontrado en el contenido histórico preciso, es algo problemático en los eventos nacionales y políticos. Segundo debemos saber que durante la vida del profeta el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos; Israel era el reino del norte, y Judá el reino del sur.

Durante este momento en la vida del profeta, el reino del norte había sido destruido y llevado cautivo por Asiria. Así que a Jeremías le tocó vivir por unos momentos bien difíciles; a él no solamente le tocó ver la destrucción de Israel, a él también le tocó ver como el remanente del pueblo de Dios le daba la espalda a Jehová. Digo esto porque eran tiempos cuando la apostasía, la idolatría, y los rituales paganos florecían. La maldad había tomado raíz, y el pueblo de Dios se alejaba más de Él con cada día que pasaba [1].

Anuncios

Jeremías le ministró a este pueblo por un período de más de cuarenta años, y le tocó vivir durante lo que serían los últimos días del reino de Judá. En este punto de la historia, Jerusalén (la capital del reino del sur), tenía un bloqueo militar a su alrededor; tenían al ejército de Babilonia a las puertas. El ejército babilonio había bloqueado la ciudad con su poder militar, y este bloqueo había durado por un período de más o menos dos años.

¿Por qué es necesario saber estos detalles? Es necesario conocer estos detalles porque ellos nos revelan que aunque mucho tiempo ha pasado, el mundo se encuentra en más o menos la misma condición de ese entonces. Con cada día que pasa, el mundo prefiere abrazar la maldad, en vez de aceptar la verdad de Dios, y es exactamente por eso que hoy en día vemos la inmoralidad, la perversión, y la corrupción florecer y propagarse. Así que manteniendo estos detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que debemos notar aquí es que esta bella promesa de Dios, le fue dada al profeta durante uno de los momentos más difíciles en su vida. Fíjense bien que la Palabra aquí nos dice: “…estando él aún preso en el patio de la cárcel…” ¿Por qué estaba el profeta encarcelado? Jeremías se encontraba encarcelado debido a que él le había entregado un mensaje de Dios al rey, que él no quería escuchar o aceptar.

Anuncios

Fíjense bien en el mensaje que Jeremías le entregó al rey, y al pueblo, para que entiendan bien la severidad del caso; en Jeremías 21:9-10 leemos: “…El que quedare en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de pestilencia; mas el que saliere y se pasare a los caldeos que os tienen sitiados, vivirá, y su vida le será por despojo. 10 Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice Jehová; en mano del rey de Babilonia será entregada, y la quemará a fuego…”

¿Por qué les envió Dios este mensaje al rey y al pueblo? Yo diría que la razón principal por la que Dios les envío este mensaje, es porque el hombre de ese entonces, al igual que el hombre de hoy, ha tomado una actitud incorrecta acerca de Dios. ¿Qué les quiero decir con esto?

Lo que les estoy diciendo es que a través del tiempo, el hombre ha visto a Dios como a un mendigo, le han visto como a un mendigo sentado a la puerta del templo, con su mano extendida pidiendo limosnas, pero la realidad del caso es que esta es la imagen de Dios más errónea que existe. Dios no es un limosnero sombrero en mano pidiendo que el hombre se arrepienta, y Su ira se enciende sobre aquellos que escogen servir el mal. Ahora bien, permítanme detenerme aquí por un breve momento y hacer una aclaración.

Es verdad que nosotros servimos a un Dios misericordioso, y Él no desea que nadie se pierda; esto algo que encontramos bien ilustrado en las palabras de nuestro Señor, en la parábola de la oveja perdida como encontramos en Mateo 18:14 cuando leemos: “…Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños…”

Anuncios

Pero lo que no podemos olvidar, y que tenemos que permanecer muy conscientes de ello, es que ir en contra de la voluntad de Dios voluntaria, y deliberadamente, producirá consecuencias extremadamente negativas en nuestra vida. Este mismo fue el caso con el pueblo en ese entonces.

Fíjense bien como esto queda bien claro en Jeremías 17:3-4 cuando leemos, “…Todos tus tesoros entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio. 4 Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Ellos lo perdieron todo. Y desdichadamente, hoy existen muchos que lo pierden todo, es decir las bendiciones de Dios, debido a que no están dispuestos a cambiar. Y demás esta decir que el no estar dispuesto a cambiar, es algo que en toda ocasión causa que la persona caiga encerrada nuevamente en la prisión del pecado.

No estar dispuesto a cambiar, en toda ocasión causa que la persona caiga enredada nuevamente en las trampas de las que fueron liberadas. Y de la única manera que podemos evitar que esto suceda, es permitiendo que el Espíritu Santo obre en nosotros, cambiándonos por completo, y haciendo como nos dice la Palabra en Gálatas 5:1 cuando leemos: “…Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud…” Dile a la persona que tiene a tu lado: párate firme.

La esclavitud a las cosas del mundo nos causan sufrimiento; la esclavitud a las cosas del mundo nos causan dolor; la esclavitud a las cosas del mundo nos roban la paz. En ocasiones caemos prisioneros del maligno inconscientemente, o simplemente por hacer la voluntad de Dios como en el caso del profeta. Caemos en prisiones que aparentan inescapable, pero aun en esa prisión Dios le habla al siervo fiel, y le provee esperanza y fortaleza. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios nos habla.