Después de la prédica del domingo pasado, me quedé pensando en el júbilo que todos aquí sentimos. Me quedé pensando en el privilegio tan grande de pertenecer a la familia de Dios, ser llamados hijos de Dios, y el gran significado de este título tan poderoso. Pero a la misma vez, a mi mente llegó una pregunta, y esta pregunta es: ¿Hemos verdaderamente entendido el significado completo de nuestra herencia?

La realidad es que la omnisciencia de Dios, es un misterio que no cabe en la mente limitada del ser humano, y es por eso que en muchas ocasiones a la mayoría de las personas se les hace difícil comprender el porqué de las cosas. Pero no obstante de lo difícil que algo pueda aparentar, tenemos que estar muy conscientes de que como seguidores de Cristo, nosotros tenemos una gran responsabilidad a cumplir.

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Este será el tema que estaremos explorando en el día de hoy; hoy vamos a reconocer la responsabilidad que todo creyente tiene que asumir. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Mateo 5:14-16Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Lo primero que vemos aquí es que el Señor nos dice: “…Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder…” Pero, ¿qué significado tiene esto para nosotros? Para poder contestar esta pregunta lo primero que debemos hacer es prestar mucha atención al significado de la luz. Preguntémonos, ¿qué hace la luz?

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Lo primero que hace la luz es que elimina la oscuridad o tinieblas. Es como nos dice la Palabra en Juan 1:5 cuando leemos: “…La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella…” Lo segundo que hace la luz es que nos permite ver dónde se pueda encontrar un peligro y nos guía por el camino que debemos seguir. Pensemos en esto por un breve momento para ver si lo que les digo tiene sentido.

¿Qué es lo que busca el capitán o tripulante de una nave al acercarse a la costa, especialmente durante una tempestad o tormenta? Lo primero que buscan es el faro con su luz brillante, que les revela el curso a seguir que les conducirá al puerto de manera segura.

En los aeropuertos es igual; existe un faro que está girando constantemente que deja saber a los pilotos dónde se encuentra el aeropuerto. Estamos hablando de unos faros que generan una luz poderosa que pueden ser vista a millas de distancia; estamos hablando de una poderosa luz que provee la esperanza de seguridad. Dile a la persona que tienes a tu lado: la luz es indispensable.

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¿Por qué les he llamado la atención a algo que es tan obvio? Les he llamado la atención al significado de la luz, porque una gran realidad es que existen muchos que no le dan el valor que merece. A muchos se les ha olvidado que Jesús fue quien nos saco de las tinieblas; que Jesús fue quien nos liberó de la oscuridad en la que vivíamos.

Jesús, a través de sus enseñanzas y sacrificio perfecto en la cruz, fue quien liberó nuestro espíritu de las garras del enemigo. Jesús es la luz brillante que nos guía y nos muestra dónde existe el peligro.

Jesús es la luz que nos muestra el camino que tenemos que seguir para llegar al Padre. El Señor lo dice todo mejor en Juan 8:12 cuando leemos: “…Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Jesús es nuestra luz.

Sin duda alguna Jesús es la luz en nuestra vida, Él es nuestro faro en medio de las tormentas y quien nos guía a la seguridad de la presencia del Padre, pero en los versículos que estamos estudiando hoy encontramos que El nos dice: “…Vosotros sois la luz del mundo…” ¿Qué significa esto?

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Con esta declaración, el Señor nos deja saber claramente el significado completo de nuestra herencia.

Con esta declaración el Señor nos deja saber claramente que como fieles creyentes, nosotros tenemos que permitir que nuestro Padre celestial sea reflejado en todo aspecto de nuestra vida. Existió un tiempo cuando no andábamos en la luz, existió un tiempo cuando andábamos vagando y perdidos en las tinieblas, pero cuando el Señor llegó a nuestra vida todo eso desapareció [1].

La tinieblas desaparecieron de nuestra vida porque como les dije al inicio, lo primero que hace la luz es eliminar las tinieblas. Pero aquí es donde comienza el problema para muchas personas. Digo que aquí es donde comienza el problema para muchos, porque existen muchas personas que hacen tal como el Señor nos dice aquí de no hacer; en otras palabras muchos esconden la luz. Es decir, escondemos nuestra manera de pensar, nuestra convicción y nuestra fe. ¿Por qué la escondemos?

La escondemos por diversas razones; quizás sea para no ofender a nadie; quizás sea por temor a lo que digan; quizás sea porque pensamos que no sabemos lo suficiente; en sí pueden ser muchas las razones, pero la realidad del caso es que existen muchos que esconden la luz más de lo que la permiten brillar.

Yo diría que la mayor parte de los creyentes se parecen más a una luz intermitente, que a un faro que brilla constantemente y guía. Pero si encuentras que tu vida refleja esto, es decir que tus acciones son más parecidas a una luz intermitente que a una luz que brilla constantemente, entonces debes darte cuenta de que una luz intermitente en casi toda ocasión significa PELIGRO.

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Así que pensemos en las palabras de Jesús aquí cuando nos dice: “…Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa….”

Preguntémonos, ¿para qué nos sirve una luz encerrada en una caja, en una habitación oscura? Creo que todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo que para lo único que sirve es para ocupar nuestras manos, y claro está en que si existiese algún peligro en la habitación, seguramente tropezaríamos y caeríamos; ya que la luz no alumbraría nada. Y lo más lindo del caso es que caeríamos caja en mano, caeríamos con la solución completamente cubierta.

Hermanos, aquí el Señor nos dejó una gran lección; aquí el Señor nos dice claramente que Su luz no es para que la tengamos escondida. Con estas palabras el Señor nos deja saber claramente que Su luz es para que sea compartida; para que brille en todo momento iluminando nuestro camino, y alumbre este mundo de tinieblas. Su luz es para que sea vista por todos aquellos que nos rodean, para que ilumine el camino de todos aquellos que están perdidos, y para guiarnos hacia el Reino de Dios.